“El tiempo es un aliado del partenariado euromediterráneo”

Los derechos humanos y la democracia, incluida la igualdad entre sexos, el crecimiento y la liberalización económica sostenibles y la educación, prioridades del Proceso de Barcelona, según la eurodiputada Tokia Saïfi.

ENTREVISTA a Tokia Saïfi por Youssef Zerarka

Tokia Saïfi pasará a los anales de la historia como la primera mujer nacida de la inmigración magrebí y dedicada a la política que formó parte de un gobierno francés. Fue entre mayo de 2002 y junio de 2004, en el gabinete de Jean-Pierre Raffarin. Eurodiputada entre 1999 y 2002, fue reelegida para un segundo mandato en el verano de 2004, en representación del grupo del Partido Popular Europeo (democristianos) y de los demócratas europeos. Además de sus múltiples actividades como parlamentaria, esta hija de inmigrantes argelinos preside, desde su vuelta al hemiciclo de Estrasburgo, la Comisión Política, de Seguridad y de Derechos Humanos de la Asamblea Parlamentaria euromediterránea (APEM). Una estructura que hace de ella uno de los observadores del proyecto euromediterráneo más pertinentes de la Unión Europea (UE). Desde esta posición, ha multiplicado las obras y las gestiones a favor del partenariado euromediterráneo. Un modelo de cooperación bilateral “único y atípico”, como recalca en esta entrevista con AFKAR/IDEAS.

AFKAR/IDEAS: Como eurodiputada, usted preside, entre otras, la Comisión política de la APEM, una especie de observatorio que le permite seguir más de cerca la labor de construcción mediterránea. En un momento en el que se multiplican los retos a los que se enfrenta Europa, ¿sigue siendo pertinente el proyecto de Barcelona en el seno de las instituciones europeas?

TOKIA SAÏFI:No me cabe la menor duda. Cuando analizo estos dos años en el Parlamento europeo como presidenta de la Comisión Política de la APEM, soy optimista respecto al futuro del partenariado euromediterráneo. Y lo soy porque además nuestra historia común tiene una razón de ser. Por supuesto –y esto nadie lo duda– queda camino por recorrer.

A/I: La idea de Barcelona se inscribe cada vez más en el terreno parlamentario. Prueba de ello son las actividades llevadas a cabo a lo largo de los dos últimos años en el seno de la APEM.

T.S.: Hemos trabajado mucho desde 2004. Por eso, debemos esforzarnos para sacarle el máximo partido a las actividades de la APEM y para dotar al Proceso de Barcelona de una dimensión parlamentaria aún más sólida. La Historia se escribe con tiempo, y el tiempo es un aliado del partenariado euromediterráneo. Un niño tarda entre 20 y 30 años en convertirse en hombre, ¿cómo queremos que el Proceso de Barcelona se haga adulto solamente en 10 años? No es serio.

A/I: El segundo año de su mandato ha coincidido con el décimo aniversario de Barcelona y con la organización de la primera cumbre euromediterránea, en la que se han podido ver bastantes tomas de posición, algunas de las cuales dan una idea del fracaso del Proceso, mientras que otras le atribuyen un balance final muy moderado.

T.S.: Los aniversarios son siempre una buena ocasión para hacer balance de los resultados de las acciones que se han emprendido, y para aprender de las experiencias pasadas, con vistas al futuro. La cumbre de Barcelona fue por lo tanto una ocasión para que los jefes de Estado presentes volvieran a poner sobre la mesa los parámetros del partenariado y los reajustaran para que éste se adapte al nuevo contexto político en el que se inscribe hoy en día. El partenariado, fruto de una larga evolución, presenta resultados matizados, pero a pesar de ello prometedores. El Proceso de Barcelona podrá parecerle a algunos poco definido y concreto, pero a base de diálogo y de compromiso está creciendo y atrayendo a las fuerzas vivas de ambas riberas del Mediterráneo. La labor de construcción de Barcelona ha sabido dotarse de objetivos ambiciosos en el plano económico con el fin de permitir un desarrollo sostenible y del que pueda beneficiarse toda la región.

