El Magreb frente a los retos de la Agenda 2030

Larabi Jaidi

En los próximos 15 años, los esfuerzos realizados a escala mundial para fomentar el desarrollo sostenible se basarán en los 17 objetivos y en las 169 metas relacionadas que establece la nueva Agenda 2030. Después de un intenso proceso de negociación llevado a cabo durante tres años por los 193 Estados miembros de la ONU, a lo largo del cual los países del Magreb pudieron expresar sus preocupaciones, la Agenda 2030 ha empezado a aplicarse a escala nacional e internacional este año. ¿Qué retos supone para los países del Magreb?

El balance del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD)realizado por los países de la región destaca que han podido cumplir sus compromisos relacionados con los OMD en casi todos los indicadores, especialmente en los ámbitos de la sanidad, la igualdad de género y el medio ambiente. Se han realizado informes para analizar los logros que estos países deben consolidar, las ventajas que tienen que aprovechar y los retos que tienen que afrontar, en relación con los objetivos establecidos por las nuevas agendas internacionales de desarrollo. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, de ámbito universal, desempeñarán un papel fundamental en la política de desarrollo de los países del Magreb a lo largo de los próximos años. La finalidad de estos ODS, integrados, interconectados e indisociables, es aunar los tres aspectos del desarrollo sostenible: económico, social y medioambiental. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible van más allá de los sectores sociales en los que se centraban los Objetivos de Desarrollo del Milenio, al incluir también objetivos como el desafío climático y medioambiental, la transición energética o el crecimiento. Estas diferencias en el enfoque de los ODS en comparación con los OMD ponen de manifiesto su especificidad: la interconexión, la globalidad, la universalidad y la transversalidad.

Los países del Magreb abordan la Agenda internacional de Desarrollo Sostenible en un contexto marcado por la inestabilidad económica, las expectativas sociales y los problemas medioambientales. Las autoridades públicas tratan de impulsar cambios en los modelos de crecimiento mediante una diversificación voluntarista de las estructuras productivas; la mejora de las infraestructuras y de las instituciones básicas de los territorios para que sean más atractivas; y el reequilibrio, para que la financiación de las inversiones necesarias a dicho efecto sea más endógena. Por iniciativa de instituciones gubernamentales y no gubernamentales, con la participación de las instituciones representativas elegidas y de la sociedad civil, y el apoyo de organismos dependientes de Naciones Unidas, se han celebrado consultas nacionales en todos los países sobre las perspectivas para el periodo posterior a 2015.

Las grandes prioridades económicas, sociales y medioambientales

Hoy, a excepción de Libia, paralizada por el dramático caos político que vive, los países de la región han incluido los objetivos y los principios de desarrollo sostenible en sus políticas y programas de desarrollo. Se han iniciado procesos de reforma institucional y normativa para adecuarse a los protocolos y convenios internacionales sobre desarrollo sostenible ratificados por los Estados. Las normativas jurídicas se adaptan progresivamente a los principios de igualdad entre hombres y mujeres y a las exigencias medioambientales, los mecanismos institucionales se refuerzan con la creación de organismos y agencias dedicados al desarrollo sostenible, y se detallan estrategias, programas y proyectos. Los avances que se observan varían, por una parte, en función de las dificultades de cada país y, por otra, del nivel de comprensión de los problemas que tiene el conjunto de los actores.

