Gaza: educar bajo el bloqueo

A pesar de unas condiciones precarias, la educación es el único medio para los palestinos de salir de la miseria, de los campos de refugiados y, sobre todo, de ayudar a su país.

Carla Fibla

Alumnos, profesores y responsables de la educación en la franja de Gaza coinciden en que el bien más preciado, lo que ni la ocupación ni las disputas intra-palestinas podrá quitarles nunca es su afán por aprender y enseñar, por cultivarse en la escuela y de forma autodidacta. Cada año un millar de estudiantes gazíes se presenta a becas para estudiar en el extranjero, su objetivo es “salir de la cárcel” a la que Israel les condenó en junio de 2006, observar, experimentar y con los conocimientos obtenidos regresar para ser útil a la comunidad, para compartir lo que han tenido la suerte de percibir en primera persona. Finales de curso, el verano se acerca y Sarah, profesora de inglés de niños de tres y cuatro años, intenta que le presten atención en su aula de la guardería de la Asociación Al Amal para Huérfanos.

“A esta edad aceptan las cosas como vienen. Son fantásticos. Cada día es algo diferente para ellos, por eso lo viven con tanto entusiasmo”, explica casi con la misma energía que sus alumnos, mientras insiste a uno y otro para que digan unas palabras en inglés. Al final Yassin se anima y pronuncia las letras del abecedario ayudado por la habitual canción. En la franja de Gaza hay 53.000 huérfanos. Tras la última ofensiva israelí, la operación Plomo Fundido, la cifra se elevó en más de 2.000 menores, de los que 83 perdieron a ambos padres. La mayoría llegó al orfanato de la Asociación Al Amal que educa en total a 600 menores de dos a meses a seis años para conseguir fondos que les permita mantener a los que han perdido a sus familias. “Nuestro principio fundamental es que es posible educar bien a los palestinos, que no se trata sólo de copiar y memorizar, sino también de pensar”, sentencia Athem Saraj, miembro de la dirección del orfanato.

“Los niños de Gaza tienen derecho a vivir y a estar educados. Aunque queramos que sean como los niños del mundo no es posible, porque tienen una herida profunda que hay que trabajar a diario, pero intentamos encontrar la alternativa”, continúa con un buen nivel de español. Saraj está en contra de “la caridad de la solidaridad”: “Por qué no en vez de traernos el pescado no nos dan la caña y aprendemos a pescar”. Y considera que la infancia es el mejor momento para informar a los que serán adultos sobre lo que nos rodea. Hablar abiertamente del islam, de lo que les ocurre a ellos en su vida diaria, de la muerte. “Educarles para que sepan vivir, porque el ser humano lo es en cualquier circunstancia, pero depende de lo que pongas en su mente su conducta variará y será más efectivo para la sociedad”.

Con la directora de la guardería recorremos las aulas, divididas por actividades para que los niños sean los que se desplacen a la sala de música, inglés, árabe, matemáticas o a hacer deporte en el patio. Orgullosa, muestra el orden y limpieza del centro, la necesidad de que los niños entiendan que la escuela también es un lugar que deben cuidar. Pasamos por aulas en plena actividad, como la de Sarah, otras en las que los niños duermen la siesta, otras en las que se entretienen con manualidades, hasta que llegamos a una repleta de jóvenes profesoras. “Somos de 25 escuelas diferentes, estamos haciendo un taller de aprendizaje de seis días.

Lo que una ha puesto en práctica y funciona, lo cuenta en voz alta para que podamos experimentarlo en otros centros”, explica Sherin Masri, directora de una guardería, para la que las cualidades de una buena maestra se resumen en: “Entereza, paciencia, cercanía…además de una madre-médico”. “La situación y circunstancias cotidianas afectan a los niños, escuchan discusiones políticas, saben que hay división, los problemas económicos. Los niños tienen mucha presión en Palestina, no pueden ser tratados sólo como niños”, continúa. Además, en la franja de Gaza, apenas hay lugares públicos, parques donde puedan jugar los más pequeños. Tanto Sherin como Athem Saraj insisten en que a los niños de la franja de Gaza se les trata como “adultos”.

