España debe hacer una política dinámica y eficaz en el Mediterráneo

Impulsar el Proceso de Barcelona e intensificar las relaciones bilaterales –económicas, políticas, culturales– con los países del Magreb, son algunas de las medidas que muestran la apuesta del gobierno español por la regíon.

ENTREVISTA a José Luis Rodríguez Zapatero por Andreu Claret y Darío Valcárcel

Desde que en marzo de 2004 asumiera la presidencia del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero ha situado el Mediterráneo y, en especial, el Magreb, como una de las prioridades de la política exterior española. Ha visitado Marruecos, Túnez, Argelia, y tiene previsto viajar a Libia, próximamente, según anuncia en la entrevista que publicamos en este número de AFKAR-IDEAS. Zapatero recupera así la tradicional vocación mediterránea de España, que había quedado seriamente afectada, durante el gobierno anterior, por el deterioro de las relaciones con Marruecos. A estas acciones bilaterales, España añade una mayor implicación en la política multilateral que la Unión Europea (UE) despliega hacia el Mediterráneo. La celebración de la primera cumbre euromediterránea, en Barcelona, el próximo 28 de noviembre, bajo presidencia británica, es otro de los logros de la diplomacia española a los que se refiere Zapatero, extensamente, en la entrevista. El presidente del gobierno ofrece su visión de lo que debe ser esta cumbre, que se celebrará en momentos de zozobra para la UE. Asegura que debe servir para repensar y relanzar el Proceso de Barcelona y para ofrecer una respuesta a los desafíos que presentan en este laboratorio de la globalización que es el Mediterráneo.

AFKAR/IDEAS: Su llegada al gobierno se ha caracterizado por nuevas orientaciones que suponen colocar a la región mediterránea como uno de los ejes prioritarios de la política exterior española. ¿Considera que el contexto actual permite relanzar la iniciativa española y europea en este área?

JOSE LUIS RODRIGUEZ ZAPATERO: Aunque la atención preferente de España por la región mediterránea tiene sus raíces en una historia milenaria, los complejos desafíos políticos, económicos, sociales y culturales que hoy se presentan en esta zona, y que afectan de lleno a nuestros intereses y a nuestro futuro, hacen necesario que España haga una política exterior dinámica y eficaz en el Mediterráneo, tanto en el plano bilateral como en la esfera multilateral.

A/I: En el marco de este año del Mediterráneo 2005, Barcelona acogerá el 28 de noviembre una conferencia euromediterránea extraordinaria impulsada por el gobierno español para conmemorar este décimo aniversario. ¿Cómo valora los 10 años del Proceso de Barcelona? ¿Cuáles son las propuestas de España para relanzarlo?

J.L.R.Z.: El Proceso de Barcelona se puso en marcha hace 10 años en circunstancias muy distintas a las actuales. Desde la presidencia en ejercicio de la Unión Europea (UE), pero también como colofón de años de esfuerzo en pro de la idea mediterránea, España fue un actor clave en la definición de este marco multilateral que pretende ofrecer una respuesta coherente y global a los retos que se plantean en la región. La Conferencia de 1995 consiguió definir unos principios y objetivos comunes (la Declaración de Barcelona) y un Plan de Acción que se está desarrollando correctamente. Aunque desde ciertas instancias se cuestionen los logros del Proceso de Barcelona, nadie pone en duda la validez de los objetivos y métodos del partenariado euromediterráneo. El marco creado en Barcelona se ha convertido en una referencia insustituible.

Ni un solo gobierno participante, ni siquiera los que viven más de cerca las tensiones de Oriente Próximo, ha cuestionado su presencia en el proceso euromediterráneo. Durante años ha sido el único foro regional en el que Israel y la Autoridad Nacional Palestina, Siria y Líbano compartían mesa. Comprendo, en cualquier caso, que muchos quieran ver resultados más rápidos y concretos en el proceso. Es evidente que hay muchos aspectos mejorables. Por eso España ha propuesto darle un nuevo impulso sobre el lema de “más y mejor partenariado”. El gobierno, como anfitrión y co-organizador de la Cumbre junto a la presidencia británica, acaba de presentar a todos sus socios un documento que contiene numerosas ideas para reforzar el partenariado en los campos político, económico y sociocultural. En los meses que quedan seguiremos trabajando para lograr el mayor consenso posible.

