Islam político

“La excepcionalidad turca es haber consolidado la democracia y el régimen secular, con la participación de los islamistas”, cree el periodista Sahin Alpay.

ENTREVISTA con Sahin Alpay por Lurdes Vidal

Sin lugar a dudas, Sahin Alpay no teme abordar cuestiones espinosas abiertamente, ni fuera ni dentro de su país, como muestran algunas de sus columnas en Zaman, desde donde ha abogado, por ejemplo, en favor de una reconciliación turco-armenia que pase por la educación. En una reciente columna dedicada a Hrant Dink, a quien califica como uno de los más brillantes intelectuales del país, Alpay critica a los intolerantes, al Código Penal y reclama que el Estado y la sociedad turca se erijan en contra de la intolerancia, el racismo y el fanatismo de todo tipo para salvar, dice, la reputación de Turquía, para reparar el daño y para honrar la memoria de Hrant. A medio camino entre la academia y el periodismo, Alpay combina sus clases en la universidad Bahcesehir de Estambul con las columnas en Zaman, de inspiración religiosa moderada, una publicación que, al igual que Alpay, defiende una reislamización sin poner en duda el marco laico del Estado turco. Aprovechamos su presencia en Barcelona en la VII Conferencia Anual Unión Europea- Turquía, organizada por el Instituto Europeo del Mediterráneo y el Istanbul Policy Center, para pedirle que nos hable de Islam político, del papel de Turquía en el ámbito regional e internacional y de la relación con Europa. Sin embargo, antes tan siquiera de tomar asiento, Alpay abandona su condición de entrevistado y adopta la de entrevistador, con una actitud entre curiosa y provocadora, para lanzar unas preguntas al vuelo: ¿son ustedes catalanas? ¿Están a favor de la independencia? Y usted –dirigiéndose a la redactora de Madrid– ¿qué me diría al respecto? Alpay sonríe porque sabe que está siendo controvertido, y parece gustarle.

AFKAR/IDEAS: ¿Podría describir lo que usted denomina “excepcionalidad del Islam turco”? ¿Qué diferencia hay entre “su” Islam y el de sus vecinos árabes?

SAHIN ALPAY: En primer lugar, como ya sabrá, no comparto la visión orientalista o esencialista del Islam, que lo equipara con el autoritarismo, con la involución y con una religión que fomenta la violencia. El Islam es compatible con el liberalismo, la democracia y la libertad, y prueba de ello es que, según los sondeos de opinión del World Values Survey, las poblaciones musulmanas apoyan de forma contundente la libertad individual y la democracia. Sin embargo, el estado actual del mundo árabe y musulmán no se debe al Islam sino al colonialismo, a los regímenes seculares mayoritariamente autoritarios, a la maldición del petróleo y quizás al hecho de que Israel sirva de excusa a los autócratas para seguir en la brecha. En este sentido, Turquía es interesante porque ha conseguido consolidar la democracia y un régimen secular. ¿Por qué es una excepción?

Porque nunca fue una colonia, porque el Islam turco siempre fue un Islam de frontera, muy pluralista: el Islam oficial, el de las hermandades y las comunidades, una componente aleví muy fuerte que es una forma de Islam verdaderamente interesante… El hecho de contar con distintas maneras de entender el Islam propicia mayor tolerancia y respeto por las creencias de otros. Además, no olvide que la población actual turca tiene raíces en los Balcanes y que allí los musulmanes convivieron durante siglos con judíos y cristianos, unos vínculos que se mantuvieron hasta la llegada del nacionalismo. Y no olvide el sistema tradicional del millet, esta especie de arreglo multicultural del Imperio Otomano, basado en el principio del Islam de que “en la religión no hay obligación”, por el cual las distintas comunidades religiosas tenían autonomía.

