Feminismo islámico

Mir-Hosseini, antropóloga y especialista en derecho islámico, cree que el feminismo islámico puede allanar el camino para una construcción igualitaria de la ley desde la tradición.

ENTREVISTA con Ziba Mir-Hosseini por Elisabetta Ciuccarelli

La antropóloga iraní Ziba Mir- Hosseini, vive y trabaja en Londres como investigadora en la School of Oriental and African Studies. Licenciada en Teherán, en los años que siguieron a la revolución iraní, Ziba Mir-Hosseini realizó parte de su trabajo de investigación en los tribunales de familia de la capital iraní. Especialista en derecho islámico, es autora de Marriage on Trial: A Study of Islamic Family Law (I.B. Tauris, 1993, 2002) e Islam and Democracy in Iran: Eshkevari and the Quest for Reform (I.B. Tauris, 2006). Asimismo es co-directora del documental Divorce Iranian Style (1998). Considerada una de las principales estudiosas del feminismo islámico, AFKAR/IDEAS, en entrevista telefónica, ha abordado con ella cuestiones como los actuales desafíos de la mujer musulmana o el activismo político de las mujeres, entre otros.

AFKAR/IDEAS:En su opinión, ¿cuáles son las bases del feminismo islámico? Y ¿por qué la matización de “feminismo islámico” y no solo “feminismo”?

ZIBA MIR-HOSSEINI: Necesitamos definir lo que queremos decir con feminismo y con islámico: ambos son conceptos generales y cuando se presentan juntos producen muchas confusiones; cada uno lleva implícito un enorme bagaje político. Yo defino feminismo como un estado de conciencia en el que las mujeres sufren discriminación por razón de género y hacen algo para remediarlo; pero cualquier manifestación del feminismo es siempre local. Esta conciencia toma forma dependiendo del contexto político, social y económico, y otros componentes a tener en cuenta.

Nos encontramos, por tanto, ante distintos tipos de feminismo. Es más, cuando hoy la gente dice islam o islámico, la primera imagen que viene a la mente es la del islam político de la interpretación más extremista del islam. Por eso el término “feminismo islámico” se ha convertido en tendencioso y problemático. Necesitamos disociarlo. Las mujeres musulmanas, como el resto, tienen su propia conciencia sobre la discriminación, su propia “resistencia” y están intentando encontrar respuestas desde sus propios contextos. Preferiría no hablar de feminismo islámico sino de feministas musulmanas.

No hay un solo feminismo. Muchas de las etiquetadas como “feministas islámicas” no aceptan esta definición y prefieren el término feminista musulmana porque quieren que se les reconozca como seres humanos: cómo entienden su religión, cómo viven su fe y cómo quieren cambiar las cosas dentro de su propio contexto. Me gustaría destacar que hay una serie de polémicas en torno al concepto “feminismo islámico” por culpa de los escenarios políticos en los que nos encontramos. Necesitamos, definitivamente, distintas formas de feminismo porque cada una de ellas es local y está inscrita en un contexto.

A/I: ¿Cuál es, en su opinión, la situación actual de las mujeres tanto dentro como fuera del mundo árabe-islámico? ¿Cuáles son los principales retos y obstáculos que les impiden una emancipación real?

Necesitamos distintas formas de feminismo, cada una de ellas es local y está inscrita en un contexto

Z.M.H.: Las mujeres deben hacer frente a dos grandes retos. Uno de ellos es el nexo entre las dimensiones política y religiosa de la identidad en los contextos musulmanes. Este nexo no es nuevo; se remonta hasta el momento de encuentro entre los musulmanes y la modernidad, que tuvo lugar a espaldas del colonialismo. Pero, de hecho, se politizó más en los años setenta cuando se produjo el surgimiento del islam político. Se inicia, por tanto, una nueva confrontación entre modernidad y tradición.

Luego, con el 11 de septiembre y las invasiones ilegales de Afganistán e Irak, todo este asunto se politiza aún más; estas invasiones fueron justificadas en nombre de la democracia, de los derechos humanos y para la liberación de las mujeres, para salvarlas de los talibanes; pero las atrocidades e injusticias que se produjeron a continuación, los fracasos en el establecimiento de la ley y el orden, de la seguridad y la prosperidad no solo hicieron que muchos musulmanes se aferraran a su tradición, sino que también erosionaron la base de los discursos morales sobre la secularidad y los derechos humanos.

