Buen gobierno: entre la macroeconomía y el desarrollo humano

Europa tiene convenios con países del Sur, centrados en lo económico. Sirven más a los intereses de las empresas europeas que a las reformas societales e institucionales.

ENTREVISTA con Nader Fergany por D.P.

Nader Fergany es director del Centro Almishkat de Investigaciones y Formación de El Cairo. Entre 2000 y 2006 dirigió el Informe sobre Desarrollo Humano en el mundo árabe (AHDR) del PNUD.

AFKAR/IDEAS: Los periodistas hemos modificado la manera de apreciar el estado de la democracia en los países árabes gracias a los informes sobre desarrollo humano árabe que usted dirigió. ¿Qué balance hace hoy de ellos?

NADER FERGANY: Los AHDR constituyeron una transformación significativa de las ideas y los conceptos en relación con el desarrollo hasta entonces aplicados en la región árabe. La principal característica de ese cambio fue la traslación del debate sobre desarrollo de la cuantificación macroeconómica de los logros materiales, a los logros relacionados con la dignidad humana y la libertad. Por libertad entendimos un nuevo concepto: la libertad del individuo, su tratamiento como ser humano y la justicia social que se le aplicaba.

A/I: Tenemos la impresión que de nuevo se insiste más en los indicadores macroeconómicos que en el buen gobierno.

N.F.: La exigencia del buen gobierno es muy sensible, pero es necesaria para garantizar que todas las otras condiciones humanas se cumplen. No se puede disfrutar de libertad en sentido amplio sin buen gobierno cuyos requisitos son: existencia de gobiernos totalmente representativos, transparencia, responsabilidad por su gestión, y estricto respeto del Estado de Derecho. Esas condiciones no se cumplen en la mayoría de los Estados del Sur.

A/I: Algunos árabes entienden que hacer un informe sobre desarrollo humano separado para ellos es una cierta forma de prejuzgar a la región.

N.F.: Esos informes existen porque la región árabe tiene características y denominadores comunes ausentes en otras regiones. Las reformas, especialmente las que conciernen al buen gobierno, tienen que estar relacionadas con las culturas y las tradiciones de la región y aunque los principios son en todas partes igual, es necesario que cada región desarrolle su propia forma de cumplirlos.

A/I: Los problemas de población y de desarrollo parecen tan enormes que pueden inducirnos a pensar que no tienen solución. ¿Cuál es su opinión?

N.F.: Hay solución, pero dependerá de hasta qué punto la sociedad civil, intelectuales y políticos, se involucren. El Norte debe ayudar al proceso de reforma en el Sur, pero desgraciadamente Europa no hace lo suficiente o no lo hace adecuadamente. La mejor forma de cooperar a este desarrollo humano es dejar que las gentes del Norte y del Sur participen, por ejemplo a través de los encuentros. Pero las políticas de Schengen los dificultan. Europa favorece la libertad de movimiento de capitales, locales o europeos, pero restringe la libertad de movimientos de las personas. Asimismo ha establecido convenios multisectoriales con un gran número de países del Sur, pero los ha concentrado en lo económico, que sirve sobre todo a los intereses de sus empresas más que a las reformas societales e institucionales. Esas son las llaves “del doble peso y doble medida” que se le imputa a Europa y la manifestación de una cierta hipocresía. Otro problema son los jóvenes, hoy marginados. Debido a la creciente pobreza y desempleo, y a las restricciones a las libertades, sufren una gran injusticia lo que les puede llevar a protestar.

A/I: ¿Cree usted que la democracia occidental es extrapolable al Sur en este proceso de reformas?

N.F.: La llamada guerra contra el terrorismo ha dado lugar a restricciones inaceptables de las libertades. En Occidente también, por ejemplo en Estados Unidos y Reino Unido. En EE UU se han producido violaciones importantes que han afectado principalmente a los árabes que viven allí. Necesitamos volver a los principios originales de la democracia liberal, contextualizados en las culturas árabes, tal como preconizábamos en los AHDR.