– Modelos de crecimiento más eficientes A pesar de los nuevos niveles de crecimiento, la dinámica económica de la región sigue dependiendo de la coyuntura internacional o de la clemencia de la naturaleza. La demanda externa (hidrocarburos en el caso de Argelia, materias primas en el de Mauritania, productos manufacturados en el de Túnez y Marruecos), que fluctúa o disminuye, influye en la evolución del crecimiento. La inestabilidad de la pluviometría agrava la volatilidad del crecimiento y afecta negativamente a la renta y a la vida de las familias rurales. El rendimiento económico depende del comportamiento del sector primario (agricultura y minas) o terciario (turismo, servicios). La tasa de crecimiento económico anual medio, que rondaba el 5% durante el periodo comprendido entre 2000 y 2012, ha disminuido y se sitúa en torno al 3%. La mayoría de los países de la región registran déficit similares que se deben, al mismo tiempo, a la falta de consolidación de la competitividad y a las dificultades para controlar el gasto público según el ciclo económico. Algunas economías de la región, como Argelia y Mauritania, dependen mayoritariamente de la explotación de los recursos naturales. Otros países, como Marruecos y Túnez, han superado algunas etapas en la industrialización, pero los sectores siguen estando poco diversificados y especializados en actividades con escaso valor añadido. Las prioridades son evidentes: reducir la volatilidad del crecimiento, eliminar la vulnerabilidad frente a la imprevisibilidad climatológica y la dependencia de las cotizaciones de los productos básicos, mejorar la productividad agrícola para hacer frente a la inseguridad alimentaria y diversificar el sistema productivo e incorporarlo a la cadena de valor mundial.

El reto de la estrategia 2030 en el Magreb es adaptar las economías de la región a un nuevo modelo de crecimiento que respete los principios de la viabilidad medioambiental, del desarrollo económico y del bienestar social. Para llevar a la práctica este enfoque es necesario incluir los principios del crecimiento verde en las políticas, programas y planes de desarrollo actuales. La elección de un modelo de producción basado en las energías limpias y de adaptación de las estrategias sectoriales a los efectos del cambio climático es, para todos los países de la región, una manera de reconvertir sus modelos de crecimiento desde el punto de vista de la sostenibilidad. Para ello, los planes de desarrollo nacionales (Argelia, Túnez y Mauritania) o sectoriales (Marruecos) tienen previsto poner en marcha estrategias que propicien un crecimiento verde en los sectores de la energía, el transporte, la industria, la construcción y los residuos sólidos.

– Sociedades más inclusivas

La principal prioridad en todos los países es el empleo. La creación de empleo sigue siendo escasa a pesar del crecimiento económico de la región. El desempleo, que afecta en particular a jóvenes, mujeres y titulados de la enseñanza superior, sigue siendo un motivo de preocupación. El sector informal es el mayor creador de puestos de trabajo, precarios, mal remunerados y poco protegidos. Los progresos conseguidos por esta sub-región en lo que se refiere al cumplimiento de los OMD, en materia de sanidad y de educación, han hecho aumentar la esperanza de vida. Pero el considerable incremento de la población anciana genera nuevos y costosos gastos sanitarios y sociales.

Los países del Magreb han registrado importantes avances en el cumplimiento de los OMD, especialmente en la lucha contra la pobreza y en el acceso al agua potable y los servicios básicos. Argelia, Marruecos y Túnez han cumplido una gran parte de los OMD en 2015. Sin embargo, estos resultados ocultan unas desigualdades importantes (tasa de pobreza que va desde el 42% en Mauritania hasta menos del 1% en Argelia). El Índice de Desarrollo Humano (IDH) varía de 0,724 para Libia (94º en la clasificación mundial) a 0,628 para Marruecos (126º).

Los índices de pobreza multidimensional ponen de manifiesto los problemas y las dificultades para satisfacer las necesidades sociales. La vulnerabilidad adquiere una nueva dimensión y se extiende a las clases medias y a las personas con necesidades específicas. Existen diferencias entre los territorios de un mismo país, relacionadas con el desarrollo económico, la inseguridad alimentaria, el acceso a servicios sanitarios básicos, al agua, a la energía o también al saneamiento. La discriminación de las mujeres en materia de salarios, de empleo y de toma de decisiones es un tema muy preocupante. Gracias a las medidas de discriminación positiva se han conseguido avances en cuanto a la representación de las mujeres en las instituciones, pero la sociedad todavía no ha asimilado del todo lo logrado. Asimismo, la desigualdad de situación y de oportunidades debería disminuir mediante el reparto equitativo de los beneficios del crecimiento y el funcionamiento democrático del diálogo social.