Así, en este contexto político, la relación entre –estoy generalizando– “islam” y “Occidente” es más polémica, y las mujeres y sus derechos están en primera línea. El islam político quiere “protegerlas” mediante la imposición de reglas patriarcales, y Occidente quiere salvarlas mediante la invasión y decidiendo cómo deberían ser sus vidas. Éste es el contexto político actual. El segundo reto que veo es el de la interpretación premoderna y patriarcal que los juristas musulmanes clásicos hacen de los textos sagrados del islam y de las leyes que de ellos se derivan. Nosotros sabemos que cualquier ley en cualquier contexto es siempre humana. Las fuentes de la ley en la tradición legal islámica –como el Corán y la Sunna– son sagradas, pero la ley en sí no lo es. Las mujeres musulmanas tienen que manejar esta situación con los retos que representa.

A/I: ¿Cómo puede contribuir el feminismo islámico a mejorar la situación de las mujeres y alcanzar la emancipación total? ¿Es el feminismo islámico un movimiento de élite o también llega a otros sectores de la sociedad?

Z.M.H.: La principal contribución es que puede ser también un proyecto de conocimiento. Quiero decir con esto que puede enseñarnos cómo sabemos lo que sabemos. ¿Cómo sabemos que el islam permite a un hombre casarse con más de una mujer o finalizar el matrimonio con su simple voluntad de hacerlo? ¿Sobre qué bases se han desarrollado semejantes leyes? El feminismo, como proyecto de conocimiento, observa críticamente la producción del conocimiento y plantea nuevas preguntas desde un punto de vista femenino sobre el contexto en el que los textos sagrados fueron revelados, sobre sus propósitos y su principal objetivo de administrar justicia y crear una sociedad justa.

En este sentido, el feminismo islámico tiene algo muy importante que ofrecer, puede allanar el camino para una construcción igualitaria de la ley desde la tradición. Debemos hacer una clara distinción entre feminismo islámico e islamismo o islam político. El feminismo islámico comparte con otros feminismos las demandas de igualdad y justicia, pero toma su fuente de legitimidad y su lenguaje de los textos sagrados del islam. Por tanto, es un nuevo discurso, una nueva clase de feminismo que cuestiona y reta a las interpretaciones y entendimiento premodernas y patriarcales del islam. Como cualquier proyecto de conocimiento, suele ser motivo de preocupación de las élites cultas, de aquellas que tienen el lujo de tener el tiempo para poder comprometerse en la producción del conocimiento.

En este sentido, el feminismo islámico es un movimiento de élite, pero, al mismo tiempo, debido a su conexión con la tradición religiosa, tiene el potencial de llegar hasta las raíces, hasta las mujeres comunes. Las mujeres musulmanas, como el resto, saben cuánto se sufre por la discriminación y quieren hacer algo al respecto. Necesitan el lenguaje y la forma de poder articular todo esto, dotar de significado y sentido a sus propias experiencias y formular soluciones y respuestas que funcionen en sus propios contextos.

A/I: ¿Hasta qué punto cree que hay un nexo entre feminismo islámico e islam político?

Z.M.H.: En cierta manera, este nexo paradójico existe. Tal y como he repetido en mis escritos, veo el feminismo islámico como el hijo no deseado del islam político. Cuando los islamistas llegan al poder, una de las primeras cosas que hacen es desmantelar ciertas reformas introducidas con antelación. Vimos esto en 1979 con la revolución de Irán, lo hemos visto en Sudán y Pakistán –Turquía podría ser una excepción. Normalmente, los islamistas buscan recortar la esfera de libertades y, especialmente, las de las mujeres, en nombre del islam. Ellos dicen, estamos ofreciendo la Sharia, que significa literalmente “el camino”, que para las masas musulmanas es ley divina y la esencia de la justicia.

