Elecciones legislativas en Líbano

Elecciones legislativas en Líbano “Estamos luchando contra la nueva ley electoral que va a permitir a los partidos tradicionales perpetuar su poder y hundir el país aún más en las dinámicas sectarias”.

Entrevista con Hanna Gharib por Natalia Sancha

La sede del Partido Comunista Libanés (PCL) de Beirut es tan modesta como su secretario general, Hanna Gharib. De pelo canoso y cara afable, es difícil imaginarse al entonces responsable de la logística humanitaria en Beirut corriendo por las callejas de la capital libanesa esquivando las bombas. Tenía 28 años cuando en 1982 el ejército israelí invadió Beirut. Desde entonces, arrastra una sordera en el oído derecho. Encargado del abasteciendo de alimentos, agua y de la distribución de víveres en los refugios, Gharib pasó más tarde a entrenar a las fuerzas de resistencia comunistas para repeler el avance israelí. “Fuimos los primeros en crear hace 75 años un movimiento de resistencia contra los paramilitares sionistas de la Haganah. Antes incluso de que naciera la idea de Israel”, reclama. Combatieron en los pueblos del Sur de Líbano tras la declaración unilateral de Israel en 1948. Lo hicieron para proteger a los poblados palestinos, cuyas milicias se fortalecerían en el país desatando las primeras chispas de preguerra.

A los 64 años, Gharib relata la trayectoria del partido que surgió como adalid de “la resistencia contra el proyecto sionista en la región”, que ha vivido momentos de gloria durante el panarabismo liderado por el egipcio Gamal Abdel Nasser, para después tocar fondo con el colapso de la Unión Soviética en 1989 y más recientemente intentar liderar las protestas populares durante la Primavera Árabe. Relegados progresivamente del frente de lucha por el brazo armado del partido chií libanés Hezbolá, el PCL se reinventa para redefinir su existencia. Sin embargo, en el corsé sectario que dicta la vida política y social de Líbano desde el fin de la guerra civil (1975-1990) no hay cabida para los ateos. Los libaneses lo han dejado claro en las elecciones legislativas del pasado 6 de mayo, las primeras que ha celebrado Líbano en nueve años, donde han votado apáticos para refrendar a los partidos sectarios tradicionales (la entrevista se realizó días antes de las legislativas). La coalición liderada por Hezbolá ha salido reforzada por las urnas en un hemiciclo en el que no se sentará ni un solo diputado comunista. Y ello, conforme resuenan los tambores de guerra en la frontera sur libanesa.

AFKAR/IDEAS: ¿Cuáles son los principales hechos que han marcado la trayectoria del Partido Comunista libanés desde que los acuerdos de Taef pusieran fin a la guerra civil en 1990?

HANNA GHARIB: Son tres los factores que han llevado al declive del Partido Comunista a nivel mundial y ello se ha reflejado en el brazo libanés. Primero, el colapso de la Unión Soviética y, con ella, de los movimientos comunistas a nivel mundial. Segundo, el fracaso de los movimientos de liberación nacionales árabes de los que formamos parte y que asumieron la defensa de la causa palestina. El último factor fue el acuerdo de Taef sellado entre los partidos sectarios que ha provocado la caída de los partidos árabes socialistas y de su agenda política.

El acuerdo de Taef fue un duro golpe para el PCL conforme el sectarismo ganó fuerza en el país

A/I: ¿Cómo se fraguó una alianza entre comunistas ateos con el Partido de Dios durante la ocupación israelí del Sur de Líbano (1982- 2000)?

H.G.: Nosotros no coordinamos la lucha con Hezbolá. Era un frente de liberación en el que cada partido dirigía a sus propios hombres. Existía una coordinación política para apoyar a la resistencia, pero no sobre el terreno entre combatientes porque no había una sala de operaciones conjuntas. Estuvimos al frente durante toda la ocupación israelí. Cuando los israelíes entraron en Beirut, había mucha frustración y una sensación de abandono por parte de los partidos locales y nacionales. En esta coyuntura, el PCL fue el único que el 16 de septiembre de 1982 declaró un frente de resistencia ante la ocupación israelí movilizando al pueblo en un levantamiento armado para liberar el territorio ocupado. Guiamos a la resistencia y fuimos capaces de liberar Beirut en cuestión de semanas. De ahí avanzamos primero hacia las montañas, luego a la Bekaa y, por último, al Sur. Hezbolá no existía. Cuando llegamos a la frontera sur, la Unión Soviética colapsó y entramos en crisis. Tres cuartos de las tierras ocupadas por Israel fueron liberadas por el PCL y las fuerzas nacionales de liberación, como los naseristas, el Partido Social Nacionalista Sirio (SSNP) y otros movimientos seculares. Hezbolá no tuvo ningún papel entonces, hasta el derrumbe de la URSS y el consiguiente colapso de las fuerzas de liberación nacionales. Hezbolá no empezó a cobrar visibilidad hasta la entrada de Irán en la década de los noventa.

