El Foro Euromediterráneo de la Energía en un momento de inflexión histórica

El Mediterráneo es una zona energética estratégica para la Unión Europea.

En un momento en el que la energía condiciona la agenda mundial en campos como la economía, las formas de producción, el desarrollo social, la sostenibilidad e incluso las relaciones políticas entre Estados u organismos internacionales, es más necesario que nunca celebrar foros de debate e intercambio de conocimiento.

Con este fin, el Club Español de la Energía, el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) y el Observatorio Mediterráneo de la Energía (OME) organizan el IV Foro Euromediterráneo de la Energía (Barcelona, 26-28 de noviembre), que contará con la presencia de los principales actores políticos, económicos y empresariales públicos y privados relacionados con el mundo de la energía en el Mediterráneo.

Bajo el título Energía y cooperación Euromediterránea: una palanca del cambio Mediterráneo, el foro se estructura en torno a cinco sesiones plenarias y ocho grupos de trabajo, que debatirán sobre:

– Energía, cooperación y desarrollo sostenible: partenariado socioeconómico.

– Corredores energéticos: seguridad de suministro, inversiones y tecnología.

– Geoestrategia y tecnología: diálogo para el futuro del Mediterráneo.

– Gas natural: producción, transporte e interconexión.

– Petróleo: el equilibrio oferta-demanda.

– Electricidad: alternativas tecnológicas, infraestructuras y conectividad.

– Energías renovables: el camino limpio y sostenible.

– Un futuro energético regulado: armonización Norte-Sur y Sur-Sur. En la actualidad existen diversos factores interrelacionados a escala mundial que revalorizan los aspectos relativos a la energía.

Entre estos factores, destacan:

– gran crecimiento demográfico sostenido, sobre todo concentrado en las grandes economías emergentes;

– intensificación de los procesos de industrialización en estas economías, especialmente en Asia;

– aumento de los precios del gas y especialmente el petróleo, que repercute en el crecimiento económico y la inflación de las economías más desarrolladas y aporta grandes cantidades de divisas a las economías productoras;

– creciente inestabilidad geopolítica en zonas con importantes yacimientos y de tránsito de estos recursos;

– aparición de nuevos actores económicos del mundo de la energía con vocación de internacionalización e incluso mundialización, tanto en la extracción como el suministro;

– refuerzo del papel del sector privado en la explotación y distribución de la energía, en especial del petróleo y el gas;

– intensificación del debate internacional respecto al futuro de la energía nuclear, declarándose moratorias en algunos países mientras otros defienden sus planes de nuclearización;

– fomento de la investigación y el desarrollo de las energías renovables a escala industrial, en particular eólica y solar;

– irrupción en el debate político de la necesidad de diversificación tanto de los suministradores como de las fuentes energéticas de las que se nutren.

Una de las regiones del mundo donde más se manifiestan estos factores es el Mediterráneo, donde se dan de forma creciente todas las contradicciones y tendencias energéticas. Así, la revalorización de los aspectos energéticos en las agendas políticas, y su repercusión en el día a día, ha hecho del Mediterráneo un espacio con un gran potencial de desarrollo de la cooperación en todos estos campos. Argelia, Libia o Egipto son suministradores de una parte importante de la energía consumida por la UE. De hecho, las economías mediterráneas de la UE importan el 92% del gas que consumen y el 53% del petróleo de esta zona, que a su vez es el origen del 36% del gas natural y el 20% del petróleo importado por toda la UE en su conjunto.

Pero esta dependencia es bidireccional: el 86% del gas natural y el 49% del petróleo que exportan los países del Mediterráneo sur tienen como destino la UE. Hay que tener en cuenta que países como Turquía son zona de tránsito hacia Europa de los recursos de gas y petróleo de Oriente Próximo, en especial Irán e Irak, y de los yacimientos del Mar Caspio (Azerbaiján, Turkmenistán y Kazajstán), lo que convierte al Mediterráneo en una de las zonas energéticas más estratégicas para la UE.

Dada la necesidad, por motivos de seguridad, de diversificar los suministradores y los canales del gas y el petróleo, la UE está fomentando nuevos macroproyectos de canalizaciones terrestres. Destacan, en este sentido, los gasoductos submarinos que unen Argelia con España, a través de Marruecos y directamente o el proyecto Nabucco desde Turquía hasta Europa central a través de los Balcanes orientales (Bulgaria y Rumania), cuyos trabajos empezarán en 2009 y está previsto que entre en funcionamiento en 2013. Otro proyecto reciente es la creación de un oleoducto de Nigeria a Argelia a través del Sáhara para abastecer las crecientemente deficitarias y dependientes economías de la UE. La promoción de la energía nuclear es un importante aspecto en la agenda política en el Mediterráneo.

Así, Marruecos, Argelia, Libia, Egipto o Turquía tienen proyectos más o menos avanzados de desarrollo de la energía nuclear para uso civil en colaboración con países como EE UU o Francia. Las energías renovables son otro de los grandes debates energéticos y políticos en la UE. En este sentido, se está fomentando la inversión en el desarrollo de tecnologías más eficientes para maximizar la energía solar y eólica.

De hecho, la declaración de la Cumbre Mediterránea de París del 13 de julio, establece como uno de los principales proyectos del Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo, el fomento de las energías alternativas, y en especial la energía solar dadas las características climatológicas de la zona. La energía se presenta, por tanto, como un factor crecientemente decisivo en la definición de las políticas nacionales en temas económicos pero también sociales y medioambientales, por lo que un Foro como el que se celebrará en Barcelona es más pertinente que nunca.