Una generación mercurial en Twitter

Ante la censura y el control de los cibercafés, la juventud árabe, confiada y ambiciosa, se ha lanzado a la calle para demostrar su descontento.

Ismail Alexandrani

Generación “inestable”, “esquiva”, “astuta”, “taimada”, “tramposa”… Son algunos ejemplos de los horribles, o al menos elocuentes, atributos con los que se difamaba y manchaba a los jóvenes árabes. La ausencia de oportunidades para el diálogo, los juicios constantes y la evaluación paterna les hicieron descuidar las defensas. ¿Realmente se lo merecían? Era habitual, tanto desde el punto de vista social como desde el de la seguridad, lanzar la famosa pregunta de ¿qué relación hay entre usted y esos chicos? Se planteaba a cualquier persona implicada en asuntos políticos o de Derechos Humanos con un historial o afiliación respetable.

Esos chicos desarmados se encaminaban en realidad hacia el día histórico en el que rodearon al aparato de seguridad del Estado y ganaron físicamente esa desigual batalla (Alejandría, 4 de marzo de 2011). “¡Concluye!”, “¡Sé breve!”, “¡Empieza por el final!”, “¿Y finalmente…?” son algunas de las frases y expresiones que les he oído decir a mis compañeros desde que era un estudiante de secundaria hace más de una década. A veces, este ritmo de vida era objeto de críticas y de un llamamiento a la nostalgia de la “época dorada”, cuando toda la familia escuchaba la radio esperando un concierto de dos horas con una única canción interpretada por Um Kulzum. También era una forma de justificar a personas tensas y deprimidas en muchos países árabes, donde dos trabajos a tiempo completo podían no garantizar una vida decente. En realidad, merecía la pena estudiarlo como indicio del tipo de acción que se avecinaba, pero “¿a quién le importaba?”.

Mejor ‘tuitear’ que te ‘tuiteen’

El referéndum posrevolucionario sobre las enmiendas constitucionales en Egipto ha garantizado que los medios de comunicación y las redes digitales puedan reflejar la realidad o un aspecto de ella, pero no que lo hagan con seguridad. Cuando la elitista campaña a favor del “no” se mostraba optimista por las encuestas en Internet, publiqué en mi blog mis expectativas como Resultado del referéndum desde la sala de control, una semana antes de la votación, donde calculaba que al menos un 70% de los votos sería para el “sí”–que finalmente conseguiría el 77% de las papeletas– y advertía sobre el método que la élite seguía para valorar y evaluar.

El principal escollo consiste en conceptualizar la función real que las redes sociales desempeñan en el mundo árabe. Si las reuniones cibernéticas son más seguras que las físicas, y si el trabajo en red complejo es habitual en la ciberesfera, ¿significa eso que las redes sociales están cambiando la cultura de actuar y poner en práctica? A partir de mi participación etnográfica y mis observaciones podría argumentar que Facebook ha estado politizado, y no cabe duda de que no era una herramienta de politización en los planes de Mark Zuckerberg cuando lo creó como red social ni cuando él y sus socios lo transformaron en una corporación empresarial. El mismo razonamiento es válido en relación con YouTube, Flickr, Twitter, etcétera. Si nos paramos a pensar que la tasa de analfabetismo en el mundo árabe es aproximadamente del 30% (y del 40% entre las mujeres adultas, según estimaciones del Arab Fund for Economic and Social Development), puede resultar más comprensible que la mayoría numérica de los árabes no esté familiarizada con Internet en sí, especialmente cuando tenemos en cuenta que los dominios y URL árabes todavía no se usan.

El argumento contrario afirma que no necesitábamos una mayoría para hacer estallar la revolución, aun cuando los ciudadanos alfabetizados y analfabetos la hicieron. Esto arroja luz sobre el concepto de la “masa crítica” que se requiere para el cambio. En este punto, podría preguntarme qué pasaría si YouTube hubiese sido una plataforma para compartir el ritmo de las canciones de Um Kulzum, o si Twitter fuese un foro para más de 140 caracteres. El éxito y la efectividad de las redes sociales se deben a su compatibilidad con la vida cotidiana de la gente que las usa o se relaciona a través de ellas.

