Argelia a la espera del próximo presidente

Las grandes decisiones económicas paralizadas hasta las próximas elecciones.

ENTREVISTA a José Agag Deval por Domingo del Pino

José Agag, economista y politólogo por la Universidad de Lovaina, antiguo ejecutivo de la banca española, y asesor de grandes empresas españolas en sus relaciones con el Magreb, explica para AFKAR/ IDEAS las oportunidades de España en Argelia.

AFKAR/IDEAS: En abril de 2004 tendrán lugar en Argelia elecciones presidenciales. La actualidad política argelina parece acaparada por ese acontecimiento. ¿Cuáles son las consecuencias inmediatas?

JOSÉ AGAG: Las elecciones presidenciales son muy importantes para el país. Por primera vez el partido Frente de Liberación Nacional (FLN) ha escogido a un candidato que no es el presidente en ejercicio. Eso permitirá consolidar el proceso democrático argelino. Pero al mismo tiempo ese largo período preelectoral tendrá un efecto negativo, con ralentización o incluso apatía, en relación con las grandes decisiones económicas, como las privatizaciones anunciadas de las grandes empresas del Estado. La libertad de la prensa permitirá que los electores conozcan mejor a los candidatos, pero es oportuno recordar que la jerarquía militar es la garante, en toda circunstancia, de que el país siga gobernado y de que no se perfile ningún cataclismo en el horizonte.

A/I: Parece que las privatizaciones, muy en especial en el sector clave de los hidrocarburos, constituyen un tema mayor de esa larga precampaña electoral que usted mencionaba. ¿Se trata de controversias típicamente electorales o de algo más profundo?

J.A.: No, no se trata de una cuestión preelectoral. Lo que ocurre es que las privatizaciones (la entrada de capital privado en las empresas del Estado), empezando por la Sonatrach, son muy complicadas por múltiples razones. La primera de ellas, hablamos de la Sonatrach que es la empresa más importante del país con mucha diferencia, funciona ya al 50% privada en todo lo que concierne a la investigación de nuevos perímetros en el Sáhara para buscar petróleo y gas. Las compañías extranjeras ya van ahí al 50% con el Estado. En segundo lugar, veo difícil que un Estado cuyo principal ingreso en divisas procede del petróleo y del gas, abra su capital al privado. No parece posible a corto plazo. Además, en Argelia existen dos escuelas a este respecto. Unos piensan que se debe abrir al capital, y otros que no. Yo creo que, de momento, la mayoría se inclina por el no. Las otras empresas, por el contrario, plantean problemas de otra índole: para abrir una sociedad a capital privado y que la gente compre acciones, hay que ofrecer alicientes. Eso significa que el Estado argelino tendría que organizar una especie de Plan Marshall para sanear a las empresas nacionales y, con cargo al presupuesto del Estado, pagar poco a poco, cada año, la importante deuda contraída con los bancos locales por cada una de esas empresas.

A/I: Por lo que he leído, se puede elevar a unos 14.000 millones de dólares…

J.A.: Si, puede que la deuda global sea de ese orden porque durante toda la época de apogeo nacionalista, se creaba una empresa nacional por un sí o por un no, y no se tenía en cuenta si esa empresa tenía excedente de personal, medios de producción adecuados etcétera. Todo eso se hizo en una etapa de euforia nacionalista, y esas empresas siguen ahí. La tercera razón importante es el desempleo que podría generar la privatización total de las empresas del Estado. Hoy por hoy, lo queramos o no, el paro obrero está por encima del 30%. Lo que permite evitar problemas sociales graves en el país es el hecho de que la célula familiar es muy estrecha, más aún que en España, y en consecuencia, en una familia algunos trabajan y eso permite vivir al resto. Por el momento, Argelia tiene que atraer el capital nacional que está fuera y al internacional, algo que por el momento está paralizado. Algunos privados que realmente mantienen la fe, siguen invirtiendo, pero no participando en empresas ya existentes, sino que crean nuevas cuando identifican sectores que pueden ser interesantes para ellos. Es el caso del sector farmacéutico, por ejemplo, de la alimentación, de algunos productos de limpieza y, de momento, de la pequeña y mediana empresa.

