Argelia ante las elecciones de 2007

La renovación en el Magreb pasa por que se pongan en marcha reformas políticas, económicas y sociales profundas, que impliquen de lleno a sus poblaciones, piensa este reformador argelino.

ENTREVISTA con Mouloud Hamrouche por Jordi Bertran

Considerado como uno de los principales políticos reformistas de la Argelia moderna, Mouloud Hamrouche (Constantina, 1943), se unió a las filas del Frente de Liberación Nacional en 1958 a los 15 años. Su hermano Saïd es uno de los oficiales de enlace del jefe de la Wilaya del norte de Constantina dirigida por el legendario Zirut Yusef. Deja el maquis en julio de 1962, cuando Argelia se independiza. Tras ocupar diversos cargos en el ejército, del que es teniente coronel, fue secretario general del gobierno de 1984 a 1986. Después fue nombrado secretario general de la Presidencia, donde fue el encargado de iniciar una reflexión sobre las reformas económicas y políticas. Es coautor de la nueva Constitución pluralista adoptada por referéndum en noviembre de 1988, en la que se prohíbe la creación de partidos políticos de inspiración regionalista o religiosa. Nombrado primer ministro en septiembre de 1999, se vio, a pesar de ello, obligado a gestionar el reconocimiento del Frente Islámico de Salvación (FIS), decidido unas semanas antes por su predecesor, el coronel Kasdi Merba. Puso en marcha todo un abanico de reformas económicas y políticas que no consiguió llevar a término, al verse obligado a dimitir en junio de 1991. Se presentó a las elecciones presidenciales de 1999, pero retiró su candidatura antes del escrutinio, al igual que el ex ministro de Asuntos Exteriores, Taleb Ibrahimi. Se negó a aceptar la actitud de las autoridades encargadas de supervisar el escrutinio y la flagrante ausencia de respeto hacia las reglas elementales de la democracia. AFKAR/IDEAS ha hablado con Hamrouche de las expectativas en torno a las elecciones legislativas de 2007 en Argelia y la posible presentación de Abdelaziz Buteflika a un tercer mandato, así como de la situación social y económica del país y la sonada ausencia de Argelia en la conferencia euroafricana sobre inmigración en Rabat (julio de 2006).

AFKAR/IDEAS: Buteflika ha anunciado que próximamente se va a revisar la Constitución – está previsto que se haga el otoño que viene – para reforzar el régimen presidencial en Argelia. ¿Qué tiene usted que decir sobre esta declaración del jefe del Estado? ¿Considera que podría estar pensando en un tercer mandato?

MOULOUD HAMROUCHE: Si la revisión únicamente pretende reforzar el régimen presidencial, solo atañerá a un grupo y solo le interesará a una esfera política reducida. Además, una revisión de este tipo no afectaría en nada al ejercicio del poder y a las prácticas constitucionales. Hay que tener en cuenta que este tipo de maniobra y de prácticas hace tiempo que desbordaron los contornos y los límites establecidos por la Constitución. El “Mundo del Sur”, que se ve atormentado por la estabilidad y la perennidad de los regímenes, siempre ha fomentado la inmutabilidad de los hombres en detrimento de las instituciones y las normas constitucionales. En este contexto, la cuestión de un posible tercer mandato es secundaria, pero plantea un problema a la hora de hacer el balance de los mandatos anteriores. Estos interrogantes atañen, sin duda, a la población, una población que, por desgracia, se ve privada cruelmente de voz, de representación social y política, y de una sociedad civil.

A/I: ¿Qué espera de las elecciones que tendrán lugar en 2007?

M.H.:Ya ni siquiera siento la tentación de decirle, como habría hecho en el pasado reciente, “no espero nada”. Huelga decir que unas elecciones legislativas constituyen un acontecimiento político de importancia capital para una democracia. Unas elecciones legislativas permiten confirmar o renovar la representación política nacional. También ayudan a reconducir políticas y programas que ya están en marcha, o censurarlos, e igualmente pueden validar otros. En los sistemas políticos cerrados, como el nuestro, los comicios tienen como resultado la selección de unos diputados y no la elección de un Parlamento. Con votaciones de este tipo no se obtiene más que un conjunto de diputados cooptados por unas redes de alianzas. Estos diputados no tienen capacidad para influir en el gobierno o para tener un papel importante en las grandes elecciones y decisiones políticas, y todavía menos para controlar al ejecutivo. Habría que preguntarse sobre la pertinencia de unos comicios de este tipo, que no legitiman ni a los políticos ni los programas, y que no permiten que funcionen las instituciones ni que se regulen la sociedad y la política.

A/I: ¿Qué opina sobre la Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional, que expiró el 31 de agosto, y sobre su impacto real en la sociedad argelina y en el ánimo de los argelinos?

