Cine contra estereotipos

Tres directores de cine a los que une su amor por el séptimo arte y una obra comprometida, tanto con sus países de origen como con los temas que tratan, explican sus opiniones sobre el cine y su capacidad para emocionar, influir e incluso cambiar percepciones. AFKAR/IDEAS ha hablado con Najwa Najjar (Palestina), Hamid Rahmanian (Irán) y Daniela Swarowsky (Austria) tras su participación en el certamen de cine organizado por la Asociación de Productoras Independientes Audiovisuales del Mediterráneo (APIMED) en el marco del Congreso Mundial de Estudios sobre Oriente Medio y el Norte de África (WOCMES).

“Las películas representan el modo más digerible de introducir nuevas ideas y confrontar estereotipos y malentendidos entre culturas”, según el director iraní Hamid Rahmanian, que dice estar acostumbrado a ver cómo su obra se usa como prólogo a discusiones sobre cuestiones políticas, culturales y sociales en centros de enseñanza. No es trivial que algunos de sus largometrajes, como Shahrbanoo (2002) o The Glass House (2008), invaliden clichés sobre la sociedad y las mujeres musulmanas del Irán contemporáneo. “Quiero que los espectadores reflexionen y salgan del cine inspirados para pensar más allá de los lugares comunes”, asegura este cineasta afincado en Estados Unidos cuya producción cinematográfica se centra en asuntos iraníes.

Para Najwa Najjar, directora palestina que vive en Ramala, el cine representa una oportunidad para regiones y países donde las audiencias no tienen altos niveles de formación. En ese contexto “el cine es crucial para poder cambiar el pensamiento y la perspectiva de la gente”. Autora de Gaza in Winter (2010), Najjar relata en sus películas su realidad inmediata, es decir, la vida de los palestinos. “Se trata de cambiar imágenes, de presentar su historia, que siempre ha sido contada por otros. Al menos así, y esto ya es un cambio histórico, se puede tener una visión más completa al contar con las dos versiones”. Sobre la capacidad del cine para sugerir nuevos enfoques no tiene ninguna duda Daniela Swarowsky. Artista y productora cultural afincada en Rotterdam, Swarowsky centra su producción cinematográfica desde 2003 en las migraciones y ha visto cómo su película sobre las ansias de emigrar de los egipcios a una Europa mitificada, Message from Paradise (2008), era proyectada en numerosos centros culturales de Egipto.

“Siempre había una gran necesidad de expresarse y de debatir al acabar la sesión”, explica esta cineasta que cree “en el gran potencial transformador del cine y en su capacidad de emocionar y de hacer reflexionar sobre cuestiones complejas”. Respecto a la producción y distribución de películas en Oriente Medio y norte de África, tanto Rahmanian como Najjar consideran que la industria cinematográfica está, en términos generales, poco desarrollada, hay un escaso apoyo financiero oficial y el principal problema es que la distribución es exigua. Además, para el director iraní, la entrada en la producción de países occidentales fuerza en ocasiones a los cineastas a realizar películas alejadas tanto de la tradición cinematográfica del país como del gusto de sus ciudadanos.

Por su parte, Najjar, cuya película Pomegranates and Myrrh (2008) se ha distribuido en 35 países, cree que los bajos costes de producción y las nuevas vías de distribución de la era digital representan una gran oportunidad. “Están permitiendo que aflore cine en todas partes”, según constató en la última edición del Festival de Cine de El Cairo. La censura es también un obstáculo recurrente. Rahmanian considera que en su país hay es muy fuerte “igual que en muchos otros de la región”. Sin embargo, opina que a lo largo de los últimos 30 años, muchas películas han forzado los límites de la censura. “Intentar hacer arte implica empujar tu creatividad y encontrar nuevas formas de saltar o rodear esa censura”.

Najjar, que disfruta de libertad de creación en Palestina excepto cuando las autoridades israelíes vetan alguna localización, es más consciente de la “autocensura” que se impone. “La situación es tan mala a veces, que quizá si la mostrara con toda su crudeza nadie querría verla”.