Fez y Girona, expresión musical de la mística sacra

Los festivales de música religiosa quieren convertirse en un espacio de diálogo y de comunicación intercultural.

Ferran Morillas i Vilanova, gestor cultural especialista en el Magreb

Cómo deben interpretarse las músicas religiosas en la actualidad? ¿Obra musical o performance del sentimiento religioso? ¿La estética de la comunicación entre los hombres o la invocación a los dioses? Como dirían los monjes benedictinos, el canto gregoriano es inconcebible independientemente del culto. Es una forma de orar con armonía. Podríamos decir que la música religiosa no será nunca un placer estético para el espectador o incluso para el músico, sino para la espiritualidad que soporta.

A diferencia de otras corrientes religiosas, como el cristianismo o el hinduismo, el islam nunca utilizó la música en sus ceremonias religiosas. Por este motivo, no debe extrañar que, corrientes como el sufismo o el arte de la recitación en algunos rituales, llegaran a formas musicales que se han desarrollado y ahora aparecen presentadas bajo el paraguas de músicas sacras o religiosas. Un fenómeno que no sólo ha ganado adeptos, sino que a lo largo de la historia ha generado una serie de nuevos creadores en el canto, los ritmos, la armonía y la composición de poemas místicos o la recreación de textos sagrados.

No se pueden entender los dhikr (en árabe, rememoración de Dios en la corriente sufí del islam, los cantos o salmodias dedicados a Alá acompañados con movimientos rítmicos del cuerpo), sin un grado armonioso de los cantos, una composición artística en la situación circular del corazón o sin la dirección del jefe de grupo, munchid, el solista en este caso. Nos acercamos entonces a las formas de ritual y de fiesta esenciales en los registros musicales, a la identificación de aspectos variados de distintas culturas.

El Festival de Fez de Músicas Sacras del Mundo

Llego a Fez para encontrarme con Fauzi Skali, director y cónsul del Festival de Fez de Músicas Sacras del Mundo. Lo primero que hace antes de hablar del festival es llevarme al Borj Sur, a la gran explanada de la mezquita de Msalla Bab Ftuh, para ver la panorámica de la antigua ciudad de Fez. Me la muestra orgulloso, al igual que orgullosa se presenta la antigua medina sabiéndose poseedora de su pasado. Titus Burckhardt dedicó la mayor parte de su tiempo a los estudios del arte musulmán y textos sufíes (Fez, ciudad del islam. Jose J. de Olañeta, Ed. 1999). En el libro hay un texto que describe cómo era la antigua ciudad de Fez: “[…] Era milagroso cómo las numerosas líneas melódicas nunca se juntaban en aquellos acordes que dejan reposar a la corriente del sentimiento como en un amplio lecho y que prometen al anhelo humano una consolidación demasiado fácil, demasiado humana; […] Esto era Fez, la inalterable e indestructible Fez.”

Pero fue en 1972, como consejero de la Unesco en materia de conservación de la medina, cuando hizo que la declarasen Patrimonio Mundial. Escuchando a Skali describir Fez, recuerdo por qué Mohamed Bennuna y Tahar Ben Jelloun la llaman, la ciudad eterna e inmortal (Mohamed Bennuna y Tahar Ben Jelloun son coautores de los textos de la obra de Bruno Barbey, Fès Immobile Immortelle. Imprimerie Nationale Editions, París, 1996). Los caminos de la esperanza es el título de la edición de este año del Festival de Fez, que tiene lugar del 3 al 11 de junio. La esencia del festival –desde su creación en 1994– es proponer a los artistas, músicos, conferenciantes e intelectuales, que inicien una nueva vía de experiencias artísticas entre culturas, lo que Skali denomina una nueva forma de diplomacia intercultural.

Construir pilares sólidos para la edificación de una nueva visión del mundo, una visión a favor de la reconciliación universal. Esto, dice Skali, es lo que más le preocupa. Por eso también impulsa, desde hace cinco años, la creación de los Encuentros de Fez, un espacio de diálogo, donde filósofos, políticos, economistas e intelectuales participan en coloquios para debatir sobre la globalización. Los Encuentros de Fez tienen la vocación de traducir esta diplomacia artística y cultural por la vía de la reflexión. Nos encontramos ya en la sede del Festival de Fez, en Sidi El Jayat, tomando un té. Skali se pregunta: ¿pueden existir estrategias de paz como existen estrategias de guerra? ¿Qué papel pueden desempeñar actualmente en la construcción de la paz las espiritualidades, la democracia, los medios de comunicación, la educación y el desarrollo, en sus diferentes formas?

Comento que tanto el festival como los Encuentros de Fez articulan la diversidad cultural e interreligiosa colaborando de este modo en la mediación y resolución de conflictos. Y Skali matiza: “Sí, pero no nos quedemos aquí, busquemos la realización concreta y sinergias de creación y desarrollo de proyectos con la reflexión en la mano, es más, el reconocimiento de aquel principio universal según el cual la sabiduría no es más que reducir la distancia entre el dicho y el hecho”. De ahí nace el “Espíritu de Fez”, un concepto que ha tomado forma y que este año ya se exporta a distintas ciudades del mundo.

