Investigación e innovación en Túnez

El país, pionero en las reformas educativas, debe dar nuevos pasos si quiere alcanzar sus dos objetivos: mejorar la calidad de la enseñanza y evitar la fuga de cerebros.

Mohamed Lamine Chaabani, secretario general de la asociación Liaisons Méditerranéennes, Túnez

Este estudio sobre la situación y los principales retos a los que se enfrenta la educación en Túnez se articulará en torno a tres ejes que tratarán la evolución histórica de la educación y la enseñanza en Túnez, antes de abordar la situación actual del sector y de hablar de los grandes retos y las perspectivas de la educación tunecina.

Evolución histórica del siglo XIX al siglo XX

No se puede entender la situación actual de la educación en Túnez sin recorrer la evolución histórica de este sector desde el siglo XIX, con el amplio conjunto de reformas iniciadas y llevadas a la práctica por el gran ministro Jeredín a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, justo antes del establecimiento del protectorado francés sobre Túnez en 1881. Con objeto de modernizar el país aplicando sus ideas, que ya había presentado en su obra La plus sûre direction, pour connaître l’etat des nations, Jeredin, como subraya el historiador Charles-André Julien, “llevó a cabo su labor más eficaz con la creación, en 1875, de una institución que permitía a los jóvenes tunecinos formarse para las carreras liberales: el instituto Sadiki, al que dotó de ricos bienes raíces y de edificios constituidos en habus, bienes religiosos inalienables. 150 alumnos recibían, además de la enseñanza tradicional árabe, clases de ciencias matemáticas y físicas, de historia y geografía, así como de lenguas extranjeras: francés, italiano o turco. Los estudios duraban siete años. Para dar ejemplo, personalidades reformistas como Baïram inscribieron a sus hijos en la escuela. En vísperas de la conquista, el instituto enviaba a algunos alumnos a perfeccionar su cultura en París, en el liceo Saint-Louis. De entre ellos salieron los primeros intérpretes-traductores reclutados por el protectorado. Independientemente de los errores de gestión cometidos en la Sadikya y de los vaivenes de su destino, el instituto era una creación original, abierta al futuro. Imbuidos del pensamiento de Jeredín, los alumnos de Sadiki constituyeron una parte de los dirigentes del primer movimiento de renovación nacional”. (Colons français et Jeunes Tunisiens 1882- 1912, Charles-André Julien). La elite tunecina de la época, formada y apoyada en sus orígenes por el ministro reformista Jeredin, también contribuyó a la modernización de su enseñanza. En efecto, como también constata Julien, “los miembros del grupo Al-Hadhira crearon, por iniciativa de Béchir Sfar, en 1896, la Jalduniya, que se encontraba bajo el patronazgo del gran historiador tunecino del siglo XIV, Ibn Jaldún. Eran conscientes de las lagunas de la enseñanza que impartía la Zituna. Sin atacarla frontalmente, por respeto hacia una casa venerada y miedo a los doctores de la ley, los ulemas, cuya oposición decidida hubiera hecho fracasar el proyecto, hicieron de la nueva fundación una sociedad destinada a propagar en los medios árabes, y especialmente entre los estudiantes de la Gran Mezquita, una cultura basada en el conocimiento de “la historia, la geografía, el francés, la economía política, la higiene, la física, la química…”; a “fomentar la creación de bibliotecas”; y a publicar un boletín en árabe y en francés cuyo “objetivo principal sería enseñar a los franceses la civilización árabe y a los musulmanes la civilización francesa”. Instalada no en los edificios de la Zituna, que conservaba sus características específicas, sino en una antigua madrasa cercana, la Jalduniya tenía aulas que acogieron a 156 oyentes en 1905-06, y una biblioteca, enriquecida rápidamente gracias a donaciones, que recibió a 4.896 lectores a lo largo del mismo año. Era necesario anular los prejuicios de la “vieja generación de musulmanes que veía en la iniciativa una institución funesta para la religión y que supondría una competencia nefasta para la enseñanza exclusivamente árabe de la Universidad de Yama’a az-Zituna”.

