Emergencia humanitaria en Siria

“Este es uno de los conflictos más brutales y peligrosos que hemos visto desde la guerra fría. Si sigue en la intensidad actual, a finales de año 10 millones de sirios necesitarán ayuda, la mitad de la población”.

ENTREVISTA con Reem Alsalem por Lurdes Vidal

Naciones Unidas estima que hay como mínimo 6,8 millones de personas que sufren directamente el impacto del conflicto en Siria, de los cuales se calcula que 4,25 millones son desplazados internos. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) coordina la ayuda humanitaria dentro del país y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, tiene un papel clave en el diseño y la aplicación del plan de respuesta regional para los refugiados sirios en los cinco países vecinos (Turquía, Irak, Egipto, Jordania y Líbano) que han recibido mayor número de refugiados: 1,5 millones hasta la fecha (15 de mayo de 2013). Sin embargo, con el ritmo actual de personas que cruzan las fronteras sirias, unas 8.000 al día, si no se pone fin a la violencia pronto, las previsiones amenazan con acabar desbordando la acción de las organizaciones humanitarias.

Por este motivo y por la cruda realidad que azota a la población civil día tras día, las organizaciones como ACNUR no cejan en su empeño de concienciar al mundo sobre la necesidad de implicarse en todos los niveles para paliar la emergencia humanitaria a la que intentan hacer frente. Entre reuniones, desplazamientos sobre el terreno y atención a los medios, además de otras muchas tareas, conseguimos hablar del trabajo sobre el terreno con Reem Alsalem, responsable regional de información pública de ACNUR.

AFKAR/IDEAS: ¿Cuántos campos están gestionando y cómo se decide dónde ubicarlos?

REEM ALSALEM: Hay 21 campos en toda la región, 17 de los cuales se encuentran en Turquía. ACNUR coordina directamente la gestión del campo Zaatari en Jordania, el mayor campo que alberga a 100.000 refugiados. El resto están gestionados por las autoridades de los países que los acogen con nuestro apoyo técnico. En este sentido, ACNUR ha donado miles de tiendas y ha proporcionado su conocimiento y experiencia en la planificación de los campos. De hecho, son los propios gobiernos los que deciden dónde se ubican, nosotros les ayudamos a tomar la decisión pero ellos tienen la última palabra.

A/I: ¿Con qué autoridades, instituciones y ONGs trabajan sobre el terreno?

R.A.: Dentro de Siria hablamos con todas las partes que hay que hablar para conseguir acceso a las poblaciones afectadas. Con la proliferación de actores y el cambio constante de las líneas de fuego no resulta nada fácil. Evidentemente trabajamos con las agencias hermanas de Naciones Unidas y con unas 15 organizaciones asociadas, algunas de ámbito nacional y otras internacional. Cada organización actua en el ámbito en el que tiene más experiencia.

A/I: ¿Cuáles son sus áreas prioritarias de trabajo?

R.A.: Del millón y medio de refugiados que tenemos ahora, ¡un millón cinco meses! Figúrese, la magnitud de la emergencia humanitaria es enorme. Nos ocupamos de tres sectores: la distribución de productos básicos no alimenticios, refugio y servicios comunitarios. También participamos en otras actividades, como educación, salud, agua y saneamiento. Además, nos dedicamos a verificar si los sirios que huyen del conflicto consiguen encontrar asilo y seguridad al otro lado de la frontera. Por eso, es fundamental que los gobiernos de la región mantengan sus fronteras abiertas a los ciudadanos sirios. Como prioridad también registramos a los refugiados o apoyamos a los gobiernos si son ellos los que se encargan de hacerlo. Hemos logrado reducir el tiempo de espera que pasaba un refugiado para registrarse, de cuatro meses a principios de año a un mes.

