El Magreb no atrae inversiones españolas

Entre el Magreb y España no existe una verdadera corriente de inversiones: existen oportunidades en la región que las empresas españolas no aprovechan.

Íñigo Moré, director de la consultora Mercados Emergentes

El Magreb no ha sido capaz de atraer el interés de los inversores españoles, más que en una medida modesta, muy inferior a su capacidad para absorber estos flujos, y también a la capacidad de inversión exterior de las empresas españolas. Entre el Magreb y España no existe una verdadera corriente de inversiones, ni tampoco se ha formado ningún “colchón de intereses” de volumen sustancial en este terreno. Hay que señalar que el desencuentro es mutuo. Las inversiones magrebíes en España son tan modestas que el principal inversor de ese origen son los emigrantes. Todo ello a pesar de la notable actividad que países como Libia despliegan en mercados europeos como Italia. Este artículo intentará examinar las razones de tal situación y analizar qué mecanismos pueden aplicarse para corregirla. En primer lugar se estudiará la cantidad de inversiones españolas y luego su calidad.

La captación de inversiones extranjeras obliga a ponerlas en un primer plano frente al público, lo cual no significa que sean lo más importante ni lo principal en la balanza de pagos del Magreb. En lo que se refiere a flujos de divisas, las inversiones extranjeras tienen una importancia secundaria para los países del Magreb. Según los datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), en 2002 el Magreb obtuvo inversiones extranjeras por valor de 2.271 millones de dólares, pero sus emigrantes enviaron remesas a la región por un valor muy superior, 3.947,7 millones de dólares. En 2003 la inversión extranjera ascendió a 4.197 millones de dólares mientras las remesas crecieron hasta 4.878,1 millones de dólares. Es decir, si existe alguna simbiosis económica entre el Magreb y el exterior, es más gracias a los emigrantes que a la inversión extranjera.

Desde luego, se puede analizar esta cuestión, no sólo desde la óptica de la cantidad, sino de la calidad, calculando el impacto en el empleo, por ejemplo, o en el desarrollo, en términos más generales, que producen remesas e inversión extranjera. Si ofrezco estos datos es para señalar que, en términos generales, el Magreb no vive de las inversiones extranjeras, al menos no únicamente. Como es natural, cada país de la zona declina esta visión general según sus particulares características y los datos de la Unctad señalan que el líder en inversión extranjera del Magreb es Túnez, cuyo stock de inversiones en 2003 (la suma de todas las inversiones extranjeras recibidas) ascendía a 16.567 millones de dólares, mientras el de Marruecos era de 11.608 millones de dólares y Argelia se conforma con 6.336 millones de dólares.

En los rankings no aparecen datos de Libia, un país que probablemente tiene más inversiones en el exterior de las que recibe. Estas cantidades suponen respectivamente 1.685 dólares por habitante en Túnez, 379,8 dólares en Marruecos y 199,3 dólares en Argelia. O bien, en comparación con su PIB de 2003, el 65,8% del de Túnez, el 26% de Marruecos y el 9,7% de Argelia. España es un inversor muy activo en el exterior. Según la Unctad hasta 2003 había realizado inversiones en el exterior por valor de 207.529 millones de dólares, lo que supone el 2,5% de todas las inversiones exteriores del mundo. Esta cantidad supone 5.054 dólares por habitante o bien el 34% de su PIB.

¿Cuánto va al Magreb?

De este volumen total sólo una ínfima parte ha ido a parar al Magreb. Como la Unctad no segmenta las inversiones de cada país por destinos, analizaré ese aspecto con los datos del Registro de Inversiones Exteriores de la Secretaría de Estado de Comercio (Ministerio de Economía). Hay que advertir que esto datos están denominados en euros y difieren visiblemente de los de la Unctad. Pues bien, según estos datos el flujo de inversión bruta total de España en el exterior entre 1993 y 2004 ascendió a un total de 323.717 millones de euros.

