Entrevista a Taïeb Soussi por Zohra Abid

Zohra Abid

Taïeb Souissi es presidente de Souissi Center, primera gran superficie especializada en la venta de utensilios de bricolaje y suministros para construcciones e industrias, con sede en las afueras del sur de Túnez capital. Zohra Abid, periodista de Le Quotidien, analiza con Souissi la actual situación económica del país.

AFKAR/IDEAS: ¿Tiene la crisis del textil un impacto en los demás sectores de la economía tunecina?

TAIEB SOUSSI: El textil representa la mitad de las exportaciones del país. El descenso de las exportaciones de textil hacia los mercados europeos a consecuencia de la ofensiva de los productos chinos en el mercado mundial del textil, se traduce para Túnez en importantes pérdidas de beneficios, un descenso de los ingresos en divisas y, sobre todo, una caída del empleo. El país tiene 2.400 empresas textiles que emplean a 240.000 personas. Consecuencia de los numerosos cierres de fábricas desde comienzos de año: el 88% de los despidos afectan a este sector.

Y, quien dice despidos, dice descenso de los ingresos y, por consiguiente, caída del consumo. El efecto psicológico es aún más pernicioso: los promotores invierten menos o evitan invertir en los sectores en crisis. Atravesamos un periodo en el que todos están a la expectativa. Todo el mundo se ve afectado: el Estado, cuyos ingresos fiscales descienden, los operadores privados y públicos, que están obligados a reducir sus plantillas para mantener a sus empresas, los bancos que reciben menos ahorros, los consumidores que escasean o ya no tienen dinero para gastar…

A/I: A pocos años para que se terminen de desmantelar los aranceles sobre los productos europeos, ¿está la producción industrial tunecina suficientemente equipada para soportar la competitividad de los productos extranjeros?

T.S.: Nuestros productos no son competitivos. Al menos en el sector textil. Una camisa tunecina se vende por unos 40 dinares (25 euros). Con esa misma cantidad, se podrían comprar hasta cuatro camisas fabricadas en China. Decir que la calidad podría ayudarnos a hacer frente al reto de la competencia es ilusorio, porque la calidad incrementa los costes de fabricación y, por consiguiente, reduce la competitividad en los mercados exteriores. Además, el coste de mano de obra es más caro aquí que en los países de Europa del Este y de Asia, nuestros competidores directos. Los gastos de funcionamiento también son elevados. Así, los tipos de interés, que en Europa apenas superan entre el 2,5% y el 3%, aquí alcanzan el 8%. Con el aumento incesante de los precios del petróleo, los gastos de transporte siguen incrementándose y reduciendo nuestros márgenes de beneficio. Podríamos tratar de diversificar la industria y explorar nuevos nichos, pero no existe ninguna solución milagrosa: nunca podríamos, en la situación actual, soportar la competencia asiática.

A/I: ¿Cómo podría Túnez compensar el descenso de los ingresos del textil?

T.S.: Hoy se habla del desarrollo del sector servicios. Se depositan grandes esperanzas en las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC). Túnez acogerá en noviembre próximo la segunda ronda de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. Espera convertir esta cita en un escaparate para su know how en este ámbito. Deberíamos seguir en la industria. Una economía que no está impulsada por la industria tiene pocas posibilidades de perdurar. La agricultura y el turismo, que son dos actividades importantes en nuestro país, dependen de la coyuntura. Están a merced de una falta de precipitaciones, en el caso de la primera, y de un atentado terrorista, en el caso del segundo. No debemos ponernos una venda sobre los ojos sino abrir el debate, hablar de lo que no funciona, analizar los desafíos reales que se le plantean a nuestra economía y tratar de encontrar soluciones a medio y largo plazo.

A/I: ¿Cuáles son los problemas y las dificultades que encuentra en el ejercicio diario de su trabajo?

T.S.: El gran problema es la importación salvaje y el mercado paralelo. De ahí la paradoja siguiente: los que trabajan dentro de la legalidad pasan apuros, mientras que la economía paralela prospera por todo el país. La explicación es sencilla: nuestras fronteras están abiertas y la competencia de los gigantes mundiales se exacerba, mientras que en el mercado interior estamos expuestos a la competencia desleal de unos canales de distribución comercial ilegales. El medio empresarial es también bastante hostil: impuestos elevados, procedimientos administrativos complicados, falta de apoyo del sector bancario… A las pymes, pese a las medidas de fomento del Estado, les cuesta resistir. La mayoría están muy endeudadas. Cada día se cierran tantas como nacen. Otro problema: como los hogares están muy endeudados, la demanda se asfixia, mientras que la oferta sigue aumentando.

A/I: En este entorno tan poco propicio, ¿cuáles son las perspectivas de la economía tunecina?

T.S.: La situación es difícil y la vía estrecha. Nuestros empresarios pierden sus referencias y ya no saben por dónde empezar. En nombre de la globalización, hemos abierto nuestras fronteras y liberalizado nuestra economía a costa de un gran esfuerzo. Nuestro tejido industrial ya no está protegido. ¿Podrían nuestros socios europeos, que deben enfrentarse a los mismos problemas, ayudarnos a salir adelante? No es en absoluto seguro. ¿Deberíamos renegociar los acuerdos con ellos –y con los demás socios– sobre la base de un planteamiento más justo respecto a nuestro potencial económico y, sobre todo, a nuestros problemas? La pregunta queda en el aire.