Esa cultura de vida es un factor fundamental para entender por qué plataformas electrónicas igual de utilizables no consiguen tener la misma popularidad. La ciberesfera ya estaba preparada para la juventud globalizada y acostumbrada a Twitter antes de que se lanzase el propio Twitter. La juventud árabe forma parte de esta cultura del “¡Concluye!” en la era que hemos dejado de llamar “era de la velocidad”. Es habitual buscar dispositivos digitales minimizadores, reducir el tiempo de búsqueda y pensar en cómo podemos hacer que todo sea más rápido sin prescindir de cualquier otro beneficio. ¿Nos recuerda a todo lo relacionado con la comida rápida? En realidad, la razón para preferir la comida rápida puede que conduzca lógicamente a la retroalimentación electrónica, y también puede ser una buena perspectiva para comprender por qué han sido “revoluciones tuiteadas”. Es la diferencia entre un concierto de dos horas de una sola canción con una legión de miembros en el grupo, y un vídeo de rap de tres minutos con música digital, y probablemente monoproducido.

Tras participar en la tuiterización de la ciberesfera mundial, aunque sea mediante el uso y la interacción, los jóvenes árabes han retransmitido a través de Twitter los cambios históricos y han reducido el tiempo de procesamiento de años y meses a semanas y días.

Las propiedades del mercurio

Si todos los metales son sólidos y todos los líquidos son mates, el mercurio es el único metal líquido brillante. Solamente al mercurio le da igual el modo en que los metales sólidos le subestiman y la razón por la que otros líquidos están lo bastante deprimidos para no brillar, simplemente porque no son mercurio. ¡Así son los jóvenes árabes! Con una excepcional confianza en sí mismos y una ambición considerable, actúan con indiferencia ante lo que los padres dicen en casa, les enseñan en la universidad y aplican en el trabajo. Sería un error considerarla una generación conflictiva. ¿Qué clase de competición podría haber entre jinetes (en referencia a los que agrdieron a los manifestantes en la plaza Tahrir) y usuarios de Facebook?

Es muy importante reconocer que la ausencia de armonía entre las distintas generaciones árabes no equivale a una crisis, porque la paz no es la ausencia de conflicto. Puede que sea un estado de posconflicto, y a veces se trata de una paz negativa entre los jóvenes árabes y quienes inician su discurso diciendo “Oh, hijo mío” o “¡Mira, hija mía!”. Irónicamente, después de la revolución, los síntomas de la adolescencia aparecieron de repente en los padres. En muchos actos públicos, los adultos expresan sus sentimientos de persecución y marginalización, y lo sorprendente es que los jóvenes que están al mando no toman represalias. Para los jóvenes organizadores de los eventos, el poner coto y hacer frente a estos efectos secundarios revolucionarios actuales resultaba agotador, pero el verdadero desafío es convencer a las generaciones más mayores de que hemos sido tolerantes con ellas durante mucho tiempo y no se han dado cuenta.

Empezó cuando creíamos que, en general, no querían entendernos, o eran incapaces de hacerlo, y cuando dejamos de esperar su apoyo y continuamos con nuestra lucha, no solo desde el punto de vista político, sino también social y profesional. Dejamos de explicar nuestros diferentes planteamientos y pensamientos, perdimos nuestra antigua falta de capacidad de comprensión y también les justificamos, porque creíamos que hacían todo lo posible por garantizar un futuro mejor para nosotros, no por controlar nuestras vidas con prepotencia. Todos estábamos en la misma trinchera del combate contra los regímenes autoritarios que disfrutaban reduciendo sus ingresos y oportunidades y aplastando nuestros sueños y esperanzas.

Simplemente, seguimos adelante y ahorramos energía para no perderla en esos debates estériles. Por otra parte, los jóvenes árabes, el mercurio que no compite con otros líquidos u otros metales sólidos, no son serviles. Los regímenes dictatoriales eran lo bastante engreídos para hacer caso omiso de la toxicidad del mercurio y creer que podían tragárselo. El 25 de enero, en el inicio de la revolución egipcia, colideré una de las siete manifestaciones simultáneas que hubo en Alejandría, donde empezamos con decenas de activistas y semiactivistas. Optamos por marchar desde las zonas marginales y pobres, donde las fuerzas policiales no tenían que ser agresivas y trataron de detener nuestra manifestación negociando para que se quedase en una concentración.

