Urbanización en la transición de Egipto

Sector inmobiliario fuerte, debilidad de los poderes locales, gran marginalidad y construcción informal, factores a tener en cuenta en las políticas urbanas.

Josep Maria Llop Torné

Hace unos meses Barcelona acogió el Seminario Internacional “Ciudades mediterráneas: civilización y desarrollo”. Este encuentro fue una buena oportunidad para debatir el proceso de urbanización en Egipto con dos reconocidos expertos en la materia: Dalila El Kerdany, arquitecta y profesora de la Universidad de El Cairo y de la American University of Cairo, y Samir M. Gharib, crítico de arte y director de la Fundación Pública ONHU (Organización Nacional para la Armonía Urbana). De la conversación con estos dos profesionales reconocidos, ella por sus trabajos sobre el patrimonio cultural e histórico y él por la intervención de su organización en la recuperación de valores urbanos y patrimoniales de muchas ciudades de Egipto, y de la experiencia acumulada por quién suscribe el artículo nace la presente reflexión, en torno al sistema de ciudades, la vivienda, la informalidad urbana y las políticas urbanas.

En un momento especialmente transcendental en Egipto, las reivindicaciones de las personas que han invadido las calles y ocupado las plazas –Tahrir como símbolo de todas ellas– están encaminadas principalmente a las demandas de libertad y justicia social. Pero parecen dejar en un segundo plano el derecho a la ciudad. Este elemento es relevante en la medida en que la población egipcia tiene una larga trayectoria de autoorganización de su vida, de sus barrios y de las relaciones sociales.

Independencia, emigración y urbanización tardía y parcial

El proceso de urbanización del Egipto moderno está vinculado a su historia: desde Mohamad Ali y la independencia de 1952 hasta la actualidad, presenta condiciones propias de un país en desarrollo. Basado en una economía de excedentes agrícolas, sobre todo de algodón y azúcar, además de la producción de hierro y acero (ambas actualmente en declive), la importancia de las remesas de los egipcios que trabajan fuera del país es un elemento básico a considerar. Estos factores han impulsado el cambio de una sociedad rural hacia una sociedad urbana, donde El Cairo es la gran metrópoli, pero con el crecimiento de un amplio grupo de ciudades intermedias, medias y pequeñas (unas 220 aproximadamente) cuya población total es equiparable a la de la metrópoli.

Tras los acuerdos de Camp David (1978) se produjo una estabilidad interna que, sin generar desarrollo, provocó una considerable emigración entre las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado. Es significativa la presencia de trabajadores egipcios tanto en los países del Golfo como en Irak, donde hay 3,5 millones. Parte de las remesas que genera esta emigración se destina al inmobiliario urbano: desde pequeños apartamentos en edificios residenciales en áreas centrales (Zamalek, por ejemplo), a la compra de grandes casas en las “nuevas ciudades satélites” de los alrededores de El Cairo (El Shuruk City, por ejemplo), o la inversión en casas familiares de ciudades y/o pueblos.

En este sentido, resulta muy interesante el estudio sobre la formación de las nuevas comunidades urbanas, de próxima publicación, de los profesores de la universidad de El Cairo, Nasmat Abdel Kader y Sayed Etouney, donde abordan en profundidad estas nuevas inversiones urbanas. Junto al inmobiliario, la economía del país ha generado un proceso de urbanización, con una especial concentración de actividades en El Cairo, desbordando las ciudades con amplias zonas de slums o barrios de pobreza que son mayoritarias en Egipto: asentamientos informales de autoconstrucción, que casi autogestionan todos sus servicios, y con casas de varias alturas construidas por sus moradores o por constructores populares, la mayoría faltas de condiciones básicas de habitabilidad.

Estamos frente a una urbanización tardía y parcial, incluso en el propio Cairo, donde el desborde urbano del espacio fluvial de la ciudad es moderno: no hay más que ver la cartografía entre 1800 y el año 2000 para entender este fenómeno.

Bases del modelo de desarrollo y de las políticas urbanas

Egipto es un país de fuertes contrastes cuyo modelo de desarrollo fue de base soviética, donde la presencia del ejército es una clave permanente, mientras el cuerpo de la administración civil del Estado, impregnado por problemas de corrupción, era débil. El papel del ejército es visible en la actualidad, no solo por su acción política sino también porque el ejército controla una amplia gama de actividades económicas, desde el sector agrícola a la energía, la industria y sociedades de servicios.

La realidad actual es la existencia de unas infraestructuras heredadas del antiguo modelo ruso, con un proceso de industrialización en curso y con altibajos producto de la situación política y una economía de país en desarrollo. Un país urbano con un gran número de villages y una gran masa de población rural en proceso de modernización, pero con un sinfín de interferencias de tipo cultural, que chocan con la presencia cada vez más relevante de las tecnologías de la información y de la comunicación. El modelo de urbanización egipcio presenta un gran abismo entre el sector inmobiliario basado en el ahorro mediante la compra o reforma de casas, y el proceso de suburbanización y otras formas de autogestión urbana.

Por todo ello, la agenda de las políticas urbanas está abierta. No debemos olvidar que estamos ante una población pobre, un país sometido a un modelo corrupto que favorece a unas élites privilegiadas, con una industrialización parcial y, que atraviesa por una crisis que afecta directamente a una de sus fuentes económicas básicas, el turismo, como consecuencia de la revolución y de su larga transición política. De la reflexión y discusión entre Dalila El Kerdany, Samir Gharib y el autor, salieron a relucir algunas propuestas y planteamientos de los factores que tendrán que tener presentes las nuevas políticas urbanas en el marco del proceso político abierto desde el 25 de enero de 2011.

Las políticas urbanas tendrán que basarse en la combinación de una serie de elementos básicos: sector inmobiliario fuerte, debilidad de los poderes locales frente a la estructura centralizada de los gobernadores, gran marginalidad y construcción informal, y problemas derivados de la ecología y el ahorro energético. Dado que estamos ante una población muy educada en la autogestión de la ciudad y de las nuevas formas de comunidad (reforzadas con el cambio político), la planificación pública tendrá que abandonar las prácticas centralizadas en favor de la aplicación de leyes de carácter local, así como de una autonomía y gestión compartida con la población.

Pero también destaca la necesidad de dar más protagonismo a todas las ciudades intermedias, esas 24 ciudades de más de 100.000 habitantes, así como a los centros regionales del país. Junto con un modelo de economía de desarrollo sostenible territorial, esas ciudades son básicas para una mejora en las condiciones de los servicios públicos de educación y sanidad. Asimismo, son necesarias para que el objetivo de inclusión de las áreas informales –que además de ser tratadas como zonas de mejora urbana o slums upgrading deben ser integradas en una política de city upgrading– pueda tener un efecto más inmediato. Finalmente, por tradición y evidencias claras, en todos los trabajos de escala urbana la dimensión del patrimonio histórico y cultural es otra de las claves de las políticas urbanas.

Sin duda, se va a reforzar el tejido productivo destinado al turismo. En todo este proceso de transición de un modelo antiguo a la nueva realidad política, la creatividad y la cultura de los profesionales egipcios es otro elemento clave que debe tenerse en cuenta y que hay que potenciar. Las universidades egipcias forman a un amplio número de personas con un buen nivel con capacidad para abordar las nuevas políticas de urbanización y desarrollo.