A/I: Eso no quita que, desde hace dos años, los observadores cuestionen el interés real o imaginario de la UE por la labor de construcción mediterránea. Los hay que temen que el Proceso de Barcelona salga perdiendo ante la política de vecindad, nueva declinación de la política exterior común.

T.S.: El partenariado es una de las prioridades de la UE en el marco de su política de vecindad y de su voluntad de desarrollar el acervo del Proceso de Barcelona, que actualmente es aún más relevante que en el pasado. A lo largo de estos 10 años hemos presenciado la aparición del terrorismo, de conflictos regionales cada vez más numerosos y de importantes movimientos de población que en ocasiones conllevan situaciones humanas trágicas. Todos estos parámetros requieren una respuesta global y no regional. Esta nueva realidad corrobora por lo tanto la pertinencia del partenariado euromediterráneo y la necesidad de reimpulsarlo una vez más.

A/I: ¿Un impulso en qué dirección?

T.S.: El partenariado ya no puede ser una política regional, sino que debe convertirse en una política global. Por lo tanto, debemos trabajar juntos para luchar contra los males comunes de los dos espacios. En este sentido, debemos aplaudir la adopción de un código de conducta contra el terrorismo y de un plan de trabajo quinquenal cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de la población del Sur. Estos avances son la prueba de que el Proceso evoluciona de manera positiva. Aunque los retos sean numerosos, las iniciativas también lo son. El análisis de los resultados obtenidos tras 10 años ha llevado a la elaboración de nuevos indicadores que permitirán redinamizar el marco de esta cooperación multilateral única y atípica.

A/I: El fomento de la democracia, del pluralismo y de los Derechos Humanos figura, según sus declaraciones, en la vanguardia de los retos en los que se basa el Proceso de Barcelona. Forma parte del núcleo de los debates de la APEM.

T.S.: El diálogo y el fomento del buen gobierno y del respeto de los Derechos Humanos forman parte efectivamente de los objetivos clave del Proceso y de la misión de la Comisión Política, de Seguridad y de Derechos Humanos de la APEM que presido.

Hacia una zona de libre comercio

A/I: En el plano económico, la instauración de una zona de libre comercio sigue siendo –y esto se reafirmó en la cumbre de Barcelona– el objetivo principal. Un objetivo cuya perspectiva suscita debates bastante intensos desde la adopción de la Declaración de Barcelona en noviembre de 1995.

T.S.: Una zona de libre comercio permitiría reequilibrar el comercio Norte- Sur y alcanzar la integración regional del Sur. La UE y los países del entorno mediterráneo deben redoblar sus esfuerzos por alcanzar el objetivo establecido en Barcelona de crear un amplio espacio económico antes de 2010. Al igual que los países mediterráneos han encaminado sus economías hacia las reformas y la apertura, la UE debe proseguir con las labores llevadas a cabo. La instauración de un clima económico estable y duradero es la clave del partenariado, pero requiere iniciativas más numerosas para que el partenariado no se limite a los acuerdos de asociación ya existentes. La integración regional también es primordial, y prueba de ello es la ratificación del Acuerdo de Agadir por todos los socios mediterráneos. La mejora de la eficacia del partenariado depende de la capacidad de los socios para desarrollar sus propios intercambios. En efecto, se sabe que la falta de integración regional es uno de los frenos para el desarrollo de la zona. La UE debe fomentar la integración Sur-Sur, crear un auténtico mercado regional y dinamizar la inversión y el crecimiento con el fin de reducir la diferencia que existe entre Europa y sus vecinos…

A/I:…una diferencia cuya magnitud es una fuente de crítica constante por parte de los analistas de las cuestiones mediterráneas.