A/I: La ampliación de la UE a 25 ha sido interpretada como un posible factor de alejamiento por los socios euromediterráneos del Sur. ¿En qué medida la política de nueva vecindad puede corregir esa impresión y satisfacer las demandas de los países magrebíes que reclaman un “estatuto avanzado” con Europa? ¿Es posible avanzar en el proceso mediante una construcción euromediterránea de geometrías variables?

J.L.R.Z.: El Proceso de Barcelona se enriquecerá gracias a ese nuevo instrumento que es la política europea de vecindad. Con ella, los socios se beneficiarán del gran mercado euromediterráneo. Sin que debamos abandonar en absoluto el proceso de cooperación y diálogo multilateral hoy existente, cabrá, sin duda, como ya se hace en el seno de la UE, una cierta geometría variable que se corresponderá con lo que llamamos cooperaciones reforzadas en el modelo europeo.

La Alianza de Civilizaciones

A/I: Una de las iniciativas más importantes del gobierno español ha sido la propuesta de una alianza entre la civilización occidental y la civilización árabe y musulmana, que usted planteó ante la Asamblea General de Naciones Unidas.¿Qué desarrollo puede tener esta estrategia en el ámbito mediterráneo? ¿En qué consistirá la labor del grupo de alto nivel que España ha sugerido a la ONU?

J.L.R.Z.: Permítame decir, antes de nada, que defiendo la Alianza de Civilizaciones porque tengo el convencimiento moral de que las relaciones humanas tienen que estar marcadas por el diálogo con el otro, por el respeto a la diferencia y por la aplicación universal de los derechos humanos. Porque nací en un país, España, creado y enriquecido por culturas diversas, entre ellas la árabe. Y porque me niego a aceptar que la teoría del profesor Samuel Huntington sobre “el choque de civilizaciones” –que no comparto– pueda convertirse en realidad. Me gusta más la formulación del llorado Edward Said, que hablaba del “choque de ignorancias”. El llamamiento español a una Alianza de Civilizaciones ha tenido una magnífica acogida, tanto en el seno de Naciones Unidas como en la gran mayoría de sus Estados miembros.

La iniciativa ha ido ganando impulso como proyecto de futuro. Ya no podemos hablar de una propuesta exclusivamente española, sino de la ONU, encomendada en su primera fase al secretario general, Kofi Annan. La propuesta ha sido adoptada por la Cumbre Iberoamericana y acogida con entusiasmo por la Liga Árabe. Confiemos en que pueda reunirse pronto el grupo de alto nivel sugerido por España y aceptado por Annan. El objetivo del grupo será estudiar los factores que han generado la fractura entre el mundo occidental y el mundo árabe e islámico, y proponer medidas concretas en dos campos fundamentales: seguridad y relaciones internacionales, y cultura y educación.

La conexión con el Mediterráneo es evidente porque se trata de un ámbito que propicia el acercamiento entre los pueblos ribereños. Sin embargo, de no mediar una acción decidida por parte de todos, este mar podría transformarse en una barrera infranqueable. Creo que el Mediterráneo encarna, mejor que ninguna otra zona en el mundo, los riesgos inherentes a un conflicto de civilizaciones y, al mismo tiempo, las enormes potencialidades de una alianza. Está en nuestras manos decidir si queremos para el futuro un mar que nos una o que nos separe.

A/I: En los últimos años Estados Unidos ha manifestado un creciente interés en la región mediterránea, especialmente en cuestiones como la lucha contra el terrorismo. Este interés se ha traducido en la reciente BMEPI (Broader Middle East Partnership Initiative). ¿Considera que es posible articular esta iniciativa con el Proceso de Barcelona?

J.L.R.Z.: La BMEPI es una iniciativa de EE UU que abarca un conjunto de países que desbordan el marco mediterráneo. Su ámbito de acción está centrado en el fomento de los procesos de democratización, apertura económica y reformas institucionales. Son objetivos loables que coinciden con varios de los objetivos de la Declaración de Barcelona y del partenariado euromediterráneo. Por eso se impone trabajar para desarrollar sinergias entre dos iniciativas que son complementarias. Nuestra acción concertada podrá contribuir a extender los principios e ideas que inspiraron la Declaración de Barcelona al resto del mundo árabe. Tenemos que ayudar a nuestros amigos árabes en su ambición de progresar hacia la modernidad.

El conflicto en Oriente Próximo

A/I: Parece que en el momento actual, con todas sus incertidumbres, se abre una vía a la esperanza para una resolución del conflicto en Oriente Próximo. ¿Cuál podría ser la aportación de España en favor de la promoción de la paz y la solución definitiva del conflicto? ¿Cuáles con las condiciones básicas para reactivar el proceso de paz y alcanzar acuerdos duraderos entre las partes?

