Las agendas económicas de los partidos islamistas en el norte de África

El marco conceptual de los partidos islamistas parte de consideraciones morales y éticas en las que la economía forma parte de un orden islámico mayor.

Javier Albarracín, Paula Cusí

Ha pasado ya un año y medio desde el inicio de la Primavera Árabe y unos meses de las victorias islamistas en las elecciones en Túnez, Marruecos y Egipto, en un contexto en que la confianza interior y exterior en la economía ha caído en picado. La región está atravesando un momento coyuntural difícil, caracterizado por la recesión económica neta en 2011 y 2012 provocada globalmente por un freno de la actividad productiva, de las exportaciones y de las inversiones extranjeras, y un descenso del turismo y de las reservas de divisas. Las políticas económicas y reformas que lleven a cabo los nuevos gobiernos serán esenciales para evitar el estancamiento económico y no frustrar a la población de las jóvenes democracias árabes.

Es decir, tendrán que ofrecer soluciones tangibles a las tensiones que llevaron a la gente a salir a la calle: falta de puestos de trabajo, polarización de la distribución de la riqueza, corrupción y un crecimiento económico poco inclusivo. Los partidos islamistas vencedores en las elecciones son conscientes de que es en el terreno económico donde tendrán que buscar su legitimación, por lo que han desplegado campañas con un programa económico ambicioso. Lo que muchos se preguntan ahora es si están preparados para llevar a cabo estas reformas, si tienen una estrategia clara y si conseguirán cumplir sus promesas en un periodo aceptable para sus poblaciones.

Los días 3 y 4 de julio tuvo lugar en Barcelona una conferencia internacional sobre las agendas económicas islámicas (www.iemed.org/economicagendas2012), organizada por el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), donde se invitaron a representantes de partidos políticos islamistas, banqueros, asociaciones profesionales del entorno islámico de Egipto, Túnez y Marruecos, así como de Turquía, para presentar sus prioridades económicas. Este artículo se basa en los materiales de trabajo, intercambios y debates que tuvieron lugar en esta conferencia.

¿Tienen una agenda económica definida y diferenciada los partidos islamistas?

Los discursos de los partidos islamistas (el movimiento Ennahda en Túnez, el Partido Justicia y Desarrollo de Marruecos y el partido Libertad y Justicia de los Hermanos Musulmanes en Egipto) han tenido que evolucionar rápidamente para responder a las crecientes demandas sociales y, con las campañas electorales, las cuestiones económicas han pasado a ser prioritarias. Aunque las propuestas pueden diferir en algunos aspectos, tienen todos un marco conceptual y filosófico común, que parte de consideraciones morales y éticas en las que la economía forma parte de un orden islámico mayor.

El islam es visto como base para construir una economía redistributiva más justa. Se reivindican como islamistas moderados, conservadores en lo moral y liberales en materia económica. De hecho, las propuestas de estos partidos son una mezcla entre liberalismo y visión caritativa de la sociedad, y están en un punto medio entre la defensa de los derechos individuales y el interés público. Por ejemplo, defienden la propiedad privada pero creen que el Estado debe ayudar a conseguir ese derecho en nombre de la justicia social. Argumentan que el crecimiento no es garantía de desarrollo de un país, ya que como demuestra la experiencia, no siempre es equitativo, por lo que reivindican un Estado regulador que vele por un desarrollo equilibrado y participativo, que permita crear trabajo, incluya a todos los sectores y regiones y aporte valor añadido. Promover la buena gobernanza y erradicar la corrupción financiera, judicial y administrativa es su principal objetivo. En Egipto, se ha constituido una comisión llamada “transparencia e integridad”, mientras que en Túnez se ha creado un ministerio para la Reforma Administrativa y la lucha contra la corrupción.

Por otro lado, entre las prioridades de estos partidos está crear oportunidades de trabajo, en especial puestos cualificados para los licenciados, y apoyar al sector privado a través de la facilitación de crédito y la modernización de las empresas. El objetivo es invertir la situación anterior en que los bancos prestaban dinero básicamente al sector público y a las grandes empresas. El PJD marroquí es quizás el partido islamista de la región con una visión más liberal. En su apoyo a la empresa y al sector privado, propone convertir a grandes empresas privadas de varios sectores en motores de crecimiento nacional. Ennahda hace más hincapié en el respaldo a la expansión de un sector intermedio que llaman “solidario y social”, que incluiría las cooperativas, fundaciones, asociaciones, organizaciones caritativas islámicas, etc. Este sector, opinan, puede contribuir a la creación de empleo, a aliviar el déficit presupuestario (ya que ofrecería servicios sociales complementando al Estado) y a la reducción de la pobreza.