A/I: Eso quiere decir que el proyecto de privatización masiva –300 empresas, se decía– que proponía el ex ministro de Comercio, Abdelhamid Temmar, está paralizado

J.A.: En mi opinión está congelado de momento. ¿Saldrá adelante después de abril 2004? Dependerá de quién sea el elegido. En el programa del primer ministro Ali Benflis, por ejemplo, hay una perspectiva de apertura y de intentar privatizar más. Pero el actual presidente, Abdelaziz Buteflika, también inició la privatización y luego se vio bloqueado por los factores que antes señalados.

A/I: Sin embargo, al único que he oído hablar recientemente de economía de mercado social es precisamente a Ali Benflis. ¿Es un discurso dirigido a los sindicatos?

J.A.: El sindicato en Argelia siempre ha estado del lado del poder. El sindicato siempre fue bastante complaciente y no podemos decir que haya habido grandes movilizaciones. Pero actualmente y por lo que he podido observar, desde el sector de profesores surgen ciertas inquietudes y algunas huelgas que el ministro de Educación apenas puede aplacar. En algunos sectores se nota una cierta tensión, pero no sé si es motivada por las elecciones o por problemas sociales de las diferentes corporaciones del país.

A/I: Desde el punto de vista de la apertura, ¿en qué se diferencian los candidatos a la presidencia?

J.A.: Creo que la diferencia existe en la aplicación del concepto políticoeconómico, pero no sobre el concepto mismo. Todos quieren más liberalización. El problema está en la puesta en práctica, que puede ser diferente según triunfe uno u otro candidato. No sé cuál es el mejor candidato desde ese punto de vista, pero creo que Argelia necesita un presidente moderno, una persona aperturista y que al mismo tiempo se preocupe por los intereses del país.

Seguridad mejorada

A/I: ¿Cómo caracterizaría usted la situación actual de Argelia desde el punto de vista de la seguridad?

J.A.: En ese aspecto se ha mejorado mucho en relación con la situación que prevalecía a principios de los años noventa donde hubo una cantidad de muertos impresionante. Ahora el terrorismo está reducido a bolsones en algunas zonas del país, remotas y montañosas. Las carreteras principales son hoy seguras y se puede ir, por ejemplo, a Orán desde Argel o a la frontera marroquí, o en la otra dirección a Constantina y Annaba, sin el menor problema. Sería una casualidad que ocurriera algo. La seguridad en la ciudad de Argel es total y se ve mucha menos policía. Recuerdo que en una época había en las calles incluso tanquetas. Ahora éstas han desaparecido. Hoy todo el mundo entra y sale de Argelia sin problemas y cada día es mayor el número de extranjeros que van allí. No se nota, como antes, a los barbudos en la calle. Quedan algunas excepciones, pero el integrismo islámico ha pasado de moda y creo que la gente tiene asumido que el integrismo ha hecho mucho daño al país y no quieren repetir la experiencia. Eso se verá, además, en las próximas elecciones. Se verá cuál es la importancia que tiene, que puede estar en torno al 20% de electorado, pero nunca las cifras que alcanzó el Frente Islámico de Salvación (FIS) hace casi 15 años.

España-Argelia: una relación todavía por explotar

A/I: ¿La relación de España con Argelia está centrada alrededor de la energía o hay algo más?

J.A.: Efectivamente, para Argelia existen dos españoles destacados: Pedro Durán Farrell y Carlos Pérez de Bricio. Incluso un trozo del gasoducto euro-mediterráneo lleva el nombre de Gasoducto Durán Farrell. Él fue quien a principios de la explotación del gas argelino vio que España tenía que tomar una posición y la tomó. Pérez de Bricio, ha hecho lo mismo con CEPSA, y además con la suerte de haber descubierto uno de los campos nuevos más importantes del Sáhara.

A/I: Creo que con una producción de unos 200.000 barriles de petróleo diarios desde hace varios años….