M.H.: La Carta fue propuesta en un referéndum sin debate previo real y sin ser explicada con franqueza. La población esperaba paz y la reanudación de la construcción nacional. Las autoridades han presentado un balance más que matizado al reconocer que, desde el referéndum, el número de muertos habría sido más elevado que el número de arrepentidos que han preferido beneficiarse de las disposiciones de la Carta. Esto ha hecho que los argelinos se muestren escépticos ante la posible evolución de la crisis y del sistema político. La Carta, hoy por hoy, no ha tenido ningún impacto sobre la violencia. ¿Es esto una indicación de la incapacidad o la falta de disponibilidad por parte de alguno de los protagonistas para asumir todos los compromisos, especialmente en lo que concierne al plano político? Es posible que consideren que la gestión y la conservación de los antiguos consensos respectivos resultan más cómodas y menos costosas que los riesgos y la incertidumbre que conlleva la búsqueda de nuevos consensos internos, de la paz y de una verdadera reconciliación nacional.

A/I: El islamismo militante sigue estando presente. El Grupo Salafista por la Predicación y el Combate (GSPC) argelino, cuya alianza con Al Qaeda se anunció oficialmente a principios de septiembre, ha prometido seguir adelante con la yihad en Argelia. Francia también teme que el GSPC cometa atentados en territorio francés. En su opinión, ¿podría efectivamente renovar sus fuerzas y poner en marcha una nueva oleada de atentados a gran escala?

M.H.:Nadie está en condiciones de afirmar que conoce la capacidad real para hacer daño del GSPC, ni los medios de renovación de su capacidad ni el alcance de sus redes. Por otra parte, el aumento de los atentados cuando se acercaba el plazo del 31 de agosto y la evolución reciente del terrorismo internacional, marcada por el juramento de fidelidad real o supuesta del GSPC argelino a Al Qaeda, parecerían indicar que así es.

A/I: A lo largo de los años noventa, los militares han seguido teniendo el poder efectivo. En su opinión, ¿qué papel tendrá el ejército en los próximos años?

M.H.:Todo dependerá de la evolución de los factores que han acentuado el papel del ejército en el ejercicio de poder. En los próximos años, el papel del ejército solo podrá ser, creo, el mismo que tuvo en los años noventa, porque el mantenimiento del statu quo y el rechazo a los cambios democráticos siguen alimentando todo tipo de inestabilidades. En estas condiciones, y sin que se materialicen las promesas de democracia realizadas en la década de los noventa, el ejército no puede apartarse de la gestión de las esferas política, económica y social sin que parezca una retirada. Sería útil preguntarse las causas que han bloqueado la aparición de cualquier fuerza política y social. Éstas habrían permitido que el ejército no tuviese que asumir solo todo el peso de la crisis, que la acción del gobierno fuese más eficaz, y que se asentase y ampliase el proceso de democratización.

El panorama económico

A/I: Recientemente hemos observado un giro en la política económica del país con la aprobación de una ley de hidrocarburos de talante nacionalista que ha preocupado a las empresas extranjeras. Teniendo en cuenta que el liberalismo económico sigue preocupando a gran parte de la sociedad argelina, ¿qué camino cree usted que tomará el país?

M.H.: Los socios petroleros de Argelia nunca se han sentido limitados por nuestras leyes de hidrocarburos. Si se refiere a la problemática 51/49, su contenido no tiene nada de nacionalista. Tiene que ver con controlar y elegir estrategias. Ya he dicho que nuestros socios, incluidos los americanos, se enfrentarán a menos limitaciones fiscales y burocráticas con la 51/49 que si estuviesen solos o en una posición mayoritaria. El liberalismo no es lo que le da miedo a gran parte de la sociedad argelina. Por el contrario, a la mayoría de los argelinos les preocupa que no se respeten las reglas de la economía de mercado, la destrucción de la producción local y la invasión del mercado por productos de mala calidad. También les angustia que se instaure permanentemente una economía de bazar. Argelia debe adaptarse a las nuevas normas impuestas por la globalización, sin sacrificar los intereses sociales de su población.

A/I: Los ingresos del petróleo han permitido al gobierno poner en marcha un programa de inversiones por valor de 40.000 millones de euros entre 2004 y 2009. ¿Qué va a aportar concretamente esto a la modernización del país?

M.H.: No hay modernización alguna que pueda llevarse a cabo solo con aportaciones exteriores. No puede reducirse a una importación a base de inversiones de miles de millones de euros en autopistas y en otras infraestructuras básicas cuando faltan programas de creación de actividades de producción unidas a estas infraestructuras. Nuestro historial de desarrollo e inversiones está repleto de balances insuficientes y de operaciones sin futuro, muy caracterizadas por la negación de libertades y el rechazo a las sanciones. Hoy día sabemos que las grandes claves de la modernización son los sistemas funcionales de educación, de formación y de cultura.

