Hacer turismo de forma diferente

“Estoy en contra de la folklorización del patrimonio convertido en mercancía. El turismo alternativo aspira a proteger el medio ambiente y a garantizar un beneficio económico para la población del territorio”.

ENTREVISTA con Salem Sahli por Elisabetta Ciuccarelli y Héctor Sánchez Margalef

Respeto por el medio ambiente, participación de la población en la toma de decisiones, cultura, pequeños proyectos de turismo rural, encuentros… son algunas de las características del turismo según Salem Sahli, médico y presidente de la A.E.R.E. (Asociación de Educación sobre Medio Ambiente) de Hammamet, que une protección del medio ambiente y del patrimonio, proyectos de desarrollo local y turismo. Después de haber sido un destino muy importante en el Mediterráneo, el sector turístico tunecino se encuentra en una difícil fase de estancamiento. La crisis del turismo de masas impone replantearse la política llevada a cabo hasta el momento. En una entrevista telefónica, AFKAR/IDEAS ha hablado con Sahli sobre los obstáculos para el desarrollo de modelos turísticos alternativos, de las estrategias que hay que promover, de la descentralización, del medio ambiente y de las posibilidades de “hacer turismo de forma diferente”, como escribe Salem Sahli en uno de sus artículos.

AFKAR/IDEAS: ¿Cómo definiría el turismo alternativo?

SALEM SAHLI: Es un nuevo concepto que se orienta hacia productos diferentes de los del turismo costero clásico, que es el modelo más difundido en Túnez. Es lo opuesto al turismo de masas, la verdadera apisonadora que ha destruido el medio ambiente y que ha sobreexplotado los recursos naturales. El turismo alternativo es sostenible e inteligente, se ocupa de las personas, de sus tradiciones, de su cultura y les consulta antes de emprender un proyecto.

A/I: ¿Cuál es en su opinión la situación actual del turismo en Túnez?

S.S.: La situación es agónica. El turismo en Túnez está enfermo, y no tanto por la revolución ni por la situación socioeconómica actual. Está enfermo desde hace al menos 30 años. El “todo incluido”, que data de hace unos 10 o 15 años, y que ha ido creciendo, es una fórmula que encarcela, que aparca al turista en una fortaleza, dentro de una burbuja aséptica, segura, climatizada, de donde no se sale, salvo para ir y venir del aeropuerto. Es necesario fomentar el encuentro entre el turista y el ciudadano tunecino. Esto es el turismo. Ahora bien, hoy en día este encuentro no se produce más que en las fronteras, en el aeropuerto.

A/I: ¿Cuáles son los principales obstáculos que frenan el desarrollo del turismo alternativo?

S.S.: El hándicap número uno es la falta de marcos jurídicos que acompañen su surgimiento, desarrollo y sostenibilidad. Nunca se ha querido hacer turismo alternativo en Túnez y no ha existido la voluntad política de promover y sostener esta fórmula. También hay experiencias de turismo alternativo llevadas a cabo en Túnez que han fracasado porque las cualidades profesionales del promotor no eran excelentes, o porque les faltaba preparación en gestión y administración, o incluso porque la salud financiera de las empresas no era buena, pero estoy convencido de que la falta de reglamentación hace que incluso la mínima iniciativa innovadora en la materia no sea viable. En Hammamet y en la región de Cap-Bon he inventariado 18 proyectos de turismo alternativo, pero solo dos han logrado sobrevivir.

A/I: ¿Considera que el turismo alternativo tiene posibilidades de aumentar su cuota de mercado? Si es así, ¿cuáles son las estrategias que habría que adoptar?

S.S.: En Túnez tiene muchas posibilidades gracias a una riqueza natural, cultural e histórica extraordinarias: es un país que cambia de vegetación cada 100 kilómetros y de acento cada 10. El país es rico, pero si la valoración del patrimonio está anticuada, si no hay voluntad política, si se abandona a los promotores, si no hay incentivos financieros ni apoyo, está claro que el turismo alternativo no se podrá imponer. En términos de estrategia, en 2010 el Ministerio de Turismo publicó “Stratégie 2016”, un estudio realizado por una oficina internacional. Los expertos hicieron un diagnóstico, inventariaron los problemas y adelantaron soluciones.

La investigación se desarrollaba en cinco ejes, una veintena de acciones prioritarias y unas medidas para el periodo 2010 -2016. No obstante, el estudio ha sido criticado por los propios actores del sector turístico por no haber contado con ellos. Como hombre de terreno y actor de la democracia de proximidad, considero que esta publicación es un inventario “à la Prevert”, es decir, un listado de medidas que recuerdan estrictamente a estudios anteriores. Desde 1987 hablamos de la mejora de la calidad turística y de la diversificación de la oferta, pero ¿qué hay de la población?

Ahí existe un problema importante relacionado con la gobernanza, la democracia y el proceso de toma de decisiones. Si se quiere hacer un turismo viable es absolutamente necesario implicar a los actores en la definición de los programas de acción, se tiene que respetar rigurosamente el entorno en el que uno se instala e interviene. Como ya hemos subrayado, hay que acabar con el “todo incluido” que tanto daño ha hecho al turismo, al verdadero turismo que beneficia a toda la sociedad y no solo a los grandes grupos privados.

Se construye según un concepto de gigantismo, que degrada el medio ambiente y satura el litoral

A/I: ¿Cuáles son los proyectos más interesantes que existen en Túnez?

