Co-edition with Fundación Análisis de Política Exterior

“El plan de Trump es un acuerdo frágil sin base legal”

Ainhoa Pineda e Índia Rodon
Colaboradoras del área Cultura, Genero y Sociedad Civil, Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed)

Catedrático de Derecho Internacional y fundador de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Hebrón, Mutaz Qafisheh combina la mirada del académico con la de asesor de Naciones Unidas y de la Autoridad Nacional Palestina, así como con la del ciudadano que vive el conflicto de primera mano y reclama un sistema internacional más justo y actualizado con el mundo de hoy en día. Por eso lleva muchos años dedicado a la enseñanza y a formar nuevas generaciones de juristas en un contexto complicado, marcado por la ocupación y la falta de garantías legales.

Residente en Cisjordania, cerca de Jerusalén, Qafisheh conoce el conflicto desde muy cerca. Cada día debe pasar por varios puestos de control para llegar a su trabajo en la Universidad de Hebrón. Esta realidad, que afecta a toda la población que vive en Cisjordania, es para él un recordatorio diario de como el derecho internacional no logra aplicarse.

afkar/ideas ha tenido la oportuni­dad de dialogar con Qafisheh con mo­tivo de su participación en el Ciclo de conferencias de Aula Mediterrània a mediados de octubre, pocos días des­pués de la entrada en vigor del alto el fuego en Gaza.

Usted vive cerca de Jerusalén y trabaja en Hebrón, así que conoce de cerca la situación en Cisjordania. ¿Cómo afecta el conflicto en Gaza a Cisjordania?

Mutaz Qafisheh durante el diálogo “Naciones Unidas y Palestina” en el IEMed,
16 de octubre de 2025. /Pau de la Calle

Desde el 7 de octubre de 2023 se han incrementado y reforzados los controles y las restricciones sobre los ciudadanos palestinos residentes en Cisjordania. Así pues, cualquier palestino que quiera trasladarse entre ciudades o municipios debe superar un número aún más elevado de puntos de control diario. En su mayoría, están vigilados por soldados, pero es muy habitual que haya jóvenes mujeres, de incluso 18 años, ya que gran parte de los hombres están combatiendo en Gaza. Además, generalmente, son muy peligrosos. Muchas veces los soldados han abierto fuego y debemos lamentar cientos de víctimas desde el 7 de octubre en estos controles.

Por otro lado, la economía de las familias también se ha visto afectada, con importantes restricciones sobre los negocios, la recogida de impuestos por parte de la Autoridad Nacional Palestina y por el exhaustivo control de Israel sobre el sistema bancario y las oficinas de cambio e intercambio. Todo ello, sumado a que muchos palestinos que trabajaban en Israel ya no pueden acudir a sus trabajos.

El Plan de Trump ignora cualquier participación política palestina en el proceso, no detalla ningún calendario, ni propuestas concretas para la reconstrucción de Gaza, y no garantiza el derecho a la autodeterminación de Palestina

Asimismo, recientemente se ha anunciado el plan de construcción de asentamientos en la zona E1, proyecto que partiría en dos Cisjordania. Sin embargo, nada es comparable con lo que está pasando en Gaza.

¿Cree que el Plan Trump para Gaza ofrece garantías suficientes para prevenir una futura escalada del conflicto?

No hay ningún tipo de garantía, solamente las promesas verbales de Trump y de los actores regionales. Es un acuerdo muy frágil pues ignora cualquier participación política palestina en el proceso, alegando que la Autoridad Internacional de Transición de Gaza estará dirigida por Trump y Tony Blair. Mientras que los palestinos liderarían solo el Consejo de tecnócratas, o sea recibirían instrucciones. Además, el Plan no detalla ningún calendario, ni propuestas concretas para la reconstrucción de Gaza.

Asimismo, no garantiza el derecho a la autodeterminación de Palestina, ya que excluye la Autoridad Nacional Palestina y Cisjordania, donde habita la mayoría de la población palestina. Esto dinamita cualquier oportunidad de unificación de ambas regiones.

Por otro lado, el texto no goza de ninguna base legal internacional, ya que no se sustenta sobre ninguna resolución del Consejo de Seguridad, y no prevé una fuerza multilateral de mantenimiento de la paz que asegure el cumplimento del alto el fuego. Aun así, intento ser optimista: el Plan, al menos, ha logrado parar los bombardeos y la reanudación de la entrada de ayuda humanitaria, pero no podemos olvidar que la situación pende de un hilo y el horror de la guerra puede volver en cualquier momento.

