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Gran angular

La rivalidad entre Marruecos y Argelia y su relación con la UE

Miguel Hernando de Larramendi y Laurence Thieux
Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Castilla-La Mancha; profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid.

El carácter marcadamente vertical de las relaciones UE-Magreb no se explica solo por la rivalidad Argelia-Marruecos, sino también por la herencia de las estructuras de gobernanza coloniales francesas y la inercia bilateral de las políticas euromediterráneas. La rivalidad entre Argelia y Marruecos, que solo ha sido compensada con breves periodos de détente, ha actuado como elemento de bloqueo en un proceso de integración magrebí que la Unión Europea (UE) percibe como un factor de estabilidad regional. El apoyo a proyectos regionales de cooperación quedó recogido en la Estrategia Global Europea de 2016. Sin embargo, la limitada cooperación entre ambos países ha dificultado que se aprovechasen sus recursos y fortalezas colectivas para impulsar el desarrollo regional y un marco negociador común en sus relaciones con la UE.

Aprovechando las crisis en las relaciones bilaterales con Francia y España, Italia ha ido reforzando su partenariado estratégico con Argelia. En la foto, la presidenta del Consejo, Giorgia Meloni, recibe al presidente de la República Argelina, Abdelmayid Tebún
23 de julio de 2025./Massimo di Vita/Mondadori portfolio

La pervivencia e intensificación de la rivalidad también ha tenido un coste político para la UE y sus Estados miembros, obligados a navegar en una dinámica de suma cero por la que cada avance en la cooperación con uno de ellos, es percibido por el otro como un gesto hostil.

La UE y la integración magrebí

La creación en 1989 de la Unión del Magreb Árabe (UMA), en un contexto de deshielo bilateral entre Argelia y Marruecos, fue una respuesta a los desafíos que la globalización planteaba para regiones con economías poco integradas. Con esta alianza, los países magrebíes buscaban presentar un frente negociador común ante Bruselas que ayudara a superar la verticalidad y bilateralidad de sus relaciones con la CE/CEE (Consejos Presidenciales de Ras Lanuf y Casablanca 1991). La parálisis de la UMA, pero también el débil respaldo europeo a un proceso de integración bloqueado a partir de 1994 por la reactivación de la rivalidad entre Argelia y Marruecos, han contribuido a perpetuar un esquema de relaciones verticales que no ha alterado la dependencia comercial de los países magrebíes respecto a la UE. Tanto Marruecos como Argelia siguen realizando el grueso de su comercio exterior con la UE. En 2023, el 63% del comercio exterior de Marruecos tuvo como destino la UE. En el caso de Argelia, el porcentaje de su comercio exterior vinculado a la UE ese año fue del 50%. En contraste con estas cifras, el comercio entre Argelia y Marruecos es insignificante y representaba en 2023 menos del 1% del volumen comercial total de cada país, con una tendencia descendente, acentuada por la ruptura de relaciones diplomáticas en 2021. Históricamente el comercio bilateral entre ambos países ha estado centrado en los hidrocarburos, con Marruecos importando recursos energéticos y exportando fertilizantes, metales y textiles.

La tensión entre Argelia y Marruecos plantea a la UE y a sus Estados miembros el reto de gestionar de manera equilibrada unas relaciones marcadas por una lógica de suma cero

El Magreb como región no ha ocupado un lugar singular en las sucesivas políticas y marcos de cooperación hacia el Mediterráneo diseñados por la UE. El modelo de libre comercio asimétrico en el que las cuestiones de seguridad fueron ganando peso no ha estado acompañado de acciones eficaces destinadas a reforzar la integración Sur-Sur en el Norte de África; aunque a nivel discursivo se ponga el énfasis en las ventajas que la creación de un bloque económico y comercial podría tener para favorecer el crecimiento, la competitividad y la atracción de inversiones productivas generadoras de empleo.