J.L.R.Z.: El conflicto israelo-palestino ha sido una especie de tumor canceroso con metástasis y que se convirtió en un caldo de cultivo en el que crecieron muchos males. Con esperanza digo que “ha sido” porque creo, en efecto, que estamos avanzando. Después de cuatro años de Intifada, la tendencia se ha invertido. En el proceso de paz prevalece hoy un clima de optimismo pero también de prudencia. En esta situación han influido diversos acontecimientos, como la elección del presidente Mahmud Abbas, la aprobación definitiva por parte de la Kneset (Parlamento) israelí del Plan de Desenganche de Gaza, la Conferencia de Londres sobre Palestina y los renovados esfuerzos de la comunidad internacional por contribuir política y económicamente al proceso. Los niveles de violencia se han reducido y la cumbre de Sharm el Sheik, que fue organizada por el presidente egipcio, Hosni Mubarak, y que contó con la presencia del rey Abdalá de Jordania, concluyó con una serie de acuerdos entre el presidente palestino y el primer ministro israelí, Ariel Sharón.

Desgraciadamente hay que ser prudentes porque aún hay brotes de violencia, continúa la ocupación militar de los territorios y los acuerdos de Sharm el Sheij no se aplican con la rapidez que todos desearíamos. Es importante notar que la desconfianza y, a veces, la falta de una clara voluntad política siguen minando las posibilidades de entendimiento, y ello a pesar de los anhelos de paz de ambos pueblos. Uno de los elementos fundamentales en estos momentos es la evacuación israelí de Gaza. El éxito de este plan podría proporcionar el impulso político necesario para abrir una etapa decisiva en el Proceso de Paz. Todo ello debe venir acompañado de la aplicación inmediata de medidas destinadas a mejorar los recursos palestinos para mejorar las condiciones de vida de su población.

Al mismo tiempo, urge empezar a reflexionar sobre la preparación de lo que se ha llamado el “día después”, esto es, la aplicación de las fases ulteriores de la Hoja de Ruta, cuyo objetivo principal es sentar las bases para las negociaciones finales de una paz justa, global y duradera que satisfaga las legítimas aspiraciones de las partes. Las medidas de confianza deberían ser, como establece la Hoja de Ruta, el primer paso para que palestinos e israelíes vuelvan a la mesa de negociaciones en busca de un acuerdo definitivo sobre el estatuto final y sus elementos definitorios: las fronteras, los refugiados y Jerusalén. Apoyamos el liderazgo del Cuarteto (ONU, EE UU, UE y Rusia) en este ejercicio y mantenemos un diálogo permanente con las dos partes y con los miembros más relevantes de la comunidad internacional.

Por otro lado, el gobierno español ha aumentado la cooperación con los Territorios Palestinos, prioridad absoluta en Oriente Próximo, con un significativo incremento de programas en las áreas clave de seguridad, con un programa de equipamiento de la policía palestina por valor de 10 millones de euros; de buen gobierno, colaborando en la elaboración de la Constitución y en las reformas institucionales, y de la economía, con numerosos proyectos de cooperación y un programa de microcréditos de 30 millones de euros. Conviene recordar que el compromiso español con el pueblo palestino es a largo plazo, y que en 2004 se ejecutaron proyectos y acciones por valor de más de 15 millones de euros, un 38% más que la media de los años anteriores, entre 2001 y 2003. Después de tantos años, palestinos e israelíes se merecen una paz justa. Por ello, el gobierno español no escatimará esfuerzos para que este nuevo clima de esperanza tenga los resultados a largo plazo que todos deseamos.

La política española hacia el Magreb

A/I: La importancia otorgada por el gobierno español al Magreb ha quedado demostrada por las visitas que usted ha realizado a Marruecos, Argelia y Túnez en pocos meses. ¿Cuáles son los objetivos concretos de esta reactivación de la política exterior española en la región?

