El teatro-Túnez: ¿independencia de espacio,libertad de creación?

Crear, compartir y descubrir nuevos artistas, tunecinos y extranjeros, ése es el objetivo de Elteatro.

Zeyneb Farhat, directora de programación de Elteatro

Los balances se hacen en cifras: 10 años, 20 años, 30 años… Elteatro cumplió sólo 18 años el 5 de octubre de 2004. Una nueva creación teatral sirve de apertura oficial de su temporada artística: “Klem Ellil 11/9: los ladrones de Bagdad”. ¿Ha dicho usted ladrones? ¿Bagdad?

¿Espacio privado con vocación pública?

Elteatro se estructura alrededor de tres áreas: una sala frontal clásica con sus 250 asientos y un escenario de 12 metros por ocho; Elteatro es un estudio con parquet de madera de 10 metros que acoge talleres diversos de teatro, danza, música, seminarios, pero que sirven también de sala de espectáculos y conciertos: “recinto de arte”. Y finalmente una galería de exposición –hogar de artistas al “aire libre” que forma parte estos últimos años de la emergencia de artistas plásticos hoy muy cotizados en los mercados de arte en Túnez, y ello gracias a la colaboración dinámica del fotógrafo Mahmud Chalbi.

En esos altos espacios se celebra regularmente el Baz’art o el zoco de trueque plástico durante el cual se vende, se compra y se intercambia –en un ambiente de lo más agradable– toda producción artística: tela, libro, foto, obra artesanal. Esta galería actua en sinergia con las creaciones firmadas por Taufik Yebali mediante exposiciones colectivas que tienen por tema la problemática de la creación: hace dos años, alrededor de “Aquí Túnez” tuvo lugar un trabajo colectivo durante el cual la mirada, muy negra y llena de humor, de una docena de artístas plásticos tenía por tema Túnez. Hoy, alrededor de la creación también de Yebali “Los ladrones de Bagdad”, da el tono una exposición colectiva en línea con esta temporada artística: “el arte y el conflicto”: conflicto planetario, regional árabe, con su entorno político, consigo…

Desde su inauguración Elteatro pretende ser un espacio de intercambios y de confluencias, un catalizador para la locura de crear, una oportunidad para rituales de sentidos y deleite en la locura y en la diferencia. De esa manera, Elteatro ha firmado la creación y garantizado en su espacio la programación de 26 espectáculos de teatro cuyos autores son Bertold Brecht, William Shakespeare, Härms, Jalil Gibran, Diderot, Valentin, De Pontcharra, Genet y Taufik Yebali. Esas creaciones han recorrido todo el mundo. Beirut, Amman, Damasco, El Cairo, Alejandría, Milán, Motril, Paris, Rotterdam, Zurich, Viena, Santiago de Chile, La Serena, Río de Janeiro, Buenos Aires, Nueva Delhi, etcétera…

Elteatro ha promocionado a los “parientes pobres” de la programación oficial nacional organizando varias sesiones de encuentros artísticos internacionales de jazz –“Jazzear la vida”–, de danza contemporánea en el Mediterráneo árabe –“Dama”–, de la canción árabe comprometida –“Los amores alrededor de Cheij Imán”. Elteatro ha lanzado una cita anual para los jóvenes artistas tunecinos de teatro, “Preestreno”, en donde, durante toda una semana se celebran espectáculos abiertos en presencia de esos jóvenes creadores y con la complicidad de “viejos profesionales”. Acoge también desde hace cinco años las actividades del Cineclub de Túnez, evitando así que la calle se trague las energías jóvenes y en efervescencia, lanzadas sobre la acera de una casa de cultura en “construcción”, justamente porque esos jóvenes están hoy en efervescencia. ¡Qué placer y qué fuente de energía en ese hervidero en flor!

Con su discurso sobre la marginalidad para entretener pero también que hay que hacer compartir, Elteatro abrió su espacio para que su público en primer lugar y después el de Túnez descubra y deguste a artistas venidos de otros lugares: Fellag de Argelia (teatro), Nejib Cheradi de Marruecos y el conjunto Sabrine de Palestina (música y canto), Omella d’Agostino de Italia (danza). Y por supuesto artistas tunecinos de teatro y de danza son acogidos para dar ciclos de representación a partir de acuerdos solidarios que desafían toda norma de gestión “de espacio privado” en donde el riesgo financiero lo asumen las dos partes.

Es cierto que la percepción de la originalidad de las propuestas artísticas y de la animación de Elteatro en el paisaje cultural tunecino e incluso árabe es muy estimulante, sobre todo si se tiene en cuenta su esfuerzo. Su concepto de animación subyacente, “cultivemos nuestra diferencia”, está en alerta permanente a la escucha de su propio público y amigos, y esencialmente a la de los “más recalcitrantes”. Y tanto mejor si los espacios públicos se recuperan y se apropian de sus ideas ya que son siempre los artistas los que ganan con la apertura de espacios públicos donde, al principio, sus creaciones eran rechazadas.

