La brecha económica Norte-Sur y la falta de información, principales déficit del partenariado

La lucha contra el analfabetismo, el crecimiento económico y un calendario de reformas, son algunas de las bases de la futura cooperación euromediterránea.

ENTREVISTA a Laura Baeza por Pau Solanilla

Como jefe de Unidad, Euromed y asuntos regionales, Oriente Medio, sur del Mediterráneo de la Direción General de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea, Laura Baeza ha seguido muy de cerca el desarrollo del Proceso de Barcelona. AFKAR/IDEAS ha tenido la oportunidad de hablar con ella sobre el balance que hace la Comisón Europea de estos 10 años de partenariado y cuáles son los principales objetivos para la segunda década.

AFKAR/IDEAS: ¿Cuál es su balance de los 10 años de existencia del Proceso de Barcelona?

LAURA BAEZA: Es un balance positivo, sin lugar a dudas. Los acontecimientos de la última década tanto en la región como en el mundo muestran claramente que una política con los países vecinos que contiene elementos políticos (de búsqueda de un espacio de libertad y seguridad común), económicos (de crear riqueza y desarrollo sostenible) y culturales y humanos (una mayor comprensión entre los pueblos del Norte y del Sur), es la buena vía.

A/I: ¿Cuáles son, en su opinión, los logros y los déficit más destacables?

L.B.: Prefiero extenderme más en los logros que en los déficit ya que, aparte de ser considerables, son menos conocidos: en primer lugar, se ha conseguido negociar todos los acuerdos de asociación con los países que adoptaron la Declaración de Barcelona. Este proceso de negociación ha sido lento y laborioso. Algunos países como Túnez, Marruecos, Jordania o Israel, aceptaron la idea enseguida, pero otros como Argelia o Siria han necesitado un proceso más largo de reflexión antes de lanzarse a la asociación con la Unión Europea (UE). Ahora están casi todos ellos en vigor. Estos acuerdos de asociación han permitido establecer unas estructuras de diálogo sectorial con las administraciones nacionales que son útiles para mejorar el conocimiento mutuo y realizar un calendario de reformas prioritarias.

Piense usted que tratamos todos los asuntos. Desde algunos muy sensibles como los derechos humanos, hasta otros de mutuo interés como el medio ambiente o el transporte. Por otro lado, se ha desarrollado una cooperación financiera de casi 10.000 millones de euros para el periodo 1996-2006, que ha permitido financiar programas bilaterales y regionales en todos los ámbitos prioritarios. Cada año la región recibe casi 3.000 millones de euros en subvenciones y préstamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

Sin olvidar la cooperación bilateral de los Estados miembros que se añade a este esfuerzo financiero. Esta cifra muestra perfectamente que nuestra solidaridad no es sólo palabras. Nuestros programas de cooperación han tenido un impacto positivo en la vida de millones de nuestros vecinos del Sur. Otra realización esencial del Proceso de Barcelona es el establecimiento gradual y progresivo de una zona de libre comercio. Es el compromiso jurídico más concreto de los acuerdos de asociación, y 2010, año previsto para el libre comercio, la única fecha precisa que figura en la Declaración de Barcelona. Podemos también felicitarnos por la creación de tres instituciones en cada uno de los capítulos del partenariado: la Asamblea parlamentaria euromediterránea, en el capítulo político, el Femip (Facilidad euromediterránea para las inversiones en el marco del BEI) en el capítulo económico y la Fundación Anna Lindh para el diálogo entre culturas, en el capítulo social, cultural y humano. La instauración de las redes es otra gran realización y una de las acciones más innovadoras e interesantes del Proceso de Barcelona. Hemos constituido la red Femise de institutos de investigación económica, y la red EuroMeSCo de institutos políticos.

Estas dos redes constituyen dos enormes think tanks sin parangón en el mundo entero. Tenemos también la red Semide de expertos en agua, un asunto de vital importancia en la región, la red SMAP de expertos en medio ambiente, la Plataforma de la Sociedad Civil y la Plataforma de la Juventud y los Foros EuroMed de Energía o de Transportes. Sin olvidar las reuniones y redes de los consejos económicos y sociales de la región. Pensemos que si se cuentan todas las personas de las dos orillas del Mediterráneo que participan en estas redes y se añaden los funcionarios que se ocupan de los asuntos euromediterráneos en todas las administraciones nacionales, se podría afirmar que el proceso involucra directamente a cientos de miles de ciudadanos. Y todo este esfuerzo colectivo no ha sido inútil, como creen algunos. Se lo puedo asegurar, a nadie le gusta desperdiciar su tiempo.

A/I: ¿Y cuáles son los déficit?

L.B.: En cuanto a los déficit citaría dos. Por un lado, se debe seguir trabajando para disminuir la brecha, aún grande, en los niveles de desarrollo entre el Norte y el Sur. Nuestra cooperación lucha en este difícil campo. Por otro lado, hay un gran déficit de información y comunicación: nuestras gentes, tanto en el Norte como en el Sur, no conocen ni el partenariado ni sus logros.

A/I: ¿Cómo valora el grado de compromiso de los países socios mediterráneos?

L.B.: Es total. En este año del décimo aniversario, hemos podido darnos cuenta hasta qué punto aprecian el proceso. Nuestros socios repiten en cada ocasión su deseo de profundizar el partenariado y que su sentido de “copropiedad” se haga cada vez mayor. Hay que recordar que ésta no es una política europea sino “euromediterránea”.

A/I: ¿Qué piensa de la idea de aplicar criterios de condicionalidad a fin de impulsar el avance de las reformas en los países socios mediterráneos?