Pero lo que los islamistas están proporcionando de hecho es la jurisprudencia islamica clásica, conocida como Fiqh, cuyo significado literal es “conocimento”. No están trayendo de nuevo la Sharia, sino leyes basadas en interpretaciones ancestrales de la Sharia. Cuando las mujeres reciben educación, pueden volver a los textos sagrados del islam, al Corán, a la tradición del Profeta, entonces pueden preguntarse: ¿Pertenecen estas estas leyes injustas realmente a la Sharia? ¿Cómo leyes tan injustas como esas pueden formar parte del islam? Por eso, el auge del islam político, con los islamistas proclamando que lo que están llevando a cabo es la ley de Dios, obliga a las mujeres a plantearse nuevas preguntas; muchas de ellas volvieron a las fuentes originales y se dieron cuenta de que el patriarcado no es una parte del islam. Otro factor que ha contribuido a este nuevo discurso es el movimiento pro derechos humanos y las convenciones internacionales de derechos humanos, especialmente la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. No debemos olvidar que esta convención fue ratificada por la ONU en 1979; año de la revolución iraní –es decir, cuando el islam político tuvo su mayor auge.

En los años ochenta realmente vimos el desarrollo de dos procesos paralelos pero contradictorios: por una parte, la expansión de los derechos humanos y la igualdad de género, que ya tienen resoluciones legales, y el nacimiento de las organizaciones no gubernamentales de mujeres en el contexto musulmán a las que han dotado del lenguaje que necesitan. Por otra parte, con el surgimiento del islam político y la política de islamización, las mujeres comenzaron a perder algunas de sus últimas conquistas y a enfrentarse a nuevas restricciones. Por eso presenciamos una ruptura entre esos dos poderosos marcos de referencia, dos formas de mirar hacia los derechos de género.

A principios de los años noventa, la disparidad entre el islam político y los derechos humanos encontró una especial solución en la forma del “feminismo islámico”, con mujeres reclamando a la vez igualdad y fe. En ese sentido, sí, hay un nexo indirecto con el islam político puesto que fue lo que dotó a las mujeres de una nueva conciencia y de la fuerza suficiente para nuevas formas de activismo. Antes, la lucha por los derechos de las mujeres no tenía lugar dentro del islam.

Veo al feminismo islámico como el hijo no deseado del islam político

A/I: ¿Cómo calificaría la participación de las mujeres en la política en el mundo árabe-islámico? ¿Qué opina de la participación de las mujeres en las manifestaciones contra Ahmadinejad en junio de 2009?

Z.M.H.: Las mujeres en el mundo árabe están en estos momentos en el espacio público y, en gran parte, en la política. Hoy, paradójicamente, el islam político necesita a las mujeres y su participación. Es un proyecto político que ha transformado la religión en ideología; sin embargo, cuando se politiza la religión, y cuando las mujeres emergen de la esfera privada de la familia a la esfera pública de la política, se está también creando una nueva conciencia. La religión y las mujeres se están politizando más; las mujeres también se están implicando en los movimientos islamistas y están cambiándolos desde dentro. Por ejemplo, en países como Egipto y Marruecos, donde el islam político está en la oposición, es la implicación de las mujeres la que está, de hecho, democratizándolo.

En el caso de Irán, donde el islam político está en el poder, las mujeres están ahora al frente del Movimiento Verde, surgido tras las elecciones presidenciales de 2009 como movimiento de derechos civiles, para la democracia y los derechos humanos. La situación de Irán es compleja. Tras 30 años de unión entre política y religión, con la interpretación gubernamental del islam, estamos ante un proceso que podríamos denominar “secularización desde abajo”. Muchos musulmanes en Irán empiezan a ser conscientes de que para su religión no es bueno mezclarse con el poder. Una vez que religión y poder están juntos, la interpretación de la primera se convierte en oficial. Hoy, muchos iraníes han llegado a la conclusión de que para practicar su religión tal y como la entienden y para cumplir sus obligaciones religiosas, necesitan libertad, un espacio secular y que el gobierno y la religión se mantengan separados. Estamos ante el nacimiento de una forma de entender la religión.