Estar registrados les permite quedarse temporalmente en los países y obtener asistencia de ACNUR, del Programa Mundial de Alimentos y de otras entidades humanitarias, así como tener acceso a servicios públicos. En los países vecinos trabajamos para suplir las necesidades básicas, desde ayudar a las familias para que matriculen a sus niños en las escuelas, a proporcionar cupones de comida o subvencionar derivaciones de casos médicos. También damos mos apoyo a los refugiados más vulnerables para que puedan pagar el alquiler, que es su principal preocupación. Incluso para aquellos que viven en campos, el alojamiento es un problema. Los campos de la región están alcanzando rápidamente su capacidad máxima. Algunos como el de Domiz adolecen de una masificación peligrosa. Por ello, estamos expandiendo algunos y construyendo seis nuevos. En Líbano trabajamos con el gobierno para identificar emplazamientos para acomodar a los refugiados y en la rehabilitación de los albergues colectivos que ya existen.

A/I ¿Se podría trazar un perfil del refugiado sirio?

De media, casi 8.000 personas cruzan al día las fronteras, huyendo del conflicto

R.A.: El conflicto ha afectado a todos los sirios por igual. Vemos refugiados procedentes de todas las provincias, de todos los estratos sociales, niveles educativos, áreas rurales y urbanas, filiación religiosa, etc. Nuestra expectativa es que a medida que más refugiados sirios se sientan cómodos acudiendo a ACNUR para registrarse, veremos llegar a más minorías. Lo que quizás no se sabe es que casi un 70% de la población son mujeres y niños. Muchos de ellos han huido con lo que llevaban puesto. Otros han venido con muy pocos recursos. Si hay algo en común entre todos ellos es el trauma que padecen por los horrores que han presenciado, en muchos casos la pérdida de familiares. La mayoría han sido desplazados dentro de Siria varias veces antes de cruzar finalmente la frontera. No obstante, cruzar fronteras es cada vez más peligroso, especialmente en la frontera jordana.

A/I: ¿Qué sucede con los sirios que cruzan la frontera y no se asientan en campos? ¿Se integran bien en las comunidades de acogida?

R.A.: El 76% del millón y medio de refugiados vive en áreas urbanas con las comunidades de acogida. En Egipto y Líbano no hay campos ni nada por el estilo. Están esparcidos por todos los países de asilo, lo que supone todo un reto para identificarlos y prestar ayuda a los más vulnerables. Hay que reconocer que tanto los gobiernos como las poblaciones de acogida han sido extraordinariamente generosos. Sabemos de historias fascinantes, como los kurdos iraquíes que respondieron a una campaña de recaudación de fondos realizada por televisión donando bienes por valor de dos millones de dólares. Aun así, este incesante influjo de refugiados está ejerciendo una presión enorme en unos países cuyos recursos son ya limitados.

Debemos tener en cuenta que la población libanesa ha aumentado como mínimo un 10% a raíz de la llegada de refugiados, y en Jordania un 6%. Turquía ha gastado más de 750 millones de dólares de su bolsillo. No podemos esperar que estos países asuman esta responsabilidad solos. Con el tiempo observamos mayores niveles de tensión entre comunidades. Por ello es muy importante que las comunidades de acogida y los gobiernos reciban una asistencia financiera que les permita mantener su generosidad y para que su ya saturado sector de servicios públicos pueda dar abasto.

A/I: Últimamente hemos oído hablar también de muchos casos de violencia contra las mujeres…

R.A.: En tiempos de guerra y conflicto la exposición a la violencia de género y abuso físico aumenta, antes, durante y a menudo tras el desplazamiento. También es cierto que, como ha sido el caso de la crisis siria, cuando los refugiados están en peor situación económica es cuando recurren más fácilmente a la prostitución o a casar a sus niñas a edades muy tempranas para obtener dinero con el que mantenerse. La clave es tener consciencia de lo que es la violencia de género. Por ello ofrecemos formación para saber qué es, y qué mecanismos de prevención y respuesta existen para todas las personas que están en contacto con refugiados, como autoridades gubernamentales, guardias de fronteras, personal humanitario, etc.