A/I: ¿Cómo evolucionó la relación tras la entrada de Hezbolá?

H.G.:El acuerdo de Taef supuso un duro golpe para el PCL conforme el sectarismo ganó fuerza en el país. El movimiento Amal, Hezbolá y los comunistas formamos parte del poder. Hezbolá se aferró al sistema confesional. Nuestras posturas solo coinciden en la idea de frenar el proyecto imperialista americano-israelí. En el resto de asuntos domésticos y políticos disentimos. Ellos apoyan la economía liberal y capitalista a la que nosotros nos oponemos. En el plano social, intelectual e ideológico también chocamos.

A/I: ¿Ha expulsado el sistema sectario pos-Taef al PCL de la vida política?

H.G.: El declive de la presencia de los partidos nacionales ha relegado a un segundo plano sus obligaciones en defensa de la resistencia, provocando el avance de Hezbolá. Cuando se crea un vacío alguien viene a cubrirlo. Estábamos en el frente y ahora es Hezbolá quien lidera la lucha. En el ámbito nacional nuestra postura sigue siendo la misma: la lucha contra Israel. Y cuando Israel ha agredido a Líbano, como en 2006, nos hemos levantado en armas, al menos con todas aquellas que pudimos conseguir. Perdimos a más de 10 mártires en el sureño poblado de Sarifa y en el valle de la Bekaa (frontera oriental de Líbano con Siria). Hemos respondido a cada agresión israelí e incluso en la lucha contra los yihadistas del grupo Estado Islámico y del Frente al Nusra (filial local siria de Al Qaeda) en Líbano. Los puntos que se acordaron en el acuerdo de Taef para la pacificación política no se han implementado, como tampoco lo ha sido el plan de formar un comité para acabar con la política sectaria. Todo lo contrario. Los partidos que se sumaron al poder después del acuerdo de Taef trabajaron en contra de todos los puntos allí consensuados y, por ende, en contra de la Constitución. El texto constitucional reafirma la eliminación del sistema sectario político. Después de 30 años ese comité no se ha formado. Y ahora se celebran otras elecciones parlamentarias bajo las mismas premisas confesionales.

Las fuerzas contrarias al poder tradicional necesitan un liderazgo y una agenda comunes

A/I: El PCL se ha enfrentado a dos enemigos, el yihadismo al Este del país y el israelí al Sur. ¿Cuál es la prioridad?

H.G.: Ambos. Daesh fue creado por Estados Unidos y también Israel. Luchamos en la retaguardia contra los yihadistas [expulsados de Líbano en el verano de 2017] y lo hicimos en coordinación con el ejército libanés y otros grupos de defensa populares surgidos en la zona.

A/I: Si el sectarianismo persiste, ¿por qué participa el PCL en estos comicios legislativos?

H.G.:Queremos introducir el cambio democrático en el Parlamento. Tenemos un programa en contra de la gobernanza sectaria. Las reglas de los partidos políticos libaneses se basan en su orientación confesional como los drusos, los suníes, los chiíes, los cristianos etc. Tan solo nosotros y el SSNP tenemos candidatos de todas las sectas y regiones en un mismo partido.

A/I: Es la primera vez que una plataforma nacional independiente y no sectaria, “Kuluna Watani”, de la que ustedes forman parte, se presenta a las legislativas. ¿Qué oportunidades tienen con la nueva ley electoral proporcional?

H.G.: El PCL ha realizado una activa labor de lobby durante los últimos años sobre el terreno para reformar la ley electoral y el gobierno. Primero, desde que en 2011 comenzó la intifada árabe [por la llamada Primavera Árabe] en Túnez nuestro lema ha sido: “El pueblo quiere la caída del gobierno”. Después lideramos el movimiento de la asociación de sindicatos en las protestas que se conocieron como la ?crisis de salarios,? aunando a todas las fuerzas de izquierda y movimientos seculares contra los partidos gobernantes. El tercer movimiento social que lideramos fue el de la crisis en la gestión de las basuras en 2015. El cuarto fueron las elecciones municipales de 2016 contra los partidos sectarios y corruptos pujando por el cambio económico y social, contra la desigualdad. Unas elecciones que dieron pie a la entrada de la sociedad civil, a través de la plataforma Beirut Madinati (Beirut, nuestra ciudad). Ahora enarbolamos una quinta lucha: las elecciones parlamentarias. En algunos de los 15 distritos electorales nos hemos presentado bajo la coalición de Kuluna Watani, en otros de forma independiente.

A/I: ¿Cree que en la situación actual el PCL puede recobrar fuerza?