De esta cantidad, los cuatro principales países del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez y Libia) sólo obtuvieron 2.237 millones de euros. Es decir, el 0,6%. La conclusión inmediata es que el valor de las inversiones españolas en el Magreb tiene una importancia escasa frente al conjunto. Analizando la situación país por país se ve que la inversión española en el Magreb tiene lugar en Marruecos principalmente, quedando los restantes países en posición muy marginal. Marruecos absorbió el 0,59% de todas las inversiones exteriores de España entre 1993 y 2004 (o el 86% de la inversión española en el Magreb), con 1.934,8 millones de euros, y es el 23º principal destino de la inversión española.

En ese mismo periodo, Túnez obtuvo 281,1 millones de euros lo que supone un modesto 0,08% del total y lo que le convierte en el 43º destino de la inversión española en el exterior. Los otros dos países son insignificantes, con Libia, que logró 13,1 millones de euros, un 0,004% del total, ocupando la posición 86º del ranking. Finalmente Argelia, que con sólo 8,6 millones de euros logró un ridículo 0,002% de la inversión de España en el exterior, ocupa la posición 81º en el ranking justo entre Yemen y Mozambique. Respecto de Libia y Argelia, existen evidencias que contradicen los datos oficiales de inversiones. Tanto la petrolera Cepsa como Repsol están presentes en estos mercados donde no sólo exploran en busca de crudo, sino que también explotan yacimientos, lo que implica amplias inversiones.

Una explicación es que en algunos casos, los inversores han triangulado sus inversiones en el Magreb por medio de terceros países, creando para ello sociedades holding en jurisdicciones fiscalmente ventajosas. Pero, hay que pensar que no sólo se triangulan las inversiones españolas al Magreb, sino que este fenómeno también afecta a otros destinos, de modo que no variaría el reparto geográfico porcentual si se pudiera repartir lo que a cada uno corresponde realmente. Eliminando los países que tradicionalmente se utilizan para canalizar inversiones en otras jurisdicciones, como Luxemburgo, Holanda o paraísos fiscales como las islas Caimán, el Magreb quedaría en la 20ª posición de los destinos de la inversión española frente a la 23ª que ocuparía con ellos.

La explicación más difundida es que la talla económica del Magreb es muy modesta, por lo que es lógico que reciba pocas inversiones. Una explicación tan difundida como poco convincente y que intentaremos desmontar para analizar, primero, sus componentes y luego el mecanismo completo. Es cierto que la diferencia de talla económica entre España y los países del Magreb es notable. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB de España alcanzó 992.992 millones de dólares en 2004. Esta cifra multiplica por 12 el PIB de Argelia, por 20 el de Marruecos, y por 34 el de Túnez o Libia. En conjunto, el PIB de España multiplica el PIB agregado de los países del Magreb por 5,2. Esta notable diferencia de talla se ilustra con múltiples ejemplos.

El más popular, aunque desacertado, es que las grandes empresas españolas, como Repsol, tienen unas ventas anuales superiores al PIB de Túnez, Libia o incluso Marruecos. Aunque el ejemplo vale, no hay que olvidar que pone en relación magnitudes de muy diferente naturaleza y su comparación es inútil para el análisis que nos ocupa. Esto es, comprobar la difundida tesis sobre la relación entre el poco peso económico absoluto del Magreb y la escasa dimensión absoluta de las inversiones españolas en la zona. Pues bien, aunque los componentes de esa explicación sean ciertos, esto es, la economía magrebí tiene un tamaño modesto en comparación con España, nada sugiere que la posible relación entre ambos elementos sea un obstáculo insalvable. En este sentido, los inversores españoles han sido capaces de encontrar oportunidades en múltiples economías menores que la magrebí.

