¿Está saliendo Egipto de la crisis?

La caída de los impulsores del crecimiento –turismo,industria manufacturera,Canal de Suez y remesas– ha provocado un cambio de tendencia,tras cuatro años de buenos resultados.

Samir Radwan

La reunión del G-20 celebrada en Pittsburgh el 25 de septiembre de 2009 ha dado crédito a la teoría de que la crisis de 2008 tendría después de todo forma de U. El atisbo de esperanza parece haberse traducido en un repunte de la economía mundial gracias sobre todo a los paquetes de estímulo introducidos por las economías desarrolladas y emergentes. Una característica de la recuperación es el papel que han desempeñado las economías emergentes a la hora de frenar el declive mundial de la producción y el comercio. Según el pronóstico más favorable de The Economist Intelligence Unit, las economías emergentes registrarán un crecimiento del 6,3% en 2010, en comparación con el 3,5% de la economía mundial y el 0,0% de las economías desarrolladas. Este contexto nos permite entender el comportamiento de la economía egipcia en los últimos años.

La reforma económica de Egipto y el camino hacia el crecimiento

El cambio de gobierno en Egipto en julio de 2004 desató una oleada de reformas que permitieron a la economía salir de la recesión sufrida durante los dos años anteriores. Estas reformas giraron en torno a cuatro pilares: una reforma a fondo del sistema fiscal, por la que se introdujo un tipo fijo del 20%, que equivale a la mitad del tipo anterior y encaminada principalmente a estimular la inversión en el sector privado; reforma del anticuado sistema de aduanas; mejora del clima para las inversiones y los negocios; y reforma radical del sistema monetario y bancario reforzando la autoridad del Banco Central. Estas medidas económicas tuvierono como consecuencia un repunte de prácticamente todos los indicadores macroeconómicos.

Las tasas de crecimiento del PIB registraron una importante subida. En sólo cuatro años, el ritmo de crecimiento del PIB se aceleró desde una tasa anual del 4% en 2003 hasta el 7,2% en 2007. Este impulso económico convirtió a la economía egipcia en una de las de más rápido crecimiento de la región de Oriente Próximo y Norte de África (MENA, en sus siglas en inglés). Las reservas internacionales experimentaron aumentos constantes desde los 14.900 millones de dólares en 2004 hasta los 34.700 millones en julio de 2008, o el equivalente de nueve meses de importaciones. Asimismo, la balanza de pagos mostró signos de mejoría debido sobre todo al aumento sostenido de los ingresos procedentes de los servicios y las remesas.

El resultado final fue un superávit de 5.300 millones de dólares, o lo que es lo mismo, más del 4% del PIB. Todo esto, sumado a unas políticas fiscal y monetaria acertadas, se vio reflejado en la extraordinaria estabilidad de la libra egipcia. Un rasgo característico del crecimiento egipcio ha sido el papel de la inversión como principal fuerza impulsora del desarrollo. Las inversiones tanto nacionales como extranjeras experimentaron una aceleración constante durante el periodo de reforma. La inversión nacional aumentó en casi un 60% durante ese periodo, gracias sobre todo a la inversión del sector privado, que creció un 96%. La inversión extranjera directa (IED) remontó desde los 400 millones de dólares en 2000-01 hasta los 13.200 millones en 2007-08, y de estas inversiones, la mitad son nuevas o en nuevos emplazamientos.

De hecho, Egipto es el país que más IED atrae de África y el segundo de la región MENA (por detrás de Arabia Saudí), según el Informe sobre las Inversiones en el Mundo publicado en 2008 por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, en sus siglas en inglés). Estos testimonios han contribuido a convertir a Egipto en el primer país de la región en ser admitido, el año pasado, en el Comité de Inversiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Es más, Egipto ha obtenido muy buenos resultados en lo que se refiere a la facilidad para hacer negocios. Según el informe Doing Business del Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional (IFC, en sus siglas en inglés) publicado en 2009, el país se mantiene entre los 10 reformadores más activos por cuarto año consecutivo. En el ranking general, en 2009, alcanzó el puesto 114º, en comparación con el 125º en el año anterior (entre 181 países). Existe una cierta paradoja entre los resultados de este informe y el análisis de los indicadores de competitividad del país.