J.A.: Eso es una cosa extraordinaria. Además Argelia y otros países no respetan mucho su cuota de la OPEP y ya se sabe que van a llegar hasta los 800.000 barriles diarios. Pero creo que hay que dar esta etapa por completada. Los exportadores españoles que han tenido mucho éxito en Argelia son las pequeñas y medianas empresas. Exportan todo tipo de material de construcción, productos alimentarios, etcétera. A donde no hemos ido, y tenemos todavía un cierto retraso, es a los contratos importantes. Hoy estamos intentando introducir en el mercado argelino a empresas constructoras españolas en proyectos de construcción, hidráulicos y autopistas, redes de electrificación y otros. Ahí tenemos nuestro sitio.

Los argelinos piensan que no hacemos lo suficiente para penetrar el mercado. Muchas empresas españolas, incluidas algunas de las más importantes, van y piensa que en un par de viajes deberían concluir algo. Pero es una obra de paciencia como en todos los mercados extranjeros que España ha conseguido poco a poco seducir. Las empresas constructoras españolas todavía son reticentes a ir a Argelia. Están, no obstante, Dragados y OHL que realizan esfuerzos para entregar ofertas atractivas, con financiación o sin ella. Argelia hoy tiene mucho cash y a veces la financiación no es necesaria, salvo que hay que presentarla para obtener más puntos cuando deliberan sobre las ofertas. La verdad es que tenemos un sitio importante que tomar en Argelia y el actual embajador en Argel, Emilio Fernández Castaño, es una persona de primera fila. Su equipo está a su altura y hacen todos los esfuerzos necesarios para que España penetre en el mercado argelino. Prestan asistencia, aconsejan a las empresas españolas lo mejor que pueden.

Infraestructuras argelinas: una oportunidad para España

A/I: ¿Podría ser más preciso e identificar qué sectores podrían ser más adecuados para la participación de empresas españolas?

J.A.: Creo que debemos estar presentes en la construcción de la autopista que va a unir las dos fronteras argelinas. Se trata de un proyecto ambicioso de entre 7000 y 7500 millones de euros y que los argelinos han decidido dar en régimen de concesión. Esa concesión será dada a un consorcio argelino-extranjero y yo creo que sí, que tenemos que estar en esa concesión porque los 1200 kilómetros de autopista darán una buena rentabilidad ya que la mayor parte del transporte argelino de mercancías se hace todavía por carretera y la carretera Túnez-Marruecos es importante para la integración magrebí.

Este proceso evita a Argelia gastar divisas para financiar inmediatamente la construcción. Se harán tal vez dos, tres, cuatro tramos, y uno de ellos debe ser claramente español. Si pudiéramos hacer 300 o 400 kilómetros de autopista, en asociación con empresas locales, sería muy positivo para ambos países. Lo mismo ocurre con las unidades de desalinización del agua de mar que ahora también están dando en concesión a las empresas extranjeras. Cada unidad cuesta cien millones de euros, éste es un sistema que dominan perfectamente las grandes constructoras españolas, y da una garantía de retorno a la empresa extranjera que invierte de un 12% como mínimo.

A/I: ¿Ocurrirá lo mismo con el abastecimiento de agua potable?

J.A.: Bueno ahí yo no creo que se vaya a un sistema de concesión. Una empresa que yo aconsejo se presenta precisamente a un concurso en materia hidráulica que consiste en potabilizadora, saneamiento del agua, renovación de las conducciones de agua dentro de las ciudades. Se trata de un programa, para unos ocho o 10 años, que representa centenares de millones de euros.

A/I: ¿El agua será, como dicen los expertos, el problema más importante de este siglo XXI? ¿Va Argelia algo retrasada a este respecto? ¿Qué más se puede hacer con Argelia en este campo de la hidráulica?

J.A.: Pues construir embalses. Nosotros mismos estamos ahora estudiando la construcción de dos embalses y hay otras dos empresas en lo mismo. El problema de Argelia es que el estiaje de los ríos es muy débil.