H.G.: Estamos luchando en contra de la nueva ley electoral que va a permitir a los partidos tradicionales perpetuar su poder y hundir el país aún más en las dinámicas sectarias. Estamos llamando a los electores para que no voten a los candidatos de la clase gobernante. Se trata de crear un frente unido para confrontar al creado por los partidos tradicionales. Pero estamos divididos: los partidos de izquierda, los sindicatos, aquellos independientes con impacto en la sociedad que se han posicionado en contra de la clase dirigente y los de la sociedad civil. Incluso los candidatos de la sociedad civil han quedado divididos entre la tendencia conservadora y una más izquierdista que son los que están dispuestos a trabajar con nosotros. La plataforma Beirut Madinati está divida entre los que quieren participar en las elecciones legislativas y los que quieren acotar su papel a las municipales. Todo esto nos lleva a plantearnos que el movimiento de fuerzas contrarios al poder tradicional necesita un liderazgo y una agenda definida común.

En las guerras actuales se manipulaa los grupos religiosos y sectarios, fracturandoa los pueblo sárabes

A/I: ¿Pero si las listas de candidatos al Parlamento están sujetas a cuotas confesionales, sus candidatos deben presentarse según su confesión?

H.G.:Nos hemos tenido que doblegar a la ley y presentar candidatos de todas las confesiones. Una de nuestras candidatas ha suprimido su confesión del carné de identidad pero aun así han de presentarse según el reparto confesional establecido en las listas de cada distrito.

A/I: Ha mencionado en repetidas ocasiones el colapso de la URSS como giro fundamental en la historia de los partidos comunistas. Hoy se produce un retorno de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia alrededor de Oriente Medio en general y en Siria en particular. ¿Cómo les afecta?

H.G.: Nuestra posición regional se enmarca en tres grandes tendencias. Primero, el mundo está en una fase de transición de un sistema basado en el liderazgo unipolar de Estados Unidos a uno con múltiples polos de poder. Esta transición se realiza a través de una feroz competición que podemos calificar de guerra fría. Incluso podemos decir que, en el actual contexto, vivimos una tercera guerra mundial, pero con circunstancias particulares. Estados Unidos no quiere renunciar a su liderazgo exclusivo, mientras que otros actores como China, Rusia o los países asiáticos y los BRICS quieren jugar un papel independiente de los dictados norteamericanos. Esa batalla que se libra a nivel de naciones repercute en Oriente Medio, a través del proyecto americano- israelí cuyo principal objetivo es retornar a la era previa a Sykes- Picot [acuerdo secreto sellado en mayo de 1916 por Francia e Inglaterra para repartirse la región] y dividir a los países árabes siguiendo cortes sectarios. En las guerras actuales se usan y manipulan a los grupos religiosos y sectarios en una batalla de proxies, fracturando a los pueblos árabes según su pertenencia religiosa. De esta forma se han creado diferentes cismas entre árabes y persas, árabes y kurdos, suníes versus chiíes, entre los cristianos o contra los coptos en Egipto, alimentando la animosidad tanto entre los pueblos como los países árabes. En el Golfo, se han favorecido otras líneas de división, entre Arabia Saudí y Catar, o de corte intelectual-religioso como los Hermanos Musulmanes y los wahabíes [escuela conservadora del islam suní]. Todo ello con el objetivo de perpetuar los conflictos que dividen a Siria, Irak, Yemen, Somalia o Libia. En su esfuerzo por desmembrar a estos países, pretenden crear un nuevo mapa político en la región basado en las divisiones confesionales a imagen y semejanza de la judía Israel, para que éste pueda seguir siendo el poder fuerte. Y también para que Washington pueda seguir controlando los recursos naturales de hidrocarburos mientras estas naciones permanecen débiles y enfrentadas.

Nos oponemos aI srael y a Estados Unidos, pero también a los dirigentes árabes colaboracionistas

A/I: ¿Supone esta coyuntura una nueva oportunidad para los partidos regionales de izquierdas como las Unidades de Protección del Pueblo kurdas (YPG)?

H.G.:No lo creo. En cuanto a los kurdos, estamos en contra de la partición de Siria, pero a favor de que los kurdos obtengan plenos derechos como ciudadanos en todos los países de la región. Defendemos la unidad tanto de Irak como Siria. Es una premisa para confrontar la agenda norteamericana, por eso nos oponemos a que la causa kurda se convierta en un instrumento para dividir al país.

A/I: Al defender usted a los Estadosnación árabes, ¿no defiende el mismo Sykes-Picot que los creó?