El ámbito en el que la UE ha respaldado de forma más activa la cooperación entre Argelia y Marruecos fue en el de la energía, a través de proyectos destinados a avanzar en la creación de mercados conectados con el norte del Mediterráneo. El proyecto más emblemático fue el Gasoducto Magreb-Europa (GME) cuyo trazado, a diferencia de los que transportaban gas a Italia, conectaba los yacimientos argelinos de gas natural con la red ibérica de gasoductos, atravesando 540 kilómetros de territorio marroquí. Lanzado a principios de los años noventa, el gasoducto, construido con financiación europea, entró en funcionamiento en 1996 durante la llamada década negra y dos años después de que Argelia decidiera, tras la acusación marroquí de complicidad con los atentados terroristas de Marrakech de 1994, cerrar unilateralmente la frontera terrestre con Marruecos, cierre que todavía continúa en 2025. La lógica funcionalista que inspiró aquel trazado era la de que, al igual que había ocurrido entre Alemania y Francia con la creación de la Comunidad del Carbón y el Acero (CECA), el tránsito de gas argelino por territorio marroquí podría contribuir a crear unos intereses compartidos entre Argelia y Marruecos, que actuaran como amortiguador de las recurrentes tensiones bilaterales, reforzando la interdependencia entre los dos países. El gasoducto proporcionaba a Marruecos generosos royalties de tránsito y a Argelia una ruta más corta y técnicamente menos compleja para exportar gas a la península ibérica. El clima de desconfianza mutua impidió, sin embargo, avanzar en la integración gasística entre ambos países. Rabat se conformó con el cobro de un peaje del 7% del valor del gas exportado a través de su territorio, sin aprovechar al máximo las oportunidades que ofrecía el acceso a un gas a precio por debajo de mercado para paliar los problemas derivados de su escasez de recursos energéticos. Tan solo seis años después, el lanzamiento de un nuevo gasoducto (Medgaz), que desde su entrada en funcionamiento en 2011 conecta directamente Argelia con España, reflejó en la práctica el retorno a un modelo de relaciones energéticas verticales en un contexto regional marcado por la firma del Acuerdo de Asociación entre la UE y Argelia y de tensiones entre España y Marruecos que alcanzaron su punto álgido con la crisis del islote del Perejil en julio de 2002.

La interconexión eléctrica entre Argelia y Marruecos ha sido otro espacio de cooperación regional. El desarrollo de esta infraestructura y su enlace con la interconexión eléctrica entre España y Marruecos permitió la sincronización de las redes eléctricas de Marruecos, Túnez y Argelia con las de la UE. Si bien dicha sincronización técnica se mantiene, los intercambios reales de electricidad entre Argelia y Marruecos han sido escasos. El deterioro de las relaciones bilaterales, sumado a la ausencia de un mercado eléctrico plenamente integrado en la región, han limitado el comercio transfronterizo de electricidad entre ambos países. No obstante, estas restricciones no han afectado los intercambios eléctricos entre Marruecos y España. Cabe destacar que, en abril de 2025, Marruecos desempeñó un papel crucial en la recuperación del suministro eléctrico tras el apagón que dejó sin energía a la península ibérica.

El impacto de la ruptura de relaciones entre Argelia y Marruecos

El aumento de las tensiones bilaterales entre Argelia y Marruecos, impulsado por el respaldo de la administración Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y la incorporación de Marruecos a los Acuerdos de Abraham en diciembre de 2020, acabó desembocando en la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países en agosto de 2021.

Una muestra de la escalada bilateral fue la decisión de la empresa pública argelina Sonatrach de no renovar en octubre de ese año el acuerdo a tres bandas que permitía la llegada a la península ibérica del gas argelino atravesando territorio marroquí a través del GME. El cierre de esta infraestructura limitaba la capacidad de Argelia de exportar gas natural por tubo a Europa en un momento en el que la UE buscaba alternativas al gas ruso tras la invasión de Ucrania. La decisión argelina de rescindir el contrato que durante 25 años había permitido el tránsito de gas argelino por Marruecos cortaba el suministro a las centrales de ciclo combinado marroquíes que generaban alrededor del 12% de la electricidad consumida en el país. Ello empujó a Rabat a solicitar el funcionamiento del gasoducto en sentido inverso para permitirle recibir gas natural desde España. Tras el giro del gobierno español en marzo de 2022 considerando la autonomía como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto del Sáhara Occidental, Argelia advirtió con represalias en caso de que la infraestructura gasista fuera utilizada en sentido inverso para transferir siquiera “una molécula de gas argelino a Marruecos”.

Desde entonces, ambos países compiten intentando presentarse como socios fiables y privilegiados para garantizar la seguridad energética de la UE y apoyar su transición energética. En este contexto hay que situar el anuncio argelino de reactivar en 2022 el proyecto de construcción del gasoducto transahariano que conectaría los yacimientos de Nigeria con Argelia a través de Níger aumentando su capacidad de suministro a los mercados europeos.