De cara a una segunda fase, el mayor problema es que las negociaciones dependen del humor de Donald Trump y, como todos sabemos, es totalmente impredecible. Cambia su parecer diariamente, como está demostrando con Ucrania. Pero, de nuevo, me decanto por ser optimista: Donald Trump anhela demostrar al mundo su carácter pacífico y su voluntad de conseguir la paz en el mundo, por lo que es probable que se alcance esta segunda fase.

¿Cómo ven los palestinos en la Franja de Gaza estos acuerdos?

El pueblo palestino en Gaza ve el acuerdo con la esperanza de poder conseguir cierta estabilidad y un alto el fuego duradero. El hambre, la imposibilidad de ir a la escuela, la destrucción masiva de la Franja…, sus circunstancias les impiden pensar en nada más allá de las necesidades inmediatas. Los ciudadanos no pueden permitirse preocuparse por la política, por la comunidad internacional, o por cómo la paz será acordada. El genocidio en Gaza tendrá un impacto duradero en las futuras generaciones, por lo que cualquier palestino se aferrará a cualquier halo de esperanza, como el Plan Trump, que traiga tranquilidad a la Franja.

En cambio, ¿cómo ven los palestinos en Cisjordania el acuerdo?

En Cisjordania la opinión pública es distinta, pues hay una cierta sospecha, que en parte comparten los palestinos en Gaza y las diásporas, de la verdadera intención del Plan. Esta desconfianza responde a la inactividad de la comunidad internacional desde hace prácticamente un siglo y al fracaso de sus propuestas de paz: el Plan de Partición de Naciones Unidas, los Acuerdos de Camp David, los Acuerdos de Oslo, etcétera. En ninguna de ellas existía una verdadera intención internacional de imponer una solución, por lo que sospechan que ahora tampoco la hay.

La Autoridad Palestina debería continuar liderando el desarrollo de un Estado palestino. No obstante, es necesaria una reforma integral. Lo más importante es asegurar que el pueblo palestino pueda escoger libremente su gobierno

La situación en Palestina puede entenderse con una simple metáfora. Si aislamos a un león y un conejo en una habitación y les obligamos a negociar para conseguir la paz, todos entenderíamos que el león acabaría imponiendo su voluntad por la fuerza. Pues bien, esto es lo que la comunidad internacional está permitiendo, al no respaldar al pueblo palestino en el proceso de paz. Así, las negociaciones se convierten en una mera forma de gestionar el problema, sin una verdadera voluntad de resolverlo.

¿Por qué cree que es tan difícil conseguir un consenso internacional sobre la imposición de sanciones a Israel?

El motivo principal es la razón de Estado. Israel es fruto de Europa y de su historia. Se trajo a Palestina por los poderes europeos, tras las corrientes antisemitas y el Holocausto del siglo XX. La solución de Europa a la cuestión judía fue enviar al pueblo judío a otra región, desplazando a la población palestina. Y esta política continúa 80 años después de la Segunda Guerra Mundial.

La doble moral de la comunidad internacional, especialmente de la Unión Europa, es un impedimento para la paz. Estados Unidos mantiene una posición muy clara, pero la UE, con su inactividad, se convierte en cómplice de Israel.

Sin embargo, el apoyo popular internacional hacia Palestina en estos dos años no ha dejado de crecer. ¿Cuál considera que ha sido su mayor impacto?

Sin duda, gran parte de la opinión pública se ha volcado con el pueblo palestino durante estos dos años, como hemos podido ver en las últimas manifestaciones en Barcelona, o incluso en Estados Unidos. Las protestas van en la dirección correcta, no obstante, aún no son suficientes, y, aprovechando el alto el fuego, tendrían que incrementarse. Palestina necesita que se repita una situación parecida a la que ocurrió con el apartheid en Sudáfrica. No quiero menospreciar la gran labor de los estudiantes y de las ONG, pero debemos ir más allá para alcanzar el nivel de presión que obligue a los gobiernos y a sus líderes a actuar.

El derecho internacional debe adaptarse a las nuevas relaciones interestatales. China, Rusia o India, reticentes con el orden internacional, podrían aprovechar el caos actual para aplicar su propia ley

Todos los que apostamos por una solución mediante el sistema de Naciones Unidas, con una resistencia pacífica y a través de los tribunales internacionales, no podemos desaprovechar esta oportunidad. Hemos esperado este momento durante décadas, por lo que me gustaría pedir a la comunidad internacional que no nos abandone ahora, y que luche por el fin de la ocupación. Tienen las bases legales, ya que la Corte Internacional de Justicia la decretó ilegal.

