El diálogo a través de la cultura

Con Francia a la cabeza, la aportación de Europa, considerada un complemento, resulta crucial para la promoción de la cultura en Marruecos.

Younès Baâmrani

Gracias a la promoción de la cultura por medio de los institutos culturales, cientos de miles de jóvenes marroquíes han accedido a espacios de emancipación, a falta de una infraestructura cultural estatal digna de tal nombre. Este año no hay Bulevar de los Jóvenes. Este festival, nacido en 1998 y considerado el acontecimiento musical del año para las músicas urbanas, presentaba sus conciertos en la pequeña sala de la Federación de Obras Laicas (FOL), en Casablanca. Los primeros conciertos de músicas urbanas como el rock, el metal o el rap fueron acogidos en este escenario, situado en el barrio de Gauthier, en pleno centro urbano de la ciudad. Con el tiempo, el Bulevar fue creciendo, cambió de sede y se instaló en espacios más amplios, como los del COC, un club de rugby de la capital económica del reino.

Al principio, la FOL

Detrás de la creación en Marruecos del acontecimiento musical juvenil por excelencia, se encuentra, pues, la FOL. Los jóvenes apasionados por la guitarra eléctrica y la batería, el slam y el groove carecieron por mucho tiempo de salas donde dar rienda suelta a su talento. Durante años, se reunían en sus casas o tocaban en los jardines públicos de la Liga Árabe de Casablanca. La creación del Bulevar permitió el lanzamiento de una generación de raperos y grupos de fusión, más tarde convertidos en estrellas. Por su parte, la FOL prosigue con sus actividades. Fundada en 1940, cuenta con unos 10.000 miembros en todo el país, y parte de su “clientela” procede de los 18 colegios de la red educativa francesa en Marruecos. En Casablanca, por ejemplo, esta institución organiza, para sus cientos de miembros, proyecciones de películas infantiles, así como talleres de teatro, música y danza.

Hay actuaciones de compañías de teatro aficionado durante todo el año. Además, la FOL pone una biblioteca a disposición del público. Los centros culturales encabezan la presencia institucional cultural europea en el país. El Instituto Cervantes tiene seis sedes en Marruecos (Casablanca, Fez, Rabat, Tánger, Marraquech y Tetuán) y el Goethe Institut dos. También hay centros culturales rusos e italianos, del British Council y centros de Dar America, la misión cultural americana en Casablanca. A pesar de ello, los Institutos Culturales Franceses son los más activos en el país. Aun con recortes presupuestarios considerables, la cooperación cultural francesa en Marruecos es importante. Adquiere formas diversas. En primer lugar, los institutos franceses, que siguen ofreciendo las bibliotecas más frecuentadas por adultos, universitarios y alumnos de secundaria del país. Por una sencilla razón: las bibliotecas municipales no disponen de títulos de referencia.

Marruecos cuenta con ocho Institutos Culturales Franceses (ICF): Agadir, Casablanca, Fez, Marraquech, Mequinez, Uchda, Rabat y Tánger. Hay tres alianzas franco-marroquíes en El Yadida, Esauira y Safi, así como tres delegaciones (Kenitra, Larache y Tetuán). Las 13 mediatecas de los ICF cuentan con 380.000 documentos disponibles para 33.000 socios. Todos ellos ofrecen cursos de lengua, a los que asiste un nutrido alumnado marroquí. Muchos de estos institutos son los artífices de festivales y acontecimientos culturales. El Festival Internacional de Cine de Animación de Mequinez (Ficam), que este año celebra su novena edición, fue creado por el Instituto Francés de esta ciudad. “Este festival permitió la eclosión de talentos en el ámbito de la animación, al brindar a jóvenes creadores marroquíes la oportunidad de coincidir con maestros del género y beneficiarse de su experiencia”, afirma uno de los organizadores del festival. El Ficam se ha convertido en todo un acontecimiento dedicado al cine de animación en Marruecos e incluso en África.

Los más pequeños se desplazan en masa a Mequinez para disfrutar de estos ocho días de cine. El Instituto Francés de Casablanca era un socio de la talla de la facultad de Ben M’sik en la organización del Festival Internacional de Teatro Universitario (Fituc). Durante los noventa, ésta fue la cita cultural más emblemática de Casablanca. “En los años ochenta y noventa, los institutos franceses contaban con medios considerables para organizar acontecimientos culturales. Hoy ya no es así”, subraya esta fuente de la cooperación francesa. Durante esos años, también se organizaban los Estivales, la cita veraniega musical por excelencia. Por aquel entonces, los jóvenes de las mayores ciudades marroquíes tenían la rara ocasión de ver espectáculos de celebridades consagradas, como Rita Mitsouko, Julien Clero, Patricia Kaas o incluso la Orquesta Nacional de Barbès (ONB) pagando una cantidad irrisoria por la entrada.

