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Co-edition with Estudios de Política Exterior
Formación de los nuevos imames en Marruecos
El reto mayor es la inadecuación entre las ideas religiosas modernas y el papel de los imames para perpetuar tradiciones enfrentadas al mundo actual.
Mohsine Elahmadi
Este artículo es fruto de una experiencia personal y profesional, la de un profesor de Sociología del Islam que fue llamado por el Ministerio de Asuntos Islámicos y del Habús (Manos muertas) para participar en un programa de formación de imames y murchidates (predicadoras) en 2005-06. Tras concluir este ciclo de formación y de enseñanza de sociología de las religiones, expongo mi punto de vista sobre esta experiencia que no ha durado más que un verano, durante el cual las golondrinas se pusieron a soñar que el buen tiempo duraría eternamente. En efecto, con la llegada del rey Mohamed VI al trono en agosto de 1999, se realizaron cambios importantes en diferentes campos de la vida social en Marruecos –política, economía, derecho–, mientras que el ámbito religioso se quedó rezagado. Todo induce a pensar que el retraso fue voluntario, si se considera la importancia de los asuntos religiosos no solo en Marruecos o el Magreb, sino en el mundo musulmán actual. Para ponerse al día, Mohamed VI dio instrucciones en 2005 para que se reorganizara el ámbito religioso sobre nuevas bases, desmarcándose de la política religiosa de su padre, Hassan II.
El programa
Tras esta orden del rey Mohamed VI en calidad de Comendador de los Creyentes, el Ministerio de Asuntos Islámicos lanzó el 11 de abril de 2005 un programa de formación de imames y predicadoras con la intención de crear un nuevo tipo de hombre religioso capaz de reflexionar sobre las relaciones entre los musulmanes y el mundo moderno en el que viven y actúan. En efecto, los arquitectos de este programa se propusieron como objetivo la capacitación de jóvenes imames y guías religiosos para adaptarlos a la era de la globalización y prepararlos para hablar el lenguaje de la modernidad. Para ello, ha habido que empezar por aumentar los conocimientos científicos de los imames; así, se han elegido varias asignaturas, a veces de forma incoherente (ver tabla en página siguiente).
Los candidatos fueron seleccionados entre los estudiantes universitarios licenciados (de todas las especialidades) con nota de Muy bien, Bien o Bastante bien, es decir, con una media general superior a la normal y entre los que eran menores de 45 años en diciembre de 2004. A estas condiciones, se sumó la de memorizar los 60 capítulos que constituyen el corpus coránico para los imames y aproximadamente la mitad (30 capítulos) para las predicadoras. La totalidad de los candidatos pasó ante dos comités de selección, el del Corán y el llamado científico. La duración de la formación de los estudiantes es de dos semestres (12 meses) durante los cuales los candidatos gozan de una beca mensual neta de 2.000 dirhams (200 euros aproximadamente). Al final de la formación, los diplomados firman un contrato con el Estado, a través del Ministerio de Asuntos Islámicos y pasan a integrar el cuerpo de funcionarios en la escala 10, nivel 1, recibiendo un salario mensual neto de 4.000 dirhams (400 euros aproximadamente).
Los resultados
Los datos estadísticos sobre los imames de la primera promoción, que debutó el 11 de abril de 2005 y concluyó sus estudios el 30 de abril de 2006, indican que de los 745 aspirantes a imam que presentaron su candidatura con la esperanza de ser seleccionados, se preseleccionaron 230 en función de las condiciones ya citadas, y finalmente se seleccionaron 160. Pero al concluir la formación en mayo de 2006, solo 150 aprobaron el examen final, concluyeron con éxito su formación y pudieron incorporarse posteriormente al cuerpo de funcionarios.
En cuanto a las predicadoras, 515 aspirantes presentaron su candidatura, se preseleccionaron 100 y se aceptaron solo 60 para la formación. Al concluir el programa, 50 aprobaron el examen, aunque no se ha podido integrar de inmediato a las predicadoras en el sector público debido al sesgo imprevisible que ha tomado su nombramiento. A modo de comparación, las datos sobre el siguiente ciclo (2006-07) muestran un contraste sobrecogedor entre los imames y las predicadoras, con una reducción neta del número de candidatos a imam (537 en comparación con 745 en 2005) y un fuerte crecimiento de las predicadoras (1.027 en comparación con 515 en 2005), pero solo 280 preseleccionados, y 160 candidatos aceptados para cubrir 150 puestos de imamato menor (presidencia del rezo) y 130 preseleccionadas y 60 aceptadas para cubrir 50 puestos al final de la formación. El nombramiento de los imames en las mezquitas y delegaciones regionales del reino por el Ministerio de Asuntos Islámicos se basa en los resultados académicos. La clasificación les ha permitido escoger su puesto en las regiones, otorgando así a los mejores el privilegio de trabajar cerca de sus familias.
Al comienzo, el programa de formación de imames y predicadoras del Ministerio marroquí se propuso como objetivo la creación de un cuerpo de funcionarios estatal capaz de hablar el lenguaje de la modernidad religiosa, accesible para los musulmanes de a pie. En este sentido, se debe subrayar que la distinción común entre imames jóvenes, forzosamente modernos, e imames viejos, necesariamente tradicionalistas, no siempre es válida: los primeros pueden defender la tradición en nombre de un pasado glorioso y de una edad dorada, mientras que los segundos pueden ser más críticos con las tradiciones religiosas. En realidad, el punto en el que se ha de insistir es en el de la paradoja sobrecogedora entre la edad del joven imam y la edad de sus arcaicas ideas.