Marruecos, por su parte, impulsa en paralelo un proyecto alternativo de gasoducto trasatlántico para conectar los yacimientos de Nigeria con Marruecos atravesando 11 Estados ribereños del océano Atlántico en África Occidental. Esta misma lógica vertical se observa en los proyectos de producción de hidrógeno verde impulsados por ambos países con vistas a responder al aumento del consumo doméstico y al reforzamiento futuro de sus exportaciones a Europa en el marco de su política de descarbonización. Argelia e Italia anunciaron en 2023 el lanzamiento del proyecto SouthH2Corridor destinado a suministrar hidrógeno verde a Italia, Austria y Alemania a través de Túnez. Marruecos y Argelia también compiten en el ámbito de la seguridad, buscando desempeñar un papel central en la estabilidad regional ante el deterioro de la situación en el Sahel, un asunto que preocupa a la UE. Ambos países han intentado establecer mecanismos de cooperación y seguridad propios en la región, excluyendo al otro, lo que reduce la eficacia de las estrategias desarrolladas.

El respaldo de la administración Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y la incorporación de Marruecos a los Acuerdos de Abraham, provocaron la ruptura de relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos en 2021

Las relaciones de Argelia con los países del Sahel han estado marcadas por varios reveses. Aunque en 2015, Argelia tuvo un papel diplomático clave al impulsar y mediar en el Acuerdo de Paz de Argel en Malí, Bamako terminó abandonando el acuerdo tras los golpes de Estado de 2021 y 2022 y la creación de la Alianza de Estados del Sahel y acusó a Argel de injerencia. En enero de 2025 la junta militar de Malí acusó a Argelia de fomentar la inseguridad en el Sahel al apoyar a los rebeldes tuaregs. Las tensiones aumentaron posteriormente, tras la acusación de Malí de que Argelia había abatido un dron en su territorio en abril de 2025.

En Níger, las propuestas de mediación de Argelia tras el golpe de Estado de 2023 fueron rechazadas por la junta militar, evidenciando las limitaciones de su influencia en la región. Por su parte, Marruecos trata de arrimar los países de la zona para confirmar su control sobre el Sáhara Occidental a través de una estrategia multidimensional, movilizando iniciativas económicas y de soft power que, junto con la Iniciativa Atlántica para dar acceso marítimo a países sahelianos sin litoral, buscan consolidar a Marruecos como un actor clave en el comercio y la logística continental.

La interferencia del conflicto del Sáhara Occidental

El aumento de la tensión entre Argelia y Marruecos ha planteado a la Unión Europea y a sus Estados miembros el desafío de gestionar de manera equilibrada unas relaciones marcadas por una lógica de suma cero en la que se entrecruzan intereses de seguridad y energéticos. La preferencia por preservar las relaciones con Marruecos, percibido como socio estratégico en las políticas de externalización de la migración, fue reequilibrada parcialmente tras la invasión rusa de Ucrania y la revalorización del papel de Argelia como socio energético alternativo a Rusia. Los intentos de la Comisión Europea por buscar una fórmula que permitiera esquivar las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de octubre de 2024, anulando los acuerdos comercial y pesquero entre la UE y Marruecos por haberse alcanzados sin el consentimiento del pueblo saharaui, ha sido una fuente de fricciones con Argelia. En la declaración conjunta de la presidenta de la Comisión Europea y del Alto Representante para la política exterior y de seguridad el día en que se hizo pública la sentencia, se subraya la voluntad de preservar las relaciones con Marruecos. La perpetuación de este marco de relaciones, que de forma indirecta contribuye a consolidar el statu quo sobre el territorio por parte de Marruecos, dio lugar a que el ministerio argelino de Asuntos Exteriores convocara a varios embajadores europeos para solicitar explicaciones.

La ofensiva de Rabat para hacer mella en el consenso internacional, forzando crisis diplomáticas con Alemania, España y Francia para obtener su apoyo a su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí en el Sáhara Occidental ha proyectado la rivalidad argelino-marroquí en las relaciones con la Unión Europea. El respaldo del gobierno español a la solución autonómica fue respondido por Argelia en junio de 2022 con la suspensión del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación y con la congelación de las exportaciones e importaciones no energéticas con España. En 2024, el giro en la posición de Francia, considerando el plan de autonomía marroquí como “única base” para solucionar el conflicto intensificó la crisis bilateral con Argelia, provocó la retirada de su embajador en París y la imposición de restricciones al comercio e inversiones bilaterales.

