Consecuencias de la crisis financiera y de los refuerzos ‘institucionales’ en Occidente

Frente a la inestabilidad económica internacional –Estados Unidos y la Unión Europea– el capital árabe cambia de destino y se dirige hacia el Magreb.

Fayçal Métaoui

Por primera vez, en enero de 2009, la ciudad de Kuwait acogió una cumbre económica árabe que reunió a varios jefes de Estado. En ella, se abordó y analizó ampliamente la repercusión de la crisis financiera internacional en la economía de la región. Los gobernadores de los bancos centrales árabes tuvieron varias reuniones con expertos en presencia de los ministros de Economía. Se decidió reforzar las instituciones financieras árabes, coordinar los mecanismos de control y apoyar el esfuerzo para orientar los capitales y las inversiones hacia los países árabes. “La integración económica árabe” centró los debates en esta cumbre, sobre todo porque la zona de libre comercio árabe pronto estará en funcionamiento.

Pero, más allá de los aspectos institucionales y políticos, que ponen de manifiesto una cierta toma de conciencia respecto a los efectos devastadores de la crisis financiera, desde hace más de un año los propietarios del capital árabe se han adaptado a la nueva situación. Reunidos en Riad, los ministros de Economía de los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que agrupa a Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudí, Kuwait, Bahrein y Omán, decidieron reorientar parte de sus inversiones en el extranjero hacia Oriente Próximo y África del Norte. El potencial de inversión se valora en 500.000 millones de dólares. De este modo, frente a una economía que se ha vuelto inestable, sobre todo en Europa y en Norteamérica, y ante la vuelta de un sentimiento proteccionista y la desconfianza, estos capitales cambian de destino. En África, el Magreb y Asia, se acoge con entusiasmo a los inversores árabes. En el Norte, la alfombra roja está más bien arrinconada.

La libertad de invertir aminorada por ‘la seguridad nacional’

Entre el Foro Económico Mundial de Davos de 2008 y el de 2009, el tono ha cambiado perceptiblemente, lo cual indica una prudencia cada vez mayor en los grandes países industrializados. En el último año, los fondos soberanos árabes estaban muy solicitados. En la estación suiza, se acogía como una celebridad a Saeed Mubarak al Hajeri, propietario de Abu Dhabi Investment Authority (ADIA). Este personaje gestiona un fondo de 940.000 millones de dólares. Ocurría lo mismo con Bader al Saad, que dirige la Kuwait Investment Authority, cuyas reservas se valoran en 300.000 millones de dólares.

Davos 2009, cuya consigna era “restaurar la confianza”, era diferente. Los temores frente a los fondos árabes se han expresado abiertamente. “Los fondos soberanos estatales, alimentados por los ingresos procedentes del petróleo o de los excedentes comerciales, se han convertido en el coco. ¿Y si vienen a invadir nuestras Bolsas? Con 2,8 billones de dólares de recursos propios y unos propietarios que no tienen prisa, ¿cómo no iban a sentirse tentados?”, se preguntan los expertos Philippe Delmas y Alain Bauer en el diario económico francés Les Echos. Sergio Rossi, profesor de la Universidad de Friburgo (Suiza), comparte el mismo análisis en las columnas del diario suizo La Liberté: “Se recurre a los países que acumulan enormes excedentes en su balanza comercial para ayudar a los países deficitarios, en primer lugar Estados Unidos. Ahora bien, en los países en donde se invierten estos fondos extranjeros, hay una pérdida de soberanía. Estos fondos públicos pueden comprar parte de las empresas para controlarlas.

Podríamos imaginar que Coca-Cola se volviera asiática o UBS, saudí”. Incluso la OCDE ha tomado partido y no ha dudado en vincular la libertad de inversión con “la seguridad nacional”, en un análisis elaborado a petición de los ministros de Economía del G-7. “Los países destinatarios pueden preguntarse si los objetivos de las inversiones de los fondos soberanos son de carácter comercial o si están motivados por consideraciones políticas, de defensa nacional o de política exterior”, considera Angel Gurría, secretario General de la OCDE, haciendo hincapié en “la transparencia”. Según la OCDE, el papel cada vez mayor que desempeñan los fondos soberanos suscita cuestiones relativas al buen funcionamiento de los mercados financieros y plantea preguntas en cuanto a la política de inversión, “motivando dudas legítimas en los países destinatarios preocupados por proteger su seguridad nacional”.