De los 22 países que han obtenido más inversión de España que el Magreb, nada menos que nueve son economías cuyo PIB es inferior al del Magreb en su conjunto. Por ejemplo, las empresas españolas han invertido más en Colombia que en el Magreb. Todo ello considerando que el tamaño de esta economía (PIB de 95.188 millones de dólares en 2004), es apenas la mitad que el del Magreb, cuyo PIB agregado asciende a 188.874 millones de euros. Eso sin contar con que buena parte de Colombia está asolada por una guerra civil desde hace 20 años, hasta el punto de que la revista Foreign Policy recientemente ha calificado al país como un “Estado fracasado”. Ante esto se puede objetar que no existe una economía magrebí y que, por tanto, resulta injusto compararlo como un conjunto frente a terceros países.

Sin duda, el Magreb es una unidad geográfica claramente definida, donde existen rasgos culturales comunes y otras múltiples dimensiones que unifican la zona y le dan coherencia como conjunto. Pero esto, por sí mismo, no genera una economía común, que pudo haber surgido bajo el impulso político de la Unión del Magreb Árabe. Pero el fracaso de esta iniciativa le resta el impulso político que hubiera podido integrarla en una unidad de conjunto y sus economías permanecen ajenas las unas a la otras. Sus dos principales polos, Argelia y Marruecos, llevan enfrentados desde que en 1994 Argelia cerró su frontera terrestre, de modo que una inversión en Marruecos carece de acceso directo a Argelia y viceversa.

En suma, es cierto que no existe una economía magrebí en general, sino economías magrebíes, y tampoco existe un mercado magrebí, sino mercados magrebíes. Analizando uno por uno los países de la región encontramos que no existe relación entre el tamaño de una economía y las inversiones recibidas. Es la menor economía del Magreb, Túnez, la que tiene el mayor stock de inversiones en general, superando incluso a la suma de las que tienen Argelia y Marruecos. Hay que señalar, además, que las diferencias entre estos países en términos de PIB per cápita son escasas. En lo que se refiere en concreto a las inversiones de España, tampoco existe esta relación, pues el principal destino de estas operaciones es Marruecos, que no es la principal economía de la región.

Se podría establecer aún una comparación global midiendo la relación entre PIB e inversiones españolas de todos los países del mundo. Para ello, se realiza el ranking de destinos de la inversión española entre 1993 y 2004, expresando la suma total de esas inversiones como porcentaje del PIB del país en 2004. En el caso de Marruecos, el flujo de inversiones españolas en ese periodo supone el 3,9% de su PIB de 2004. Realizando un ranking de todos los países del mundo por este concepto, Marruecos ocuparía la 13ª posición, con varios países de un tamaño inferior por delante, aunque todos son paraísos fiscales. Por otro lado, están los restantes países del Magreb que en todos los casos reciben menos inversión española que otras economías de tamaño semejante. Túnez ocupa la posición 31º en este ranking , posición no es muy honrosa considerando que países mucho más pequeños reciben en proporción más inversiones españolas como Moldavia, Gambia o Namibia.

Libia ocupa el puesto 80º en este ranking relativo a su PIB, mientras Argelia está en el puesto 100º, justo antes que el mísero Bangladesh, lo que ya expresa con claridad la situación. Es decir, hay muchos países que reciben más inversión de España en relación a su PIB de la que reciben los países del Magreb. Por mucho que se insista en la modesta talla económica de la región, la escasez de inversiones españolas en la zona no se debe a esto.

¿Y cuál es el motivo?

A la hora de hablar de inversiones exteriores con frecuencia se pone el acento sólo en los inversores, como si sus acciones fueran unilaterales. Pero hacen falta dos para bailar, así que cabría preguntarse si esta situación pudiera ser imputable a los gobiernos locales, que acaso no ofrecen los incentivos adecuados. En general, recibe pocas inversiones extranjeras y no sólo españolas. Analizar la cuestión desde este punto de vista, obliga a ponernos en el lugar de los países del Magreb y utilizar las estadísticas locales, pues cada país expresa en su divisa correspondiente. Por ello, se han utilizado los datos de la Unctad sobre el stock de inversiones extranjeras en 2003, expresados en dólares, comparando ese dato con las inversiones realizadas por España entre 1993 y 2003.