“Los padres se relacionan con sus hijos como si fueran mayores, lo que hace que éstos también se comporten así, que te exijan que les trates como adultos”, comenta ella; a lo que él le secunda: “Tenemos un problema y debemos vivirlo, pero el problema es diferente para un adulto que para un niño. ¿Por qué enfrentamos al niño a una situación difícil, más compleja de lo que es capaz de asimilar? Hemos construido este lugar para explicarles cada día que hay futuro, que hay esperanza, para que tengan un espacio para jugar, cantar, reírse y por supuesto para pensar y convivir con su situación real. Ésta es una guardería más, pero los niños que salen de aquí sienten esperanza, quieren vivir esta vida y hacerla suya”.

Algunos datos

La Oficina para Coordinación de Ayuda Humanitaria (OCHA) de Naciones Unidas y la Asociación de Agencias de Desarrollo Internacional aseguran que más de la mitad de la población de la franja de Gaza (1,5 millón de habitantes) tiene menos de 18 años. Son 780.578 menores (53%). Respecto al acceso a la educación estiman que hay 640 escuelas, 383 dependen del gobierno del movimiento islamista Hamás, 221 de la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos) y 36 son privadas.

En total, en estas escuelas estudian 441.452 alumnos. En el 88% de los colegios de la UNRWA y en el 82% de los gubernamentales imparten en clases superpobladas (por encima de 40 alumnos), en varios turnos, porque el bloqueo impide desde hace cuatro años la entrada de cemento y material básico de construcción para edificar las escuelas que precisa el crecimiento demográfico natural de la población. Durante la operación Plomo Fundido al menos 280 escuelas y guarderías sufrieron daños, algunas muy graves: 18 colegios fueron totalmente destruidos (ocho oficiales, dos privados y ocho guarderías), seis de ellos en el norte del territorio, afectando a 9.000 estudiantes que tuvieron que ser recolocados.

Según el Ministerio de Educación palestino, 164 estudiantes y 12 profesores murieron durante los 22 días de ofensiva, y 454 alumnos y cinco maestros resultaron heridos. En el forzoso abandono de sus hogares durante los intensos bombardeos, se calcula que 51.000 personas, entre ellos 28.560 niños, se refugiaron en 44 escuelas de la UNRWA a lo largo de todo el territorio. Una situación catastrófica que, como denuncian ONGs y organismos internacionales, sigue deteriorándose porque casi dos años después, aún no han entrado las supuestas donaciones internacionales para la reconstrucción de la franja de Gaza. El Ministerio de Educación palestino calcula que es necesario construir 105 nuevas escuelas para acoger a los estudiantes que se registran cada año, lo que supone que entren en el territorio 25.000 toneladas de hierro y 40.000 toneladas de cemento.

Carreras para ayudar a su país

Organización y disciplina es lo que se palpa en el centro de enseñanza secundaria (de 10 a 15 años) Suleiman Sultán, en la ciudad de Gaza. “Me gustaría que hubiera más actividades… hacer algo especial el Día de la Tierra, como plantar árboles”, apunta Mustafa, de 16 años, en un inglés aprendido de forma autodidacta, con libros que al principio no entendía y viendo en la televisión series en las que poco a poco fue descifrando lo que ocurría. Hoy Mustafa tiene incluso un acento británico cuidado que practica a través de Intenet, en foros de estudiantes o en los cursillos que asociaciones de jóvenes como Sharek organizan durante todo el año. Normalmente un adolescente sabe lo que le interesa, qué le gustaría llegar a ser algún día, dudan, pero suelen apuntar hacia algún campo concreto.

En cambio, la respuesta de Mustafa es la siguiente: “Quiero hacer lo que sea por mi país, para conseguir un país libre e independiente, para que la gente deje de sufrir. Hay muchas profesiones a las que me podría dedicar, pero debemos complementarnos, cada uno debe hacer algo que ayude a nuestro país, carreras útiles como medicina, derecho, ingenierías”. En los recreos, Mustafa y sus amigos hablan de deporte, de las asignaturas que más les preocupan, alguno hace un comentario sobre algo que ha hecho el gobierno. Pero cuando se habla de política, Mustafa se retira, dice que es un “asunto de mayores” para el que ellos aún no están preparados. En cambio, cuando habla del bloqueo israelí, de los bombardeos, de estudiar a la luz de una vela, se muestra rotundo: “No tengo miedo, pero me entristece mucho cómo Israel está matando la infancia de tantos niños. Les impiden ser optimistas.

