El islam en Europa: ¿en qué medida influyen los países del Golfo?

La influencia de países como Arabia Saudí o Catar en Europa se basa en redes al mismo tiempo económicas, ideológicas y políticas.

Samir Amghar, Khadiyatoulah Fall

Al hablar de la cuestión del islam en Europa, surge bastante a menudo un interrogante: ¿hay islamistas que alimenten un proyecto político en el Viejo Continente? Varios intelectuales, encabezados por la francesa Caroline Fourest, la italiana Oriana Fallaci, la británica Bat Ye- ’or y el argelino Mohamed Sifaoui, aseguran que sí. En su opinión, liderarían el proyecto político expansionista del islam países de la península arábiga como Arabia Saudí e incluso Catar, a los que se acusa de querer exportar un islam “reaccionario”, incompatible con los valores de las sociedades europeas y, sobre todo, considerado la matriz ideológica del yihadismo contemporáneo. Los partidarios de este análisis creen verlo confirmado en los millones de euros destinados por esos países a la construcción de mezquitas y centros islámicos. Aunque no pueda negarse una cierta influencia de estos Estados, hay que reconocer que sigue siendo marginal y procede en particular de los discursos de predicación religiosa inspirados por ciertos países de la península arábiga. Esta influencia se basa en redes a un tiempo económicas, ideológicas y políticas. Este artículo pretende dar cuenta de la realidad del peso ideológico de los países del Golfo en el islam europeo.

Desde la implantación del islam en Europa, los países de la península arábiga han financiado un gran número de proyectos de construcción de mezquitas y de centros de educación islámica. Esta ayuda, que puede alcanzar varios millones de euros, no procede directamente de los Estados, sino de mecenas privados o de organizaciones no gubernamentales que hacen estos donativos a modo de azaque zakat.

En Francia, varios de estos proyectos de construcción de mezquitas europeas cuentan con financiación de Catar, Kuwait y Arabia Saudí. A través de la organización no gubernamental catarí Qatar Charity (fundada en 1992), se sufragan por lo menos siete proyectos de centros islámicos en el país. Es lo que ha permitido a la futura mezquita de Mulhouse contar con un millón de euros. El instituto privado Averroès de Lille (norte de Francia) también se ha beneficiado de apoyo. En general, las redes de los Hermanos Musulmanes en Europa son las que gozan de financiación de Qatar Charity, de quien se sospecha, por otra parte, que apoya el yihadismo bajo el pretexto de la ayuda humanitaria. Las inversiones de esta ONG en Europa podrían ascender a cerca de 130 millones de euros. Con el objetivo de seguir de cerca la gestión de todos esos proyectos (escuelas, centros islamistas, medios de comunicación, etc.), la ONG catarí creó en 2014 una oficina en Londres para supervisar sus actividades en Europa (https://blogs.mediapart.fr/mohamed- louizi/blog/310815/le-qatar-etlecole- d-allah-le-cas-du-lycee-averroes#_ ftn11).

Otra ONG, esta bajo tutela saudí, también adquiere un papel activo de financiador en proyectos de construcción de centros islámicos en Europa (además, ya ejerce su actividad en 37 países asiáticos y africanos, donde lleva casi 7.000 mezquitas construidas). No es otra que la Liga Islámica Mundial, fundada en 1962 (Samir Amghar, L’islam militant en Europe, Infolio, 2012). Administradora de varias mezquitas en Europa occidental (Viena, Kensington, Ginebra, Bruselas, etc.), también contribuye a su financiación en otros puntos del continente, en particular la mezquita de Sarajevo. Distribuye el Corán y otras obras de referencia sobre la religión, y organiza numerosas conferencias y cursos islámicos, a menudo gratuitos, que atraen a personas deseosas de adquirir una educación religiosa.