T.S.: Resulta común decir que el Mediterráneo es la frontera más desigual del mundo y que ninguna otra frontera separa diferencias de ingresos tan grandes. La UE a 25, que es la economía más competitiva del mundo, debe hacer todo lo que esté en su mano por reducir estas diferencias, creando las condiciones económicas y políticas para que se dé una auténtica alianza. De esta manera puede ayudar a sus vecinos a alcanzar los mismos niveles de estabilidad, de seguridad y de prosperidad.

A/I:Una de sus primeras misiones tras ser elegida parlamentaria europea fue de tipo económico. Asumió la defensa del sector textil mediterráneo, una de las principales actividades industriales de la región…

T.S.: Es una cuestión que me afecta particularmente. En 2005, el Parlamento me encargó elaborar el informe sobre el futuro del sector textil tras la eliminación de las cuotas. Este sector es especialmente importante para la zona y se ha visto muy afectado por la competencia china. Por lo tanto, para que constituya un factor de crecimiento para la región, el partenariado euromediterráneo debe permitir que se lleve a cabo una reflexión sobre las perspectivas y las posibles consecuencias que le permita enfrentarse al auge de los grandes países como China, India o Brasil que ahora están despegando.

El diálogo cultural, un verdadero reto

A/I: Otro reto al que se enfrenta el Proceso de Barcelona es que las dos riberas están teniendo problemas para llegar a un acuerdo en las cuestiones culturales, como demuestra la actualidad de los últimos meses.

T.S.: Fomentar el diálogo cultural permitirá que nazca una auténtica “identidad mediterránea” y que se cree un entorno idóneo para el diálogo entre civilizaciones. El asunto de las caricaturas, que tanto eco tuvo en la prensa, ha sacado a la luz la falta de intercambios y de comprensión mutua entre las dos riberas. Por lo menos esta crisis nos ha dado una oportunidad para relanzar el diálogo basándonos en el rechazo de todo tipo de violencia, a pesar de que no siempre resulta fácil alcanzar un equilibrio entre la libertad de unos y el respeto a los demás.

A/I: No debe resultar fácil fomentar el diálogo en un contexto como el que ha rodeado a la crisis de las caricaturas….

T.S.: Debemos ir más allá de los pensamientos maniqueos y luchar contra las dobles intenciones para encontrar un discurso común. El “choque de civilizaciones” no tiene sentido y para demostrarlo debemos actuar de manera conjunta contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia, insistiendo en el respeto a todas las religiones y rechazando las opiniones extremistas que intentan dividirnos e incitan a la violencia y al odio. La APEM, como foro privilegiado para los intercambios entre las dos riberas del Mediterráneo, ha favorecido un debate constructivo y ha sido causa de cooperación y respeto mutuo entre los diputados europeos y árabes. El diálogo cultural entre las dos riberas del Mediterráneo también se ve promovido por la Fundación Anna Lindh, que fomenta de manera dinámica los intercambios culturales.

A/I: Volvamos, si no le importa, a la nueva política de vecindad. En los países del Sur han surgido muchas preguntas sobre sus objetivos a corto y largo plazo.

T.S.: Pienso que para reimpulsar el partenariado es necesario aprovechar las oportunidades que representa la nueva política europea de vecindad. Esta política tiene como objetivo compartir con los países vecinos la estabilidad, la seguridad y la prosperidad. A nivel más práctico, el objetivo es evitar la aparición de nuevas líneas divisorias y ofrecer a su “círculo de amigos” cooperación estrecha en los planos político, económico, cultural y de seguridad. Esta política es ambiciosa y concede un papel importante a sus vecinos, especialmente a través de la cooperación transfronteriza.

A/I: Esta ambición no impide que ciertos observadores se preocupen por la banalización del proyecto euromediterráneo en el seno de las instituciones comunitarias.