Pero volviendo a tiempos más recientes vemos que, a pesar de las distintas intervenciones militares desde la llegada de la democracia en los años cincuenta, Turquía ha sido capaz de mantener y consolidar progresivamente el Estado de Derecho, y la gente ha podido expresar sus problemas, incluyendo a kurdos y alevíes. Desde principios de los años setenta, además, los partidos islamistas pueden participar en el proceso democrático. Esta actitud incluyente ha hecho que los partidos islamistas hayan ido disipando, digamos, sus posturas más dogmáticas. El Islam turco ha sido siempre moderado, nunca ha abogado por la violencia, pero es cierto que había ideas ambiguas incompatibles con la defensa de los Derechos Humanos, ideas raras respecto a la economía y, por supuesto, se pretendía sacar a Turquía de la esfera europea y occidental, posiciones que se han invertido por completo.

A/I: Entonces ¿es el contexto específico de Turquía o la inclusión en el proceso democrático lo que ha llevado al islamismo turco a posturas más pragmáticas?

S.A.: Diría que ambos aspectos han contribuido a que el Islam político turco sea moderado y muestre esta capacidad de aprendizaje del proceso democrático y de adaptación a las necesidades y demandas de la población. Si el islamismo turco se hubiera estancado en las posturas de los años setenta no habría alcanzado nunca el umbral del 10% requerido para lograr la representación en el Parlamento. En definitiva, no hubieran podido ganar las elecciones y gobernar, puesto que todas las encuestas demuestran que en Turquía un 80% de la población respeta los valores islámicos, pero al mismo tiempo se siente satisfecho con el régimen secular que garantiza la libertad religiosa. Si además hay un 70% de la población, como hasta hace poco, que apoya la adhesión a la UE, no se puede ir en contra de los deseos de la mayoría y querer gobernar el país. Así, pues, se han adaptado a la realidad, una adaptación sustentada en gran parte por la democracia y por el debate abierto, han aprendido de sus errores y de las críticas recibidas. Por ejemplo, de joven yo era comunista y gracias a este proceso democrático he podido cambiar mis puntos de vista. Creo que el Islam político ha seguido el mismo camino de aprendizaje.

A/I: Pero las bases ideológicas del Islam político turco son las mismas que en otros países.

S.A.: Al igual que existen diferentes interpretaciones del Islam también existen distintas interpretaciones del Islam político, llegando incluso a Al Qaeda y el terrorismo internacional o yihadismo.

A/I: ¿Considera usted que el fenómeno Al Qaeda es un tipo de Islam político o es un grupo terrorista con un proyecto nihilista que se sirve del Islam?

S.A.: Bueno, en cierto modo hay algo de razón en lo que dice pero si me pregunta mi opinión, considero que sí forma parte del Islam político, pero es yihadismo, un tipo de islamismo que no se limita a los límites del Estadonación, es una internacional yihadista en contra de Estados Unidos, del enemigo lejano y del enemigo cercano que son los regímenes apóstatas, seculares. También se oponen al régimen saudí, al que consideran no musulmán. Al Qaeda es parte del movimiento islamista y sin duda son seguidores de Sayyid Qutb y los islamistas radicales. Pero dentro del movimiento islamista hay interpretaciones muy diferentes, hay pensadores musulmanes muy liberales, como Abdolkarim Soroush, por ejemplo, o Tariq Ramadan, en Occidente, y otras figuras de partidos políticos como Rachid Ghannouchi, de Túnez.

A/I: Pero en el caso de los partidos políticos islamistas, hay países en los que no se les permite participar políticamente.

S.A.: Ésta es la diferencia con Turquía, donde desde los años setenta se ha abierto el sistema incluso a los partidos islamistas. Aunque hayan sido disueltos periódicamente siempre han podido participar, y con el tiempo han moderado sus posturas. Hay quien argumenta que precisamente ha sido el ejército el que, con la estrategia del palo y la zanahoria, les ha ayudado a aprender. Yo no comparto este punto de vista en absoluto. Aprendemos leyendo, discutiendo, escuchando, viviendo experiencias que nos demuestran que la libertad política es lo más valioso. Creo que los islamistas turcos lo han aprendido y el sistema turco les ha permitido aprender. Nuestra experiencia es totalmente opuesta a la de Argelia.

