Desarrollo humano: una lectura mediterránea

El Informe del PNUD de 2013 muestra un reequilibrio entre Norte y Sur gracias al progreso de estos países en dimensiones sociales como educación y salud.

Marc Bassols

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó en abril su informe anual sobre desarrollo humano titulado El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso, donde se analizan y detallan las principales tendencias emergentes y los actores que dan forma al panorama del desarrollo en 2013. El informe sostiene, en su principal conclusión, que el mundo vive una sorprendente transformación liderada por los cada vez más influyentes países emergentes y un reequilibrio del desarrollo entre Norte y Sur que tiene su origen en el progreso que estos países han alcanzado en las principales dimensiones sociales como la educación y la salud.

Como prueba de ello, el informe del PNUD destaca la convergencia mundial que se está produciendo en los valores del IDH (Índice de Desarrollo Humano) y la aceleración de los logros sociales en una gran parte del mundo. El ascenso del Sur, tal y como titula el informe, presenta un nuevo escenario global, un reequilibro acelerado y a gran escala del poder económico mundial que no tiene precedentes históricos.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH)

El IDH elaborado por el PNUD se obtiene a partir del cálculo ponderado de tres grandes dimensiones: educación, salud e ingresos económicos, y tiene en cuenta diferentes variables, como la esperanza de vida al nacer, el nivel de alfabetización adulto, el promedio de años de estudio de la población mayor de 25 años y el PIB per cápita (PPA). Si atendemos a los datos de evolución del IDH, observamos un crecimiento continuo de la media mundial entre 1980 y 2012. Este valor también crece durante el mismo periodo para todos y cada uno de los países del área mediterránea, a excepción de Libia, que presenta un leve retroceso entre 2010 y 2012. La región ha experimentado un desarrollo considerable entre 1980 y 2012 que ha reducido, paulatinamente, la brecha en materia de desarrollo entre los países del sur del Mediterráneo y los miembros de la OCDE.

El que obtiene un mejor resultado en el área mediterránea es Israel (0,900) seguido de Francia (0,893) y España (0,885). A parte de Israel, el primer país del sur del Mediterráneo en aparecer en el ranking es Libia (0,769), seguido de Líbano (0,745) y Turquía (0,722). Marruecos (0,591) y Egipto (0,662) son los países del Mediterráneo con el IDH más bajo. En lo que respecta su evolución, cabe destacar que los países del sur del Mediterráneo que más han progresado durante este periodo han sido Túnez, Argelia y Egipto. Los que menos, aunque partiendo de una situación diferente, son Israel y Siria. En cuanto a los logros educativos, España (16,4), Grecia (16,3) e Italia (16,2) son los países del Mediterráneo norte que promedian un mayor número de años de escolaridad esperados en 2011. Libia (16,2) lidera los países del Sur con un resultado superior al de Francia (16,1) e Israel (15,7). Le siguen Túnez (14,5) y Argelia (13,6).

La nota negativa vuelve a ser Marruecos (10,4) con el peor resultado para la región y el único que se sitúa por debajo de la media mundial (11,3). En el periodo 1980-2012, la progresión de los países de la ribera sur del Mediterráneo ha sido superior a la de la media mundial. Túnez vuelve a ser el país que más progresa en las expectativas educativas (6,4 años de mejora) para el mismo periodo. En lo que respecta a la tasa de alfabetización, observamos que los países del sur del Mediterráneo siguen teniendo un importante margen de mejora. Palestina (96,4), Líbano (89,6) y Libia (89,2) lideran el ranking a falta de datos para Israel. El resto de países presenta resultados heterogéneos y algo alejados de los parámetros de los grupos de Europa y Asia Central (98,1) y de América Latina y el Caribe (91,3). En lo que concierne a los sistemas de salud, resulta interesante aproximarse a ellos a través de dos de sus indicadores más utilizados: la esperanza de vida al nacer y la mortalidad infantil por cada 1 000 nacimientos.

Así, observamos que la esperanza de vida en todos los países del sur del Mediterráneo se sitúa por encima de la media mundial en 2012 (69,9). Países como Siria (76) –antes del conflicto–, Libia (75) o Túnez (74,7) tienen una esperanza de vida no muy diferente a la de sus vecinos del Norte. Este indicador es una buena muestra de los progresos realizados en la región en materia de salud a lo largo de las últimas décadas. La tendencia se repite, aunque con matices, para los indicadores de mortalidad infantil por cada 1 000 nacimientos. Todos se sitúan por debajo de la media mundial de 2012 (40) y todos han realizado grandes progresos partiendo, en 1980, de una situación bastante desfavorable. Libia ocupa la primera plaza entre los países del sur del Mediterráneo (13,4), seguida de Siria (13,8) y Túnez (13,8).