  • Durante el protectorado francés

A pesar de las reformas de Jeredin, Túnez no pudo evitar el atropello francés de su soberanía. Sin embargo, el movimiento ya estaba en marcha, puesto que “se sabía que a los tunecinos les gustaba la instrucción”, dice también Julien antes de comentar que “el protectorado tuvo como consecuencia un rápido desarrollo de la enseñanza. Los tunecinos reclamaban “la instrucción con una energía que haría sonrojarse a muchos de nuestros paisanos, todavía poco conocedores de la lengua y la escritura”, destaca también, citando a Charles Géniaux, un escritor de los años 1900. Sin querer entrar en un debate que ha alborotado los medios políticos e intelectuales franceses a lo largo de los últimos meses, sobre la influencia positiva de la colonización francesa, se puede decir que en sus inicios el protectorado realizó en Túnez un esfuerzo de escolarización no desdeñable, pero que duró poco, porque, como constata Julien, “el grito de indignación universal contra la enseñanza impartida a los indígenas en Argelia, que tanto había chocado a Jules Ferry en 1892, se dio de forma idéntica entre los mandatarios de Túnez y sus defensores parisienses, con los mismos argumentos. Los más enconados eran los colonos más ignaros, que, reforzados por su riqueza, no admitían que unos despreciables indígenas adquiriesen una educación con la que ellos no contaban”. Ahí es donde aprieta el zapato, ahí es donde la colonización, aparte del hecho de estar fuera de la legalidad, se estanca, al no poder conciliar los intereses divergentes de los nacionalistas tunecinos y los de los colonos, estancamiento que después de múltiples peripecias llevará a Túnez a su independencia en 1956.

  • De 1956 a la década de 1990

Después de la independencia, el joven Estado tunecino abordó ya en 1958 una reforma de la enseñanza que tenía como objetivo, como decía el entonces presidente Habib Burguiba, “desarrollar la escolarización para que se vaya extendiendo a todos los niños en edad escolar; unificar la enseñanza e incorporar en ella todos los elementos tendentes a reforzar el carácter nacional tunecino, que tiene sus raíces en la cultura árabe, la religión musulmana y todo un pasado glorioso…

Ello generará una enseñanza en la que se dé una especialización que finalmente tenga en cuenta las vocaciones individuales y las necesidades del país” (discurso del presidente Burguiba, 25 de junio de 1958, con ocasión de la clausura del año escolar, a lo largo del cual presentó las líneas maestras de la reforma). Con respecto a esta reforma, que se aplicó durante una decena de años, prácticamente hasta finales de los años sesenta, el profesor Jaled Manubi constata en la introducción a su tesis titulada Système éducatif, emploi et industrialisation, que “la generalización de la instrucción se llevó a cabo rápidamente y en ciertos aspectos se vieron progresos espectaculares.

Sin embargo, el plan no tardó en causar dificultades, sobre todo de orden económico y en proporciones crecientes. Por una parte, la carga financiera ocasionada tanto por la ampliación del aparato educativo como por su funcionamiento rápidamente se volvió importante y pudo parecer desproporcionada con respecto a los medios del país. Por otra parte, el desarrollo homotético de un sistema heredado de la época colonial desveló la desproporción entre la formación y el empleo”.

Por esa razón en los años setenta, la política educativa recomendada aborda las cuestiones de la rentabilidad del sector, de la formación de los cuadros técnicos medios y de los especializados, y de la enseñanza de las ciencias exactas en las instituciones escolares y universitarias. Pero a finales de los años setenta, la crisis universitaria, que coincidió con la crisis política y social que atravesó Túnez, llevó a la adopción de una política confusa y precipitada que mantuvo la mezcla de arabización e islamización en la enseñanza, lo cual favoreció en realidad a los movimientos de carácter religioso que salieron a la luz en los años ochenta, aprovechándose de la debilidad del poder del antiguo presidente de la República. El cambio en la jefatura del Estado en 1987 a favor del actual presidente de la República, Zin El Abidin Ben Ali, enderezó el país y posibilitó unos años más tarde la elaboración de una serie de reformas que afectaron a todo el sector educativo y de la formación. La más importante de estas reformas fue sin duda la que abordó la ley nº 91-65 del 29 de julio de 1991.

La importancia de esta ley reside principalmente en los principios básicos enunciados en su capítulo primero. Resulta interesante y útil recordar algunos de estos principios, cuya adopción en la política de enseñanza sin duda contribuyó a frenar la expansión del integrismo religioso que amenazaba al país, especialmente en el sector de la educación.

