Cataluña y el Magreb después de Pujol

Europa y el Mediterráneo, principales ejes de la dimensión internacional catalana: viejas oportunidades y nuevos escenarios.

Gemma Aubarell, redactora jefa de AFKAR/IDEAS, es directora de programas del IEMed

Cataluña en las últimas dos décadas ha logrado desarrollar un continuado interés por la proyección exterior en la región mediterránea. Interés que ha ido unido a la propia ubicación geográfica y de intereses de Cataluña en Europa y que desde un principio se ha consolidado en el área occidental de la región euromediterránea. El sur de Europa y el Magreb se han convertido de este modo en el epicentro de gran parte de la estrategia de la proyección exterior catalana, estrategia que lejos de limitarse a las instituciones oficiales, ha ido afianzándose en el ámbito local y en los diferentes actores económicos y civiles.

Este contexto ayuda a encaminar los nuevos escenarios que abre el cierre de un ciclo político en Cataluña, desde la certeza de la importancia de hecho que ya juega el dossier mediterráneo en el conjunto de la proyección catalana. Y, sin embargo, esta consolidación mediterránea coincide en estos momentos con la emergencia de nuevos asuntos en la agenda de las relaciones catalanomediterráneas: el diseño europeo, la consolidación de la inmigración procedente de Marruecos o la actual situación posconflicto en la región. Es interesante, por ejemplo, comprobar cómo se reflejan estas nuevas perspectivas, especialmente en el binomio Europa central y Magreb, regiones singularmente valorizadas en materia de proyección empresarial y de facilitación de circulación de mano de obra por las actuales prioridades del gobierno catalán.

El Mediterráneo, vehículo de internacionalización de Cataluña

Quizá uno de los activos de la acción catalana es el hecho de que el Mediterráneo se instituye como un vehículo de internacionalización. Las estrategias esbozadas por el gobierno de Jordi Pujol incidieron en la importancia de esta vinculación, subrayando en palabras del propio Pujol la relevancia de la encrucijada con Europa: “Cataluña se perfila como espacio cohesionador de Europa y del Mediterráneo”.

Esta idea se intuye en la perspectiva del nuevo ejecutivo catalán a través de las manifestaciones de su presidente, el socialista Pasqual Maragall, que ya ha calificado a Europa y al Mediterráneo como los principales ejes de la dimensión internacional catalana, otorgando asimismo una interesante relevancia a las sinergias autonómicas del Mediterráneo español. Ciertamente, esta marcada voluntad de proyección ha dado como resultado unas relaciones institucionales, evidenciadas a través de las numerosas visitas del ejecutivo catalán al Magreb o del protagonismo en organismos de cooperación regional y local europea.

Marruecos ha sido el principal receptor de esta estrategia, cuya continuidad ha sido especialmente significativa en periodos de altibajos de las relaciones hispano-marroquíes. El establecimiento de la primera oficina del Consorcio de Promoción Comercial de Cataluña (COPCA) en Casablanca a principios de los años noventa, los acuerdos de cooperación como el establecido con la zona norte de Marruecos y, más recientemente, el Programa Cataluña-Marruecos, afianzarían el deseo de incrementar dicha relación.

Este proceso culminaría con la apertura de la Oficina de la Generalitat en Casablanca en 2003, cuya finalidad era coordinar las diferentes esferas de cooperación cultural, comercial y de formación para contratar en origen a inmigrantes. La tendencia parece consolidada con el actual ejecutivo, que mantiene las delegaciones de los servicios de la Generalitat en Marruecos, aunque sin recambio en cuanto a su equipo coordinador. En estos momentos las relaciones institucionales de la Generalitat con el Magreb y, en particular con Marruecos, se dividen entre las delegaciones del departamento de comercio y turismo, en cuanto a la proyección comercial, y las oficinas de atención a la contratación en origen, y las de sendas secretarías de cooperación y relaciones internacionales para los dossieres de cooperación y de relaciones exteriores.

La estrategia de Cataluña en la zona no se ubica en una línea únicamente de relación con el sur de la cuenca. Es la confluencia entre Europa y la ribera sur la que confiere a Cataluña un valor añadido: afianza su proyección ante la idea de mediterraneizar Europa y concolidar al sur de la cuenca como socio privilegiado. Si bien, este discurso no se ha dado siempre de manera complementaria.