Otra propuesta común a estos tres partidos es la regularización progresiva de la economía informal. Asimismo, insisten en reformar el sistema fiscal estableciendo un sistema tributario progresivo eficiente que, además, incentive la actividad económica y minimice la evasión fiscal. En cambio, parece poco probable que eliminen la política de subsidios a los alimentos básicos y productos energéticos, puesto que los elevados costes sociales de dicha medida podrían generar nuevas revueltas, sobre todo en un país como Egipto, donde el 43,7% de la población vive con menos de 2,75 dólares al día (PNUD, 2009). Sin embargo, son conscientes de la necesidad de reformarlo, ya que representa un enorme gasto público (un cuarto del presupuesto público egipcio aproximadamente) y es desigual porque favorece a todos indiscriminadamente (estiman que si se utilizara la renta como criterio, el 60% de los egipcios que se benefician de estos subsidios no serían elegibles).

Por lo que respecta al sector turístico, los islamistas adoptan una posición muy pragmática y no plantean restricciones vinculadas a aspectos morales, conscientes del impacto que podrían suponer en un sector con gran peso económico. Para financiar las reformas del sector público e inyectar crédito en el sector privado, estos partidos esperan contar con financiación proveniente del extranjero no generadora de deuda, básicamente inversiones extranjeras directas y productos financieros islámicos. Otras fuentes de financiación podrían ser la institucionalización de algunos preceptos económicos islámicos como el zakat (limosna ritual semanal) o el waqf (donación a perpetuidad a alguna obra de caridad o de utilidad pública) son considerados un potencial paliativo al déficit público a través de la financiación parcial de proyectos sociales.

Globalmente, los partidos islamistas parecen ir en la línea del pensamiento liberal internacional dominante, no proponen un cambio radical del modelo económico y son sumamente pragmáticos. Eso sí, aseguran que serán más eficaces que los anteriores regímenes por su lucha contra la corrupción y su apoyo a la justicia social.

Estarán estos programas a la altura de las expectativas?

En Túnez y Marruecos, los gobiernos islamistas ya han tenido que rebajar las expectativas de su política económica y sus promesas sociales por la desaceleración del crecimiento económico este año. El programa original de Ennahda era muy optimista, preveía para 2012-2016 un crecimiento medio del PIB del 7% y la creación de 590.000 nuevos empleos (lo que debería permitir bajar la tasa de desempleo al 8,5% en 2016). Pero han tenido que adaptar el presupuesto para 2012 sobre una estimación del crecimiento del 3,5%. El ejecutivo encuentra, además, dificultades políticas relacionadas con asuntos económicos: el gobernador del Banco Central, Mustafa Nabli, fue destituido en julio por sus discrepancias sobre la política monetaria a implementar. .

El mismo mes, el ministro de economia, Hussin Dimassi (independiente), dimitió por su desacuerdo con la estrategia gubernamental, siguiendo los pasos de Mohamed Abbou, ministro encargado de la reforma administrativa, que renunció en junio por la falta de recursos a su disposición. Esta incertidumbre política puede tener consecuencias sobre la confianza de los mercados internacionales en la estabilidad económica y política del país a largo plazo. De forma similar, el PJD marroquí ya ha tenido que tomar las primeras decisiones económicas impopulares a principios de junio de 2012, aumentando un 20% el precio de la gasolina y un 16% el del gasóleo para disminuir la presión presupuestaria de la Caja de Compensación, que subvenciona materias primas y alimentos básicos (en mayo la Caja había gastado ya el 80% de su presupuesto anual, de casi 3.000 millones de euros).

El PJD también tiene que lidiar con una amplia coalición desde noviembre de 2011 en la que el ministro de Economía y Finanzas, Nizar Baraka, no pertenece al partido. Claramente, el nuevo ejecutivo no busca la ruptura con el gobierno anterior y dispone de poco margen de maniobra frente a la supervisión del entorno monárquico. Otra contradicción del PJD es que su apoyo a las grandes empresas puede entrar en clara oposición con las demandas sociales de su electorado. Además, muchas de sus políticas como la de creación de empleo para jóvenes en paro y la de apoyo a las pymes, no disponen de un plan detallado y riguroso. El margen político de los Hermanos Musulmanes en Egipto tampoco es grande. No parece que quieran cuestionar los privilegios económicos del ejército, en un contexto donde los desafíos económicos son colosales. A corto plazo, la economía necesita una inyección de capital para evitar una devaluación de la libra, que ha perdido más de la mitad de sus reservas extranjeras.

El crecimiento se ha reducido del 5,2% en 2010 al 1,8% en 2011, el desempleo oficial ha aumentado al 12% y las entradas de turistas han bajado de 14 a nueve millones. En los tres casos no queda claro cómo van a aumentar el gasto público y reducir la pobreza sin disparar el déficit y la deuda pública en una situación económica tan frágil. Parece, pues, que estos partidos no tienen una visión económica de futuro realista e integral. Además, uno de sus problemas es que sus bases están entre las clases populares y los profesionales liberales, y el sector privado floreciente en estos países está estrechamente vinculado con los antiguos regímenes y es, en general, contrario al poder islamista y a las reformas económicas que pueda impulsar.