J.L.R.Z.: El gobierno de España, en su diseño de la política exterior, tiene presente el carácter estratégico del Magreb, región que plantea desafíos globales de todo tipo pero también grandes oportunidades de entendimiento, cooperación y progreso, favorecidas por la proximidad histórica, cultural y geográfica de España, nuestro nivel de conocimiento mutuo privilegiado y la existencia de unos lazos ya consolidados. El gobierno ha definido una política global para que se lleve a cabo –tanto en el contexto bilateral como multilateral– en foros como el Diálogo 5 + 5 o el Foro Mediterráneo y, sobre todo, en el marco de referencia del Proceso euromediterráneo de Barcelona. En el marco bilateral, España ha consolidado los lazos de amistad y cooperación con cada uno de estos países, intensificando los contactos a todos los niveles para promover nuestros intereses comunes –políticos, económicos, culturales y de seguridad. Estoy convencido de que apoyar la prosperidad y el desarrollo de nuestros vecinos del Sur redundará ineludiblemente en un mayor grado de estabilidad en toda la cuenca mediterránea, lo que será bueno para todos; para nosotros también.

A/I: El gobierno ha señalado como una de sus prioridades impulsar el diálogo sobre el conflicto del Sáhara Occidental, y en este sentido ha propuesto una iniciativa para lograr una solución política aceptada por las partes. ¿Cuál es el objetivo de la iniciativa española y cuáles son sus posibilidades? ¿Cómo puede España contribuir al acercamiento entre Marruecos y Argelia?

J.L.R.Z.: Creo que tanto Marruecos como Argelia comprenden que la intensificación de sus contactos es buena para ambos. Para nosotros son dos países amigos y estratégicos y por eso vamos a ser un socio fiable y próximo. Hemos fomentado la aproximación entre Argelia y Marruecos para reactivar el tan necesario proceso de integración magrebí. Hay signos alentadores sobre la mejora de relaciones entre estos dos países, entre ellos la visita que el rey de Marruecos, Mohamed VI, hizo a Argelia y la supresión de visados para sus respectivos ciudadanos, lo que hace concebir esperanzas para una próxima apertura de fronteras. En cuanto al problema del Sáhara, el gobierno de España está en una actitud muy activa porque se trata de un conflicto que no sólo es un obstáculo para la integración del Magreb sino que prolonga el sufrimiento del pueblo saharaui. España no tiene una fórmula mágica de solución de este problema que dura ya más de 30 años, pero somos conscientes de que podemos ejercer cierta influencia dada la interlocución privilegiada que mantenemos con las partes, con Marruecos y con el Frente Polisario, y también con otros países concernidos, sobre todo Argelia. Consecuentemente, nos hemos comprometido a trabajar con dinamismo a favor de una solución política consensuada, justa, definitiva y acorde con la legalidad internacional.

España-Marruecos

A/I: La visita de Estado de los Reyes de España a Marruecos se ha interpretado como la ratificación del buen clima en las relaciones hispano-marroquíes. ¿Cree usted que la recuperación de la confianza entre ambos países permitirá avanzar en los asuntos más espinosos de las relaciones bilaterales, como el acuerdo pesquero entre Marruecos y la UE – que afecta directamente a la flota española–, la delimitación de espacios marítimos y los contenciosos territoriales?

J.L.R.Z.: Las relaciones con Marruecos son de una enorme riqueza y complejidad. En el pasado esas relaciones fueron rehenes del acuerdo de pesca entre la UE y el propio Marruecos. Hoy día, nuestra política marroquí tiene un enfoque global y una voluntad de avance en todos los ámbitos, todo ello con un espíritu de confianza y entendimiento mutuos. Observo con satisfacción que Marruecos mantiene una actitud similar, así que confío en que este ambiente nos haga avanzar en diversos campos. Sería muy beneficioso poder alcanzar un nuevo acuerdo de pesca UE-Marruecos. Y en cuanto a los espacios marítimos, el grupo de trabajo existente está funcionando satisfactoriamente.

A/I: Las autoridades españolas y marroquíes han intensificado su colaboración en materia de inmigración.Por otra parte,Marruecos ha solicitado asistencia a España y a la UE para el control de la costa atlántica.¿Qué cooperación aporta España en este ámbito? ¿Hasta qué punto es necesaria la armonización de políticas de inmigración en el seno de la UE para luchar contra este fenómeno? ¿Es posible y deseable una gestión compartida de los flujos migratorios procedentes del Sur entre Europa y el Magreb?

J.L.R.Z.: La cooperación es el instrumento más eficaz para hacer frente a los problemas que plantea el fenómeno migratorio, que también tiene, por cierto, aspectos muy positivos. Esa cooperación debe llevarse a cabo tanto con los demás Estados de la UE como con los países de origen y tránsito. Se está negociando un acuerdo de readmisión UE-Marruecos y se desarrollan iniciativas de cooperación judicial y policial para afrontar conjuntamente este reto. En ese sentido, la cooperación con Marruecos está siendo satisfactoria y produciendo resultados, como un descenso apreciable en el número de inmigrantes procedentes de ese país, sobre todo los que utilizan ese terrible e inhumano sistema de las pateras.

