De los Asesinos a los ‘yihadistas’: pequeña historia de la droga en el Magreb

Pobreza, paro, junto a la nueva ruta de la droga latinoamericana, explican la relación tráfico de drogas y terrorismo.

Oualid Chine

Aunque en el Magreb la convergencia del tráfico de drogas y el terrorismo no es fortuita, no se debe sólo a factores endógenos. Las raíces del mal son tanto sociales como históricas. Al examinar la “situación actual del fenómeno de la droga en Argelia” en un informe presentado en noviembre de 2006 en Tlemcen, Aisa Kasmi, director de la Oficina Nacional de Lucha contra la Droga y la Toxicomanía (ONLDT), aludió a los Asesinos, seguramente los primeros terroristas en la historia de Oriente Próximo. La epopeya mortal de los Asesinos, la primera secta que usó a la vez asesinato y droga, sale de nuevo a la superficie, pasando de los libros de historia medieval hasta las páginas de la actualidad inmediata, y reaviva algunas lejanas reminiscencias del pasado islámico.

Hashashin, palabra árabe que designa a los fumadores de hachís, podría incluso ser el origen de la palabra asesino. Un origen que, por otra parte, algunos pensadores occidentales no han dejado de señalar, poniéndolo de nuevo de moda a raíz de las numerosas publicaciones sobre el 11 de septiembre de 2001. La obra de Bernard Lewis, titulada en su primera edición londinense de 1967, The Assassins. A Radical Sect in Islam reaparecería en 2001 en las estanterías de los libreros francófonos con el título, Les Assassins.Terrorisme et politique dans l’ Islam médiéval. Obviamente, el gancho periodístico dio en el clavo. Y la causa es evidente. A principio de los años noventa, los terroristas islamistas eran de clase media y, por lo general, tenían estudios superiores.

Los yihadistas de los años 2000 han salido de los estratos sociales más marginados. Las redes captan adeptos entre los falsificadores de documentación y los camellos, “habilidades” que deben ponerse al servicio de la nebulosa de la yihad. Las investigaciones del Centro Nacional de Inteligencia español han permitido poner en evidencia los vínculos entre el tráfico de drogas y los grupos como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

‘Yihadistas’ traficantes

El 29 de junio de 2009, un comunicado de la Agencia France Press (AFP) informaba del desmantelamiento en Marruecos de la célula terrorista dirigida por Abdelá Ahram, conocido como Abu Yasín, y señalaba que “los miembros de la red se dedicaban al tráfico de drogas destinadas a España”. Antes de atacar el Palacio del Gobierno en Argel, Meruane Budina, estuvo varias veces en prisión por tráfico de drogas. Él y sus nueve hermanos crecieron en un barrio de chabolas de la capital argelina. El tunecino Lassaad Sassi, que murió por las heridas sufridas en las operaciones de Soliman, al sur de Túnez, en enero de 2007, estaba implicado en el negocio de la droga en Italia antes de pasarse al terrorismo. Ni siquiera los neoconversos de origen europeo escapan a esta tendencia.

Pedro Robert, alias Yacub, también apodado el Emir de los ojos azules, y condenado a prisión vitalicia por la justicia marroquí, estaba igualmente vinculado a los traficantes. Mojtar Belmojtar, alias Laâuar, el emir del Sáhara argelino, hace estragos en una zona que se extiende del norte de Mali a Níger, y del sur de Libia a Mauritania. Es también traficante de droga, de tabaco (la segunda fuente de financiación del terrorismo mundial según la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, ONUDC), de armas, y de vehículos. Algunos periodistas argelinos mencionan el cóctel explosivo del trabendo (contrabando) y el terrorismo. AQMI participa supuestamente en el tráfico de drogas, de cigarrillos, armas y personas (emigración clandestina), en una región que se extiende desde el Gran Sur argelino y libio, al norte de Mali y Níger, hasta los confines mauritanos. Los Estados de la región deben hacer frente a redes que no reconocen su soberanía sobre las fronteras.