En efecto, esta ley proclama ante todo que el sistema educativo tiene como objetivo, en el marco de la identidad nacional tunecina y de la pertenencia a la civilización árabe-musulmana, alcanzar los siguientes fines:

– ofrecer a los jóvenes, desde su más tierna infancia, lo que deben aprender con el fin de que en ellos se consolide la conciencia de la identidad nacional tunecina; se desarrollen el sentido cívico y el sentimiento de pertenencia a la civilización nacional, magrebí, árabe e islámica; y se afiance la apertura a la modernidad y a la civilización humana;

– preparar a los jóvenes para una vida en la que no existe lugar para ningún tipo de discriminación o de segregación basada en el sexo, el origen social, la raza o la religión;

– conseguir que los alumnos dominen una lengua extranjera de manera que sean capaces por lo menos de acceder directamente a las producciones del pensamiento universal, de la técnica, de las teorías científicas y de los valores humanos, y prepararles para seguir su evolución y contribuir a ella de manera que enriquezcan la cultura nacional y que interactúen con la cultura humana universal;

– garantizar el derecho de los alumnos a edificar su propia personalidad y ayudarles a acceder por sí mismos a la madurez de forma que sean educados conforme a los valores de la tolerancia y la moderación.

Además de la ley relativa al sistema educativo, también es necesario mencionar la ley nº 93-10 del 17 de febrero de 1993, referente a la orientación y a la formación profesional, que establece principalmente que la formación profesional es uno de los componentes del dispositivo nacional de educación, de titulación y de empleo. Por otra parte, señala que el objetivo de la formación profesional es garantizar la adquisición de los conocimientos teóricos y de la capacidad y experiencia prácticas que requiere el ejercicio de un empleo o de una profesión cualificada, y también que estos conocimientos y esta experiencia se adapten a las mutaciones tecnológicas y a la evolución de las características del empleo.

Hay que mencionar otras dos leyes que completan al abanico de textos que rigen el sistema educativo. Se trata de la ley nº 89-70 del 28 de julio de 1989, relativa a la enseñanza secundaria y a la investigación científica; y la ley de orientación nº 96-6 del 31 de enero de 1996, referente a la investigación científica y al desarrollo tecnológico.

Situación actual del sistema educativo tunecino

Se trata de presentar datos cuantitativos, ya que los aspectos de tipo cualitativo se recogerán en la parte relativa a los retos y las perspectivas. El sistema educativo tunecino contaba en 2005 en el sector público con 1,171 millones de alumnos en el ciclo de primaria, frente a 1,216 millones en 2004. La disminución se debe al descenso de la natalidad, consecuencia de la política de planificación familiar impuesta en el país desde las primeras décadas de la independencia. El ciclo preparatorio contaba con 576.000 alumnos en 2005, frente a 583.000 alumnos en 2004. Aquí se pueden observar una vez más los efectos de la política de planificación familiar.

A la misma causa se puede achacar el descenso notable en el ciclo de secundaria, puesto que hubo 493.200 alumnos en 2005 frente a los 508.800 alumnos en 2004. En cambio, en el ciclo superior el número de efectivos está en aumento (los efectos de la política de planificación familiar todavía no se han sentido en este ciclo) puesto que llegó a los 311.000 en 2005 frente a los 291.800 de 2004 (en la vuelta a clase de 2005-06 el número de alumnos ha alcanzado los 366.000).

A estos alumnos del sector público hay que añadir los del sector privado, que se distribuyen de la siguiente manera: ciclo de primaria, 13.300 alumnos en 2005, frente a 12.500 en 2004; ciclo preparatorio, 8.800 alumnos en 2005, frente a 8.200 en 2005; ciclo de secundaria, 42.900 alumnos en 2005, frente a 38.900 en 2004; ciclo superior, 4.000 alumnos en 2005, frente a 2.000 en 2004. En lo relativo a la formación profesional, el número de alumnos está en claro aumento puesto que llegó a 55.700 jóvenes de ambos sexos en 2005, frente a 42.982 en 2004. Hay que señalar además que el presupuesto consagrado al sector educativo en su conjunto equivalió al 6,8% del PIB en 2005, el mismo porcentaje que en 2004 y 2003. Los créditos asignados al sector representan la cuarta parte de los presupuestos del Estado. También hay que destacar que está en marcha un programa nacional de alfabetización para reducir en los próximos años prácticamente a la mitad la tasa de analfabetismo de la población mayor de 10 años, que fue del 22,9% en 2004.