S.S.: Por ejemplo “Le village Ken”, un proyecto piloto al sur de Hammamet. Es una buena iniciativa, el recinto fue construido con productos locales y por artesanos de la región. Ofrecen varios productos: una galería de arte, talleres de cerámica, restauración local… Y aunque ha funcionado bien, se encuentra ahora con serias dificultades. Otro proyecto, el museo de cerámica de Nabeul, ya no existe, al igual que fracasó la idea de crear un museo del pan, que era extraordinaria. Por otro lado, hay un proyecto en el que el promotor invirtió muchos millones de dinares, y que asociaba turismo ecológico, alojamiento rural y hotel con encanto. De momento está inactivo, a causa de graves dificultades. Los pocos proyectos que son todavía viables, lo son gracias a unos militantes incansables que creen firmemente en el futuro del turismo alternativo en Túnez.

A/I: Para desarrollar este tipo de turismo es imprescindible preservar el medio ambiente. ¿Considera que Túnez otorga la importancia necesaria a este aspecto?

S.S.: No, a pesar del efecto publicitario, se le da poca importancia a la preservación del medio ambiente. Se habla mucho de turismo ecológico y de turismo verde, con muchas promesas, pero los resultados llegan con cuentagotas; y esto no es una novedad. En referencia al urbanismo, por ejemplo, las grúas son la norma en todo el país; y no precisamente para construir unidades inteligentes y en armonía con el entorno natural. Al contrario, se construye según un concepto de gigantismo que degrada el medio ambiente y en el que se sustituye lo verde por hormigón, lo que satura el litoral. Mientras haya toda una maquinaria de agencias gubernamentales, autoridades de tutela, bancos privados y públicos, podemos rezar hasta la eternidad por el medio ambiente, la cultura, la arqueología, el savoir-faire, pero seguirá siendo muy difícil. Nos acusaron de poner trabas a la buena marcha del turismo al servicio de la economía, que trae divisas y crea empleo. No estoy en contra del turismo, sino contra el turismo predador y contra la folklorización de mi patrimonio convertido en mercancía.

A/I: A parte de los centros turísticos más importantes como los complejos turísticos costeros, ¿considera que el turismo alternativo pueda acelerar el desarrollo de otras regiones tunecinas?

S.S.: Por supuesto. Algunas regiones no disponen de ninguna infraestructura, pero poseen un potencial enorme. En estas zonas es necesario identificar productos turísticos viables involucrando a la población, con el fin de acabar con el aislamiento. Los visitantes desean conocer a las poblaciones y ver cómo viven. No se trata de llevar un autobús de turistas a una región bereber y ofrecerles un té. Hay que seguir unos pasos, organizarlos. Hace falta ser innovadores. Puedo asegurar que este tipo de turismo tiene mucho futuro y se está empezando a reflexionar sobre ello, los propios hoteleros empiezan a entender que lo que han hecho no era sostenible y que se tiene que hacer turismo de otra forma.

A/I: En comparación con el tradicional, ¿cómo puede afectar el turismo alternativo al desarrollo local?

S.S.: Siempre digo: “desarrollar un territorio es ponerlo en movimiento”. Cuando hacemos turismo alternativo, por definición, recurrimos a las personas, reconocemos la experiencia, las tradiciones, el patrimonio, material e inmaterial. Lo que ha faltado hasta el momento es sentar las bases de una gobernanza local. Cuando nos sentamos en torno a una mesa para hablar del territorio, de lo que hay que hacer, del turismo que queremos, le puedo asegurar que la mayoría de los actores, incluidos los responsables del sector, afirman que hay que reorientar la programación hacía un turismo que implique a la población en la toma de decisiones. Túnez debe descentralizarse, ya que hoy en día todo está centralizado entre el Ministerio de Turismo, la ONTT (Oficina Nacional de Turismo de Túnez) y la AFT (Agencia Inmobiliaria Turística).

Espero que con la revolución, y la efervescencia en materia de constitución y redacción de leyes, pueda emerger una ley-marco relativa a la descentralización. Por otra parte, en el sector turístico, las colectividades locales no tienen ninguna prerrogativa y las regiones ningún papel en el montaje del producto turístico ni a la hora de impulsar a los promotores a hacer otro tipo de turismo. Una ley de descentralización sería una verdadera revolución. Es necesaria para que las colectividades locales tengan la posibilidad de apropiarse de su propio futuro y de convertirse en los que llevan la batuta con respecto al desarrollo de su territorio.

Es necesaria una ley de descentralización para que los colectivos locales se hagan cargo de su desarrollo

A/I: ¿Cuáles son los proyectos de su asociación para promover este tipo de turismo?

S.S.: Nuestra asociación creó un proyecto de turismo alternativo en Hammamet cofinanciado por el programa EuroMed Heritage de la Unión Europea. Consistía en la creación de un ecomuseo del naranjal. El patrimonio citrícola es un elemento esencial de la identidad local. El ecomuseo, concebido y planificado por el Centro cultural internacional de Hammamet (Dar Sébastien), es un proyecto colectivo que incluye un huerto de cítricos, un arboretum de cítricos y una exposición permanente y que recibe bastantes visitantes. Este proyecto es viable porque es pluridisciplinario e implica a ingenieros, sociólogos, agrónomos, arquitectos y, sobre todo, citricultores, orgullosos de poder revalorizar su profesión y su experiencia.

Asimismo tenemos un proyecto en curso, pendiente de financiación, llamado “Promoción del turismo rural cooperativo en el Mediterráneo”, que pretende constituir una red para elaborar estrategias comunes en materia de turismo rural, así como constituir un operador cooperativo mediterráneo que promueva este tipo de turismo. Los dos proyectos tienen un enfoque integrador y participativo. No se trata únicamente de proteger el medio ambiente. Si no pensamos en el aspecto social y en el fututo de un territorio, el proyecto no podrá funcionar. Es imprescindible garantizar un beneficio económico para la población que vive en el territorio.