Obviamente, existe un problema metodológico ya que una cifra está expresada en euros y la otra en dólares, por lo que las conclusiones sólo tienen un valor indicativo. Intentar la conversión no resolvería el problema ya que el euro no existía en 1993. Se observa que en este sentido, España ha realizado el 3,9% (2,5% si sólo se utilizan los datos de la Unctad para 2003) de todas las inversiones extranjeras mundiales. Esta cuota es muy superior en el caso de Marruecos, donde ostenta un 16% de todas las inversiones recibidas por Marruecos de todo el mundo. Por este concepto es el 9º país donde las inversiones españolas tienen mayor cuota de mercado. Su cuota en Túnez es inferior a la media, sólo un 1,7% mientras que en Argelia posee un 0,07%. La Unctad no reporta los datos de Libia donde el régimen de Muammar el Gaddafi sólo ahora comienza a interesarse por las inversiones extranjeras. Es decir, existen oportunidades en los países del Magreb que las empresas españolas no están aprovechando.

¿Por qué se invierte tan poco en el Magreb?

La razón es que las oportunidades existentes no se adecúan al perfil de la inversión española en el exterior. No porque el entorno económico no sea el adecuado. Las empresas españolas no se caracterizan por eludir riesgos al invertir en el exterior. Más bien al contrario, han situado sus principales inversiones en mercados emergentes siendo Brasil y Argentina el primer y tercer destino de sus operaciones con México en novena posición. Todos ellos son países cuyo currículum impide considerarlos “destinos refugio”, el primero de los cuales en el ranking es Suiza en la 11ª posición. Por tanto, las empresas españolas se consideran capaces de gestionar los riesgos específicos que plantean los mercados emergentes.

No obstante, existe una importante especificidad de las operaciones que hasta ahora han realizado en estos entornos. Buena parte de estas inversiones responde a un pequeño conjunto de operaciones de un tamaño unitario muy relevante. Y casi todas responden a operaciones de privatización o concesión, habitualmente de entidades financieras, de servicios públicos (telefonía, saneamiento, distribución de aguas) o en el sector energético (generación de electricidad e hidrocarburos). Estas grandes privatizaciones o concesiones empiezan ahora a aparecer en el Magreb. Y es precisamente en las pocas que se han realizado hasta ahora donde se concentra la inversión española. Sólo tres grandes operaciones de este tipo suponen el 80% de todas las inversiones españolas en la región.

Y eso que el cálculo se realiza sólo contabilizando la inversión inicial (pago al Estado por la privatización o licencia) que estimamos en torno a 1.800 millones de euros. Si añadimos las inversiones realizadas para dotar de contenido a las licencias o en ampliar operaciones de las empresas privatizadas, probablemente estas tres principales operaciones supondrían más del 95% de toda la inversión española en la región. Este porcentaje real sólo podemos estimarlo ya que ni España ni los países del Magreb desagregan las estadísticas de inversión por el nombre del inversor. Estas tres operaciones fueron:

– La privatización de la Régie des Tabacs en Marruecos, comprada por Altadis en 2003 por un valor reportado por la prensa de 14.080 millones de dirhams (1.290 millones de euros). Esta cantidad supone el 66% de toda la inversión en Marruecos o el 57% de la realizada en todo el Magreb;

– La concesión de la segunda licencia de telefonía móvil al consorcio Méditel, donde Telefónica poseía el 30% y por el que en 1999 pagó 1.100 millones de dólares, por lo que a Telefónica le corresponden aproximadamente 300 millones de euros. En este caso, el consorcio aún tuvo que invertir tres veces la cifra de la licencia en crear la compañía. El pago de la licencia supone el 15% de toda la inversión española en Marruecos o el 13% del total del Magreb;

– La privatización de la Société des Ciments d’Enfidha. Uniland la adquirió en 1998 por 168 millones de dinares tunecinos, aproximadamente 210 millones de euros, aunque recientemente ha invertido para duplicar su capacidad adquiriendo otras pequeñas sociedades del sector. El pago por la privatización supone el 75% de la inversión española en Túnez o el 9% del total del Magreb. No disponemos de estadísticas sobre la cuota de España en el mercado de privatizaciones del Magreb, pero no sería una sorpresa comprobar que en este segmento tiene una posición relevante, sin duda entre los tres primeros.