Los Estados árabes deben revisar la geografía de sus inversiones

Algunos países de la Unión Europea (UE), como Francia y Alemania, son menos reacios a abrirse a los fondos soberanos árabes y asiáticos. Total en Francia y Deutsche Bank en Alemania, que han cedido una pequeña parte al capital de los Emiratos, son la excepción que, en cierta forma, confirma la regla. Ocurre lo mismo con el grupo aeronáutico europeo EADS, que sólo ha cedido un 3% de su capital a un fondo de Dubai. Por el contrario, Government Pension Fund Global, un fondo soberano noruego, no encuentra ningún obstáculo puesto que está presente en al menos 180 empresas francesas.

Este recelo, que es la expresión de un cierto “patriotismo económico”, se añade a una sensación de conspiración. Mostafa Belkhayate, gestor del fondo islámico de inversión en oro Mansa Moussa Gold Fund, considera que la crisis financiera es el resultado de una manipulación cuyo objetivo son los árabes y los chinos. Según él, la quiebra del banco Lehman Brothers fue intencionada. “Es inteligente, sobre todo teniendo en cuenta que, a partir de abril de 2008, Washington manipuló el precio del petróleo al alza para ‘ofrecer’ como un regalo envenenado el máximo de obligaciones a los árabes, que siempre han tenido una confianza ciega en él. Una vez conseguido el pleno, se abandonan el petróleo y las obligaciones.

El mecanismo ha funcionado perfectamente, puesto que actualmente los acreedores amigos de EE UU sólo tienen en sus manos papel sin valor. ¡Ésta es la auténtica guerra! Salvo que me parece que se ha subestimado la reacción de estos ‘amigos’. Su reacción será violenta”, afirma en una entrevista en una revista especializada. El discurso de Mostafa Belkhayate sólo se ha materializado en parte, puesto que la reacción de los inversores árabes no ha sido violenta sino suave y gradual. Según Jassim al Manaï, presidente del Fondo Monetario Árabe (FMA), la crisis comporta una revisión general de los principios y prácticas económicas. “Los Estados árabes deben revisar la geografía de sus inversiones”, defiende. En su opinión, las inversiones extranjeras directas van a bajar un 30% en la zona árabe. De ahí la necesidad de fomentar la inversión entre los países árabes puesto que no se plantea el problema de los capitales y que la demanda es fuerte en varios sectores, especialmente en el Magreb.

Dubaï Port World entra en Argel…

Las vacilaciones de los inversores europeos, por diversas razones, para lanzar grandes operaciones en la región van a desaparecer por la disponibilidad claramente manifiesta de los Estados árabes para llevar a cabo proyectos con las condiciones de los países receptores. “Entre los países árabes, no existe ninguna desconfianza ni ningún temor”, ha puesto de relieve un economista. Como prueba de ello, cita el éxito de Dubai Port World para conseguir la cesión de la gestión de los puertos de Argel y Djendjen en Argelia, mientras que, a pesar de su experiencia, se le ha impedido gestionar varios puertos en EE UU por imperativos de “seguridad”.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 han dejado su huella en las mentes. La inversión de DP Word será de 108 millones de dólares. Las empresas emiratíes Emaar y Emirates International Investisment Company (EIIC) van a invertir más de 10.000 millones de dólares en proyectos inmobiliarios y turísticos en Argelia. “El compromiso y la determinación de EIIC para proseguir sus actividades de inversión en Argelia son firmes y sólidos. En primer lugar, Argelia es un país hermano, unido por vínculos culturales, históricos y emocionales a Emiratos Árabes Unidos (…)

Su situación geográfica céntrica la convierte en un destino favorito para los que quieren expandir sus actividades a toda África del Norte y la cuenca mediterránea”, puntualiza Camille Nassar, presidente ejecutivo de EIIC Argelia, en una declaración a El Watan. EIIC piensa lanzar un banco dotado con un capital inicial de 140 millones de dólares y contratar a 25.000 trabajadores para sus obras. Una bocanada de aire para un país afectado de lleno por el desempleo de los jóvenes (la tasa se aproxima el 20%).

