Cine para trabar complicidades

Desde hace siete años se celebra la Muestra de Cine Árabe y Mediterráneo de Cataluña, una oportunidad de ver lo más destacado del cine árabe contemporáneo.

Meritxell Bragulat

Este 2013 se cumplirán siete años desde que la Muestra de Cine Árabe y Mediterráneo comenzó su andadura gracias al empeño de Sodepau –una asociación de solidaridad y cooperación con casi 20 años de existencia tejiendo complicidades y construyendo puentes entre las dos riberas del Mediterráneo, con una clara vocación de transformación social– y a la confianza, apoyo y acompañamiento de Beirut DC, un colectivo de cineastas libaneses unidos por el afán de hacer cine y difundirlo más allá de sus fronteras. Casi por casualidad, fruto de una coincidencia de objetivos y una pasión compartida, iniciamos esta aventura para hacer llegar a nuestras pantallas lo más destacado del cine árabe contemporáneo.

La Muestra dio sus primeros pasos en Sant Feliu de Llobregat gracias a la participación e implicación de la Asociación Cinebaix, cuyo objetivo gira en torno a la lucha de la ciudad por la recuperación de los cines Guitart. Desde la autogestión, hace casi un lustro, un equipo de voluntarios hace funcionar el Cinebaix, que ha acabado convirtiéndose en un referente de la cultura popular y la participación social. Desde sus inicios, la Muestra ha intentado colmar un vacío en el panorama cultural catalán, con la convicción de que el cine favorece el conocimiento y la comprensión del mundo en que vivimos. De este modo, quiere contribuir a la difusión y promoción del cine árabe y mediterráneo en Cataluña, y dar a conocer una mirada distinta, desde dentro de estas sociedades, sobre sus problemas y sobre el mundo actual.

Por otra parte, la iniciativa pretende crear un espacio de encuentro e intercambio para los profesionales del mundo del cine árabe y catalán, y establecer una estrecha colaboración con entidades que apuesten por la producción y la filmografia árabe. En definitiva, se trata de contribuir, mediante la cultura y la expresión artística, a romper la imagen y los estereotipos sobre el mundo árabe y mediterráneo tan arraigados aun en nuestra sociedad. Este proyecto no surge de la nada, sino que se enmarca y está profundamente enraizado no solo en la historia de Sodepau como entidad con cierta trayectoria en la organización de muestras y ciclos de cine (entre 1997 y 2001 Sodepau organizó la Muestra de cine y vídeo indígena de América en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), sino también en una determinada visión y vivencia de la mediterraneidad, y en el convencimiento de la necesidad de solidaridad internacional como primer paso hacia la consecución de un Mediterráneo libre, próspero, justo y en paz.

Los estereotipos, prejuicios y clichés sobre el mundo árabe y musulmán no tienen un origen cercano en el tiempo ni tampoco surgen inocentemente. Más bien lo contrario. Como hemos aprendido del reconocido intelectual palestino Edward Said, esta particular mirada occidental sobre Oriente forma un corpus teórico bien definido y conceptualizado por numerosos estudiosos, eruditos y académicos que, desde el siglo XVIII, nutrieron esta corriente ideológica al servicio de un sistema de poder que impone unas relaciones sociales, económicas y culturales basadas en la dominación de unos sobre “los otros”.

A nuestro modo de ver, para poder transformar este marco de relaciones entre los pueblos, basado en la injusticia y la sumisión, es necesario que, como sociedad, nos despojemos de este “manto” que esconde y simplifica sin demasiados miramientos una realidad más rica, compleja y cercana de lo cabría esperar, si no nos cuestionásemos esta tradición de pensamiento. A partir de este análisis fuimos construyendo colectivamente como asociación el proyecto, poco a poco pero con paso firme. Llegamos a la conclusión de que más que focalizar nuestros objetivos en una acción social y política en los países del sur del Mediterráneo, lo que debíamos hacer era priorizar la transformación y el cambio de mentalidades en nuestra propia sociedad.

Por supuesto, sin olvidar la necesaria solidaridad con otros pueblos, luchas y causas, mediante el establecimiento de un diálogo y una cooperación de tú a tú: sincero, respetuoso, abierto, desde la igualdad que nos da pertenecer todos al género humano. A lo largo de los últimos 10 años hemos organizado, solos o en colaboración con otras entidades, un sinfín de talleres, charlas, debates, conferencias, exposiciones, etcétera. Hemos promovido y formado parte de plataformas y movilizaciones organizadas desde la sociedad civil, como las de solidaridad con Palestina o contra la guerra en Irak con el movimiento “Aturem la Guerra” (Paremos la guerra), porque entendemos –y nuestra experiencia así lo demuestra– que la denuncia y la movilización también tienen un papel importante en el proceso de concienciación de la ciudadanía.

El nacimiento de la Muestra

Sin menospreciar el trabajo realizado a lo largo de todos estos años en el campo de la formación, el análisis y el debate tanto por nuestra parte como de muchos otros agentes políticos y sociales y asociaciones, siempre nos asaltaba la duda de si con este tipo de actividades “sesudas” conseguíamos llegar a un público más amplio. A raiz de estas reflexiones, a veces intuidas y otras tantas habladas, fuimos ampliando el abanico de actividades, con la organización de lecturas de poesía, cineforos, conciertos de música, obras de teatro, títeres, con artistas venidos especialmente para la ocasión de otros países, como Palestina o Marruecos, o con artistas de diversos orígenes que viven aquí. Y así fue como nos aventuramos con el cine.