“Sin ir más lejos, quiere concluir Skali, hablamos de las empresas personales, creando un papel para la mediatización y condiciones políticas y espirituales para la coexistencia de pueblos y culturas. Al festival hay que llegar con el corazón y la mente abiertos al descubrimiento de nuevas músicas que proceden de todo el mundo, nuevos espacios y nuevos caminos que todavía existen. Si hay algo totalmente cautivador de este festival son sus escenarios.

Los conciertos por la tarde se celebran en el patio del museo Batha, y parece como si las sinfonías musicales reunieran a miles de pájaros que, atentos, acompañan con sus cantos las tardes de Fez. Al anochecer, en cambio, entramos en el majestuoso escenario de Bab Makina. Allí, una iluminación cuidada y la grandilocuencia de su espacio, nos hace recordar las ceremoniosas recepciones reales en el patio de este palacio. Hay un día que, escondido entre la programación, pasa casi en voz baja para los recién llegados, pero que los que ya somos asistentes habituales esperamos con el deseo del que espera un regalo.

Es el día en que el festival se desplaza al lugar romano de Volubilis. Entre las ruinas, bajo el gran arco de Caracalla, las cigüeñas expectantes, los olivos y una vista de la llanura de Zerhun, se han vivido tardes sublimes de cantos corales y a capela, creando una unión sorprendente con la naturaleza. Mientras andamos por las estrechas calles de Fez el- Bali, Skali comenta, antes de despedirnos, que el festival se ha convertido en un lugar de encuentro anual para institucionalizar las músicas religiosas, y los intercambios pluriculturales entre las grandes tradiciones y religiones de todo el mundo. Una plataforma de nuevas perspectivas que permitan a los hombres enfrentarse a la reconciliación en torno a los valores comunes y la espiritualidad.

El Festival de Músicas Religiosas del Mundo de Girona

Girona, al igual que Fez, se ha convertido en el centro de las músicas sacras de todas las creencias religiosas. Josep Lloret es el director del festival. Nos encontramos en las escaleras barrocas de la catedral, escenario de las mágicas noches de verano de julio. Como dice Margarita Colom, elevar la fachada para elevar el espíritu en un viaje. (Escalar la façana lentament / i enlairar l’esperit, en breu viatge, / amb les íntimes mans del pensament. Margarita Colom, Escalar la façana de la Catedral.)

Su conocimiento de la obra clásica le ha llevado a buscar más allá de los contextos occidentales, para aventurarse en la búsqueda de obras y creaciones más diversas. Se confiesa apasionado por mostrar desde las grandes obras barrocas hasta los cantos sufíes de África o Asia, desde los cantos sefardíes de la diáspora judía hasta las ceremonias de los templos budistas. Destaca una misa caldea de la iglesia cristiana con sede en Bagdad, o la creación de El ritme de la paraula (El ritmo de la palabra), que podremos ver en la sexta edición del Festival de Músicas Religiosas de Girona, que se celebrará del 1 al 10 de julio.

Según Lloret, las producciones propias del festival han sido uno de los rasgos más significativos y ejes vertebradores de los que puede sentirse satisfecho. Las creaciones entre distintas musicalidades han contribuido a la divulgación de la música contemporánea y de las variedades musicales de expresiones sacras. Ya lo decía Kavafis (Kavafis, versión cantada por Lluís Llach en Viatge cap a Itaca, 1975), “más lejos, tenemos que ir más lejos”. Imagino al instaurar un tipo de festival en una ciudad que quería alejarse de la idea de clericalismo.

Fez y Girona se hermanan

El Festival de Girona ha firmado un acuerdo con Fez para incorporar en su programación unas jornadas de debate sobre la diversidad y las espiritualidades. Lo que antes leíamos como los Encuentros de Fez, serán durante los próximos 8 y 9 de julio un espacio de diálogo y comunicación, coordinado por la Universidad de Girona y el Instituto de Estudios Nahmánides del Patronato del Call (barrio judío).

Según Lloret, Girona quiere seguir el ejemplo marcado por el Festival de Fez respecto a la tolerancia de ideas y el diálogo intercultural, en este caso a través de la música de origen espiritual. Por este camino, se pregunta, ¿alcanzaremos una alianza de civilizaciones para fomentar la paz y la tolerancia en el Mediterráneo? Aquí coinciden el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente del Festival de Fez, Mohamed Kabbaj. “Gran parte de los enfrentamientos y guerras de la humanidad –justifica Lloret– ha tenido su origen en la religión, y creo firmemente que la música como lenguaje universal puede contribuir al entendimiento entre los seres humanos”.

Es por ello que cuando viajó a Fez quedó impresionado por el espíritu de diálogo y tolerancia que planea sobre este festival. Y así quiso transmitirlo y aplicarlo en una ciudad como Girona, músicas inspiradas en las tradiciones de origen espiritual o ritual procedentes de todos los rincones del mundo. Finalmente, para despedirse Lloret cita a un conocido periodista quien opina que el Festival de Músicas Religiosas de Girona es “un festival para hacernos mejores, no más santos sino más humanos”.