T.S.:El Mediterráneo ya no es una frontera para los programas conjuntos. Sin embargo, debemos equilibrar la política de vecindad. Debido a que incluye en un mismo conjunto a los países del Este y a los del Sur del Mediterráneo, el miedo de que se diluya y se banalice el proceso euromediterráneo es real. Es necesario articular las dos cosas. Este nuevo planteamiento político debe ser ante todo transparente con respecto a los socios mediterráneos. Personalmente, pienso que después de haber destruido un muro en el Este debemos ahora construir un puente hacia el Sur. Debemos asumir plenamente los lazos preferentes que tenemos con el entorno mediterráneo, cuya historia de pueblos y de prosperidad es única en el mundo. Resulta igualmente importante poner de relieve la pertinencia del nuevo instrumento europeo de vecindad y de asociación, brazo financiero de la política europea de vecindad. Con esta nueva herramienta financiera, que sustituye a los programas MEDA y TACIS, se pretende simplificar la ayuda comunitaria. Se trata de un instrumento innovador que facilitará la cohesión entre los países europeos y sus vecinos. Debido al papel determinante de esta política, la UE deberá preocuparse, a la hora de distribuir la ayuda, de tener en cuenta la diversidad entre los vecinos del Este y los del Sur, cuyas reformas progresan a ritmos diferentes.

A/I: En 1995, la Declaración de Barcelona dio más importancia al desarrollo de las relaciones humanas entre las dos riberas. Diez años más tarde, el Proceso de Barcelona se ha visto alcanzado por el debate –previsible– sobre los flujos migratorios.

T.S.: Si originalmente el objetivo del partenariado euromediterráneo era generar prosperidad y fomentar el libre comercio, actualmente las prioridades han cambiado, con la aparición en primer plano del terrorismo y con la importancia de los flujos migratorios. Estas nuevas circunstancias implican necesariamente acciones políticas comunes con el fin de renovar el partenariado. Posiblemente eso es lo que haya faltado en “Barcelona +10”. ¿Es necesario recordar los dramas de Ceuta y Melilla para dejar patente la pertinencia y la necesidad de que la UE y sus vecinos mediterráneos encuentren soluciones concertadas a estas problemáticas? Esta cuestión requiere atención urgente y el Proceso de Barcelona se presenta como una herramienta privilegiada que permite alcanzar una respuesta colectiva y no nacional a la cuestión migratoria.

A/I: Los analistas le reconocen una militancia constante a favor de la igualdad en política y en otros campos de actividad. ¿Qué papel reivindica usted para la mujer en el contexto euromediterráneo?

T.S.: El partenariado también debe tener en cuenta el papel decisivo de las mujeres euromediterráneas. Éstas deben formar parte activamente del proceso. En mi opinión, las mujeres, sensibles ante la evolución de sus sociedades, tienen un potencial especial para humanizar los procesos emprendidos, sobre todo en lo que concierne a la redefinición de nuestras políticas migratorias. Por lo tanto, resulta indispensable reconocerles el papel que se merecen.

A/I: ¿Cómo evoluciona –vista desde Estrasburgo– la viabilidad del proyecto de Barcelona, y cuáles son sus perspectivas a largo plazo?

T.S.: El programa de trabajo quinquenal común adoptado con ocasión del décimo aniversario del partenariado euromediterráneo constituye hoy en día la espina dorsal de la dinámica que se ha puesto en marcha. No cabe duda de que aún queda un largo camino por recorrer, pero está trazado en función de las prioridades siguientes: los derechos humanos y la democracia, incluida la igualdad entre sexos, el crecimiento y la liberalización económica sosteibles, así como la educación. La democracia, como piedra angular del partenariado euromediterráneo, resulta esencial para el mantenimiento de la estabilidad y de la prosperidad. El Proceso de Barcelona, debilitado por un contexto político en ocasiones complicado, evolucionará gracias a la voluntad común y a los intereses mutuos compartidos. En nuestro mundo globalizado, esta alianza es una riqueza. Por ese motivo nos corresponde enfrentarnos al reto de conseguir un Mediterráneo próspero y pacífico basado en el respeto a la diversidad que lo compone.