A/I¿Qué ha sido de los palestinos, iraquíes ysomalíes que estaban refugiados en Siria antes de que estallara la crisis?

R.A.: Al igual que hemos asumido la responsabilidad de dar apoyo a los sirios afectados por el conflicto y a los desplazados internos, seguimos ocupándonos de los más de 70.000 refugiados que vivían en Siria y siguen allí en condiciones igualmente complicadas. Los refugiados, la mayoría de los cuales son iraquíes, pero también afganos y somalíes, reciben ayuda para tener acceso a unos servicios educativos y sanitarios cada vez más escasos, y se les suministra ayuda financiera para que lleguen a final de mes. Con la intensificación del conflicto, cada vez más refugiados iraquíes que vivían en Siria deciden que no tienen más opción que regresar a Irak, a pesar de que para muchos no se dan las condiciones adecuadas en su lugar de origen.

A día de hoy, unos 85.000 refugiados iraquíes han regresado desde que empezó el conflicto. A su llegada a Irak, a los que se han registrado con las autoridades iraquíes, ACNUR les proporciona productos básicos y una ayuda monetaria única. Y, por supuesto, están los refugiados palestinos, que han sido históricamente la mayor población refugiada del país. Se han visto especialmente afectados por el conflicto: muchos han muerto, otros han resultado heridos o han sido desplazados. De hecho, casi la mitad de la población refugiada está desplazada dentro de Siria, 56.000 se han desplazado a Líbano y unos 5.000 a Jordania. Se encuentran en una situación desesperada y las posibilidades de retornar a su país como alternativa son prácticamente nulas.

Gobiernos y poblaciones de acogida han sido muy generosos en su apoyo a los refugiados sirios

A/I: ¿Cuál es la posición de ACNUR respecto a la solución de la crisis?

R.A.: El Alto Comisionado, como otros jefes de agencias humanitarias, está preocupado por el modo en que el conflicto sirio está escalando fuera de control y el desastre del impacto humanitario de esta crisis, tanto dentro como fuera de Siria. El mes pasado, él y cuatro responsables más de agencias de Naciones Unidas unieron sus voces en un sincero llamamiento a la comunidad internacional para pedir que se pare este conflicto, para decir que ya basta. Desgraciadamente, esta crisis es tan preocupante, en parte porque no atisbamos ninguna solución política en el horizonte. Si el conflicto sigue en la intensidad actual, a finales de año serán 10 millones los sirios que necesitarán ayuda, esto es ni más ni menos que ¡la mitad de la población!

Este es quizás uno de los conflictos más brutales y peligrosos que hemos visto desde el fin de la guerra fría y el futuro se revela incluso peor. Desde el punto de vista de los refugiados a los que atendemos, hay un objetivo claro. Su principal deseo es poner fin al conflicto para poder volver a casa. De hecho, el deseo de regresar es tan fuerte que cada día hay algunos que vuelven por poco tiempo. Los motivos varían: algunos van a comprobar cómo están las propiedades que dejaron atrás, o a buscar alguno de sus familiares, o ver cómo son las condiciones, aprovechan cualquier mejoría momentánea de la seguridad en la zona donde vivían para volver, algunos porque las condiciones de vida en el país de asilo son difíciles… Pero no les queda otra que marcharse de nuevo.

A/I: ¿Deberíamos ya hablar de un conflicto regional?

R.A.: Por supuesto. Cada día que pasa la guerra en Siria desborda más hacia los países de la zona. Supone un riesgo real para algunos de sus vecinos que ya experimentan unas situaciones políticas, económicas y de seguridad delicadas. En el caso de Líbano, se podría incluso decir que la guerra en Siria supone una amenaza existencial.

A/I: ¿Será posible reconstruir Siria, no solo en términos de infraestructura sino también de tejido social y convivencia?

