Emigración árabe a Latinoamérica

“La contribución de la civilización árabe a Latinoamérica fue importante para el desarrollo del comercio”, considera esta periodista peruana.

ENTREVISTA con Leyla Bartet por Sadjia Guiz

Invitada en el marco de las actividades de la celebración de “Argel, capital de la cultura árabe”, Leyla Bartet, académica peruana, expone un tema que invita a redescubrir Suramérica, por medio de la emigración árabe hacia ese continente. Su enfoque se caracteriza por la objetividad y el realismo, con vistas a tender puentes de acercamiento para conocer al Otro… Leyla Barbet fue corresponsal de periódicos mexicanos, así como agencias de prensa, entre 1980 y 1990. Profesora invitada en la Universidad Central de Venezuela de 1991 a 1996, en los cursos de postgrado en Relaciones Internacionales, donde moderó seminarios sobre el desarrollo de los islamismos radicales. En este mismo periodo, participó como investigadora en el proyecto de la Unesco “Las aportaciones de la Civilización Árabe a Latinoamérica a través de la Península Ibérica”. Además de muchos artículos y ensayos sobre el mundo árabe y los países musulmanes (sobre todo para la revista Nueva Sociedad, de la Fundación Ebert), ha publicado La guerra del Golfo en la prensa latinoamericana: una lectura de la arabidad, en “El Mundo Árabe y América Latina” (ediciones Unesco, Libertarias-Prodhufi, Madrid, 1997) y Memorias del cedro y el olivo. La emigración árabe al Perú (1885-1985), Fondo Editorial del Congreso de Perú, Lima, 2005. Ambos libros se han traducido al árabe y los ha publicado el Center of Arab Unity Studies (CAUS) del Líbano, en 2005 y 2007, respectivamente. La periodista argelina, Sadjia Guiz, ha entrevistado a Leyla Bartet para AFKAR/IDEAS.

AFKAR/IDEAS: ¿En qué período sitúa a la primera generación de emigrantes árabes hacia el Nuevo Mundo?

LEYLA BARTET: Cuando se habla de migraciones, se evoca el fenómeno según las leyes de Edward G. Ravenstein, establecidas en 1885, que permiten establecer un número determinado de reglas de funcionamiento en las migraciones, donde el factor geográfico está relacionado con las facilidades de comunicación, o con afinidades de tipo cultural (lengua, religión) y donde se definen los itinerarios. Según estas reglas, la emigración árabe a América se sitúa en la segunda mitad del siglo XIX, allá por 1860 en el caso de los primeros árabes levantinos que huían de la crisis final del Imperio Otomano. No obstante, puede detectarse la presencia árabe mucho antes, aunque no fuera numéricamente importante.

A/I: ¿En qué se detecta esa presencia árabe?

L.B..: A raíz de la conquista de América, la Corona española mandó venir a esclavos moros, sobre todo mujeres, y también esclavos negros. Pero también hubo los llamados “moriscos”, los árabes andaluces musulmanes convertidos al cristianismo tras la reconquista de Granada y el fin del reino de Al Andalus en 1492. Hubo el caso raro de un morisco que gozó de gran éxito social y económico, Emir Cigala. Cambió su nombre por el de Gregorio Zapata (algo habitual entre los moriscos de América), llegó a ser capitán del ejército e hizo fortuna en Potosí, región muy rica en plata, situada en el territorio actual de Bolivia.

Pudo regresar al norte de África, y solo entonces reconoció su verdadero origen. El historiador Juan José Vega menciona a otros que, con nombres cristianos, se instalaron en Perú durante el siglo XVI: Cristóbal de Burgos y Francisco de Talavera, que llegaron a concejales del ayuntamiento de Lima; Nicolás de Ribera, de origen bereber, alcalde de Lima en 1535. Para el conquistador, comprar una esclava morisca significaba disponer para su hogar de ama de llaves, además de una cocinera que eventualmente podía llegar a ser su esposa. Es el caso de doña Beatriz de Salcedo, que había llegado como esclava morisca, a quien Diego de Salcedo, compañero de Pizarro, convirtió en su concubina. Se casó con ella in articulo mortis, convirtiéndola así en heredera de su fortuna y gobernadora. Beatriz, una mujer inteligente, acompañaría a su marido a Cajamarca, cuando el último inca aún estaba encarcelado.