En la calle Al Mahad al Dini, al este de Alejandría, la fuerza ligera policial no fue capaz de detenernos y cuando llegamos a la calle 45 éramos centenares y tuvieron que desplegar a las fuerzas de la Seguridad Central para bloquear el acceso a la iglesia (como medida de seguridad). De manera espontánea, los manifestantes evitamos el enfrentamiento y nos desviamos hacia una calle lateral estrecha, por la que avanzamos lentamente hasta Sidi Beshr (otro barrio) y nos convertimos en millares. Los activistas perdieron el control incluso antes de continuar hacia otros barrios a lo largo de los kilómetros de la ruta que va hasta el centro de la ciudad, donde la manifestación más pequeña llegó a ser de más de 10.000 personas.

Esto fue un ejemplo del modo en que se pasó de las grandes manifestaciones a un levantamiento, y luego a una revolución. Puede que ahora resulte curioso relacionar la metáfora de la ingestión de mercurio con el falso informe forense que afirma que Jaled Said –un joven que falleció en la calle cerca de su casa en Alejandría en junio de 2010 tras ser torturado por dos agentes de policía–murió porque ingirió drogas para escapar al castigo legal. De hecho, el régimen de Hosni Mubarak estuvo tratando de tragarse sus crímenes para ocultarlos, pero no sabía que la actual generación joven es mercurial, lo que significa que es venenosa.

Regímenes árabes y envenenamiento por fluidos

Qué puede hacer un trozo de madera contra un gigantesco bloque de hormigón? O, por así decirlo, ¿qué pueden hacer unas organizaciones políticas institucionalizadas y estructuradas contra los regímenes mejor construidos, más fuertes y más desmandados? Pero, ¿y si nos enfrentamos al hormigón con agua? ¿Y si deconstruimos las estructuras metálicas con soluciones líquidas? “Según las instrucciones del presidente” era una de las frases más tontas y torpes que solíamos oír en los medios de comunicación estatales de la región árabe. No imaginábamos que un día diríamos: “La revolución no podría tener éxito excepto siguiendo las instrucciones del presidente”. ¡Y es verdad! Muchos levantamientos y revoluciones árabes podrían haberse desinflado si los regímenes no hubieran sido tan arrogantes como para tomar la iniciativa y responder a las exigencias básicas.

Los “viernes de la ira” no se habrían transformado en levantamientos si no se hubiese matado a los mártires, y los levantamientos podrían haberse contenido si los cortesanos no fuesen lo bastante estúpidos para enviar caballería no uniformada, nómadas (hayana) y matones. Estas brillantes tácticas consiguieron garantizar, como mínimo, la continuidad de los levantamientos o revoluciones. Lo más importante es estudiar el orden que ocupan estas tácticas en el suicidio mercurial a largo plazo. “La presión genera explosión” no basta para describir la ebullición helada que se observó. El gobierno presumía de que se estaba apresurando a “hacer inteligente” (digitalizar) Egipto.

Es bien sabido que todos los acuerdos relacionados con las empresas multinacionales están salpicados de sospechas de corrupción, pero un aspecto positivo de esos procedimientos es el de contribuir a extender la cultura del uso de Internet entre sectores más amplios de la juventud, incluso en las zonas pobres donde los individuos o familias no tienen ordenadores y suelen usar los cibercafés. Con una mentalidad puramente securitaria, el ministerio del Interior trató de controlar el uso público de los cibercafés y de poner en práctica una primitiva censura. Sumado a otros factores, ello fomentó las redes de abonados digitales ilegales, con una amplia experiencia social en las transmisiones por cable vía satélite ilegales, lo que se traduce en más horas en Internet y una mayor participación femenina.

Vincular el uso de los ordenadores e Internet con el juego, el entretenimiento y la diversión era el error estratégico fatalista almacenado en el subconsciente del régimen paterno. El inolvidable comentario del faraón Mubarak sobre el Parlamento paralelo en la Asamblea del 19 de diciembre de 2010, cuando dijo: “Dejad que se entretengan a sí mismos”, era un claro indicio del grado de indiferencia que mostraban hacia la movilidad subyacente, así como hacia las interacciones de la superficie. Steven Heydemann en su libro ‘The persistence of Egyptian authoritarism and prospects for social activism’ describía a los regímenes árabes como “resistentes a los terremotos”, ya que gozaban de una capacidad única para contener todas las acciones de la oposición, pero en realidad estaban tratando de contener el mercurio venenoso.