A/I: En su opinión, ¿cómo debería usar Argelia sus inmensos recursos naturales para mejorar la situación social del país, que tiene una tasa de paro aproximadamente del 20%?

M.H.:El problema del paro, sobre todo entre los jóvenes, no se puede solucionar con fórmulas pasivas o con medidas paliativas. No son duraderas. Los recursos financieros por sí solos no son la solución, pero ayudan a poner en marcha medidas basadas en auténticas reformas de la economía nacional.

A/I: ¿Cómo cree que reaccionará la sociedad si no hay una mejora?

M.H.: La sociedad reaccionará como siempre lo ha hecho, negando su adhesión y su apoyo, porque además está hundida bajo el peso de las expectativas defraudadas y las promesas incumplidas. Esto se percibe en su rechazo a movilizarse en torno a los programas del poder y de los partidos. La repetición de los disturbios sociales y regionales y el desafecto de la juventud hacia las estructuras oficiales son otras maneras de expresar ese estado de ánimo. Se rebela porque a pesar de sus inmensos recursos humanos y naturales, no ha visto que se cumplan sus expectativas y aspiraciones de desarrollo. La sociedad argelina evolucionó de manera constante durante casi tres décadas antes de estancarse. Por eso sus demandas se han vuelto urgentes e incompresibles, sobre todo en lo relativo a las libertades, la democracia, la participación, la educación, la formación y la sanidad.

Hacia un mercado regional magrebí

A/I:Durante un seminario organizado en Madrid en mayo, usted dijo que los sistemas políticos del Magreb, que han llevado a callejones sin salida y a fracasos en los países que lo componen, no pueden ser los actores de la recuperación y del cambio. Según usted, ¿de dónde debería venir la renovación?

M.H.: La recuperación y el cambio para la renovación en los países del Magreb no pueden basarse más que en la aparición de fuerzas democráticas impulsadas por los que están dentro de estos sistemas, que han tomado conciencia de sus limitaciones, de sus causas y de sus consecuencias. La renovación solo podrá concretarse a través de verdaderas reformas políticas, económicas y sociales que beneficien a la mayoría de las poblaciones.

A/I: La ausencia de Argelia en la Conferencia euroafricana sobre inmigración organizada por España y Marruecos y celebrada en Rabat causó un gran enfriamiento en las relaciones entre el gobierno español y el argelino. ¿Cómo interpreta usted esta ausencia, teniendo en cuenta que Argelia es un país de tránsito privilegiado para los inmigrantes clandestinos, y qué efecto podría tener esto para las relaciones entre estos países?

M.H.: El término “gran enfriamiento” me parece excesivo. Parece que el gobierno argelino tuvo que explicarle a España las razones de esta ausencia. No me corresponde a mí comentar los intercambios y las declaraciones entre los dos gobiernos. Por desgracia, es habitual afirmar que la falta de confianza entre Argelia y Marruecos ejerce una influencia recíprocamente negativa en las reuniones y conferencias internacionales. En cuanto a la forma de abordar la inmigración clandestina, sigue siendo parcial e incierta. Hay informes que indican que, contrariamente a algunas afirmaciones de la prensa, Argelia no es un país de tránsito significativo. Da la impresión de que Europa se descarga en algunos de sus miembros y vecinos para contener los flujos de inmigración clandestina. Esto puede significar que todavía no es consciente de la dramática magnitud del fenómeno o que todavía no ha elaborado respuestas adecuadas a la dimensión del problema.

A/I: ¿Qué papel cree usted que pueden desempeñar España y la Unión Europea (UE) en la modernización económica y en la consolidación democrática de Argelia?

M.H .: Lamento tener que señalar que, hoy por hoy, Europa no ha presentado una política clara y una visión estratégica para Argelia en lo relativo a las cuestiones relacionadas con la democracia, el desarrollo y la seguridad en todos sus aspectos. España y la UE pueden tener un papel más activo y que vaya más allá de la economía, sobre todo en lo que respecta a la consolidación de los procesos de democratización y de modernización. Lo mínimo que se espera de ellas es que no sean cómplices de nuestros hábitos y de nuestras costosas experiencias.

A/I: La ausencia de Argelia en Rabat ha vuelto a poner de relieve la gran distancia que aún separa los dos países. ¿Cree usted que algún día el Magreb podrá convertirse en una región económica y políticamente integrada?

M.H.: Sea cuál sea la dimensión de este abismo que los separa y el tiempo que dure, nunca podrán modificar la realidad de su proximidad física y cultural. Los argelinos y los marroquíes no tienen ninguna duda respecto al destino común que les impone la realidad de la historia y la geografía, pero temen que uno consiga un futuro brillante en detrimento del otro. Por tanto, tendrán que explorar otras vías y otros métodos más sutiles. Ya va siendo hora de que los regímenes magrebíes abran los ojos a la realidad del mundo que se avecina y calculen el coste de cualquier retraso en la construcción magrebí.