La Muestra fue tomando cuerpo y se convirtió en algo en lo que poner todo nuestro esfuerzo, energías e ilusiones. El cine, entre otras virtudes, documenta los cambios sociales y de mentalidad, da testimonio, indaga y recupera memorias, crea y deconstruye discursos, agita la imaginación, nos hace soñar y, al fin y al cabo, nutre nuestros imaginarios colectivos. No en vano el cine producido en Occidente ha sido durante mucho tiempo lo que ha alimentado nuestro imaginario y moldeado nuestros discursos llenos de estereotipos sobre el mundo árabe y mediterráneo, desde Lawrence de Arabia a Indiana Jones, por poner solo un ejemplo. Por eso, la Muestra opta, de forma clara y rotunda, por ofrecer al público otra mirada y, con ella, la posibilidad de compartir estas memorias, discursos e imaginarios que nos han sido vedados (y lo son aun en gran medida) para enriquecernos con la posibilidad de reconstruir nuestros imaginarios.

A lo largo de sus siete años de vida, algunas colaboraciones se han quedado por el camino, otras se han consolidado y afianzado: gentes de España y de los países árabes, donde hemos ido tejiendo una red de cineastas, críticos de cine, cinéfilos, sin los cuales nuestra tarea sería más ardua y posiblemente más pobre. Sin embargo, por el alcance de su colaboración, es imprescindible destacar a dos instituciones colaboradoras: la Federación Catalana de Cineclubs (www.federaciocatalanacineclubs. cat) y la Filmoteca de Catalunya (www.filmoteca.cat). Respecto a la primera, nos satisface especialmente su implicación, ya que fruto de esta sinergia algunas de las películas de las que hemos podido disfrutar en la Muestra, se pueden volver a ver en las sesiones que organizan los cineclubs en todo el país, durante todo el año o en sesiones especiales dedicadas al cine árabe, como la que organizamos desde hace dos años con el cineclub de Figueres, haciendo realidad uno de nuestros objetivos de abrir espacios más allá de los cinco días que dura la Muestra.

Además, con el objetivo de ampliar y ahondar en la creación de una red alternativa de difusión y distribución del cine árabe en el Mediterráneo, en mayo de este año celebraremos el Primer Encuentro de Cineclubs del Mediterráneo en el Centro Cívico de La Sedeta, en el barcelonés barrio de Gracia. Por otra parte, la implicación de la Filmoteca de Catalunya en el proyecto no solo nos acerca a un público más amplio, nuevo y exigente, lo que supone un reto para nosotros, sino que además implica un reconocimiento a la calidad de las obras cinematográficas seleccionadas y a la trayectoria forjada en este tiempo.

Durante estos años hemos programado algunos de los títulos más destacados del cine árabe actual, que en su mayoría nunca se han estrenado en nuestro país: Dunia de Jocelyne Saab; Beirut Diaries de May Masri; La Maison jaune de Amor Hakkar; Délice Paloma de Nadir Moknèche; Sacrificies de Osama Mohamed; Mascarades de Lyes Salem; Harragas y Le repenti de Merzak Alluache; Hawi de Ibrahim el Batut; Déluge au pays du Baas de Omar Amiralay; Hey, n’oubliez pas le cumin de Hala Alabdalla; Lettre à ma soeur de Habiba Djahnine; The time that remains de Elia Suleiman, entre otras muchas películas. Y hemos tenido el honor y la suerte de contar con la presencia, participación y apoyo de algunos de los mejores directores y directoras de esta filmografía.

Algunos con muchos años de profesión a sus espaldas y otros que encarnan un cine más joven. De todos ellos habría que destacar, en primer lugar y con un recuerdo muy especial, a Omar Amiralay, que desgraciadamente nos dejó hace ahora dos años, pero también a Jean Chamoun, Hala Alabdalla, Jocelyne Saab, Rabah Ameur-Zaimeche, Osama Mohamed, Maher Abi Samra, Habiba Djahnine, Ula Tabari, Sonia Chamki, Mohamed Zran, Amal Ramsis, Sherif el Bindary, Saad Chraibi, Ahmed el Maanouni y un largo etcétera. A pesar de las dificultades con las que asociaciones como la nuestra, que trabajamos en lo social y cultural, nos enfrentamos a causa de los innumerables recortes económicos, seguiremos trabajando con ilusión, perseverancia y compromiso para seguir abriendo el camino al cine árabe en nuestro país.

Esforzándonos, una vez más, para intentar despertar nuevos entusiasmos y complicidades. Porque en momentos como el actual, de grandes cambios y sacudidas, nos hace falta más que nunca una buena dosis de imaginación, inspiración y pensamiento crítico, y de proyectos y espacios que, como este, nos permitan conocer y aprender de otras experiencias, indagar en las memorias, interrogarnos sobre el pasado y el presente, para poder proyectar nuestros sueños y aspiraciones y, de esta forma, hacernos más libres.