Túnez, la antigua ‘Africa’ latina, inicia la reconquista de África

El gobierno tunecino trata de reafirmar su dimensión africana mediante la cooperación y poniendo su experiencia al servicio de proyectos de desarrollo humano.

Moncef Mahroug

Antaño poco sensible a los intereses y a los problemas de los operadores económicos tunecinos, especialmente en África, el aparato diplomático se pone hoy a su servicio. El ministro de Asuntos Exteriores, Kamel Morjane, en el cargo desde enero de 2010, actúa cada vez más como un representante comercial de las empresas tunecinas en su ofensiva al sur del Sáhara, junto con el apoyo del coordinador general de la promoción de intercambios con África, recientemente nombrado. ¿Estaría tratando Túnez, que da su antiguo nombre a todo el continente (Africa, en latín e Ifriqiya, en árabe), de reafirmar su dimensión africana? El gobierno tunecino envió una fuerte señal en ese sentido en agosto de 2010, cuando el presidente Zinedín ben Alí nombró a Sadok Fayala, uno de los hombres que mejor conocen África entre los responsables políticos y diplomáticos tunecinos, coordinador general de la promoción de los intercambios con África.

Adscrito al ministro de Asuntos Exteriores y, como es lógico, llamado a colaborar estrechamente con el secretario de Estado para Asuntos Árabes, Magrebíes y Africanos, Abdelhafidh Hergam, Fayala tiene por misión trabajar en pos del desarrollo de sus intercambios –especialmente económicos y comerciales– con los países de África subsahariana. Tanto por razones históricas como geográficas y económicas, hasta ahora Túnez ha mirado más al Norte que al Sur. Cuando logró la independencia, en 1956, estableció primero relaciones diplomáticas con su entorno –político y geográfico– más inmediato, es decir, con la antigua potencia colonial francesa, el resto de países del Magreb y algunos de Oriente Próximo (especialmente Egipto). Un año más tarde, Túnez, el miembro más pequeño de la Unión del Magreb Árabe (UMA), tendía puentes con los países del segundo círculo, concretamente con los del sur de Europa (especialmente España e Italia).

En 1958, les correspondió a otros miembros de la Liga Árabe más alejados del centro de interés de los dirigentes del Túnez nuevamente independiente formar lo que parece ser un tercer círculo. El cuarto, el de los países de África subsahariana, se estableció a partir de 1960, después de que numerosos países subsaharianos alcanzaran la independencia. En estos momentos, Túnez es, por así decirlo, plenamente africana. Ha participado en todos los foros, en todos los encuentros entre los países independientes de África y en todas las luchas con el fin de ayudar a ser independientes a los que no lo eran y a estabilizar a los que ya lo eran, o a ganar su batalla contra la pobreza y el subdesarrollo. Así, en 1960, Túnez envió a sus soldados al Congo, bajo los auspicios de la ONU, para restablecer el orden en la provincia del Kasai.

Asimismo, apoyó activamente y “en la medida de sus posibilidades”, como subrayaba en mayo de 1970, con ocasión de la celebración del Día de África, Habib Burguiba, hijo, por aquel entonces ministro de Asuntos Exteriores, a los pueblos africanos todavía oprimidos en sus luchas contra los regímenes racistas de Rodesia y de Suráfrica. Posteriormente, una vez finalizada la descolonización, las cuestiones del desarrollo económico y social cobraron más importancia y se situaron en lo más alto de la lista de prioridades de los Estados africanos. Para resolver estos problemas, Túnez se ha acercado a Europa y, en cerca de 40 años, ha firmado con ella una serie de acuerdos de cooperación, el último de ellos es el Acuerdo de Libre Cambio de 17 de julio de 1995. Gracias a estos acuerdos y a las políticas llevadas a cabo desde la independencia –especialmente en la educación a la que, desde Burguiba, el Estado dedica cerca del 40% de su presupuesto– el país se desarrolla y se labra una imagen de líder en África en varios ámbitos económicos, sociales y tecnológicos.

Esto hace que sea una especie de centro de competencias reclamado por los otros países africanos para una transferencia de conocimientos. En resumen, un modelo. “Túnez está sin duda en África, pero vive como los países noroccidentales. Existe, por tanto, un modelo tunecino”, escribía en febrero de 2010 un periódico digital de Burkina Faso. Este país es uno de los beneficiarios de la política de cooperación tunecina, especialmente en educación y formación profesional. También se benefician Níger (salud reproductiva, turismo y banca); Senegal (vivienda y acondicionamiento del territorio); Costa de Marfil (obras públicas, infraestructuras, saneamiento y drenaje de las aguas pluviales); Nigeria (lucha contra la desertificación); e incluso Suráfrica (protección de las clases vulnerables e integración social de las personas con necesidades específicas).

En la 15ª sesión ordinaria de la Cumbre de la Unión Africana, celebrada del 25 al 27 de julio en Kampala, capital de Uganda, bajo el título “La salud materna neonatal e infantil y el desarrollo en África”, Ben Alí reiteraba (en un discurso pronunciado en su nombre por el ministro Morjane), que Túnez está dispuesto “a continuar y a desarrollar su cooperación con el conjunto de los países africanos hermanos y a poner sus conocimientos al servicio de los proyectos africanos de desarrollo humano (…)”. La transmisión de conocimientos se realiza de dos formas: a través de la acogida de estudiantes y de funcionarios en Túnez, a menudo gracias a las becas del gobierno y del envío de expertos tunecinos a diversos países de África. A pesar de la modestia de sus medios por aquel entonces, Túnez empezó a acoger estudiantes africanos ya en los años sesenta. Hoy, hay cerca de 800 permanentes, de los que algunos acaban a veces por instalarse definitivamente en el país al casarse con tunecinas. Están representados desde 1994 por la Asociación de Estudiantes y Becarios Africanos en Túnez, subvencionada por el Ministerio de Enseñanza Superior, Investigación Científica y Tecnología.