Pese a ello, la situación dista de ser homogénea en la región. Países como Argelia (30,5) o Marruecos (30,4) siguen estando lejos de los estándares del Norte. Egipto, que pasa de 114 en 1980 a 18,6 en 2010 y Túnez, que pasa de 69 a 13,8 en el mismo periodo, son los que más han progresado. El IDH es un indicador compuesto de diferentes dimensiones que no siempre refleja las pérdidas de desarrollo generadas por las desigualdades internas. Este es el motivo por el cual el PNUD calcula el IDH-D, el IDH ajustado a las desigualdades. A falta de datos para algunos países, se observa la pérdida en el valor del IDH que se genera a causa de las desigualdades en países como Egipto (-29,7%), Líbano (-28%) o Jordania (-19%). Los países categorizados como Estados árabes por el PNUD tienen una pérdida del 25,4% del IDH, similar a la media mundial (-23,3%) o de América Latina (-25,7%) pero lejos de la de los países de Europa y Asia Central (-12,9%). Estos datos pueden complementarse con el índice de esperanza de vida ajustado por las desigualdades.

Por lo que se refiere a las desigualdades de género, el PNUD elabora, desde hace algunos años, un interesante indicador que persigue medir la pérdida de logros en las dimensiones de la salud reproductiva, el empoderamiento y el mercado laboral, causada por las diferencias entre hombres y mujeres. Egipto (0,590), Siria (0.551) y Marruecos (0,444) son los países que presentan más desigualdades entre sexos. Los más igualitarios son Israel (0,144), Libia (0,216) y Túnez (0,216). Los países del sur del Mediterráneo se sitúan, por lo general, en torno a la media mundial, aunque a bastante distancia de los resultados obtenidos por Europa y Asia Central (0,280).

Para complementar esta información, hay que tener en cuenta el porcentaje de mujeres en los parlamentos nacionales, un indicador utilizado por el PNUD como sinónimo de integración política y social de las mujeres. Además de las dimensiones ya analizadas, puede resultar interesante centrarse en indicadores económicos o de empleo. En este sentido, es llamativa la disparidad existente en torno al PIB per cápita. Israel (26.720), Libia (15.365) o Turquía (13.466) tienen valores bastante alejados de los de Marruecos (4.373), Siria (4.741) o Egipto (5.547). En lo que sí parece que hay una tendencia común es en la relación entre empleo y población. Este útil indicador que ilustra el porcentaje de la población mayor de 25 años con empleo, da buena muestra de las dificultades crónicas de la región para crear empleo. Resulta sorprendente que ningún país mediterráneo supere la media mundial. En relación con las partidas del gasto público de 2010, observamos que, contrariamente a lo que indica la media mundial, los países del sur del Mediterráneo prefieren invertir más en educación que en salud o defensa. Las únicas excepciones son Israel y Líbano, que apuestan por anteponer el gasto en defensa, y Turquía que, con un 5,1%, lidera el gasto regional en salud.

Conclusiones

La brecha entre el norte y el sur del Mediterráneo ha disminuido a lo largo de las últimas décadas en materia de desarrollo. La región ha progresado y ha participado en la dinámica de convergencia mundial que detecta el informe del PNUD. Pese a ello, el sur del Mediterráneo atraviesa un periodo complejo que evidencia la necesidad de adoptar un nuevo modelo de desarrollo para dar respuesta a las importantes reivindicaciones de justicia social. La región se enfrenta a tres desafíos prioritarios: la creación de empleo, la disminución de las desigualdades sociales y de género, y la necesidad de introducir reformas institucionales que mejoren la gobernanza política.

Pese a la magnitud de estos retos, los avances cosechados en el pasado nos hacen ser optimistas. El sur del Mediterráneo debe aprender y beneficiarse de los éxitos cosechados por las economías emergentes del Sur para definir su nuevo modelo de desarrollo. El reequilibrio económico global y las nuevas dinámicas Sur-Sur que describe el informe, son una oportunidad que la región debe aprovechar para seguir en la senda del desarrollo y converger con el resto del mundo.