Tal como puntualizaba antes, la Unión Europea ha sido acusada de tener una doble moral en su gestión de la crisis en Gaza. ¿Qué rol debería tener en el futuro de la región?

La Unión Europea debería asumir la obligación de solventar el conflicto definitivamente. Algunos de sus Estados miembros han anticipado que contribuirán a la reconstrucción de Gaza. Es evidente que Israel no se hará cargo de la reconstrucción, salvo que Europa le obligue a responsabilizarse de sus acciones, mediante sanciones y un embargo que no se limite solo a los ministros más cercanos a Netanyahu.

Para que los líderes europeos decidan incrementar su condena a Israel, es necesario que el movimiento popular de apoyo a la causa palestina continúe ejerciendo presión sobre los gobiernos. Al fin y al cabo, el pueblo tiene la última palabra en los sistemas democráticos, pues tienen el poder de elección con su voto, y pueden forzar a los gobiernos a cambiar sus políticas.

Como experto en derecho internacional, ¿cree que el conflicto en Palestina refleja una crisis generalizada del sistema legal internacional y la necesidad de una revisión del derecho internacional humanitario?

Absolutamente. Este es un punto de debate en todos los foros en los que participo como, por ejemplo, en la última reunión de la Sociedad Europea de Derecho Internacional en Berlín. Mi argumento es que, tras el 7 de octubre, se ha evidenciado una laguna en los sistemas de ejecución del derecho internacional.

Si tomamos el caso de la Responsabilidad de Proteger (R2P), ¿quién controla su aplicación? Lo mismo pasa con el artículo 3 de las Convenciones de Ginebra que obliga a todos los Estados a respectar la Convención bajo cualquier circunstancia, pero sin especificar cómo ha de llevarse a cabo.

La doble moral de la comunidad internacional, especialmente de la Unión Europea, es un impedimento para la paz. Estados Unidos mantiene una posición muy clara, pero la UE, con su inactividad, se convierte en cómplice de Israel

Asimismo, la reforma debe expandirse a múltiples aspectos del sistema legal. Por ejemplo, la Corte Penal Internacional concentra toda la investigación en una sola persona: el fiscal. Si este no tiene el suficiente coraje para promoverla, no será fructífera. De hecho, el actual fiscal, Karim Khan, solamente ha emitido órdenes de detención contra dos oficiales israelíes, mientras que son muchos los que están cometiendo crímenes en Gaza.

Al mismo tiempo, la investigación de la Corte Internacional de Justicia tampoco supone un cambio en la actuación de Israel, pues este tiene hasta enero de 2026 para presentar su contramemorial. La Corte debería ya haberse pronunciado claramente sobre la situación en Gaza, ordenando a la comunidad internacional que intervenga.

¿Cuál es el debate entre los expertos en este asunto?

Por supuesto, son muchos más los ámbitos que necesitan una urgente reforma. Es un debate que está muy presente entre los académicos, la Asamblea General, el Consejo de Derechos Humanos, e incluso el Consejo de Seguridad. El derecho internacional debe adaptarse a las nuevas relaciones interestatales, no puede quedarse estancado en el sistema creado tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo ha cambiado radicalmente desde entonces, y todo debe adaptarse en esta línea si queremos evitar una tercera guerra mundial. Estados como China, Rusia o India, que siempre han sido reticentes con el orden internacional, podrían aprovechar el caos actual para aplicar su propia ley, destrozando por completo el orden internacional.

Entonces, el mundo se convertiría en una jungla en que solo el león y el elefante reinarían, por tener más fuerza. No es difícil abusar del poder en un momento de incertidumbre. Hitler logró conquistar Europa, y Rusia podría hacerlo si continúa con su política de colonización basada en la amenaza de las armas nucleares. La Historia nos enseña que el silencio en un caso de injusticia acaba por replicar esa misma situación conflictiva en otras partes del mundo. Sin ley, el poder militar no tiene límites.

Es cierto que no podemos ser idealistas, pero hay ciertos principios básicos de convivencia sobre los que debería haber consenso, como el respeto a los derechos humanos o el uso de la fuerza en los asuntos internacionales. Los derechos humanos deben garantizarse para todo el mundo, si no no existen. Deben retomarse los valores de la Revolución Francesa: libertad, fraternidad e igualdad. Solo así, todo pueblo podrá ser libre y tener derecho a su autodeterminación. El derecho internacional no puede ser un instrumento para que cada Estado persiga sus propios intereses, sino un ámbito en que predomine la voluntad de la comunidad humana en su conjunto.