El hecho de prohibir todas las esferas públicas alimentó todo tipo de actividades privadas; enfrentarse al teclado con las manos esposadas hizo que no quedase nada que hacer salvo anunciar el descontento. Finalmente, el bloqueo de todas las comunicaciones obligó a la gente a salir a la calle para ver lo que estaba pasando. Los regímenes de Mubarak y Zine el Abidine Ben Ali monopolizaron la eficiencia estructural y la organización jerárquica, lo que destruyó cualquier posibilidad de que hubiese unos cuerpos políticos estructurados sólidos. Era como un árbol enorme desmoronado, con todos los arbustos competidores convertidos en espinos y creciendo cada vez más rápida y fácilmente, para luego rodearlo, clavarle sus espinas y finalmente hacerlo caer.

Es la misma situación a la que se enfrenta un elefante que es atacado por un ejército de hormigas en vez de tener que luchar contra un par de pequeños burros. En relación con esto, podría ser apropiado el término acuñado por Asef Bayat, “invasión de la gente corriente”, en el contexto del estudio de los no movimientos sociales.

Revoluciones mercuriales y la transición académica

Esta excepcionalidad es inhabitable tanto en los metales conservadores como en las mentes líquidas, donde los enfoques modernos y posmodernos son incapaces de explicar lo que ha pasado exactamente en Túnez y Egipto, o incluso de analizar lo que está sucediendo en todo el mundo árabe. Estamos ante un cambio académico histórico en el que la academia occidental se encuentra en su peor situación, y en el que el modelo de proceso político y la sociología política clásica, o incluso posmoderna, expiran. ¿Eran válidos para la región árabe? ¿Cuántas mentirijillas importadas sobre el institucionalismo, la pérdida de la oportunidad política, la movilización de recursos, la organización estructural y demás hemos estudiado en un terreno diferente? ¿Hasta qué punto fue negativamente romántica, absurda, caótica e inútil la arabización del posmodernismo? ¿Cuáles serían nuestras aspiraciones y visiones si hubiésemos borrado de la memoria de la historia estos tres meses transcurridos?

El posliderazgo, la posorganización y la posideología son los términos y conceptos que impidieron que me publicaran un artículo en un prestigioso instituto académico en 2010. Aly el Raggal, un joven investigador que ha trabajado en el concepto de las formas y redes rizomáticas, en contraposición a las formas arbóreas o jerárquicas, también se enfrentó a gran cantidad de ignorancia de sus tesis por parte de los académicos egipcios que habían obtenido sus doctorados en prestigiosas universidades de todo el mundo de acuerdo con las teorías y metodologías sociales “científicas”.

Son simplemente dos ejemplos de lo que está sucediendo ahora, cuando esos conceptos van a ser llaves maestras para comprender, analizar y explicar muchos procedimientos reales. Las aspiraciones de muchos jóvenes árabes respecto al hecho de tener nuestras propias teorías y modelos se veían recompensadas con un enorme desprecio, y esto va a ser objeto de una revolución académica durante los próximos años. No solo las ilusiones académicas han quedado anticuadas, sino que también muchos mitos políticos, sociales y de seguridad han sido destruidos por las revoluciones árabes que los jóvenes han hecho estallar. Una de esas creencias supersticiosas se refiere a la desintegración nacionalista entre los árabes.

Los continuos levantamientos y revoluciones demuestran que el club de regímenes árabes, la Liga de Estados Árabes, no representan la correlación natural entre las naciones de la región. Antes o después, se espera que el régimen saudí se vea envenenado por los fugitivos asediadores mercuriales, y también se espera que toda la región inicie una nueva época de conquista democrática y posislamista del poder por parte del gobierno del pueblo. Sin duda, los mapas político y económico van a volver a dibujarse, pero la pregunta se centra en los mapas demográfico y lingüístico durante los próximos 10 años. No en el porqué, sino en el cómo.