Allí pudo recoger testimonios de las concubinas de éste y, en cierto modo, ejercer de cronista de las costumbres familiares del Imperio Inca. Sin embargo, al parecer, no fue éste el único mérito de Beatriz de Salcedo: ella es la artífice de la introducción del trigo en Perú. En efecto, según el historiador José Antonio del Busto, Salcedo logró recuperar granos de trigo llegados al país mezclados con harina. Además, una declaración oficial del Virrey Conde de Nieva reconoce que el cultivo del trigo se introdujo en Perú gracias a los esclavos moriscos.

A/I: Volvamos a la emigración árabe a América. ¿Qué factores favorecieron dicha emigración?

L.B..: La primera ola migratoria (1886- 1914) está relacionada con el debilitamiento del Imperio Otomano, su posterior declive y el espectacular aumento de la influencia de Europa Occidental en Oriente Próximo. Los pioneros llegaron con pasaportes turcos, y por eso se les llama “turcos”. Eran hombres jóvenes, solteros, cristianos ortodoxos. Todos procedían del triángulo cristiano de Beit Sahir, Beit Yala y Belén. Los primeros palestinos que llegaron a Perú lo hicieron por el sur andino. Cruzaron Argentina, luego Bolivia y, con el progreso de la construcción del ferrocarril, desembarcaron en Cuzco y Arequipa. En ocasiones atravesaron Chile para llegar a esta última provincia. El primer palestino fue Issa Said Sahurriye: llegó al puerto de Mollendo en 1885, y fundó un próspero comercio de sombreros, estableciéndose tanto en Cuzco como en Bolivia.

Los palestinos supieron sacar provecho de la coyuntura económica particularmente favorable del sur de Perú, lindante con Bolivia, a finales del siglo XIX. El dinamismo de esa región se debe al desarrollo del comercio de la lana, sobre todo de alpaca, producto de importancia regional, pero también nacional e internacional. La revolución industrial en Gran Bretaña y el rápido crecimiento de la industria textil inglesa acarrearon una gran demanda de materia prima. Los árabes llevaron a cabo una labor útil y discreta. Ha quedado para la historia su competencia con las grandes sucursales inglesas en el ámbito del comercio de la lana de alpaca en Arequipa, población que goza de una excelente situación geográfica y geoestratégica, al encontrarse entre la zona andina de producción de la lana y la costa pacífica, donde se encuentra el puerto de Mollendo.

A partir de los años 1880, surge una nueva forma de comercio en el sur andino peruano: los mercados urbanos dominicales donde se intercambian productos agrícolas por productos manufacturados. Los indios, que antaño no podían comprar más que los productos suministrados por los propietarios de las haciendas, fueron abandonando progresivamente esas tiendas, lo que perjudicó enormemente a los hacendados. Esos mercados populares se convertirán en el espacio favorito de los comerciantes itinerantes árabes. Ya en 1905, un observador de la época, Hildebrando Fuentes, señala que los “turcos” constituyen la “colonia” extranjera más numerosa de Cuzco, después de los italianos.

Se han convertido en amenaza para sus proveedores mayoristas, con quienes negocian agresivamente los precios de compra. Gracias a la solidaridad existente entre ellos, consiguen interesantes descuentos, como reconoce el representante de la Casa Ricketts en Cuzco en una carta dirigida el 16 de septiembre de 1910 a su dirección de Arequipa: “Hoy la Plaza de Cuzco está en manos de los turcos y, si no se trabaja con ellos, es imposible vender”.