A/I: ¿Se depende mucho de la pluviometría?

J.A.: Exacto. Hace dos años que las lluvias han vuelto después de más de 20 años de sequía. Ahora, por ejemplo, en Argel no se corta el agua. Hace dos o tres años el agua se cortaba y en algunos barrios sólo tenían agua uno de cada tres días y durante unas horas determinadas al día. Ahora no existen cortes de agua o al menos los cortes son muchísimo menos. Ha llovido mucho y eso ha
llenado los embalses y renovado los mantos freáticos. También, por supuesto, contribuyen a ello las construcciones y entrada en funcionamiento de las unidades de desalinización del agua del mar. Pero, hoy por hoy, ésta es una prioridad del actual gobierno y será prioridad de los gobiernos siguientes.

A/I.: ¿Tenemos algo que hacer en Argelia en el sector de las telecomunicaciones?

J.A.: Eso merecería un estudio en sí mismo de la red telefónica argelina y de las telecomunicaciones. Ente campo tenemos enfrente a potencias como Francia que mantienen sobre este tema una cierta ventaja, porque no debemos olvidar que uno de los problemas es siempre la competencia de nuestros rivales económicos. Francia está intentando en este momento reactivar su política en Argelia porque ve el peligro de España –que es un peligro menor– y sobre todo el de Estados Unidos. La presencia de EE UU en Argelia nunca ha sido tan importante como hoy. El último viaje a París del presidente Buteflika no fue precisamente un éxito debido a la pasividad política francesa hacia el. Francia intenta en lo económico y en lo político jugar muchas cartas para ver cómo situar a sus grandes empresas después de abril 2004.

Tiene en Argelia una misión comercial importante y no hay que olvidar que dentro del recinto de la embajada francesa en Argel viven 800 personas. Además está el esfuerzo que hace París por mantener el idioma francés. El gobierno argelino ha decidido restablecer el francés a partir del segundo año de EGB porque ha constatado que toda una generación no sabe el francés, lo que es un handicap. Se da la circunstancia de que Argelia tiene
un idioma oficial que es el árabe y otro de trabajo que es el francés. Ahí Argelia ha perdido tiempo. ¿De quién fue la culpa? Misterio, nadie quiere cargar con ella. Pero hay que visitar Argel para constatar el número de parabólicas que existen en todo el país, en cada piso. ¿Para qué sirven esas parabólicas? Pues para ver la televisión francesa, la española desde Orán o la italiana desde Annaba.

La competencia asiática

A/I: ¿Quiénes son los verdaderos competidores de España en Argelia?

J.A.: Nuestro principal competidor hoy es Francia. Pero es curioso también observar cómo además de Alemania e Italia, vemos llegar a Argelia empresas constructoras de países en donde nosotros mismos estamos actuando. Por ejemplo de Turquía. Una empresa española está construyendo en este momento el tren de alta velocidad entre Estambul y Ankara, pero empresarios turcos vienen a competir con nosotros en Argelia para obras de todo tipo, desde hospitales a embalses y lo que sea. Además, la gran competencia en Argelia es la de los chinos. Hay 20.000 chinos en Argelia que trabajan, día y noche, en la construcción de viviendas. Por eso nosotros no estamos interesados
en la construcción de viviendas en Argelia, porque el coste es barato. Los chinos vienen en masa,
viven en barracones a pie de obra y trabajan de sol a sol.

Están haciendo maravillas porque construyen bien. Pero construyen donde no hay mucho valor añadido. Además de los chinos encontramos turcos, coreanos, malayos, rumanos que vienen y compiten con nosotros dando precios muy baratos. Hasta ahora las empresas argelinas no les han dado grandes proyectos, salvo
en materia de construcción de viviendas, porque la construcción de vivienda no interesa mucho a los países de la Unión Europea. No da una buena rentabilidad pero sí muchos dolores de cabeza por la gestión de tanta gente que trabaja en una obra, etcétera. Pero dondequiera que hay tecnología, como en la construcción de embalses, conducciones, torres, desalinización, electrificación –en la electrificación de los 350 kilómetros de ferrocarril de la zona de Argel– España tiene también posibilidades de tener su mercado.

