Palestina des de dins

Palestina des de dins.
Cristina Mas Andreu, Ara Llibres, Barcelona, 2025, 232 páginas
“Descolonizar la mirada sobre Palestina”, como dice Cristina Mas en la introducción, es una promesa difícil de cumplir, por ser ella una periodista blanca occidental. Exactamente igual que yo. Seamos claros.
La intención es loable. Y muy de agradecer en un contexto político –y periodístico– internacional básicamente justificador, si no cómplice, de un genocidio durante más de un año y medio. Genocidio como consecuencia última de más de un siglo de conflicto colonial con el objetivo de limpiar étnicamente a la población árabe indígena de una tierra demasiado cargada de mitos y leyendas ancestrales, ya sea la Biblia, la Declaración Balfour o las Cruzadas.
Desde el primer capítulo –“Cien años de colonización y resistencia”–, Mas hace una clara apuesta por desmitificar –“desorientalizar” diría Edward Said– un conflicto que es contemporáneo. Europa, dice, “fue la cuna del antisemitismo y del sionismo, una versión particular del colonialismo y la supremacía europeos”.
Mas llega a Gaza bien armada con argumentos políticos e intelectuales para situar aquel 7 de octubre en el contexto adecuado. Nada comenzó el día del ataque indiscriminado de Hamás en 2023, ni nada terminará cuando acabe este nuevo ciclo de violencia, el más sangriento desde la proclamación del Estado de Israel y la consiguiente Nakba palestina de 1948. Un lapso exacto de 75 años.
Mas advierte que “la mía es una visión comprometida con la denuncia de la opresión y el colonialismo…” pero también señala, acertadamente, que “el compromiso no está reñido con el rigor, todo lo contrario”.
Por eso se informa – y ¡vive!, primero “desde dentro”. Porque el trabajo periodístico no es quedarse entre lo que dice uno y otro sobre si llueve o no; consiste en sacar la mano por la ventana y comprobarlo. Lo hace: saca la mano por la ventana israelí en el capítulo 2 (“La fractura de la sociedad israelí”) y por la ventana de Gaza en el capítulo 4 (“El genocidio de Gaza”). Aquí, sin embargo, lo hace por teléfono obligada por la censura y la prohibición de acceso impuesta por Israel. Una censura rubricada con el asesinato de más de 200 comunicadores palestinos en Gaza.
Especialmente notoria es la incursión de Mas en el frente camuflado bajo la crisis de Gaza, pero que es sin duda el objetivo primordial de la ofensiva de despojo, limpieza étnica e imposición del apartheid israelí en toda Palestina: Cisjordania. No en vano, desde octubre de 2023, Israel ha expropiado ya más tierras de las que había robado a los palestinos en las dos décadas anteriores.
Y aquí Mas puede verlo y mostrarlo en primera persona, a través de testimonios directos de gran fuerza argumental y emotiva, como el de Halima, de 90 años, refugiada desde 1948 en Nablus y ahora revictimizada.
También viaja a Belén, asediada por asentamientos exclusivamente judíos, y segregada de Jerusalén por el muro construido por Israel entre los escasos 10 kilómetros que las separan. Pero sobre todo nos lleva a Jenín (capítulo 5: “Cisjordania, una olla a presión”), objetivo recurrente de las operaciones de castigo del ejército israelí contra la resistencia palestina a la ocupación militar impuesta desde 1967. Resistencia legítima, dada la ilegalidad –según diversas resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU– de la colonización israelí en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este (y Golán sirio).
En el trasfondo, la falta de legitimidad de la Autoridad Palestina, hundida en el descrédito por el fracaso (y muerte) de los Acuerdos de Oslo que le dieron vida en 1993 y que yacen enterrados en Gaza. Hamás es más una consecuencia que una causa.
Como conclusión, necesariamente abierta (último apartado, “Punto y seguido”), Mas deja la llamada “solución de los dos Estados” en los márgenes de la historia. La “solución”, recordémoslo, ya se intentó imponer a los palestinos, contra su voluntad, en 1947. Esas fronteras, modificadas a favor de Israel por los hechos consumados de la primera guerra, son las que la comunidad internacional defiende –solo teóricamente–, pero ni siquiera los EEUU de Trump las reconocen; mucho menos Israel. Y Europa, solo de palabra.
Mas no les pone nombre, pero sí describe las “soluciones sostenibles”, dado que desde el río (Jordán) hasta el mar (Mediterráneo) ya hay de facto un solo Estado, administrado, eso sí, con un régimen de apartheid a la sudafricana donde se incluyen aislados bantustanes palestinos.
Lo que no pudo separarse en 1947, ahora sería más difícil o imposible. La demografía tampoco ha variado demasiado a pesar de los intentos de limpieza étnica israelíes. En cifras redondas, los judíos son la mitad de la población. “Los palestinos –concluye Mas– no quieren ser ni víctimas ni héroes: quieren igualdad de derechos y vivir en paz”. Lo mismo que quería el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela.
Es así como Mas, tal como prometía, aporta una mirada que ayuda a descolonizar el relato del conflicto.
— Joan Roura, periodista