A/I: Al parecer, el éxito comercial contribuyó a su “integración”…

L.B..: El éxito de los palestinos se explica por una serie de factores. Reprodujeron su organización y ética tradicional del trabajo; al trabajar en familia, ésta se extiende en el sentido amplio del término. Y ello contribuye a mantener la estructura patriarcal y la solidaridad familiar. Así, si se abre una sucursal en la misma o en otra localidad, por lo general se confía a un hijo, a un primo, a un sobrino. El cabeza de familia es quien controla la red migratoria y decide mandar venir del país a tal o tal pariente por necesidades comerciales. En esta inmigración “en cadena”, los límites entre vida profesional y vida privada son prácticamente inexistentes.

A menudo se confunden lugar de trabajo y lugar de residencia. Ello permite unos horarios laborales muy prolongados: las tiendas abren de sol a sol, esto es, del amanecer al anochecer. Los turcos llevaron a Perú, y a toda Latinoamérica, una nueva mentalidad y nuevos métodos comerciales. Como en Oriente Próximo, el comercio es un espacio de sociabilidad donde se murmura y donde circula la información. Ello explica que, en muchos casos, esos primeros inmigrantes aprendieran el quechua, la lengua hablada por los indios antes de aprender español. Por otro lado, introdujeron nuevas técnicas comerciales, la práctica sistemática de los precios bajos, el pago a plazos, la venta a domicilio, la renovación continua de los artículos puestos a la venta, etcétera.

A/I: ¿El clima político y cultural del país de acogida también era favorable a esa inmigración?

L.B..: El debate sobre el tipo de inmigración que deseaba Perú, debate que arranca a mediados del siglo XIX y resurge a principios del XX, pone de manifiesto la voluntad de potenciar una inmigración blanca para “mejorar la raza”. En Argentina, si leemos los textos de Domingo Faustino Sarmiento y Alberdi, o en Chile, de la mano de Diego Portales, hallamos las mismas posturas. Sin embargo, en Perú, se asocia a los levantinos, palestinos y libaneses a los europeos mediterráneos. Su fenotipo los hace próximos a los italianos napolitanos, que, junto con los genoveses, fueron el grupo de europeos más numeroso que se estableció en Perú.

A/I: Por lo que respecta a la cuestión de la identidad, ¿llegaron a identificarse con el país de acogida?

L.B..: Los palestinos de Perú que llegaron antes de la Nakba –división de Palestina en 1948, seguida de un gran éxodo– fueron víctimas de la evolución del nacionalismo palestino. Parecen excluidos de esa parte de la historia, más aún cuando quienes llegaron tras la derrota de 1967 asumieron una legitimidad nacional de la que no gozan los primeros. Hoy es como si la única historia nacional legítima y que debería ser el referente de todo palestino, fuera la de la Nakba y la resistencia frente a Israel. Sin embargo, la historia de la emigración de los palestinos a las Américas no acaba de encajar con este relato heroico. De aquí que haya cierta dificultad en transmitir la memoria. Además, en este periodo encontramos a un número cada vez mayor de musulmanes originarios de Ramala. En cuanto a la identidad, se consideran poseedores de una doble identidad, palestina y peruana. A pesar de participar activamente en la política de Perú, no olvidan sus orígenes. Basándose en la historia, un cierto número de intelectuales de esa comunidad, ha tratado de resolver la cuestión de la “doble identidad”, ampliando la identidad palestina a la dimensión árabe, con la intención de demostrar la antigüedad multisecular de la presencia árabe en Perú, que, a partir del siglo XVI, habría tomado parte en la fundación de la nación peruana.

A/I: Para acabar, un último comentario acerca de sus actividades…

L.B.: Sin dejar el tema, estoy preparando un estudio, una especie de selección sobre “la imagen del árabe en la literatura suramericana”. Unos cuantos chilenos, argentinos y brasileños, de origen sirio y libanés, muchos de ellos convertidos en escritores, han heredado de sus padres una vaga idea de lo que es un árabe, según la cual dibujan a sus personajes. Mi selección va al encuentro de esos personajes.