España-Argelia

A/I: Con respecto a Argelia, las relaciones bilaterales también se han visto fortalecidas. Recientemente se dio luz verde a la construcción del gasoducto transmediterráneo Medgaz entre Beni Saf y Almería. ¿Se prevén otros posibles acuerdos en el ámbito económico o energético entre los dos países?

J.L.R.Z.: Es evidente que las relaciones hispano-argelinas están gozando de un excelente momento y que se están produciendo importantes visitas de alto nivel en uno y otro sentido. La última, el 24 de febrero con ocasión de la celebración en Madrid de la Reunión de Alto Nivel. Además de la intensificación del diálogo político, se ha reforzado la cooperación en materias como la seguridad, la justicia, la inmigración irregular y el ámbito económico. En este terreno, el proyecto del gasoducto Medgaz evidencia la apuesta estratégica que España realiza en el sector de los hidrocarburos en Argelia. Pero también existe notable interés por diversificar nuestra presencia empresarial aprovechando el proceso de privatizaciones que el presidente, Abdelaziz Buteflika, ha puesto en marcha y, en general, el programa de modernización económica impulsado por Argelia.

A/I: Tras su reconciliación con la comunidad internacional varios jefes de gobierno europeos han visitado Libia. ¿Qué planes tiene el actual gobierno español con respecto a Libia?

J.L.R.Z.: Tengo interés en viajar a Libia en un futuro próximo. El régimen libio ha resuelto buena parte de sus contenciosos exteriores y ha mostrado una voluntad de apertura política y económica, que puede y debe aprovechar España para continuar desarrollando una buena relación política y para diversificar los vínculos comerciales. El cambio de política por parte de Libia también justifica el apoyo español a su reintegración en la escena internacional y, muy especialmente, a su inclusión en el Proceso de Barcelona.

A/I: Durante su discurso ante el Parlamento marroquí, don Juan Carlos mencionó el esfuerzo de las Comunidades Autónomas, administraciones locales y ONG en materia de desarrollo. ¿Cuál es la visión del gobierno de las relaciones que deben mantener las Comunidades Autónomas con los países del Magreb? ¿Y sobre el papel de la sociedad civil?

J.L.R.Z.: Las Comunidades Autónomas se han convertido en unas instituciones esenciales en el esfuerzo colectivo español para situar las relaciones hispano-magrebíes en el nivel de intensidad que el gobierno desea. De hecho ya desempeñan un importante papel en el campo de la cooperación al desarrollo en los países del Magreb. Alrededor del 13% de las ayudas de las Comunidades Autónomas se dirige a esta región, principalmente a Marruecos, a la población saharaui y a Mauritania. Ya que me preguntan por la sociedad civil, permítanme que recuerde mis palabras ante la Liga Árabe a finales de marzo en Argel. Dije entonces lo que siempre he creído: que la libertad es la mejor barrera contra la intolerancia y el fanatismo. Y cité, en concreto, la situación de la mujer. Cuantos más derechos tiene reconocidos la mujer en la sociedad, más estable, más próspera, más educada y, en definitiva, más libre es esa sociedad.

A/I: Otro ámbito en el que la cooperación bilateral con Marruecos y Argelia se ha intensificado y ha dado frutos de forma inmediata ha sido la cooperación policial y judicial, especialmente tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. ¿Qué filosofía promueve el gobierno español para incrementar la eficacia en la lucha contra el terrorismo internacional, teniendo en cuenta el origen magrebí de muchos de los detenidos por terrorismo en España, pero también su situación de residentes legales en nuestro país?

J.L.R.Z.: Los atentados del 11-M obligaron a replantear nuestras posibilidades de cooperación con los países del norte de África. En este nuevo marco, el fortalecimiento de la cooperación policial y judicial ha cobrado una importancia extraordinaria. El terrorismo se ha convertido en un fenómeno transnacional y, por lo tanto, en una amenaza común que exige soluciones compartidas. Este planteamiento es plenamente asumido por los países del norte de África con los que estamos trabajando conjuntamente. Los resultados de nuestra cooperación son muy positivos. Se han multiplicado los intercambios de información y nuestra acción concertada ha resultado en una mayor seguridad preventiva y en una mayor eficacia de la justicia en la lucha contra los terroristas.