Empiezan a emerger nuevos actores empresariales afines al entorno islámico, como la Egyptian Business Development Association, pero pasará un tiempo hasta que se implanten en los círculos económicos dominantes. En resumen, surgen dudas en cuanto a los instrumentos concretos que se desarrollarán para conseguir los resultados esperados (Qué), de dónde obtendrán la financiación para llevar a cabo estos programas sociales (Cómo) y si podrán hacerlo en poco tiempo y en situaciones de fragilidad política (Cuándo). El proceso democrático sigue su curso, por lo que estos cambios deberán hacerse rápido, en un contexto de inestabilidad política interna y de crisis económica mundial, especialmente europea, que agrava la situación.

¿Cuál es la posición de estos partidos en relación con la banca y finanzas islámicas?

Tradicionalmente poco presente en el norte de África, la banca islámica empieza a florecer y a recibir el apoyo de los nuevos gobiernos islamistas en el plano fiscal y legislativo. Por ejemplo, en Túnez se ha disminuido la presión fiscal sobre los productos islámicos en 2012. En Marruecos, el PJD ha prometido cambiar a finales de este año el IVA de los activos financieros islámicos que es del 20% frente al 10% para los tradicionales. Y en febrero de 2012, la autoridad egipcia de supervisión financiera modificó la ley sobre el mercado de capitales para facilitar la emisión de las obligaciones islámicas, los sukuk.

Estos partidos argumentan que el sistema financiero islámico está basado en inversiones socialmente responsables que propician y fomentan la economía real, y limitan la economía especulativa vinculada a la crisis financiera global. Además, arguyen que la introducción de productos bancarios islámicos mejora la competitividad bancaria a nivel nacional. También permite mejorar el bajo acceso a la banca y a productos financieros ofreciendo productos alternativos a los particulares y a las pymes. Pero, sobre todo, según ellos, puede significar una movilización importante de recursos financieros externos (de los países del Golfo) y convertirse en un motor para el crecimiento. Sin embargo, este sector emergente presenta todavía numerosos problemas y límites a su expansión.

Los expertos coinciden en subrayar la falta de un marco reglamentario nacional riguroso sobre las finanzas islámicas, así como de organismos nacionales de control y arbitraje. En el plano internacional, hay una gran heterogeneidad de visiones sobre la práctica y supervisión de las finanzas islámicas. No existe un mercado interbancario ni indicadores de referencia que permitan comparar entre países. Al mismo tiempo, la mayoría de bancos islámicos están por debajo de la “escala óptima” en tamaño, lo que limita su expansión. Falta, pues, más cooperación internacional y más complementariedad entre países, difícil cuando a nivel nacional el sector todavía no está suficientemente consolidado. También hay un déficit de profesionales y expertos formados sobre estos temas y un gran desconocimiento sobre la complicada arquitectura financiera islámica.

¿Sigue siendo Europa un socio económico prioritario para los nuevos gobiernos?

Los partidos islamistas son conscientes de la necesidad de mantener y reforzar los lazos económicos con la Unión Europea debido al enorme peso comercial, inversor y de remesas que representa para todos los países de la zona. No obstante, en un momento de profunda crisis económica y financiera europea, se plantean abiertamente la necesidad de diversificar activamente sus relaciones económicas internacionales. En esta línea, Ennahda habla directamente de reducir la dependencia de una Europa en crisis, aún defendiendo la negociación de un Estatuto Avanzado con la UE. En el caso de Túnez se pone énfasis en el gran potencial que representa la intensificación de las relaciones comerciales en la Unión del Magreb Árabe (UMA), muy especialmente con Libia.

Similar discurso defiende el PJD de Marruecos. Todos ellos mencionan a Brasil, Turquía o los países del Golfo como alternativas comerciales e inversoras, en algún caso incluso como modelos de desarrollo inspirador. El activismo de Turquía es visible en la zona con frecuentes visitas de alto nivel económicas y políticas. Ejemplo de ello es la firma en julio de un acuerdo financiero con el gobierno tunecino por más de 400 millones de euros (20% del cual es una donación). Los Hermanos Musulmanes hacen frecuentes comparaciones con Turquía, país parecido en población y situación geográfica y que, sin embargo, tiene un PIB cuatro veces superior gracias al impulso económico de los últimos años, liderado por el gobierno islamista del AKP. No sería de extrañar, pues, que en un futuro próximo, estos países intenten establecer lazos económicos más intensos con economías que hasta la fecha han desempeñado un papel secundario.