Tunis Sport City por 5.000 millones de dólares

En Marruecos, Emaar ha comprometido 2.500 millones de dólares en balnearios semiurbanos y en la construcción de una estación de esquí en el Gran Atlas. Por su parte, Dubaï Holding ha dedicado una dotación de 2.000 millones de dólares para urbanizar el valle del uadi Buregreg, cerca de Rabat. En Túnez, el grupo saudí MBI International, que compró por 50 millones de dólares el hotel África, de alta categoría, ha hecho gestiones para adquirir otros tres hoteles. Sama Dubaï, filial de DubaÏ Investment Group, propiedad del jeque Al Maktum, ha firmado un contrato para la construcción de unas 50 torres en el barrio tunecino de Berges du Lac. El coste del proyecto se calcula en 14.000 millones de dólares y es uno de los más importantes llevados a cabo en Túnez.

A su vez, el grupo de los Emiratos Bukhatir prevé construir Tunis Sport City, por un importe de 5.000 millones de dólares. Libia, que proyecta invertir 10.000 millones de dólares en Egipto de aquí a 2010, quiere atraer más capital árabe. En Trípoli, varios bancos árabes acaban de abrir delegaciones a semejanza de las qataríes Al Rayan y Qatar National Bank (QNB), así como el First Gulf Bank (Abu Dabi). El National Bank of Abu Dhabi (NBAD), muy implantado en Egipto, proyecta lanzarse firmemente en el mercado magrebí, a partir de Libia. Igualmente agresivo, QNB se apresura a instalarse en Mauritania y en captar parte del capital del Housing Bank, banco jordano presente en Argel. El emiratí Al Salam Bank, dotado con un capital de 100 millones de dólares, planea lograr una buena posición en el incipiente mercado de las finanzas islámicas en Argelia, compitiendo con el saudí Al Baraka Bank, presente en el país desde varios años.

El Noor Islamic Bank, filial de Dubaï Investment Group, quiere hacer lo mismo en Túnez, donde acaba de abrir una agencia. Además de en Túnez, el Noor, que tiene un capital de 1.000 millones de dólares, proyecta instalarse en Argelia y Marruecos y tiene previsto abrir sucursales en Turquía e Indonesia. A finales de 2008, Túnez autorizó la creación de un refugio financiero off shore (paraíso fiscal) al Global Finance House, un banco de Bahrein especializado en productos financieros alternativos. La Arab Banking Corporation (ABC), de la que son propietarios, entre otros, EAU y Kuwait, y el Algeria Gulf Bank, filial del grupo kuwaití Kipco, refuerzan sus posiciones en Argelia por medio de la diversificación de sus actividades hasta el punto de arrasar a otros bancos extranjeros.

Una tendencia que se reforzará en 2009

Después de una etapa en suspenso, a causa de la segunda guerra de Golfo, Kuwait vuelve con fuerza a Argelia, especialmente con el restablecimiento de las conexiones aéreas. Además del sector financiero, los kuwaitíes han mostrado su interés por la puesta en marcha de proyectos en el ámbito de la agricultura y la sanidad. La agricultura interesa también a los agentes económicos saudíes en Mauritania, que han manifestado su intención de desarrollar cultivos en el valle del río Senegal.

“Existe un clima propicio para las inversiones que radica en la estimulante legislación disponible, en la existencia de jóvenes cuadros técnicos mauritanos capaces de dirigir el desarrollo económico en general y el agrícola en particular, además de en la posición de proximidad que ocupa Mauritania en relación con los mercados de consumo europeos”, observa Abdelkerim el Amiri, de la Institución Árabe de Inversión y Desarrollo agrícola. Nuakchott va a lanzar, con la ayuda de los capitalistas de los países del Golfo, un banco árabe de inversión orientado hacia las actividades turísticas. Mauritania quiere atraer a los empresarios árabes para desarrollar su costa atlántica y modernizar sus infraestructuras hoteleras. En el sector de la telefonía móvil, Dubaï Investment Group tiene el 35% de Tunisie Télécom. En Argelia, dos de los tres operadores, Nedjma y Djezzy, son propiedad de inversores kuwaitíes y egipcios. Según varios expertos, esta tendencia de inversiones y adquisiciones será más fuerte durante 2009.