Según el Informe sobre Competitividad Mundial del Foro Económico Mundial, las puntuaciones de Egipto han sido bajas en general y, de hecho, cada vez más bajas. El último índice de competitividad mundial muestra que Egipto ha descendido desde la 71ª posición hasta la 81ª en 2008-09. La cuestión es si el rápido crecimiento, impulsado en parte por un aumento de la IED, puede reconciliarse con unos indicadores de competitividad en descenso.

Esta paradoja se explica por una serie de problemas que siguen perturbando a la economía egipcia, entre los que destacan algunos factores de inestabilidad macroeconómica: deuda pública y déficit presupuestario elevados; inflación; aumento del desempleo y escasa calidad de los recursos humanos; baja productividad; y unas fuentes sectoriales de crecimiento desequilibradas, de modo que un sector como la agricultura, que genera el 28% de los puestos de trabajo, recibe un 5% de las inversiones y, por consiguiente, representa únicamente el 8% del crecimiento del PIB, mientras que la industria manufacturera, que sólo da empleo a un 13%, acapara el 25% de las inversiones y contribuye un 26% al crecimiento del PIB.

Crisis financiera y económica mundial: reto y oportunidad

La crisis financiera y económica mundial ha repercutido negativamente en la economía egipcia, en especial desde mediados de 2008. El impacto se ha sentido más en la economía real que en el sector bancario. Esto se ha debido a una serie de factores, entre los que destaca la limitada integración del sector bancario egipcio en el mercado financiero mundial. Es más, el Banco Central de Egipto ha llevado a cabo una reforma del sector desde 2004: ha consolidado los bancos en conglomerados más grandes, reestructurado la gestión bancaria y se ha deshecho de los activos tóxicos.

Además, ha introducido estrictas normas de gobernanza para garantizar un funcionamiento disciplinado del sistema. Por último, el sistema bancario no ha experimentado una escasez de liquidez ya que la relación entre préstamos y depósitos no ha superado el 53%, lo cual, en comparación con el resto del mundo, entra dentro de los márgenes de seguridad. El impacto de la crisis se ha notado sobre todo en el descenso de prácticamente todos los indicadores macroeconómicos, lo cual representa un giro casi total respecto a los impresionantes resultados obtenidos durante los cuatro años anteriores. Casi todos los informes nacionales e internacionales señalan un cambio total de la tendencia, sobre todo durante los dos primeros trimestres del año fiscal 2008-09.

El crecimiento real del PIB, que fue del 7,2% en 2007-08, descendió ligeramente a finales de ese año y registró el 6,7% en el último trimestre. Pero desde que se inició la crisis, el crecimiento del PIB descendió hasta el 5,8% y el 4,1% durante el primer y el segundo trimestre de 2008-09, respectivamente. Esto se ha debido a la caída de los principales impulsores del crecimiento, en especial el turismo, la industria manufacturera, el Canal de Suez y las remesas de dinero de los egipcios que trabajan en el extranjero. Se prevé que la economía empiece su recuperación hacia 2010, registrando un crecimiento del 5,3%, impulsado por la reactivación de la economía mundial y por el paquete de estímulo económico del gobierno egipcio diseñado para reanimar la demanda nacional. La ralentización del crecimiento se ha debido principalmente al declive de las inversiones totales, tanto nacionales como extranjeras. La entrada de IED, que en 2007-08 alcanzó la cifra de 13.200 millones de dólares, es decir, casi el 9% del PIB, descendió a 8.100 millones de dólares en 2009 (un descenso del 39%).