El proceso de ejecución de los ODS tiende a enmarcarse en un contexto caracterizado por la aparición en las sociedades magrebíes de nuevas necesidades materiales y culturales, expresadas sobre todo por los jóvenes, las mujeres y la sociedad civil. Los sistemas de valores y los comportamientos sociales cambian debido a la creciente urbanización, los nuevos modos de consumo, la nuclearización de las familias, la importante movilidad interna y externa de la población y la tensión entre el conservadurismo y la modernidad. En este contexto, las aspiraciones de conseguir el bienestar necesitan marcos de expresión nuevos. La respuesta a la aparición de esta importante demanda social exige crear un marco institucional de participación y de propuesta para regular democráticamente las formas de expresión de estas expectativas.

– Prioridades medioambientales

Los países de la región tienen problemas medioambientales parecidos: desertificación, escasez de recursos hídricos, deterioro de las tierras, bosques y pastos, fuertes presiones sobre el medio marino, cambio climático y también la contaminación industrial, urbana y agrícola. El Magreb se caracteriza por tener uno de los déficits hídricos más elevados del mundo (disponibilidad de agua inferior a 1.000 m3/año), una desertificación que afecta a aproximadamente el 85% de las tierras, que están cada vez más amenazadas por la erosión y la salinización, y una agricultura predominantemente pluvial muy sensible a las variaciones climáticas. Los oasis, que son los pilares económicos de la subregión, están cada vez más amenazados por las repercusiones que tiene el cambio climático sobre la disponibilidad de recursos hídricos. Hay 870 especies de plantas clasificadas como raras, amenazadas o endémicas, lo que hace que disminuya la rica biodiversidad de los medios y el equilibrio de los ecosistemas. La explotación excesiva de algunos caladeros (pulpos y alachas) en Marruecos y Mauritania pone en peligro la reproducción a largo plazo de los recursos haliéuticos. La creciente presión relacionada con la urbanización y la concentración de las actividades económicas, que son cada vez más importantes en las zonas costeras y en las ciudades del litoral, tiene consecuencias desastrosas en el plano económico (pobreza), social (desempleo) y medioambiental (contaminación). El coste del deterioro del medio ambiente oscila entre el 2% y el 5% del PIB en los cuatro países (Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez), mientras que se calcula que es de aproximadamente el 17% para Mauritania.

Todos estos factores hacen que el Grupo de Expertos Intergubernamental sobre la Evolución del Clima (GIEC) considere que esta sub-región es una de las más sensibles al cambio climático, un riesgo con consecuencias para las condiciones de vida de la población (pérdida de productividad, disminución de las rentas agrícolas, emigración, etcétera). Las emisiones de gases de efecto invernadero, los cambios de la pluviometría y de las temperaturas, los riesgos de que aumente el nivel del mar (Egipto, Marruecos y Túnez) y el recrudecimiento de los episodios climáticos extremos son, hoy en día, algunos de los signos visibles y de los retos que tiene que afrontar esta región.

Actualmente, no se presta suficiente atención a estos temas en la sub-región, pero siguen siendo un problema importante. Asimismo, la consolidación de los logros en materia de crecimiento económico, de acumulación de capital físico, de mejora del capital humano y de disminución de las desigualdades y de la pobreza, para mantener a largo plazo los equilibrios macroeconómicos, se convierte en una obligación imperiosa. Todos los países de la región tratan de llevar a cabo estrategias y políticas adaptadas, de acuerdo con las prioridades nacionales y con las disposiciones de los diferentes e importantes acuerdos e instrumentos multilaterales sobre medio ambiente que han suscrito. Habrá que superar algunos obstáculos para modificar las tendencias actuales y utilizar la conservación del medio ambiente y de los recursos naturales para fomentar el desarrollo sostenible de la sub-región. Los ODS son muy ambiciosos: hay que plantearse desde ya el tema de su ejecución. Los países del Magreb, a nivel individual, y la región en su conjunto se enfrentan a un nuevo desafío. Varias cuestiones siguen todavía pendientes de resolverse, y el éxito de la apuesta depende de la superación de siete grandes retos.

Siete retos para afrontar la apuesta

El primer reto es el de comprender los objetivos de desarrollo y conjugarlos con las prioridades nacionales, para lo cual la integración armoniosa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los planes estratégicos sectoriales es fundamental. Es lo que tratan de hacer los Planes de Desarrollo de Túnez, Argelia, Mauritania y los planes sectoriales en Marruecos.

