A Argel no le salen las cuentas con la UE

Julia Anglès, IEMed

El 15 de junio se celebró en Luxemburgo el V Consejo de Asociación UE-Argelia. El objetivo de esta reunión anual es pasar revista a todos los ámbitos de cooperación que unen a las dos partes mediante el acuerdo de asociación firmado en 2002 (en vigor desde 2005). La cita no estuvo exenta de tensión: desde hace más de dos años, las autoridades argelinas no ocultan su plena insatisfacción por los resultados económicos de los primeros años de la puesta en marcha de una zona de libre cambio euroargelina. Por su parte, la UE no mira con buenos ojos el giro proteccionista que está tomando la política económica argelina. Pese a las diferencias, la reunión, encabezada por los ministros de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, y argelino, Murad Meldeci, ha dado sus frutos: Argelia presentará con la máxima brevedad (no se ha fijado fecha) un nuevo calendario de desmantelamiento arancelario progresivo, a negociar con la UE. De no haber acuerdo, automáticamente se prorogaría un año más el acuerdo de asociación.

El acuerdo de asociación, una decepción anunciada

Los datos económicos, facilitados por el gobierno argelino en su declaración oficial, son reveladores de su malestar respecto a un acuerdo que no le aporta lo que, a su entender, necesita la economía argelina: diversificación, grandes inversiones, transferencia tecnológica y mise à niveau de su tejido industrial. En primer lugar, queda de manifiesto su decepción en materia de “inversiones europeas realmente creadoras de empleo y de riqueza desde la entrada en vigor del acuerdo de asociación”.

Estas inversiones se concentran en el sector hidrocarburos (apenas generador de empleo) y provienen de un número muy limitado de países. En segundo lugar, Argelia pone de relieve que durante los primeros años, el desmantelamiento arancelario ha provocado un descenso considerable de los ingresos en las arcas del Estado: de 2005 a 2009, 2.500 millones de dólares, y se estima que, de 2010 a 2017, las pérdidas ascenderán a 8.500 millones de dólares. Además, las importaciones argelinas de productos europeos se han disparado desde la entrada en vigor del acuerdo, casi doblándose en tres años. Por su parte, las exportaciones (excluyendo los hidrocarburos) han variado sensiblemente.

En resumen, por un dólar exportado a la UE, Argelia importa 20 dólares. Por último, numerosas pymes argelinas han tenido que cerrar al no poder hacer frente a la competencia extranjera. Las quejas de Argelia no sorprenden a nadie. Desde 2002, sindicatos, expertos, patronal y buena parte de la clase política pusieron el grito en el cielo cuando se hicieron públicos los términos económicos del acuerdo. Parecía no beneficiar a la economía argelina, una economía rentista, con unas instituciones incapaces de garantizar el establecimiento de un mercado competitivo y atractivo a la inversión extranjera. Entonces, ¿por qué las autoridades argelinas aceptaban el acuerdo? La respuesta debía buscarse fuera del ámbito económico. Según Iván Martín, del Instituto Complutense de Estudios Internacionales, la clave se encuentra en la seguridad. En efecto, el acuerdo de asociación firmado con Argelia es el único que incluye el título VIII sobre “Cooperación en el ámbito de la justicia y los asuntos de interior”.

La cooperación en materia de lucha contra el terrorismo era una prioridad para ambas partes: por un lado, la UE ganaba un socio para la lucha global contra el terrorismo justo después del 11-S, así como contra la inmigración clandestina y, por otro, Argel conseguía, además de un socio para la lucha antiterrorista, un reconocimiento político explícito de la UE. Argelia iniciaba así su marcha en pro de su reinserción en la comunidad internacional. Figuran también dentro de esta estrategia el comienzo de las negociaciones para adherirse a la Organización Mundial de Comercio, así como su integración en el Diálogo Mediterráneo de la OTAN.

El investigador Hakim Darbouche añade otros factores. Argel, tras una década de aislamiento con motivo de la guerra civil, necesitaba desesperadamente lavar su imagen en la escena internacional y recuperar su credibilidad fuera y dentro del país. Con ello, el presidente, Abdelaziz Buteflika, por un lado, se allanaba el camino para conseguir el capital extranjero que su país necesitaba y, por otro, se hacía con la legitimidad suficiente para llevar a cabo su plan político dentro del país.

Un mal negocio pero también una mala gestión

No obstante, no puede achacarse la situación económica argelina actual a un acuerdo de asociación mal negociado en términos económicos. Murad Uchichi, profesor de la universidad de Beyaia, acusa al gobierno de no haber preparado la economía argelina ante la globalización. Según Uchichi, no se han puesto en marcha las políticas necesarias ni las medidas de acompañamiento. Da la impresión de que los empresarios argelinos no cuentan con una estrategia de futuro clara y el gobierno no desempeña su papel de acompañador, es decir, no ha lanzado políticas de mise à niveau, ni ha hecho reformas estructurales para adaptar la frágil y protegida economía argelina a la competencia europea.