En cuanto a Israel, el gobierno de Netanyahu depende, en gran medida, de los partidos de extrema derecha. ¿Cómo ha respondido la opinión pública israelí a la guerra en Gaza? ¿Qué predicciones tiene para las próximas elecciones de Israel?

La mayoría de los analistas cree que Netanyahu no ganará las elecciones de octubre de 2026. Sin embargo, con independencia de quién sea el próximo líder, la política de Israel no cambiará. Son muy pocos los que se oponen a esta agenda y, desafortunadamente, la opinión pública en Israel se está radicalizando y está mayoritariamente a favor de la extrema derecha.

¿Cómo ve el futuro de la Autoridad Nacional Palestina?

La Autoridad Palestina debería continuar liderando el desarrollo de un Estado palestino. No obstante, es necesaria una reforma integral de la organización, pues actualmente su liderazgo está sumido en el caos y la corrupción. No necesitamos un líder de 90 años, sino un equipo renovado que reactive el liderazgo palestino. El alto el fuego es la oportunidad idónea para reformar las instituciones y el anticuado sistema político del país. Lo más importante, sin duda, es asegurar que el pueblo palestino pueda escoger libremente su gobierno, y cambiarlo cada cuatro años si no ha cumplido sus expectativas, como hace cualquier sistema democrático.

Creo firmemente que el pueblo palestino no quiere ni a Hamás ni a la Autoridad Nacional Palestina, tal y como está hoy configurada, sino que busca algo completamente nuevo. Un nuevo líder que respete su humanidad y sus derechos, que genere prosperidad económica, que consiga la autodeterminación y que se encargue de los asuntos del país con un enfoque renovado. Palestina reúne a una gran base de intelectuales capaces de gobernar, de formar coaliciones parlamentarias integradoras de los distintos grupos que representan nuestra sociedad y de liderar el progreso.

En lo que concierne el Estado palestino, teniendo en cuenta la situación sobre el terreno –con la expansión de asentamientos y la destrucción completa de Gaza– ¿cree que continúa siendo viable?

El reconocimiento internacional de Palestina por parte de actores internacionales como España, Irlanda, Francia, Nueva Zelanda o Reino Unido es un gran paso. Sin embargo, por un lado, el reconocimiento es meramente simbólico si no hay acciones que lo acompañen, y, por otro, este debería haberse producido hace 75 años. El reconocimiento, para que sea real y efectivo, debe darse en las acciones cotidianas y pasa por aceptar como válidos los pasaportes o las partidas de nacimiento, por ejemplo.

En cuanto a los asentamientos, para la viabilidad del Estado Palestino no hay otra solución que el desmantelamiento, tal como obliga la Corte Internacional de Justicia que los decretó ilegales. Asimismo, se debería compensar a la población palestina por las confiscaciones y las demoliciones de infraestructuras y viviendas. Para ello, si israelíes y palestinos están juntos, con el apoyo de la comunidad internacional, pueden encontrarse soluciones. Por ejemplo, los colonos podrían vivir en el futuro Estado de Palestina como ciudadanos binacionales. Con los números que tenemos hoy, constituirían el 10% de la población palestina. Otra solución podría ser el intercambio de tierras, como ya sucedió en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Gran parte de los israelíes residentes en los asentamientos fueron desplazados por Israel. Aunque haya ciertos extremistas entre ellos, yo creo que la mayoría son muy inocentes, gente corriente, por lo que deberían tener la oportunidad de escoger entre regresar a Israel o permanecer bajo jurisdicción palestina. Es decir, un patrón similar al que se produjo con la evacuación de los franceses en Argelia.

Tras dos años de conflicto, ¿qué queda de los grupos palestinos-israelíes que colaboraban por la paz?

Personalmente, no creo mucho en el boicot al sector israelí pacifista. Al revés, creo que es muy importante establecer colaboraciones con esta parte de la sociedad. Retomando el caso del apartheid, uno de los factores decisivos que pusieron fin al régimen fue la resistencia conjunta entre población blanca y negra. Si los activistas únicamente hubieran sido negros, no habrían logrado su fin. Por eso, los movimientos de cooperación deben reforzar e incrementar su lucha. Su labor es imprescindible en la búsqueda de la paz, porque sin decisión ni voluntad será imposible encontrar una solución que ponga fin a este conflicto, ya sea la de los dos Estados, de un único Estado, federal o confederal./

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