A/I: Otro caso más reciente es el de Hamás, que ganó unas elecciones democráticas sin haber renunciado a su facción armada.

S.A.: Los palestinos escogieron a Hamás porque Al Fatah ya no podía ofrecerles nada, porque Israel les tachó de “irrelevantes” Arafat hizo todo lo que estuvo en sus manos para reconciliarse con los israelíes, y al final le declararon irrelevante. Mahmud Abbas le reemplazó y también fue considerado irrelevante. ¿Qué querían que hicieran los palestinos? Pero la actitud de EE UU y de Occidente en general se limitó a apoyar a Israel sin tener en cuenta las necesidades del pueblo palestino. Además, sabemos que los israelíes han intentado dividir a los palestinos. Al principio apoyaron a Hamás en contra de Al Fatah. Es la política del “divide y vencerás”, y me entristece ver que los palestinos luchan entre ellos. Al entrar en el proceso democrático, Hamás ganó las elecciones y justo después manifestó su disposición a pactar una tregua larga durante la cual negociar, cosa que indicaba que se estaban preparando para reconocer el Estado de Israel. Incluso el caso de Hamás nos demuestra que el proceso democrático modera y conduce a los movimientos radicales hacia posturas no violentas, sensatas y razonables.

A/I: ¿Cómo valora el avance de los partidos islamistas en otros países, por ejemplo Marruecos?

S.A.: Cada país presenta sus propias condiciones, pero desde mi punto de vista, toda apertura del régimen es bienvenida. Si los islamistas se integran en el proceso político creo que podrán contribuir a una mayor apertura de sus sistemas y también a poner a prueba sus postulados entre la gente. Celebro incluso la apertura que se ha producido en Egipto, donde los Hermanos Musulmanes prohibidos han conseguido, gracias a candidaturas independientes, casi una cuarta parte de los escaños en el Parlamento. El principal problema de la región es deshacerse de estos regímenes autocráticos que han recibido el apoyo de las potencias occidentales para proteger sus intereses.

A/I: Para finalizar, parece ser que Turquía asume un rol complicado al erigirse como puente entre Europa y Oriente Próximo.

S.A.: No creo que sea complicado. Creo que es precisamente la fuerza de Turquía, sus vínculos con todo el mundo, por eso nos respetan. Asimismo, sus estrechos vínculos con la UE la convierten en un enclave importante como puente entre distintas partes del mundo, entre Europa y Asia, entre Norte y Sur, y no lo veo como complicación sino más bien como ventaja. Sin embargo, comprendo que en Europa haya un debate sobre la incorporación turca. Muchos ven a la UE como una unión cultural cristiana, percepción que no comparto pero que últimamente aparece en todos los debates. También el apoyo turco a la adhesión ha caído en nuestro país, donde se duda de la pertenencia europea de Turquía, por eso existe un cierto riesgo de que al final sean los turcos los que no quieran la adhesión.

A/I: ¿Estas reticencias a la incorporación turca a la UE se han interpretado en Turquía en términos religiosos?

S.A.: Por supuesto, ésta no es la única interpretación, pero evidentemente existe la cuestión de si Turquía está siendo discriminada por ser un país musulmán. En tal caso, ¿qué mensaje se estaría dando a los 15 millones de musulmanes que viven en la UE? La no incorporación de Turquía puede tener sin duda efectos negativos. Sin embargo, espero que el proceso de adhesión siga adelante, porque es positivo para nuestro país, ha sido beneficioso en términos políticos y también económicos, y porque el acervo comunitario constituye una especie de hoja de ruta para la modernización de Turquía.