H.G.: Nos oponemos a toda división de los Estados soberanos de Oriente Medio, al control de los recursos naturales o de pasos estratégicos como Bab el Mabeb, el Canal de Suez, el Mar Rojo. Este proyecto de Estados Unidos choca con los intereses rusos en la zona. Si la agenda de Estados Unidos tiene éxito y logra dividir Oriente Medio a partir de luchas sectarias, ello impactará en la política interna rusa con el contagio de los movimientos radicales en su territorio, así como en los países asiáticos que la rodean. Los rusos han intervenido en Siria por sus intereses, para evitar que la guerra se propague en su propia casa. De la misma manera que China tiene intereses económicos en la región y les supondría un duro golpe que Estados Unidos lograse hacerse con los recursos de crudo y gas. De ahí que China haya impulsado la iniciativa “One belt, one road” para revivir la antigua Ruta de la Seda que comienza en Asia y llega a Europa, pasando por Oriente Medio. Y por estos mismos intereses, los chinos y los rusos están usando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

A/I: ¿En la era global actual surgen nuevos enemigos para el PCL diferentes al israelí?

H.G.: No solo nos oponemos al enemigo externo que representa el proyecto de Israel y Estados Unidos en la región, sino también al enemigo interno que representan los dirigentes árabes colaboracionistas con dichos enemigos externos a los que entregan nuestros recursos robados al pueblo. Estos líderes son una herramienta de Estados Unidos, como MBS [por Mohamed Bin Salmán, príncipe heredero saudí] y las monarquías del Golfo, todas al servicio de Estados Unidos. Hay otros regímenes que han apostado por expandir los preceptos libertarios en la región, como el partido Baaz en Siria [antiguo partido único], pero no han conseguido nada. Ni la unidad, ni la libertad, ni el socialismo, más que reprimir a sus gentes.

A/I: Siria se ha convertido en el nuevo tablero de luchas regionales…

H.G.: Efectivamente existe un proyecto completo para la región árabe basado en la división sectaria que antes mencioné. Por eso nuestra obligación es crear una contraofensiva proponiendo un proyecto alternativo político, económico, social y militar, puesto que no hay ninguna alternativa actual.

A/I: ¿Representan los rusos e iraníes, aliados del Bashar al Assad en Siria, una opción?

H.G.: Ambos se oponen al proyecto de Estados Unidos pero no proponen ninguna alternativa. Solo quieren derrocar el proyecto norteamericano. Se consideran fuerzas preventivas. Nosotros consideramos que esta postura no es suficiente para derrocar al proyecto americano-sionista. Tampoco se les pide que presenten otras opciones puesto que esta tarea recae sobre los partidos seculares árabes y en su responsabilidad histórica. El problema es que hoy no existe ninguna alternativa revolucionaria.

A/I: ¿Cuál es el rol del Partido Comunista y su postura en Siria?

H.G.: Cuando Estados Unidos ataca al Ejército nacional en Siria lo interpretamos como un ataque imperial contra una nación soberana, aunque estemos ideológicamente opuestos a ella. Abogamos por la unidad de Siria. Allí, el Partido Comunista Sirio se ha aliado con el establishment gubernamental. Discrepamos porque consideramos que deberían ser independientes.

A/I: ¿Qué ha pasado con las “intifadas” árabes que estallaron en 2011? ¿Han tomado el relevo los partidos islamistas al panarabismo en la región?

H.G.: Hay algunos movimientos locales que siguen resistiendo como Hezbolá en Líbano, u otros en Siria e Irak, pero cada uno de forma individual y a su manera y sin un proyecto social común para toda la región. La Primavera Árabe logró sacar a las calles a millones de personas, pero no se materializó por falta de una agenda común definida. Ahí reside el problema. Debido a la debilidad del comunismo a nivel mundial, no existe un plan para proteger al mundo del imperialismo norteamericano. La solución sería renovar la carta fundacional del comunismo mundial donde China es un líder potencial, pero se encuentra ahora en fase de desarrollo. En el PCL proponemos esa renovación no solo a nivel mundial sino en el plano regional con la unión de la izquierda árabe. No obstante, estamos lejos de alcanzarlo debido a numerosas razones, desde regionales a domésticas.

A/I: ¿Tiene el PCL relación alguna con el Partido Comunista en Israel?

H.G.: No reconocemos al Estado de Israel. A pesar de que el discurso del Partido Comunista de Israel es positivo, no tenemos relaciones con partidos oficiales israelíes. Compartimos un entendimiento mutuo de la situación.

A/I: ¿Habrá guerra en el Sur de Líbano dada la tensa coyuntura actual y en plena escalada de tensión entre EE UU e Israel frente a Irán?

H.G.: Es una posibilidad, pero esta vez no será solo en el Sur de Líbano, sino en un frente regional que se extiende desde Líbano a Irak, pasando por Siria. No será como la guerra anterior [julio de 2006], una de morteros, sino que se librará en diferentes frentes y países. Llegado el caso, no hay duda de que políticamente nos posicionamos del lado de la resistencia, pero no disponemos de morteros.