Los niños lo ven todo como la noche, todo es negro”. Junto a él, Saleh Amer Fuad Alga Farawy, de 13 años, enumera las asignaturas que estudia: árabe, inglés, religión, patriotismo, educación cívica, historia, tecnología, informática…y con una amplia sonrisa añade “matemáticas”. Dice que no le resulta difícil resolver los problemas, que le gustan mucho los números y que le gustaría ser ingeniero. “Quiero construir todo lo que ha destruido Israel en Gaza, ayudar a la gente que se ha quedado sin hogar, construirle una nueva casa”. En la escuela Suleiman Sultan estudian 918 alumonos que se dividen en hasta tres turnos de clases abarrotadas.. Hay 39 profesores, uno de ellos es Mohamed Abdelbaree, de 59 años, quien después de formarse en Libia y Siria, de haber enseñado lengua árabe en el extranjero durante más de 30 años, regresó a su lugar de origen. “La situación de los palestinos es difícil, a pesar de que somos duros, como consecuencia de la ocupación y el bloqueo.

Los estudiantes sufren mucho psicológica y económicamente”. Los principales problemas de los alumnos en los años previos a la universidad se centran en la concentración. “Tenemos buenos estudiantes, algunos excelentes si tenemos en cuenta su situación familiar o económica. Algunos no tienen un lugar donde estudiar porque su casa está destruida. Los profesores intentamos rebajar la presión psicológica a la que están sometidos cuando no están en el aula”. La religión es una asignatura más en el programa de materias a impartir, como explica Abdelbaree; existe un enfoque específico que se reproduce en su vida cotidiana, pero “en clase se potencia lo positivo que es formarse, aprender… les decimos que la educación es la vida, para intentar que proyecten su energía en los estudios y dejen de sentirse perdidos por un entorno tan complejo y desesperado como el que tienen”.

Los estudiantes universitarios y de posgrado no pueden viajar al extranjero, ni siquiera a Cisjordania (el otro territorio palestino, que permanece bajo ocupación israelí, y del que están incomunicados). Entre julio y septiembre de 2008, sólo 70 estudiantes lograron salir de la franja de Gaza a través del puesto fronterizo israelí de Eretz. Más de mil alumnos gazíes solicitan cada año ir al extranjero para completar sus estudios o especializarse en campos que no se imparten en el territorio palestino. Durante la operación Plomo Fundido, según datos oficiales palestinos e internacionales, seis universidades fueron destruidas y 16 resultaron dañadas. La Universidad de Palestina (UP) se creó en 2006, coincidiendo con el inicio del gobierno de Hamás, tras ganar las elecciones de enero ese año. Es curiosa la relación de acontecimientos porque el sello de identidad de la UP es la “independencia política”.

Con 1.000 matrículas, divididas en las carreras de Ingeniería, Nuevas Tecnologías, Empresariales y Dentista, a la espera de que les dejen también impartir clases de Derecho y Magisterio, la UP está a las afueras de la ciudad de Gaza, en un lugar abierto desde el que se contempla el Mediterráneo y los campos de hortalizas. “Estamos tan lejos de Hamás como podemos. Tenemos alumnos asesinados por los israelíes pero en esta universidad están prohibidas las manifestaciones, las huelgas, queremos centrarnos en alimentar una cultura civilizada”, explica Musa Abu Salim, vicepresidente del centro. Las clases son mixtas, no es obligatorio llevar velo y las ideas políticas deben aparcarse a la entrada del campus porque hay unas estrictas normas de comportamiento que se aplican sin distinciones.

“Hamás no es tan conservador, hay grupos que están mucho más a la derecha, la religión es parte de nuestra cultura pero nosotros creemos que no debe interferir en la enseñanza. Para tener un buen nivel de vida, la educación es una necesidad, y Gaza es una fábrica humana para la educación. La única manera para un palestino de salir de la miseria, del campamento de refugiados es a través de la educación”. Innovar en la forma de educar es lo que está guiando a los que se encuentran en el sector: desde la UP, que cuenta con un sistema de grabación de las clases impartidas y utilizan Internet para discutir en foros, intercambiar impresiones y corregir trabajos; hasta las escuelas de la UNRWA donde más de 200 alumnos mejoran sus conocimientos con portátiles, fomentando el e-learning desde los seis años.

Todos coinciden, la prioridad es la educación. Desde que empiezan a relacionarse, a hablar y andar, hasta que se especializan en lo que les gusta pero sobre todo consideran útil para su sociedad, los estudiantes palestinos tienen muy claro su futuro inmediato.