Los retos y las perspectivas

El mayor reto al que se enfrenta el sistema educativo tunecino es el de la calidad de la enseñanza. Esta cuestión no concierne únicamente a Túnez, puesto que el Foro Mundial de la Educación, reunido en Dakar en 2000, trató el tema, y los países árabes y africanos participantes comprometieron en la declaración final a “mejorar todos los aspectos de la calidad de la educación y garantizar su excelencia con el objetivo de que todos obtengan resultados de aprendizaje reconocidos y cuantificables, sobre todo en lo relativo a la escritura, el cálculo y las competencias indispensables para la vida normal” (Le Temps, 6 de abril de 2005).

En un seminario subregional organizado en abril de 2005 en Túnez por la oficina de la Unesco en Rabat, también se examinó esta problemática y se destacó que “el reto al que se enfrentan los países magrebíes es poder garantizar el acceso equitativo a la educación básica y mejorar al mismo tiempo la calidad de la enseñanza”. En su discurso pronunciado en julio de 2005 con ocasión del Día Nacional del Saber, Ben Ali declaró sobre este tema: “Después de haber reformado los programas y los métodos y haber hecho realidad el eslogan que habíamos proclamado de una escuela para todos y una oportunidad para cada uno, nos estamos ocupando ahora de garantizar que exista una enseñanza de calidad con un fuerte énfasis en las diversas especialidades y disciplinas innovadoras, y en las profesiones prometedoras”.

En efecto, la enseñanza de calidad es una necesidad ineludible para los países en desarrollo. Debe llegar a todos los ciclos educativos y a todo el sector público de la educación, de modo que la calidad no sea una exclusiva del sector privado, como en ciertos países de economía liberal o ultraliberal, lo que excluye de la oportunidad de la enseñanza a los jóvenes que provienen de entornos desfavorecidos. El otro gran reto al que debe enfrentarse el sistema educativo tunecino está relacionado con el anterior y tiene como objetivo la capacidad para encontrar empleo: ya en los años setenta se hablaba del ajuste necesario entre formación y empleo.

Ya se percibe una solución a esto gracias a la diversificación de las ramas, tanto a nivel de enseñanza secundaria como en la superior, que aspira a llegar a mil vertientes de estudios superiores de aquí a 2009 para que el sector sea capaz de orientar a una población estudiantil de más de 500.000 estudiantes en 2011. El sistema educativo tunecino también debe enfrentarse a otros retos relacionados con la valoración necesaria de la formación profesional, principalmente a través del establecimiento de puentes con el sistema de enseñanza; de la reforma ya en marcha en la enseñanza superior mediante la institución del sistema de diplomas universitarios con categoría de licenciatura, maestría y doctorado; del fomento de la enseñanza superior privada y del desarrollo de la investigación científica y de la tecnología, sobre todo mediante la multiplicación de focos tecnológicos por todo el país.

El sector de la investigación ya llegó a una tasa del 1% del PIB en 2004 y debe llegar al 1,25% del PIB en 2009. El programa electoral de Ben Ali para el periodo 2005- 09 pretende abordar los retos citados anteriormente. El segundo punto, titulado “Oportunidades de éxito mayores para el alumno y el estudiante”, y el tercero, titulado “Investigación e innovación para enfrentarse a los retos del futuro”, establecen os objetivos que debe alcanzar el sistema educativo en los próximos años. ¿Podrá superar Túnez los retos aquí enunciados? ¿Podrá conciliar las leyes de la economía de mercado con una política educativa voluntaria en el sector público?

¿Podrá evitar la emigración de sus élites sabiendo que actualmente existen en Occidente auténticas estrategias de absorción de las élites de los países en vías de desarrollo? Se podrá responder afirmativamente si se piensa que seguirá el camino marcado por los países del sureste asiático y por India, que “ha apostado espectacularmente por la inteligencia” (“Delhi, nuevo centro mundial de la inteligencia”, Le Figaro, 18-19 de febrero de 2006). Por otra parte, también ayudaría a superar los retos una estrategia global a escala magrebí. En cualquier caso, para ello Túnez debe mantener el rumbo de las reformas decididas y seguir completa y definitivamente inmersa en las corrientes de la modernidad, de la tolerancia y de la universalidad.