La degradación de las relaciones franco-argelinas, histórica y estructuralmente complicadas, se ha agudizado por la instrumentalización en el juego político interno de las cuestiones migratorias, que también está presente en las relaciones argelino-marroquíes. La detención en Argel del escritor Boualem Sansal en noviembre de 2024 (indultado en noviembre de 2025), tras la publicación en un medio de extrema derecha, Frontières, de un texto que cuestionaba las fronteras entre Marruecos y Argelia –un asunto particularmente sensible entre ambos países– y las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, criticando su detención, así como la expulsión de diplomáticos, la detención en Francia de un agente consular argelino y el caso de varios influencers, entre ellos Amir DZ, han agudizado las tensiones entre los dos países, con repercusiones negativas sobre sus relaciones económicas. Argelia dejó de comprar trigo francés y suspendió varios proyectos económicos con empresas francesas, en particular el proyecto de la fábrica de Renault en Orán. Mientras tanto, la reconciliación con Marruecos ha permitido fortalecer la cooperación económica con la firma de 22 acuerdos por un valor de 10.000 millones de euros, y el anuncio de inversiones de 150 millones de euros en el Sáhara Occidental (Dakhla).

Marruecos y Argelia compiten en el ámbito de la energía y de la seguridad, en un intento de presentarse ante la UE como socios fiables y privilegiados y buscando desempeñar un papel central en la estabilidad regional ante el deterioro de la situación en el Sahel

Aprovechando las crisis en las relaciones bilaterales con Francia y España, Italia ha ido reforzando su partenariado estratégico con Argelia, en el contexto también de la guerra en Ucrania que obligó a Roma a buscar una alternativa al gas ruso. Este partenariado se ha ampliado a otros sectores y Argelia es una pieza clave de las ambiciones de Italia en el continente africano, plasmadas en el Plan Mattei para África. En este marco, se han firmado proyectos en el sector agrícola, infraestructuras, transición energética y educación. El partenariado italo-argelino tiene, además de la vertiente económica, una dimensión estratégica de contrapeso al eje París-Madrid-Rabat sobre la cuestión del Sáhara Occidental. Italia sigue dando su apoyo al derecho inalienable a la autodeterminación del pueblo saharaui, y así lo reiteró en un comunicado conjunto con Argelia tras una cumbre bilateral en julio de 2025.

A las divergencias existentes entre los Estados miembros respecto a la cuestión saharaui, se añaden las contradicciones surgidas entre las propias instituciones de la UE –en particular, entre la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Tribunal de Justicia de la UE–, lo que pone de manifiesto la escasa atención prestada a un asunto clave para el impulso del proceso de integración regional en el Norte de África.

Además, en el marco de sus densas relaciones económicas con ambos países, la UE mantiene vínculos claramente asimétricos, mostrando una predisposición más favorable hacia Marruecos, tradicionalmente considerado el “buen alumno” del partenariado euromediterráneo, a pesar de su creciente asertividad y del recurso a instrumentos de presión como la weaponization de la cuestión migratoria o las actividades de lobby en el Parlamento Europeo –soborno de miembros del Parlamento para favorecer los intereses de Marruecos (caso Morocco Gate). Argelia sigue siendo percibida como un socio complejo y difícil de gestionar para la UE, tanto por su enfoque soberanista como por su reticencia a una cooperación más profunda en materia de control migratorio. Argel, además, lleva años pidiendo una revisión profunda del acuerdo de asociación, cuyos incumplimientos por la parte argelina condujeron a la Comisión Europea a iniciar en julio de 2025 un procedimiento arbitral, al considerar que las restricciones al comercio e inversiones impuestas a algunos de los Estados miembros eran contrarias al acuerdo.

Las lógicas bilaterales que se entrelazan en los complejos vínculos triangulares entre Argelia, Marruecos y la UE tienden a profundizar las asimetrías en las relaciones de la Unión con ambos países. Esto, a su vez, limita la capacidad europea de desempeñar un papel constructivo en la distensión de las tensiones y en la reactivación de una dinámica de cooperación entre Argelia y Marruecos./

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