En efecto, el mayor reto intelectual de la actualidad es el de la inadecuación entre las ideas religiosas modernas (la tolerancia, la libertad de culto, la separación del poder temporal y espiritual) y el antiguo papel que los imames deben desempeñar para perpetuar tradiciones diametralmente opuestas al mundo contemporáneo. A este respecto, es importante recordar que es más fácil realizar una fisura en un átomo que cambiar un prejuicio, sobre todo si es religioso. De ahí la importancia de preparar a los nuevos imames para que se reconcilien con ellos mismos y se reinserten en el mundo, es decir en la historia, toda la Historia, la de toda la humanidad, mediante conocimientos religiosos compatibles con el prodigioso avance de las humanidades y las ciencias sociales modernas, puesto que les permitiría releer los textos sagrados bajo un nuevo ángulo. Para ello, hay que volver a realizar un examen de uno por uno mismo y para uno mismo, es decir aprender a relativizar y a ponerse en tela de juicio.
Este replanteamiento solo es posible si los imames son formados de acuerdo con las ciencias modernas, en particular las sociales y las humanidades. Con dicha condición y en este contexto intelectual, la misión moderna de los nuevos imames e incluso la de los ulemas, cobraría la importancia que le corresponde. Así, es importante proporcionar a los nuevos imames que el Estado marroquí quiere formar los conocimientos científicos necesarios para pensar antes de dirigirse a los creyentes, puesto que han de saber lo que significa hablar en el ámbito religioso. Hablar de lo sagrado a los musulmanes de a pie conlleva una responsabilidad considerable. El rezo del viernes conlleva una responsabilidad inmensa ya que produce efectos hipnotizadores en los cerebros y corazones de los creyentes. Por consiguiente, resulta imperativo sensibilizarlos sobre su responsabilidad religiosa, mostrándoles que la predicación religiosa, en determinadas situaciones, acarrea consecuencias, que también conciernen altamente a los imames, como actores religiosos. Así pues, vocación, convicción y responsabilidad deberían ser las reglas de la nueva deontología del imam moderno.
El Islam plural
Aquellos que se dedican a criticar la iniciativa del ministro responsable para formar a imames y desconfían de la voluntad implícita del Estado marroquí, al que acusan de querer controlar el ámbito religioso, olvidan o fingen olvidar que el proceso de modernización de la esfera religiosa se llevó a cabo en Occidente mediante la intervención ilustrada de los Estados democráticos en dicho campo, con el fin de organizarlo conforme a los principios de la democracia moderna. Asimismo, Marruecos se unificó como nación tras la “pacificación” de las tribus y la eliminación de sus medios militares para imponer la paz.
En el ámbito religioso, la pacificación aun no se ha realizado; está en sus comienzos, aunque los actores religiosos tienden a volverse paulatinamente más radicales. No puede negarse que la centralidad de la acción del Estado en Marruecos es necesaria para desarrollar y preservar las otras formas de expresión del Islam: popular, sufí, sabia, salafista, quietista, ya que el Islam se conjuga en plural. Permitir la expresión de una única forma de Islam a expensas de las demás, incitaría al fanatismo. En realidad, el radicalismo religioso que se extiende en Marruecos desde los años setenta quiere imponer una única versión del Islam, la suya en este caso, a todas las categorías de una sociedad profundamente religiosa, pero también decididamente plural: bereberes, árabes, arabófonos, francófocos, modernistas, tradicionalistas…
Por consiguiente, el actual Estado moderno marroquí en construcción no debe identificarse con una única expresión del Islam, puesto que dañaría gravemente su imparcialidad. En teoría, el Estado, todo Estado, es un principio universal y el Estado democrático moderno es neutro por antonomasia. Aunque se base en una religión oficial para identificarse con la de la mayoría, debe respetar a todos los ciudadanos y garantizar de forma real y jurídica las libertades de creencia y de culto. Los nuevos imames de Marruecos deberán, en primer lugar, proseguir por el camino de modernización de la conciencia de los musulmanes, y solo después, del campo religioso, basándose en los principios de la modernidad intelectual, la que se propone renovar la visión de los marroquíes de hoy sobre los asuntos del mundo profano y sagrado.
De la misma manera, es erróneo afirmar que los imames oficiales son buenos por naturaleza y que los contestatarios son esencialmente malos. En realidad, existen imames que difunden un mensaje religioso de humanismo, tolerancia y universalismo y son numerosos. También hay imames que predican el odio, la intolerancia y la violencia, pero aunque son pocos, son más visibles, debido a una mediatización excesiva. El futuro pertenecerá a los que escojan el buen camino, gracias al cual el Islam, a pesar de los tumultos de la historia y el acoso de los tiempos, sigue siendo una religión indiscutiblemente abierta al porvenir de una humanidad que confía en unos valores religiosos creados ante todo para los hombres. Solo mediante este precio podrá hacerse realidad la esperanza de que emerjan nuevos imames para que contribuyan a la difusión de las Luces y las proyecten en las zonas oscuras de la conciencia tradicionalista. Alá sabe que esta última lo necesita encarecidamente.