El segundo reto es dominar la coordinación de las políticas públicas. Para llevar a cabo los ODS de forma eficaz y cumplir la Agenda 2030, hay que dejar a un lado la lógica del crecimiento cuantitativo y optar por un enfoque multidimensional y de convergencia de las agendas sectoriales. Esto se puede hacer con tres planteamientos, que suponen que los ODS se acepten a todos los niveles: un planteamiento territorial y multidimensional; un planteamiento con múltiples actores; un planteamiento relacionado con el procedimiento. Los ODS no solo provocan un auténtico cambio de paradigma, sino un auténtico cambio de escala, gracias especialmente al aspecto multidimensional y a las colaboraciones entre múltiples actores.

El tercer reto está relacionado con la información estadística. Existen organismos estadísticos nacionales que desempeñan un papel fundamental en la generación de datos para cada país y que garantizan un mínimo de coherencia de conjunto. Sin embargo, solo por su valoración y por la gran cantidad de datos que generan, al final, estos son dispersos, poco homogéneos y difícilmente aprovechables en su totalidad. Estos sistemas de información no están lo bastante integrados con respecto al concepto de una nueva visión de las estrategias de desarrollo y de sus retos: el medio ambiente, el género y los territorios. Para superar este reto hay que consolidar el mecanismo de la información estadística y de sus herramientas (conceptos, nomenclaturas, repertorios) en temas fundamentales: las desigualdades, el género, las escalas territoriales y el medio ambiente.

El cuarto desafío fundamental es el del seguimiento y la evaluación de la ejecución. La visibilidad de las políticas públicas aumenta porque hoy en día se traducen en nuevas estrategias nacionales y sectoriales. Ahora bien, debemos señalar que la falta de un seguimiento sistemático de las políticas públicas no siempre dice mucho de la credibilidad de estas estrategias. Algo que precisamente se puede conseguir con el seguimiento y la evaluación de las políticas públicas es prevenir o corregir los efectos de unas limitaciones financieras o institucionales que no se entienden bien.

El quinto reto es el de la financiación, porque para poder cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible es necesario que se financien con importantes recursos. La ayuda internacional puede contribuir poco. Tiene que haber una mayor aportación de recursos nacionales, públicos y privados, especialmente mediante una mayor flexibilidad y eficacia en la dotación de medios y otorgando un papel más importante a la financiación innovadora. La nueva agenda tiene unos objetivos ambiciosos e incluye tanto el desarrollo económico y social como la sostenibilidad ecológica. Ha llegado el momento de asumirla y de llevarla a cabo.

El sexto reto es el fomento la buena gobernanza. Desde el punto de vista económico, ha avanzado en algunos países de la región, como lo pone de manifiesto la mejora del entorno empresarial en Marruecos o en Túnez. Desde el punto de vista político, la transición democrática en Túnez, las esperanzas de la nueva Constitución marroquí y el fomento de procesos electorales libres y transparentes en Mauritania y Argelia auguran nuevas perspectivas para el Estado de Derecho en la región. Hay que reforzar estos procesos institucionales mediante una mayor transparencia en la gestión de los asuntos públicos, una lucha firme y eficaz contra la corrupción y una mejora de la eficacia de los servicios públicos.

El séptimo reto es el de relanzar el proceso de integración magrebí sobre unas nuevas bases. La Agenda 2030 requiere una respuesta colectiva a unos desafíos comunes. La gestión de los servicios públicos, como los de medio ambiente o sanidad, exige respuestas negociadas y coordinadas. También habría que redefinir un proyecto político movilizador que esboce las líneas generales de un futuro común. Esta visión de un “futuro común” se impone porque es indispensable que los países magrebíes se integren más para sumarse eficazmente a la economía mundial. Eso supone la creación de mecanismos de solidaridad fuertes, capaces de compensar los efectos desestabilizadores, en el plano social, de las reestructuraciones económicas que se han vuelto necesarias por la liberalización de los intercambios y de la economía.