R.A.: Reconstruir el país, cuya infraestructura y tejido social ha sufrido un daño tremendo no va a resultar nada fácil. Mi experiencia en situaciones similares me dice que algunos de los asuntos más inmediatos con los que habrá que lidiar serán las cuestiones relacionadas con la justicia transicional, es decir, someter a la justicia a las personas que han cometido graves violaciones de los derechos humanos y atrocidades inefables, además del proceso de reconciliación, retorno y reintegración de los refugiados, así como la recuperación económica. Espero que ACNUR esté allí para ayudar a Siria en este proceso.

A/I En relación con el secuestro de personal de Naciones Unidas en los Altos del Golán y el secuestro de ciudadanos sirios dentro del país, ¿considera que este fenómeno está convirtiendo a los cooperantes en posibles objetivos?

R.A.: Uno de los principales retos a los que nos enfrentamos es que hasta el momento ha habido pocas garantías de seguridad para nuestro personal, convoyes y operaciones, así como para nuestros socios. Somos conscientes de que operamos en un entorno muy precario. Sin embargo, tenemos un compromiso con Siria y su población, y por eso mantenemos a más de 290 empleados, la mayoría sirios. Siria ha sido uno de los países más generosos hacia los refugiados de otros países durante décadas, abriendo sus puertas a gentes que escapaban de conflictos.

Hemos recibido importantes ayudas financieras, pero muy por debajo de las necesidades

Ahora le toca al mundo ayudar a Siria. Hasta el momento hemos suministrado más de 1.800 productos de ayuda humanitaria a unas 860.000 personas (algo más de 170.000 familias tanto en zonas controladas por el gobierno como por la oposición). Para nosotros es frustrante saber que solo llegamos a una parte de la gente que necesita nuestra ayuda, pero para poder ampliar nuestro alcance necesitamos corredores seguros para nuestros convoyes y personal.

A/I: ¿Cuentan con los recursos necesarios para hacer frente a la emergencia en Siria?

R.A.: Dentro de Siria, el Plan de Respuesta de Asistencia Humanitaria (SHARP en sus siglas en inglés) está ya en un 60% financiado. En cuanto a los refugiados fuera de Siria, el Plan de Respuesta Humanitaria (RRP) está financiado en un 55%. A pesar de que hemos recibido contribuciones financieras generosas para nuestras operaciones de emergencia, aun estamos muy por debajo de las necesidades de financiación. De hecho, en términos reales la brecha financiera es probablemente mucho mayor puesto que, por un lado, los dos planes solo contemplan los seis primeros meses del año y no todo el año; y, por otro, las cifras que se tuvieron en cuenta para confeccionar ambos planes están ya obsoletas. Cuando se lanzaron los dos planes en la Conferencia de Donantes de Siria el 30 de enero, el número de desplazados internos estimado para el mes de junio era de dos millones y el de refugiados de un millón.

Desde entonces, el número de desplazados internos que conocemos se ha duplicado y el número de refugiados que se han registrado o están esperando registrarse ha sobrepasado la cifra inicial en un 50%.¡Y aun no hemos llegado a junio de 2013! A menos que obtengamos fondos adicionales pronto y que otros países cumplan con sus compromisos adquiridos durante la conferencia de Kuwait, nos veremos forzados a retraer nuestras actividades. El problema es que los mecanismos de financiación que se establecieron para responder a crisis tradicionales no funcionan en este contexto.

El dinero no llega ni suficientemente rápido ni en suficiente cantidad. Este es el tipo de crisis humanitaria que no puede apoyarse únicamente en los gobiernos. Si se les abandona, los refugiados se convertirán en un elemento adicional de desestabilización en esta ecuación, cosa que contribuirá a agravar aun más la situación, y nadie puede permitirse que esto suceda. Por ello, hacemos un llamamiento a todo el mundo –particulares, instituciones, empresas– para que tomen parte y contribuyan a aliviar la emergencia humanitaria en Siria.