El segundo canal de transferencia de los conocimientos tunecinos es la cooperación técnica, una política que gestiona desde hace cerca de 40 años la Agencia Tunecina de Cooperación Técnica y que el gobierno pretende desarrollar más para atajar el desempleo de los titulados universitarios, que está alcanzando proporciones alarmantes. Aunque más del 90% de los cerca de 10.000 cooperantes tunecinos estén desplegados en los países árabes del Golfo, los países africanos también reciben algunos, a veces para misiones puntuales: por ejemplo el equipo de la Agencia Nacional de Seguridad Informática (ANSI) que, en vísperas del Mundial de fútbol de 2010, ayudó durante 10 meses al Centro Sudafricano de Seguridad Informática, E-Comsec, a poner en funcionamiento un dispositivo de seguridad de las infraestructuras y de los sistemas informáticos que le permitió convertirse en el segundo centro africano –tras el TunCert de la ANSI en 2007– en lograr la etiqueta FIRST (siglas en inglés de Forum of Incident Response and Security Teams, o Foro de respuesta ante incidentes y equipos de seguridad). Además Suráfrica se beneficia de manera duradera de los servicios de 80 médicos tunecinos.

El servicio postal de Túnez, la Poste Tunisienne, con una verdadera política africana, es probablemente el organismo público más comprometido con África. Esta institución, cuya Escuela Virtual (a la que acuden más de 4.300 directivos y agentes de correos de 167 países, a través de la plataforma de formación de la Unión Postal Universal) en 2009 fue reconocido con el premio del World Award Summit al mejor desarrollo de contenido digital en materia de formación a distancia. Gracias a ella, los servicios de correos de numerosos países africanos (Costa de Marfil, Congo, Mauricio, Uganda, Liberia, Malí, Mauritania, Libia, Senegal, Argelia, Burundi, Burkina Faso, Gambia, Chad, Yibuti, Egipto, Níger y Togo) se benefician de sus conocimientos en materia de comercio electrónico postal y de filatelia.

El sector privado en primera línea

Como dijo el ministro Morjane en su visita a Burkina Faso en febrero de 2010, sólo un mes después de acceder al cargo, “la actual preocupación de Túnez es implicar al sector privado en la cooperación bilateral”. El compromiso del aparato diplomático en favor del sector privado es la gran novedad. En ese viaje a Burkina Faso, el jefe de la diplomacia tunecina iba acompañado por una delegación de empresarios. “Antes teníamos muchas dificultades para acceder a los responsables del ministerio de Asuntos Exteriores y para que nos escucharan. Hoy, no sólo es más fácil localizarlos sino que toman la iniciativa para preguntarnos por nuestras necesidades”, asegura un empresario.

Como las exportaciones son las que tiran principalmente de su economía, Túnez ve hoy en África subsahariana un campo propicio para dar salida a sus productos y a sus servicios y reducir así su dependencia frente a la Unión Europea, que absorbe más del 70% de sus exportaciones. Muchas empresas no han esperado a que el gobierno diera la señal para lanzarse a la conquista de los mercados africanos. Algunas empresas industriales (de materiales de construcción, productos alimentarios, etcétera) lo han hecho directamente, por sus propios medios. Otras han preferido actuar indirectamente al confiar la salida de sus productos a unas empresas de comercio internacional, de las que una de las más importantes, la Société de Commerce International de Tunisie (SCIT), obtiene la mayor parte de su volumen de negocio en África y, en concreto en los países de la Unión Económica y Monetaria de África Occidental.

Asimismo, en el sector de los servicios, hace ya tiempo que algunas empresas se han labrado un nombre en tierras africanas. Las más conocidas son los gabinetes de proyectos y de ingeniería (entre los que se encuentran los líderes SCET, STUDI y Comete Engineering) y las empresas de construcción y obras públicas (el grupo Buzguenda, Sorubat, etcétera) que han concebido, supervisado o realizado cientos de proyectos, financiados principalmente por proveedores de fondos internacionales (Banco Africano de Desarrollo-BAD, Banco Mundial y KFW etcétera). Desde hace varios años, los operadores de al menos otros dos sectores han empezado a abrirse camino en el África subsahariana: las empresas de servicios y de ingeniería informática –con el apoyo de la Poste Tunisienne en su conquista africana– y las clínicas privadas.

Entre las empresas de servicios de ingeniería informática que realizan actividades al sur del Sáhara, Medsoft cuenta con clientes como el Banco Central de Ruanda, Benin Telecom y el Puerto de Duala. Para acompañar a esta maniobra de expansión de las empresas tunecinas, la patronal UTICA y las cámaras de comercio organizan cada año numerosas misiones de prospección en los distintos países africanos. También se organizan eventos económicos africanos en Túnez, como el Encuentro de Cooperación Túnez-África en el sector Servicios y Technopost Africa. Asimismo, Túnez desearía desarrollar sus relaciones económicas con el África anglófona.

A tal efecto, ha solicitado el apoyo de Sudáfrica con vistas a su adhesión al Mercado Común de África Oriental y Austral (COMESA) y trabaja en la firma de un acuerdo comercial preferencial con la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC). Para favorecer estos proyectos de expansión económica, Túnez trata de consolidar su influencia en esta parte del mundo usando el arma de la ayuda humanitaria. En efecto, el país más pequeño de la UMA no duda jamás en acudir en auxilio de los países africanos que sufren catástrofes naturales, como hizo en agosto de 2010 con Níger, asolado por la sequía, a quien suministró 15 toneladas de productos alimentarios básicos.