El argelino Abdelmalek Sayá, director general de la ONLDT, afirmó en 2007 que los estupefacientes fluyen por las fronteras occidentales (con Marruecos), aunque estas últimas están cerradas desde 1994 a raíz del atentado terrorista del hotel Atlas Asni en Marrakech, en el que estuvieron involucrados jóvenes de los suburbios franceses. En febrero de 2009, los responsables de los servicios secretos mauritanos, marroquíes, argelinos, tunecinos y libios se reunieron, en Nuakchott, para intentar elaborar una estrategia común, la primera para unos Estados poco acostumbrados a coordinar sus esfuerzos en materia de seguridad. Y el interés de los Maestros del Espionaje magrebíes no se centraba solamente en el terrorismo. Se trata también de luchar contra sus corolarios, a saber, el tráfico de armas y drogas. La actualidad lo exige. Sólo en 2008, la policía argelina decomisó 26 toneladas de hachís a las puertas del desierto, y 12 toneladas en el primer trimestre de 2009. En abril de 2009, el ejército tunecino interceptó en el extremo meridional de Túnez media tonelada de hachís a bordo de un camión con destino Libia.

En 2008, las autoridades marroquíes se incautaron de más de 120 toneladas de resina de cannabis y provocaron el parón de cientos de traficantes marroquíes y extranjeros. Pero aunque el hachís en sus distintas formas es históricamente familiar en África Septentrional, llegan nuevos estupefacientes al mercado. Mientras que en Marruecos, el primer proveedor de hachís del mundo, las autoridades afirman que, desde 2005, la producción de resina de cannabis ha caído alrededor del 60%, en Mauritania se han confiscado aproximadamente 12 toneladas de cocaína destinadas al mercado europeo desde principios de 2007. El polvo blanco hace su entrada triunfal en el Magreb. ¿Renace de sus cenizas, en las inmensidades saharianas, la secta de los Asesinos? Si bien la convergencia del tráfico de drogas y el terrorismo no es casual, no se debe sólo a factores endógenos.

Nuevo comercio triangular

La política antidroga americana, enfocada a atajar los estupefacientes en su frontera sur, ha tenido como efecto la transferencia del flujo, especialmente hacia el Magreb. En junio de 2009, el director ejecutivo de la ONUDC, Antonio María Costa, señaló que el mercado de la droga en Centroamérica se estaba estrechando y supuestamente se ha decomisado un 41% de la producción mundial de cocaína. Por tanto, los productores de narcóticos tratan de encontrar nuevas salidas. Para dirigirse a Europa, los narcotraficantes colombianos han puesto sus miras en África. Se han establecido nuevos centros de distribución en el oeste del continente, especialmente en Guinea-Bissau.

En un principio, la mercancía circula por vía marítima, remonta las costas africanas y llega hasta España. Una reactivación del comercio triangular que despierta siniestros recuerdos. El polvo blanco ha sustituido a los esclavos negros. Pero la lucha que llevan a cabo los servicios europeos ha terminado por empujar a los traficantes a explorar otras vías aún incontroladas. La antigua Ruta de la Sal, la de las antiguas caravanas, se ha puesto de nuevo en servicio. Los vínculos entre el África subsahariana y los Estados del norte del continente se han restablecido. La cocaína utiliza la vía terrestre, pasando por el África subsahariana y cruzando las fronteras de Mali, Níger, Chad y el desierto del Sáhara, y contribuye a debilitar aún más los Estados de la región. El conocimiento del terreno y el control de las redes han hecho que grupos como AQMI sean muy apreciados por los narcos latinos. Al llegar a las costas magrebíes, la cocaína suramericana se carga en lanchas ultrarrápidas que alcanzan los 90 kilómetros por hora.

Los traficantes no hacen la travesía a bordo de pateras, esas balsas sobrecargadas de ilegales. Aunque la mercancía es nueva, los mismos fueraborda sirven ahora para el transporte del cannabis marroquí. Las redes bien asentadas simplemente enriquecen su gama con un nuevo producto. Al apuntar hacia Europa, los narcotraficantes de Suramérica han conquistado también nuevos mercados, africanos en general, y magrebíes en particular. Europa ha reaccionado. En Toulon, Francia, se ha creado un Centro de Coordinación para la Lucha Antidroga (CeClad), que reúne (una vez más) a los cinco Estados del sur y los cinco del norte del Mediterráneo (5+5). En Portugal se ha abierto un centro internacional similar. En mayo de 2006, se fundó la Red Mediterránea de Cooperación en materia de lucha contra la droga (MedNET) para coordinar las estrategias de los Estados de las dos orillas de Mediterráneo. Los europeos pretenden cortar la ruta la droga, pero todavía hay que atajar el mal de raíz.