No es solo la adhesión ideológica lo que determina estas financiaciones. En efecto, los beneficiarios de estos donativos tienen la libertad de definir la orientación ideológica del islam que desean promover. En la mayoría de casos, dicha orientación estará muy alejada del islam salafista de los países del Golfo. De hecho, las mezquitas financiadas por la Liga Islámica Mundial no profesan el islam salafista. Por ejemplo, la mezquita del Centro Islámico y Cultural de Bruselas, regida por la Liga, está liderada por un imán de origen senegalés, perteneciente al sufismo, rama del islam detestada por los salafistas. El propósito de estas financiaciones no es ejercer una tutela ideológica en el islam europeo, sino crear una red de simpatizantes y seguidores no críticos con Arabia Saudí o Catar. Estos patrocinios religiosos contribuyen así a fomentar una mejor visibilidad de la política exterior saudí o catarí, bajo la figura de un mecenazgo hacia los musulmanes europeos. Por tanto, estas financiaciones forman parte de una “estrategia de escudo”, una lógica defensiva de construcción de una identidad por parte de los países donantes para que los destinatarios los consideren benefactores de los musulmanes de Europa. Son aportaciones que contribuyen, en consecuencia, a mantener el poder simbólico de Arabia Saudí o de Catar, gracias al apoyo económico que prestan a las asociaciones musulmanas.

Aunque no se observa la influencia política de los países del Golfo en las mezquitas y centros islámicos que subvencionan con millones de euros, esta es visible en las prácticas religiosas cotidianas de los fieles, que cada vez definen más esas prácticas según el rasero de la doxa religiosa procedente del Golfo. Lo vemos en el hecho de que musulmanes europeos vistan el yilbab, el niqab o el qamis, o incluso en la voluntad de determinar visualmente el principio y el fin del mes de ramadán, según el enfoque literalista que propugnan los países del Golfo.

Esta sensibilidad religiosa es también fruto de la influencia difusa de los canales por satélite saudíes o egipcios, como Iqra (lee), al-Majd (la grandeza), al-Hikma (la sabiduría), ar-Rahma (la misericordia) o al-Hafez (el guardián) (Husam Tamam, “Le salafisme, comme une voie pour dépasser le postmodernisme”, Olfa Lamloum (dir.), Les Cahiers de l’Ifpo. Presses de l’Ifpo, 2010), o también de la política de traducción masiva de obras de teólogos salafistas al inglés, francés y alemán, o de la multiplicación de sitios web que abogan por una lectura del islam idéntica a la practicada en Arabia Saudí o Catar.

Además de estos vectores, la influencia tiene que ver con el número creciente de europeos diplomados por universidades islámicas saudíes o centros islámicos de Yemen, que regresan a sus países de origen para convertirse en eslabones de la transmisión del islam de los países del Golfo. En efecto, a base de becas y buenas condiciones de estudios, Arabia Saudí consiguió, a partir de los años setenta, atraer a estudiantes de todo el mundo a sus distintas universidades, entre ellas la de Medina, reservada al alumnado extranjero donde se codean cerca de 160 nacionalidades. Cada año, el Reino concede una beca a cinco belgas para estudiar en Medina; a menudo acaban siendo predicadores. En el seno de las embajadas saudíes de Europa, se organizan selecciones para la admisión en estas universidades. Al acabar su formación, el estudiante, aureolado con su diploma, se transforma en un vector de propagación del islam saudí y una autoridad religiosa popular entre los jóvenes, para muchos de los cuales Arabia Saudí es el centro por excelencia del saber islámico. Asimismo, los mejores alumnos tienen la seguridad de incorporarse a las redes de mezquitas regentadas por la Liga Islámica Mundial en Europa. Gracias a esas redes, los diplomados invitan periódicamente a sus antiguos profesores a visitar el continente e impartir seminarios o conferencias, en ciudades con importante presencia musulmana (Birmingham, Marsella, París, Rotterdam, etc.).

Para concluir, aunque ese apoyo financiero sea considerable, no lo motiva principalmente la búsqueda de una sumisión doctrinal al islam propugnado en los países del Golfo. Más allá del hecho religioso, el proyecto de influencia parece basarse por encima de todo en lógicas relacionadas con intereses estratégicos de carácter nacional. No nos parece que la exportación de un islam “conservador, dogmático, reaccionario” sea una prioridad en sí. Sin duda, las prácticas religiosas de los musulmanes europeos están cada vez más marcadas por este islam conservador, pero también hay que tener en cuenta que otros países musulmanes empiezan a tener un mayor peso religioso doctrinal. El peso de los países del Golfo en la estructuración del sector islámico europeo no debe ocultar la influencia simbólica creciente de Turquía como actor principal del islam en Europa, sobre todo desde la llegada al poder de Recep Tayyip Erdogan. Como ejemplo, el Dyanet (Presidencia de Asuntos Religiosos de Turquía) se implica cada vez más en proyectos de mezquitas y centros islámicos en Occidente (Washington, Estrasburgo, etc.).