Diversificación económica: del discurso a la realidad

Desde finales de los años setenta, el discurso político oficial ha girado en torno a la necesidad de diversificar la economía argelina y hacerla menos dependiente de los hidrocarburos. Pero descendamos del discurso a la realidad. Desde 1977, la elevada dependencia de Argelia de este sector se ha mantenido año tras año, representando más del 95% de sus exportaciones. Argelia, un claro ejemplo de economía rentista, adolece de las consecuencias negativas de tener una gallina de los huevos de oro. Las abundantes rentas del petróleo tienen un impacto negativo que va más allá de lo estrictamente económico. Luis Martinez, director de investigación en CERI-Sciences Po y autor de Violence de la rente pétrolière (2010), señala que la riqueza que genera el oro negro destruye totalmente los valores ligados al trabajo, inversión y capital humano. Además, la existencia de un sector tan rentable favorece la instalación de un sistema clientelista que obstaculiza el desarrollo económico y productivo del país.

En este sentido, las decisiones de inversión económica no se rigen por la racionalidad y las necesidades sociales y del mercado, sino por los favores y la cuantía de las comisiones a cobrar por proyecto. Así, Martinez constata que las primeras víctimas del maná del petróleo son las poblaciones, que están excluidas de una riqueza y un poder reservado únicamente a la élite y que, además, padecen las consecuencias del mal desarrollo económico del país. La segunda víctima es, sin duda, el propio Estado, puesto que la renta aniquila todo buen gobierno. Cuando se nada en la opulencia, ¿qué sentido puede tener una política presupuestaria equilibrada? Sí tuvo sentido en marzo de 1986, cuando el precio del petróleo descendió a cinco dólares el barril. Según el profesor Ali Mebrukine, las reformas emprendidas por el gobierno argelino para instaurar la economía de mercado ni empezaron en 1987, ni se pusieron en marcha con la intención de diversificar la economía.

Obedecieron a la necesidad de socorrer a un Estado totalmente en quiebra. Medidas que se tomaron por la gravedad de la situación y no por un firme convencimiento en el modelo de la economía de mercado. De hecho, las reformas jurídicas e institucionales se llevaron a cabo bajo la presión del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC y sin preparar ni ayudar a los actores socioeconómicos a adaptarse a los cambios. Hoy, la economía argelina tiene todavía pendiente una remodelación de sus instituciones públicas. El plan de desarrollo quinquenal 2010- 14, dotado con 286.000 millones de dólares tiene como objetivo diversificar la economía, completar proyectos en marcha y lanzar otros nuevos en los sectores de transporte e infraestructuras con fines sociales como la construcción de viviendas. No obstante, este plan tiene grandes carencias: ni invierte en educación, ni aborda la diversificación económica, ni lleva a cabo la reforma institucional, ni cuenta con una estrategia global para estimular la competitividad.

¿Argelia se aleja de Europa y de su modelo?

Desde 2008 se respira en Argel un giro proteccionista. El gobierno promulgó la Ley de Finanzas Complementaria (LCF) 2009 y 2010 para contener las importaciones. Y con buen resultado ya que se ha conseguido bajar las importaciones europeas en un 1,62% en 2009 y un 7,8% durante el primer trimestre de 2010. Además, en mayo, Buteflika anunció una remodelación de gabinete con importantes repercusiones en la orientación económica: cesó a los ministros de Energía y Minas, Chakib Jelil, y de Industria y de la Promoción de las Inversiones, Abdelhamid Temmar, dos cargos políticos comprometidos con el proyecto de liberalización económica. Estos cambios se realizaron a petición del gobierno con vistas a la preparación del V Consejo de Asociación UEArgelia.

Frente a esta nueva orientación, que algunos llaman liberalismo soberanista, la UE no ha disimulado su preocupación. Según el profesor Ali Mebrukine, Argelia se estaría alejando de la influencia europea en cuanto al modelo económico, adoptando una doble estrategia: industrialización por substitución de las importaciones e industrialización por valorización de las exportaciones. Este cambio sólo puede comprenderse en un contexto de globalización liberal y ante la aparición de nuevas potencias emergentes que se acercan al Mediterráneo. Argelia, en lugar de emprender una diversificación de su economía, parece decantarse por una diversificación de sus intercambios comerciales. Brasil, China, Corea del Sur o Turquía rivalizan ya con empresas occidentales tanto en la producción de bienes con alto valor añadido como en la prestación de servicios de calidad. Además, Argelia ha concluido acuerdos con Brasil,

África del Sur, Turquía y Malasia con el objetivo de promover las exportaciones argelinas de alto valor añadido (excluyendo los hidrocarburos). Por otro, se ha lanzado al green business con empresas chinas y americanas. Así pues, ¿estamos ante una pérdida de la influencia europea en Argelia? En el plano económico la tendencia a buscar socios comerciales no comunitarios es manifiesta. En el político, Argelia ha rechazado la política europea de vecindad y ha mostrado cierta indiferencia por la Unión por el Mediterráneo. Podría parecer que lo que busca es un futuro basado en unas relaciones bilaterales propias con Europa. No hay más que escuchar sus declaraciones en favor de un partenariado energético con la UE y su entusiasmo respecto al marco del Diálogo 5+5.