Estamos viendo también un movimiento reformista islámico en el que los asuntos de las mujeres son una parte principal de esa reforma, porque una vez que el concepto de igualdad se resuelva dentro de la tradición islámica, muchas de las tensiones actuales se solucionarán. Déjeme añadir algo: el caso de Irán, entre otros en el mundo islámico, muestra claramente que la cuestión no es la elección entre secularismo o religión, ni entre feminismo e islam. Es, más bien, entre despotismo y democracia, entre absolutismo y pluralismo. La religión sigue siendo muy importante para la gran mayoría de musulmanes y tiene, además, mucho poder. Pero nuestro problema –creo– no tiene que ver con la religión sino con la forma en que la religión es ideológicamente utilizada para propósitos autoritarios.

A/I: ¿Hasta qué punto cree que el feminismo islámico podría ser un buen instrumento o una buena estrategia para mejorar los derechos civiles?

Z.M.H.:Creo que es una estrategia fundamental. Para alcanzar los derechos civiles, la igualdad y la democracia, necesitamos muchos ingredientes y muchos niveles de compromiso. No es solo la religión la que desempeña un papel, también son las instituciones, las estructuras políticas, la vida real, las experiencias históricas…. Pero cuando la gente justifica la desigualdad y la injusticia en nombre de la religión, una forma efectiva de lucha es retarlos desde dentro, desde la tradición.

Por eso el feminismo islámico como estrategia puede ser de gran utilidad; lo que está diciendo básicamente es que las interpretaciones patriarcales de la Sharia y de la ley islámica deben cambiar. Nacieron en un momento y en un contexto concretos, pero ahora vivimos en otro tiempo y en otro contexto, y necesitamos otras interpretaciones, más acordes con los conceptos actuales de justicia, que es la esencia del islam. El feminismo islámico puede, pues, suponer un importante reto epistemológico. Puede, igualmente, liberar a los musulmanes de tomar posiciones defensivas.

Su religión, su identidad y su forma de vida están siendo atacadas, por eso deben adoptar posturas defensivas y volverse apologéticos; pero una interpretación igualitaria de los textos sagrados del islam –que esté en línea con los conceptos contemporáneos de justicia– puede liberar a los creyentes de ese estado apologético y hacerlos capaces de reconciliar su fe con sus propias aspiraciones de modernidad; ésta es una estrategia verdaderamente poderosa.

El problema es la forma en que la religión es ideológicamente usada para fines autoritarios

A/I: ¿Hay formas de colaboración entre feminismo islámico y feminismo secular? Si es así, ¿cómo las valora?

Z.M.H.: En los años ochenta y principios de los noventa, con el auge del islam político, había una gran tensión entre las feministas seculares y religiosas, pero ahora creo que se ha delimitado un espacio común y ambas se han dado cuenta de los potenciales beneficios del diálogo y de la colaboración. El alcance de esta colaboración depende del contexto y de cada país. Es difícil generalizar. Por ejemplo, cuando miramos a Malasia e Indonesia, hay muy poca tensión entre las feministas seculares y las religiosas; trabajan juntas.

El lanzamiento en 2009 del Musawah, el Movimiento por la Igualdad y la Justicia en la Familia Musulmana como un movimiento global, muestra que estamos entrando en una nueva etapa. En el Musawah vemos grupos de mujeres y activistas de distintos contextos musulmanes que caminan juntos hacia la reconciliación del islam y hacia los derechos humanos. Mi conclusión es que, realmente, hay muchas estrategias para alcanzar los objetivos comunes de justicia e igualdad. El compromiso con la religión es ahora una estrategia vital, pero no puede ser la única.

A/I: ¿Y cuál podría ser la contribución de los hombres?

Z.M.H.: Para mi, el feminismo, como conquista de la justicia en el mundo, es una forma de vida. Debería decir que el patriarcado es tan malo para los hombres como para las mujeres por ser la raíz de cualquier forma de despotismo. Por tanto, es una batalla en la que hombres y mujeres deben luchar juntos. La lucha por la justicia y por una sociedad justa es también la lucha de los hombres. Es más, los hombres han estado luchando con las mujeres en esto, y realmente no creo que pueda haber una división estricta entre hombres y mujeres. Pero, al mismo tiempo, creo que las mujeres experimentan la justicia de una forma distinta, y esto debería ser reconocido. Es vital que las mujeres estén comprometidas en lo que fue, durante tanto tiempo, la empresa del hombre: la producción del conocimiento religioso.