Esperando los dividendos de la revolución

Las expectativas de mejora en la calidad de vida, por un lado, y la falta de decisión a la hora de aplicar reformas de los gobiernos, por otro, caracterizan el momento económico de los países del norte de África.

ENTREVISTA a Emanuele Santi y Lahcen Achy por Jordi Bertran

Tras las revueltas y convulsiones sociales y políticas de estos dos últimos años, los ciudadanos del norte de África y de Oriente Próximo esperan ahora con impaciencia “los dividendos de la revolución”. Así califica el economista del Banco Africano de Desarrollo, Emanuele Santi, las enormes expectativas de mejora en su calidad de vida que los pueblos de estos países ansían colmar durante 2013. Mientras, los gobiernos de la región, muchos de ellos nuevos y sin experiencia gubernamental, parecen titubear ante la presión de tener que aplicar reformas y cambios de calado en su modelo económico que garanticen el crecimiento, pero también mayor inclusión social y una mejor redistribución de las rentas. Sobre estas cuestiones hablaron los economistas Emanuele Santi y Lahcen Achy en el IX North Africa Business and Development Forum (NABDF), organizado por el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) y la Cámara de Comercio de Barcelona el 19 de noviembre en Barcelona.

Los cinco ejes de la reforma

El paro y las desigualdades sociales son ahora las principales prioridades, según Lahcen Achy, investigador del Carnegie Middle East Center afincado en Rabat. Para abordarlas defiende reformar el modelo económico en la región en torno a cinco ejes: potenciar el sector privado y el apoyo a los emprendedores para crear puestos de trabajo; reformar la fiscalidad para asegurar la inclusión social; definir políticas industriales acompañadas de un aumento de la inversión; desarrollar el capital humano con nuevos sistemas de formación más vinculados tanto al estímulo del sentido crítico como al reforzamiento de la empleabilidad en el mercado laboral; implementar políticas de desarrollo y solidaridad entre regiones y ciudades; y culminar la integración económica de los países del norte de África.

Pero emprender estas reformas no va a ser fácil porque representan un cambio estructural profundo y medidas impopulares. “En el caso de Túnez y Egipto, los gobiernos esperan contar con nuevas constituciones y celebrar elecciones y no aceleran las reformas para evitar sembrar descontento. En el caso de Marruecos, el nuevo gobierno quiere actuar de forma progresiva pero el paso del tiempo va en su contra.” En este sentido, una de las cuestiones espinosas es la reforma de la política de subsidios, que representan un coste exagerado para estos países. “Pero ningún gobierno de la región ataca el problema.

Todos tienen déficit. Marruecos del 6%, Túnez cercano al 7%, Egipto el 10%, y la lógica actual apunta a un aumento. Pero pronto no podrán recurrir al endeudamiento”. Para Achy, ante la inacción y falta de comunicación de los gobiernos sobre sus planes, la inversión privada se retrae y no crea empleo. Mientras, los únicos que se benefician de esta situación de tránsito son los sectores mejor estructurados y organizados de la sociedad, que tienen los medios de presionar a los gobiernos, y que obtienen, por ejemplo, aumentos de salarios. “Estamos todavía en una lógica electoral y no en una de crecimiento inclusivo”. Por eso es importante que “la sociedad civil, los think-tanks, y la prensa independiente denuncien las medidas populistas a corto plazo y las tentaciones autoritarias y presionen para que se aprueben políticas creíbles. Y es que el principal problema que tendrán los gobiernos es de credibilidad.

Deben rehuir la tendencia a no hacer partícipe a la sociedad de sus decisiones y adquirir un compromiso de comunicación transparente y de participación”. Según este economista marroquí, el horizonte debe situarse en 2020 porque hablamos de “una transición que va a cambiar la naturaleza de los regímenes y las relaciones entre pueblo y gobierno. En 2020, si hemos reformado el tejido industrial, el sector de la educación y hemos avanzado en la descentralización… habremos triunfado”.

Ante la inacción y falta de comunicación de los gobiernos, la inversión privada se retrae y no crea empleo

Escaso margen de maniobra

Emanuele Santi, responsable para el norte de África del Banco Africano de Desarrollo, considera que la premura con la que las sociedades exigen sus “dividendos de la revolución” contrasta con la escasa capacidad de los gobiernos para implementar los cambios necesarios en la economía. Para este economista italiano afincado en Túnez, el complicado contexto político actual ha contribuido además a ralentizar las decisiones de los gobiernos, que disponen de un escaso margen de maniobra.

Santi apunta al incremento del crecimiento y a la inversión pública, junto a facilitar el acceso a la financiación y garantizar oportunidades para el sector privado, como las reformas más urgentes. A medio plazo, considera que deberían redefinirse los subsidios para reducir su cantidad pero, sobre todo, para optimizar su distribución. “En Túnez, representan el 6% de su PIB y el 20% de sus destinatarios son población rica”. Y avanzar, por otra parte, en la transformación estructural de las economías. En este sentido, apunta a la diversificación de mercados y de productos, a la reforma de la educación y la formación profesional, a la mejora del entorno empresarial y al impulso del sector financiero y bancario.

Entre los sectores que pueden impulsar el crecimiento cita la energía y la minería (Argelia, Libia), las renovables (Marruecos, Túnez), los servicios y el sector bancario y de las TIC, el consumo doméstico, y también la agricultura, siempre que se amplíe el acceso al mercado común europeo. Sus recetas también pasan por la integración económica del norte de África. Y pone un ejemplo: 300.000 parados de Túnez (el 40%) podrían ser absorbidos por el mercado laboral libio, que tras la caída de Muamar Gadafi ha perdido la fuerza laboral que representaban subsaharianos y asiáticos.