Las raíces del mal

En el Informe sobre cannabis en Marruecos de 2003, el director de la ONUDC recuerda que un “mercado anual de 10.000 millones de euros está en manos de redes de tráfico que operan principalmente en Europa” y que “la mitad de la escasa renta anual de 800.000 personas, dos tercios de la población rural del Rif marroquí, depende de esta actividad”. Una región densamente poblada, pobre y olvidada durante mucho tiempo. En el Magreb, el Rif sigue siendo el centro histórico del tráfico de estupefacientes, aunque la explosión de la oferta y los vínculos internacionales tejidos al sur del Sáhara y más allá del Atlántico han conducido poco a poco a una descentralización.

El kif tiene una larga historia vinculada a la del Rif. La tasa de desempleo de la región, muy elevada, y la inflación condujeron a la “rebelión de las montañas”, reprimida por el ejército real en 1959. Desde entonces, se ha tolerado la cultura del hachís. En 1984, estallaron nuevos desordenes a raíz de las medidas adoptadas para suprimir el tráfico de hachís y el contrabando en el enclave español de Melilla. La historia sigue coleando. Abdelkrim El Jatabi, figura emblemática de la lucha por la independencia del Magreb, consideraba que la cultura y el consumo del kif contravenían los principios del Islam. Bajo su autoridad, durante el efímero Estado independiente del Rif (1921-26), el hachís quedó prácticamente erradicado, antes de que el general Lyautey lo restableciera en 1926. ¿Cuál era el objetivo? “Contentar a las tribus, vecinas de las regiones rebeldes, que se habían sometido recientemente a la administración francesa”.

Según la misma investigación, en 1906 una empresa de capital francés, la Régie Marocaine des Kifs et Tabacs, tenía el “monopolio de la compra y venta de tabaco y cannabis en el país”. Otro informe publicado en 2001 por el Observatorio Francés de Drogas y Toxicomanías (OFDT) detalla que un decreto “autoriza a la Régie a vender a la población local una mezcla de hachís y tabaco, lo que permite a Francia aprovecharse de los ingresos fiscales que resultan de esta actividad”. Sin embargo, en Francia, una ley votada en 1916 sancionaba con mayor rigor el tráfico e incluso el consumo de drogas. Dominique Duprez, director de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, en sus siglas en francés) señala que “los parlamentarios de la Tercera República velaron también para que las condiciones de la ley de 1916 no tuvieran repercusiones demasiado nefastas en el presupuesto de las colonias”.

De hecho, se trataba de no obstaculizar el funcionamiento de las compañías del opio en Indochina y del kif en Túnez y Marruecos. Aún así, hasta finales de los años setenta, se dedicaban al cultivo del hachís en Marruecos menos de 10.000 hectáreas. La demanda estalló después de Mayo del 68. El hachís, convertido en símbolo de la cultura alternativa, ganó terreno. En Argelia, la primera ley que prohibía el tráfico de drogas data de 1975. Ese año, la policía argelina se apoderó de tres toneladas de cannabis en una sola incautación, cuando aún no se hablaba ni de yihadismo, ni de Al Qaeda. En 2003, en Marruecos, el hachís abarcaba una superficie de 134.000 hectáreas y su consumo se toleraba ampliamente en Europa. Aunque sus fronteras se cierran a los emigrantes del sur del Mediterráneo, la droga circula. Queda la alternativa de las pateras o el Sáhara.

Bernard Lewis, la persona que ha puesto de actualidad a los Asesinos, inventó también la expresión “choque de civilizaciones” en 1990, tres años antes de que Samuel Huntington la convirtiera en un eslogan impactante, usual entre los neoconservadores americanos. Sus consecuencias son conocidas. La amenaza de la alianza del narcotráfico con “el opio del pueblo” es ciertamente grave. Pero la propaganda, o incluso la fantasía, a veces supera la realidad. Las redes internacionales de la droga no están constituidas solamente por yihadistas. En el sureste de Asia, a partir de drogas químicas como la ketamina, se fabrica la metanfetamina en cantidades industriales, sin que se considere necesario invocar a Dios para estos profanos menesteres.

Según las últimas noticias, es en México donde supuestamente se puede encontrar a los verdaderos herederos de los míticos Asesinos. En julio de 2009, el grupo llamado La Familia ha masacrado a policías y desafiado en directo por televisión al presidente de la República. La Familia multiplica los asesinatos y vende droga, pero recluta a sus miembros con palabras del Evangelio.