L.B.: A nosotros la palabra “condicionalidad” no nos gusta, nos parece neocolonialista, no se inserta en el espíritu del partenariado. A lo que si la UE está dispuesta es a acompañar técnica y financieramente a los países ambiciosos en materia de reformas económicas, políticas y sociales en su camino hacia unas sociedades más desarrolladas y más justas. Es lo que estamos realizando en el marco de los planes de acción de la política de vecindad. No queremos imponerles un modelo desde fuera. Son los propios Estados del Sur los que marcan sus metas.

A/I: En cuanto a la nueva política europea de vecindad (PEV) ¿cómo puede ser complementaria del proceso euromediterráneo? ¿Cree que la posibilidad de avanzar a distintas velocidades impulsará el partenariado? Algunos observadores consideran que fomentará la bilateralidad de las relaciones en detrimento de la multilateralidad.¿Hasta qué punto es esto cierto?

L.B.: La PEV no viene a sustituir a Barcelona ni a enterrar lo que se ha hecho hasta ahora. Antes al contrario, está inspirada en la experiencia acumulada en el Proceso. La política de vecindad responde a aspiraciones de los socios recogidas en múltiples declaraciones ministeriales. Recuerde usted que ya en la reunión ministerial de Valencia, se adoptó un plan de acción que recogía la petición de nuestros socios de participar en el mercado único europeo. Y lo mismo en lo que se refiere a la participación en algunos de nuestros programas comunitarios. Y como decía antes, esta política permite a nuestros vecinos del Sur fijar sus metas, sus plazos. No se puede pedir a países como Marruecos o Jordania que, en su acercamiento a Europa, vayan a la velocidad del más lento. Cada sociedad tiene sus ritmos que hay que respetar. Pero esto no va a destruir el Proceso de Barcelona sino a reforzarlo: la visión regional euromediterránea, los instrumentos multilaterales de cooperación, las redes euromediterráneas, van a seguir presentes y reforzadas, y es a través de ellas como este ambicioso proyecto seguirá avanzando. Piense usted que todos estos años hemos trabajado sobre la base del “método comunitario”, que es una construcción de confianza y prosperidad entre las naciones. Y construir es un proceso lento por definición. No caben impaciencias.

A/I: Si nos centramos en los países socios del Magreb, ¿cuáles cree que son los cambios más relevantes que han experimentado Marruecos, Argelia y Túnez, y hasta qué punto son atribuibles al proyecto euromediterráneo?

L.B.: Todas las sociedades cambian no sólo el Magreb, también Oriente Próximo. La UE también ha cambiado. Hace 10 años éramos 15 Estados miembros y ahora somos 25. Pero ciñéndome a su pregunta le diría que los procesos de apertura política y económica en estos tres países van progresando, eso sí a velocidades diferentes, y el partenariado es, en cierta medida, responsable de ello, ya que han contribuido sustancialmente tanto el establecimiento de canales estructurados de diálogo, como nuestra cooperación financiera. Pero los responsables directos de los cambios son los esfuerzos de los propios países: los gobernantes con visión, la sociedad civil (empresarios, sindicatos, ONG,…). Son sus ciudadanos los que deben ser felicitados por los cambios positivos que hayan tenido lugar.

El papel de la Comisión

A/I: ¿Cuáles son las principales propuestas de la Comisión para esta nueva etapa que se iniciará con la Conferencia de Barcelona de noviembre?

L.B.: En nuestra Comunicación sobre el décimo aniversario del Proceso de Barcelona, la Comisión indicó las líneas básicas de lo que debería ser nuestra cooperación en el futuro más cercano. En gran parte estas líneas han sido avaladas por el conjunto de los Estados miembros y por nuestros socios, y serán parte de la declaración que los jefes de Estado y de gobierno euromediterráneos harán pública en Barcelona a finales de noviembre. En grandes líneas se estructura en torno a tres ejes: educación para todos, con especial hincapié en las mujeres y en la lucha contra el analfabetismo, crecimiento económico a través de los instrumentos de política comercial, y el establecimiento de un calendario ambicioso de reformas políticas y económicas.

A/I: En qué aspectos considera que es posible incidir desde la Comisión Europea a fin de que los cambios sean claramente visibles para las sociedades del Mediterráneo Sur y atribuibles al partenariado?

L.B.: Como comentaba antes, debemos hacer un gran esfuerzo de comunicación, pero ésta es una labor de todos. Las instituciones como la Comisión, en primer lugar. Pero también es un esfuerzo a realizar en el Sur. Los gobiernos y la sociedad civil de nuestros socios del Sur deben ser conscientes de que la mejor forma de luchar contra el choque de ignorancias que nos invade es a través de la palabra. Hacer oír los mensajes de comprensión, entendimiento, de cooperación en cada momento. Y todos nuestros programas tienen este componente. Hemos sido capaces de fabricar un tren y hemos instalado una vía hacia el futuro, pero el tren está aún en su embalaje de origen. Hay que mostrar a todos y que la gente se suba. El viaje va a merecer la pena, se lo puedo asegurar.

A/I: En concreto, el programa de la Comisión Europea para los próximos cinco años incluye la voluntad de dotar a la sociedad civil de mayor participación en el partenariado. ¿Cuáles considera que pueden ser las medidas para conseguirlo?

L.B.: Por un lado hacer partícipe a la sociedad civil en todas las instancias del partenariado. No podemos seguir pensando que la sociedad civil debe circunscribirse al tercer capítulo de Barcelona, a las cuestiones culturales y humanas. Nuestra visión incluye la creación de mecanismos de participación, regionales y bilaterales, en todos los sectores, para que se escuche y atienda la voz de los interlocutores sociales. Por supuesto esto no se va a hacer de la noche a la mañana sino de forma gradual. Pero esta es, según la Comisión, la única línea con futuro y es por la que vamos a seguir.