Durante la década de los noventa, Cataluña compartió el incipiente discurso del Mediterráneo latino, presente en las estrategias de cooperación regional europeas, a través de asociaciones como el Arco Mediterráneo de las Tecnologías o la Comisión Intermediterránea de la CRPM. También a nivel local es especialmente interesante el C6 (red de cooperación transfronteriza de la macrorregión pirenaica-mediterránea que agrupa a Barcelona, Montpellier, Palma de Mallorca, Toulouse, Valencia y Zaragoza) o la Asociación Arco Latino. En la actualidad se consolida la idea de otorgar un anclaje mediterráneo a proyectos como la Euro-región y la Comunidad de Trabajo de los Pirineos, orientados a la cooperación transfronteriza en el marco europeo.

Efectivamente, se pretende orientar hacia la consolidación de una Euro-región transfronteriza que contemple el arco mediterráneo, tal como se manifiesta en el programa del nuevo ejecutivo catalán. Esta idea va ligada a las inversiones en infraestructuras y la incentivación de las relaciones económicas en este espacio. Incluso se especifica la idea de convertir a Cataluña en el núcleo central de una región europea que se extiende por el eje Mediterráneo, por el eje del Ebro, para conectar con el Mediterráneo occidental, el núcleo de Europa, el norte de Italia y el Magreb.

Los ejes vertebradores de la estrategia mediterránea catalana no deben, sin embargo, analizarse aisladamente. Son deudores, en su gran parte, del interés que en Europa y España cobra el dossier mediterráneo. Será sin duda 1995 una fecha clave para que Barcelona se encuentre en el epicentro de un proceso, el euromediterráneo, que da consistencia a toda la estrategia posterior. Barcelona acogerá en paralelo la conferencia ministerial, la iniciativa del Fórum Civil Euromed, organizado por el gobierno catalán.

Dicha iniciativa, a la que acompañaron diferentes manifestaciones de redes civiles y económicas, constituye el primer marco de reunión de los principales actores de la sociedad civil euromediterránea, una práctica que se irá consolidando hasta el presente. El destacable impulso que vivirá el proyecto euromediterráneo en este último periodo, tanto en Europa como en España, así como el interés de las nuevas estrategias descentralizadoras en Europa, reforzará y dará contenido durante este último quinquenio a la incipiente estrategia de Cataluña con sus vecinos al Sur, como socio privilegiado.

Intercambios económicos y empresariales

En este contexto, el Magreb tomará un especial protagonismo. Y es que para una región como Cataluña el interés económico y las relaciones humanas desempeñarán un papel fundamental. No se escapa el peso que economías como Túnez, Marruecos y Argelia representan para los empresarios catalanes. En el caso de Argelia, no hay que olvidar la estrecha vinculación de este país con importantes empresas como Gas Natural.

Efectivamente, las relaciones económicas de Cataluña con el sur y este del Mediterráneo son únicamente significativas en términos absolutos con el Magreb, Israel y Turquía. Las relaciones históricas y la proximidad geográfica han favorecido que un tercio de las 800 empresas españolas instaladas en Marruecos sean catalanas, pequeñas y medianas en su mayor parte. El Ayuntamiento de Barcelona, la Cámara de Comercio o el Puerto de Barcelona, y diferentes estrategias particulares empresariales, han destacado por sus iniciativas de cooperación en el último período en el marco magrebí.

Con un contexto especialmente desfavorable en el conjunto de las relaciones económicas internacionales en la zona, el gobierno catalán ha sido especialmente activo en el favorecimiento de estas relaciones. Así se pueden destacar iniciativas como el North African Business Development Forum, cuya segunda edición se ha celebrado en 2003. Hay que tener en cuenta la postura del actual ejecutivo, que establece que la estrategia de internacionalización de la empresa catalana pasa por la prioridad del área mediterránea y Europa central y oriental, que ayude a incrementar la presencia de la Generalitat en estos países.

Aunque, por supuesto, y más allá de esta voluntad institucional, habrá que tener en cuenta varias circunstancias que tendrán en el futuro un papel sustancial: la adopción de reformas favorecedoras de la inversión, una perspectiva de zona de libre comercio a medio plazo, la creación de una iniciativa de integración económica y el dinamismo que se confiera en el incipiente marco de relaciones económicas con países como Turquía o Egipto.

Unas relaciones basadas en la común identidad mediterránea

Sin embargo, probablemente sea en la dimensión de identidad donde radique uno de los atractivos que otorgan una coherencia mediterránea a las relaciones de Cataluña en la región. Ciertamente, la especial identificación en los valores estéticos y movimientos culturales clásicos del área ha interesado tradicionalmente al imaginario político y artístico catalán.

No obstante, la ubicación del Mediterráneo en cuanto a referente sociocultural en el Sur, es una de las asignaturas pendientes que se ha despertado paulatinemente. En concreto, a la luz de los cambios que se han producido en los protagonistas, existe la necesidad de conocerse y descubrirse unos a otros. Más que el ideario del Al Andalus, en Cataluña existe la idea de fomentar una relación que abunda en la construcción de referentes comunes. Probablemente esta ausencia de historicismo en las relaciones e imágenes conjuntas otorgue un cierto grado de frescor y búsqueda de nuevos escenarios de entendimiento común.