Timitar, los alisios

Aún hoy, los institutos franceses ocupan un lugar central en la actualidad cultural del país. Son socios de los mayores festivales nacidos en la era de Mohamed VI. Unos festivales que al principio fueron alentados por motivos políticos, con el fin de ganar la partida a los islamistas de toda condición y permitir a la juventud marroquí desahogarse. En Agadir, el Instituto Francés participó desde el principio en el festival de Timitar, organizado todos los años por el mes de julio. Además, el director artístico del festival trabaja en el propio Instituto. Asimismo, Francia apoya el Festival de Músicas Sacras de Fez, la Primavera de los Alisios y el Festival Gnaua y Músicas del Mundo de Esauira, el Festival Thé-Arts (artes escénicas, artes visuales) que se celebra en la Ciudad de las Artes de Rabat, así como los Encuentros Coreográficos Internacionales de Marraquech organizados por la compañía Anania.

“Depende necesariamente de la personalidad del director del Instituto y de sus inclinaciones artísticas”, explica nuestra fuente. “La embajada de Francia respalda varias iniciativas innovadoras en el ámbito de las artes plásticas (Collectif 212 y Appartement 22 en Rabat, La Source du Lion en Casablanca) y musicales (El Bulevar de los Jóvenes Músicos en Casablanca, la Orquesta Filarmónica de Marruecos, la Coral de Rabat). Asimismo, apoya la emergencia de la danza contemporánea en Marruecos, favoreciendo iniciativas de creación de nuevos coreógrafos y sus proyectos de instalación (Marraquech y Casablanca)”, reza el sitio web de la embajada. La cooperación cultural francesa colabora también, por ejemplo, con el Ministerio de Cultura marroquí.

Es el caso de la formación de jóvenes actores del Instituto Superior de Arte Dramático y de Animación Cultural (ISADAC), de Rabat, para la iniciación en las artes del circo y la refundación de la formación musical en Marruecos, que se lleva a cabo paralelamente a la creación del Instituto Superior de Música y Danza de Rabat. Francia cuenta con una Oficina del Libro y mediatecas para la promoción de la escritura y el libro en Marruecos. En este sentido, la Oficina aspira a apoyar a los autores y editores marroquíes, así como a los profesionales del libro, en un país donde el sector de la edición está en crisis. En efecto, varias obras marroquíes se han publicado gracias al apoyo del Servicio de Cooperación y Acción Cultural (SCAC).

Cine y música

En un contexto más global, trabaja una superestructura, la Comisión Europea. “Está presente en Marruecos desde 1979. Su acción cultural se inspira en la dimensión social y cultural de la Declaración de Barcelona de 1995. Es decir, fortalecer el diálogo entre las dos orillas del Mediterráneo”, subraya Safaa Keddiui, responsable de actividades culturales de la delegación de la Comisión Europea. En cuanto a iniciativas locales, destacan dos acontecimientos importantes: las semanas dedicadas al cine europeo en las principales ciudades marroquíes (desde 1991) y el festival Jazz en el Chellah, en Rabat (desde 1996). “El acontecimiento cinematográfico ha tenido tanto éxito que se ha convertido en un acontecimiento cultural ineludible.

Muestra Europa desde el ángulo del cine. En cuanto a Jazz en el Chellah, se trata del encuentro entre una formación de jazz europea y un músico marroquí”, añade Safaa. El festival pasó del pequeño escenario del museo de los Udayas a uno mayor, en el Chellah, donde más de 1.200 melómanos asisten cada noche a conciertos de fusión. La delegación participa también en la acción cultural, mediante conciertos abiertos a asociaciones, organizaciones culturales e incluso instituciones públicas. Objetivo: estimular el diálogo intercultural con propósitos educativos y lúdicos, con la mirada puesta en un público joven.

“Por ejemplo, hemos apoyado el Festival del Cómic de Tetuán o el Festival de Teatro de Zakoura Education, que ha permitido a los pequeños que estudian en escuelas informales montar obras de teatro del patrimonio universal”, declara la responsable de acción cultural en el seno de la delegación. La aportación de Europa, considerada un complemento de acción cultural, resulta crucial para la promoción cultural en Marruecos, ante la falta de una acción cultural marroquí y la ruina de sus instituciones. En la línea de esas casas para jóvenes, la mayoría en un estado deplorable, hoy el país se limita a organizar festivales en Casablanca, Rabat y otras ciudades, con presupuestos abundantes, pero sin una línea editorial clara.