La situación se agravó por la reticencia del sector privado a embarcarse en nuevas inversiones ante la incertidumbre respecto a la recuperación del mercado. Las remesas de dinero de los egipcios que trabajan en el extranjero también han descendido como consecuencia de la caída de la demanda de mano de obra, sobre todo en los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, principal destino de los trabajadores egipcios. Las consecuencias de la crisis empezaron a notarse en los diferentes sectores de la economía real hacia mediados de 2008. La mayoría de estos sectores experimentaron una caída pronunciada del crecimiento, empezando por el Canal de Suez, que registró un crecimiento negativo del 7,2%, seguido por el turismo, que descendió hasta el -3,2%, así como el sector de la industria manufacturera (cuyo crecimiento se redujo a la mitad) y la construcción (que bajó del 14,8% al 11,4%). Los únicos sectores que no corrieron la misma suerte fueron las comunicaciones y el petróleo.

En otras palabras, el crecimiento de los sectores de uso intensivo de mano de obra ha descendido, lo cual ha agravado una situación del empleo de por sí penosa. Este comportamiento tiene serias consecuencias para el crecimiento futuro de la economía egipcia así como para el bienestar de la población. La prolongada recesión sufrida por el mercado laboral y el consiguiente deterioro social constituyen los aspectos más graves de la repercusión de la crisis económica y financiera en Egipto. Como ya se ha explicado, en líneas generales, la crisis se está extendiendo a la economía real por medio de tres canales que se refuerzan mutuamente: la contracción del crédito provocada por la limitación de los préstamos para capital circulante, financiación del comercio e inversiones viables; el círculo vicioso de la depresión derivado de la caída de la demanda, que ha causado un descenso de la producción, el empleo y la renta, y que, por consiguiente, ha afectado a la confianza de los consumidores y de los inversores; y el globalization channel originado por un debilitamiento del comercio internacional y de las inversiones y por la menor entrada de remesas de dinero.

El efecto más inmediato de la crisis ha sido la incapacidad del mercado laboral para efectuar un ajuste, lo cual ha exacerbado el problema del paro y ha empeorado la situación de distintos grupos. El paro, que ya constituía un problema crónico a pesar del rápido crecimiento registrado en el periodo anterior a la crisis, no cesa de aumentar. El paro registrado subió del 8,4% en 2008 al 9,4% en 2009, y afecta sobre todo a los jóvenes y a las mujeres.

Sentar los cimientos de la economía posterior a la crisis

Para Egipto, igual que para casi todos los mercados emergentes, la crisis podría ser una oportunidad para abordar los problemas estructurales que han aquejado a la economía y reducido su capacidad para lidiar con las crisis externas, y de sentar los cimientos para la economía y la sociedad posteriores a la crisis, basándose en una visión coherente del futuro de la economía mundial y el lugar que ocupará en ella. Esto significa que las medidas inmediatas y a corto plazo, por necesarias que sean, deberán ser congruentes con la visión a largo plazo y reforzarla.

La premisa es que las medidas inmediatas que se consideren necesarias para hacer frente a la contracción de la demanda deben contribuir a la reconstrucción posterior a la crisis, y que para conseguir un amplio apoyo para cualquier política que se emprenda con éxito, ésta deberá abordar la necesidad urgente de proporcionar un empleo decente a la mayoría de la población. En lo que se refiere a los objetivos, el fin principal debería ser volver al camino fácil que lleva al crecimiento, alcanzando un crecimiento anual del PIB del 7% a partir de 2011, en comparación con la previsión del 4,9% y del 4,5% para 2009 y 2010, respectivamente. Será necesario un plan de estímulo mucho más ambicioso para reanimar la inversión hasta que represente al menos un 25% del PIB. Todo esto es necesario para crear suficientes puestos de trabajo que absorban la nueva mano de obra que entra en el mercado laboral y corregir el retraso del empleo.