El análisis de la diversidad, las confluencias y las nuevas escuelas artísticas o el conocimiento mutuo a través de los debates sobre el diálogo cultural entre los mediterráneos son algunos de los dossieres abiertos. Iniciativas como la constitución del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), en su origen únicamente del gobierno catalán y que en estos momentos reúne, además, como consorcio a la administración central y al Ayuntamiento de Barcelona y su designación como coordinadora de la red española en la futura Fundación Euromediterránea, aprobada recientemente por la Unión Europea (UE), confiere a este proyecto una importante dimensión en el diálogo euromediterráneo. Los activos derivados de la gestión del pluralismo en el marco de la España de las autonomías por parte de la Generalitat y los actores locales, así como el dinamismo de la sociedad civil catalana, son valores que otorgan interés a las posibilidades de cooperación civil en la zona, muy ligada a la idea de espacio regional en cuanto a espacio cívico y no institucionalizado.

Algunos actores ya tienen una proyección importante: la Asociación de Cámaras de Comercio del Mediterráneo (ASCAME); el Puerto de Barcelona, que promueve la presencia empresarial a través del negocio portuario y participa en la modernización de diversos puertos mediterráneos; algunas universidades y escuelas de formación empresarial que llevan a cabo programas de cooperación y formación en el Magreb; ayuntamientos que cooperan a través del Fondo Social de Cooperación con el norte de África, y organizaciones no gubernamentales catalanas especialmente activas en la zona.

En este último año la Generalitat ha aprobado la Ley de Cooperación al Desarrollo por la que se crea la Agencia Catalana de Cooperación Internacional. Estos instrumentos, de reciente creación, cuya implementación será básica en la etapa 2003-06, dejan patente la vocación mediterránea y señalan a los países del Magreb como destinos principales de su acción. Concretamente, el Plan Director establece a Marruecos y Argelia como dos de los 16 países prioritarios para su acción. Lo más seguro es que sea en el campo de los movimientos humanos donde se concrete una de las realidades que marcan la connotación de las relaciones de Cataluña de manera singular con Marruecos.

Efectivamente, ésta es la nacionalidad más presente entre la población inmigrante, siendo Cataluña la comunidad autónoma con mayor presencia de población de origen marroquí, unas 150.000 personas, es decir más del 37% de los inmigrantes marroquíes presentes en España. En este sentido, hay que resaltar la importancia que se otorga a la noción de codesarrollo, muy ligada, como hemos visto, a las estrategias de cooperación con este país emisor. En esta misma lógica, y dentro del margen de maniobra con que cuenta la Generalitat en su programa de intermediación en la selección en origen de mano de obra, el gobierno tiene previsto dar prioridad a Marruecos, Europa del Este y América Latina.

La reciente visita de la encargada de los marroquíes residentes en el extranjero, Nouzha Chekrouni, permitió un contacto directo de los nuevos responsables con esta realidad, y también establecer los primeros pasos en este sentido, en especial, en el asunto de los menores no acompañados, que en Cataluña supuso atender a 1.100 jóvenes el año pasado. Qué duda cabe de que las nuevas perspectivas en la relación de Cataluña con el Magreb aparecen en este periodo muy abiertas al afianzamiento de este área como eje principal de su acción exterior. Las circunstancias, sin embargo, son cambiantes, y los escenarios de apertura se encuentran confrontados a valorar los primeros resultados, y a la continuidad de la implicación de los actores a los que van dirigidos las políticas esbozadas.

Asimismo, los escenarios europeos, y en concreto el euromediterráneo, se encuentran en plena definición. También la importancia de los propios márgenes competenciales para el ejercicio y la coordinación autonómica de los distintos instrumentos, la propia posibilidad de financiación de los mismos, está sobre la mesa. La consolidación mediterránea pasa pues por un momento de cambio, según se mire más ligado a circunstancias relativamente externas al propio cambio en el ciclo político catalán.

Aunque parece evidente que la prioridad del eje magrebí y su anclaje mediterráneo requieren voluntad e instrumentos de evaluación efectivos por parte del nuevo ejecutivo catalán. Europa y el Mediterráneo aparecen cada vez más ligados a las perspectivas estratégicas de Cataluña: sus principales retos de futuro se vinculan a la necesidad de avanzar de manera global e integrada. Cierto es que las primeras manifestaciones y líneas programáticas en este nuevo periodo parecen enfocarnos a este escenario, donde el Magreb permanece a todas luces en una posición privilegiada de la acción exterior catalana.