Perspectivas de integración

A/I: Con respecto al escenario futuro euro-magrebí, la proyectada Zona de Libre Cambio (ZLC) para el 2010, ¿cree que Argelia está interesada en la parte política y económica del proyecto?

J.A.: En el plano político creo que en el futuro los gobiernos argelinos se van a acercar a Europa mucho más que antes. En materia económica no debemos olvidar, por el contrario, que en Argelia muchos productos están subvencionados. Es muy difícil llegar a una ZLC con Argelia, y creo que también con Marruecos y Túnez, que tendrían muchísimas dificultades para absorber el coste social que supondría. Hay que tener en cuenta que en Argelia un kilo de pan, por ejemplo, cuesta cuatro o cinco veces menos que en España porque la harina está subvencionada. Lo mismo ocurre con otros productos.

A/I: ¿Cree que los programas MEDA de ayuda a las reformas estructurales con vistas a 2010 están por detrás de las necesidades reales?

J.A.: Desde luego, pero son un principio. Argelia cuenta con algunos factores favorables. Por ejemplo todo lo que concierne a la formación de dirigentes. Hay una masa de argelinos muy bien formados en Europa y en el propio país. Es verdad que la formación en Argelia ha sufrido un descenso de calidad, debido al uso de dos idiomas en el bachillerato y en la universidad, con lo que tenemos gente que llega a la universidad con insuficiente conocimiento de árabe o de francés y tienen que completar esa formación con cursos de francés o de árabe para ponerse a nivel. Eso ha ocasionado un cierto retraso, pero existen argelinos formados en el extranjero, o antes en Argelia, gente muy capacitada, buenos negociadores que ven claramente cuál es su interés y no es fácil negociar con ellos. Porque no se trata sólo de participar en los tenders. Después hay que concretar y negociar los contratos con la administración argelina, y eso no es fácil.

A/I: ¿El marco de acogida, de protección de inversiones, de retorno de capital, las reformas del mercado, son suficientemente atractivas?

J.A.: Bueno, esto es una cosa distinta. Lo primero es participar en los tenders que saca el Estado argelino a través de sus empresas nacionales. Ahora está el segundo aspecto, la inversión. En lo que concierne a las inversiones, entramos exactamente en el mismo circuito que los nacionales argelinos que quieren invertir en su país. Podemos hacerlo, pero siempre con una sociedad previamente saneada y cuyas deudas hayan sido borradas por el Estado argelino, y donde no se trate sólo de aportar capital español, sino management y equipo que las haga más competitivas. Se podrían montar empresas no solo para Argelia sino para el Magreb y para África porque algunas empresas argelinas ya exportan al África Negra, por ejemplo medicinas, antibióticos, un tipo de vitaminas, que están genéricamente fabricadas en Argelia y que son exportadas a Chad, Níger, Mali, etcétera.

El Sáhara, entre Argelia y Marruecos

A/I: ¿Cree que existe alguna posibilidad a la vista de encontrar una solución para el ya veterano conflicto del Sáhara Occidental?

J.A.: Los dos candidatos a la presidencia de Argelia quieren lograr un arreglo rápido del tema del Sáhara y creo que ven el camino en una soberanía marroquí sobre el territorio con una muy amplia autonomía para el pueblo saharaui. Son conscientes de que esta situación no puede continuar así y que hay que reanudar rápidamente el diálogo con Marruecos; que hay que abrir esa frontera hoy cerrada entre los dos países, que hay que ampliar los negocios y todo tipo de relaciones con Marruecos. Son muchos los argelinos casados con marroquíes y viceversa, y muchas las familias que viven divididas por la frontera. Realmente no es posible que dos pueblos que tienen tantas afinidades culturales, religiosas y también económicas, estén separados de la forma en que lo están hoy. Eso está en el programa de todos y creo que en la segunda mitad de 2004 habrá una gran apertura en ese sentido.