Independencia de espacio, libertad de creación

Pero hasta cuándo puede mantener los sueños de su fundador, de sus colaboradores y amigos y sobre todo los de las energías jóvenes que los habitan? ¿Hasta cuándo podrá permanecer –desgraciadamente– como único espacio de arte y de creación independiente del mundo árabe? Elteatro espera todavía ver florecer por todo el territorio tunecino espacios independientes que constituirían una red de difusión autónoma alternativa a la del ministerio de Cultura, el único que dispone de salas de espectáculos por todo el país.

Así pues “Hecho de Príncipe” decide la vida o la muerte de una creación artística de escena. Porque las cuatro escenas artísticas independientes de Túnez están implantadas en la capital: Elteatro, El Hamra, Mad’Art y Etoile du Nord, pero solamente las dos primeras han seguido operando estos dos últimos años.

– Etoile du Nord es una sala de espectáculos informal abierta en febrero de 2000, situada en el corazón de Túnez, que se ha transformado deliberadamente en caférestaurante y no reanuda sus actividades más que si está “segura de la rentabilidad de la acción programada”, según dice su artista promotor Nureddin el Ati.

– Mad’Art, originalmente sala de cine, acondicionada como sala de teatro en 1994 y situada en Cartago, a dos pasos del Palacio presidencial, espera la conclusión de los trabajos de rehabilitación que decidió unilateralmente el propietario de los lugares, que es la alcaldía de Cartago, y no sabe cuál será su futuro. Incluso aunque los dos artistas de teatro –Moncef Sayem y Raya ben Ammar– gerentes de ese espacio, esperan que se les haga justicia y puedan recuperar su sala de teatro, después de dos años de incertidumbre, aunque sólo sea por la aplicación de sus derechos de arrendatarios legales hasta 2011.

– El Hamra es una sala de cine que data de 1922, acondicionada como sala de teatro en 1987 por el artista de teatro Ezzedin Ganun. Acoge las creaciones de su artista y las actividades del Centro Árabe-africano de formación y de investigación teatral creado por Ganun en 2001.

Es triste constatar que ninguna otra escena independiente ha sido creada fuera de la capital. Sin embargo existen facilidades bancarias a través de los programas nacionales para el empleo. El más interesante –porque se adapta a las necesidades financieras limitadas de los artistas-promotores, es el Fondo Nacional para la promoción del artesanado y los pequeños oficios (Fonapra) en funcionamiento desde 1981 y del cual se han beneficiado los espacios El Hamra y Elteatro para consolidar sus fondos y afrontar los gastos inherentes a su apertura.

Ningún otro artista de escena piensa comprometerse en una aventura bancaria dada la precariedad de la profesión en términos de producción y difusión. Porque después de largos meses de ensayos y si se supera la prueba –jurídicamente necesaria– del ”visado de representación pública” que expide la “Comisión nacional de orientación teatral” compuesta por representantes de los ministerios de Cultura y de la Dirección del Teatro, del Interior, de la gente de la prensa nacional y de los artistas del teatro y después de duras negociaciones con el diktat de la Comisión por una palabra o un gesto, hay que promocionar el espectáculo.

Como la red de difusión está esencialmente en manos del ministerio de Cultura, la censura actúa cerrando toda colaboración de las instancias regionales culturales, las únicas con capacidad para proponer la compra y la difusión de las creaciones. Ha ocurrido que algunos espectáculos de Elteatro sean “buenos para el visado de representación pública pero no para difundir”. De donde se desprende una voluntad deliberada de los poderes públicos de colocar a las creaciones teatrales en ruptura con su entorno amplio, llevándolas a representarse en ghettos en su propio espacio. Pero esos factores independientes de la ley del mercado –diktat del visado, “Hecho de Príncipe”…–, que determinan la supervivencia y la salida de un producto complicado como es la creación contemporánea no son susceptibles de estimular una relación entre un artista promotor y las instituciones financieras afectadas únicamente por el reembolso de los créditos, y no por el entorno general del país.

De esa manera, paradójicamente, el ministerio de Cultura sigue siendo casi el único mecenas de la creación artística. Y eso mediante la concesión de ayudas a la producción, la compra de representaciones y a veces la ayuda a la difusión en el extranjero. Ese hecho es único en el mundo árabe pero es un logro mantenido que data de la euforia de la independencia de Túnez en 1956. Soñar. Avanzar. Romper el sueño si ya no es sueño. Romper con lo establecido e instaurado. Aceptar la eventualidad de un fracaso antes del éxito es el credo de Elteatro.

Pero cuántas cosas hermosas se podrían realizar si la energía gastada en resistir no les desviase de sus proyectos inmediatos y tan lejanos. Además de las creaciones de escena, edición de textos contemporáneos de teatro y de un anuario de fotógrafos magrebíes, apertura de un centro de formación de artes escénicas, organización de un foro de Creadores Libres del Sur y y y y y…