Por ello, si el Magreb quiere más inversiones españolas debería ofrecer también más oportunidades de este tipo, donde las empresas españolas han demostrado tener un gran interés.

¿Quién invierte?

Como es natural, el grueso de la inversión española en el exterior, si la medimos por número de operaciones en lugar de su volumen, está a cargo de pequeñas y medianas empresas. Entidades que simplemente extienden su actividad a países donde encuentran oportunidades. Al contrario que las grandes empresas, no se trata de inversores sistemáticos en el exterior. El acto de invertir suele ser una consecuencia de su conocimiento del mercado, al que habitualmente llegan mediante operaciones comerciales.

En este sentido, los principales productos que adquieren las empresas españolas en el Magreb tienen muy limitada la inversión extranjera. Desde luego, el sector de hidrocarburos, pero también el de la pesca, agricultura y otros. Por ejemplo, el mercado que más interés despierta para España en la zona, Marruecos, tiene limitado el acceso a los sectores donde las empresas españolas tienen un mayor contacto. En Marruecos, un extranjero no puede tener la plena propiedad de tierra agrícola como, en la práctica, tampoco puede ser titular de licencias pesqueras mientras el principal sector extractivo e industrial del país, los fosfatos, es un monopolio del Estado donde España tuvo que vender el porcentaje que poseía en la explotación de FosBucraa.

El turismo, sector donde España tiene varias empresas entre los líderes mundiales, no es una prioridad de Marruecos, como demuestra la escasa cifra de turistas que recibe, apenas la mitad que Túnez o el 5% que España, aunque disfruta de un clima y posición geográfica semejante. Todo ello a pesar de ser uno de los países del Magreb que cree sin reservas en el sector privado, y lo demuestra, por ejemplo utilizando la fórmula de la concesión para mejorar servicios públicos como la recogida de basuras, el saneamiento o la generación de electricidad. Otros países de la zona como Argelia y, sobre todo, Libia, encabezan los ranking de entornos difíciles para las empresas extranjeras.

En esta situación confluyen muchos factores, desde el orgullo histórico por la recuperación de las tierras agrícolas tras la independencia, hasta ideológicos. Incluso hay que contar con los intereses creados de algunas elites que presionan para evitar la competencia de extranjeros. Frente a esta situación, hay que recordar que existe un tendencia a contemplar las inversiones exteriores en términos de cantidad, como una fuente directa de divisas para el país que las recibe. En algunos ámbitos, persiste la idea de que lo necesario es disponer de divisas, vengan de las remesas de los emigrantes o de inversores extranjeros. Incluso, desde este punto de vista, en realidad, las inversiones no son un ingreso, sino un egreso aplazado. Nadie invierte 10 si no espera obtener al menos 20 en los próximos años.

Las inversiones aportan divisas de forma directa en el ejercicio en que se ejecutan. En los restantes egresan divisas de forma directa bajo la forma de dividendos. Esta visión es cierta, pero ignora la verdadera dimensión de las inversiones extranjeras, que no está en su cantidad, sino en su calidad. Los inversores extranjeros traen consigo elementos mucho más valiosos que sus fondos como la tecnología, los conocimientos técnicos o el acceso a mercados. Gracias a estos elementos, los inversores extranjeros forman a los trabajadores locales en nuevas técnicas que luego serán diseminadas por todo el país, dinamizan los mercados locales con su competencia, traen consigo nuevas tecnologías y, sobre todo, pueden incrementar las exportaciones gracias a su conocimiento de los mercados exteriores.

Respecto de este último aspecto, cabría preguntarse cuál sería la cuota agrícola de la que Marruecos disfrutaría en la Unión Europea si hubiera empresas agrícolas europeas dueñas de terrenos de cultivo en el país.