Coedició amb Estudios de Política Exterior

Tres años después, ¿en qué punto se encuentra el movimiento #EnaZeda?

Haïfa Mzalouat y Mathilde Warda
Periodistas de Inkyfada, Túnez
Manifestación contra la violencia de género. Túnez, 10 de diciembre de 2021. (Hasan Mrad / Eyepix Group/Future Publishing via Getty Images)

Octubre de 2019. Las fotos del diputado Zuhair Makhlouf masturbándose en su coche frente a un instituto de enseñanza secundaria circulan por las redes sociales. Tras ello, los testimonios de acoso se multiplican, se corre la voz y estalla el movimiento #EnaZeda, el #MeToo tunecino. Tres años después, ¿qué ha sido de #EnaZeda?

Dos años. Eso es lo que tardó Zuhair Makhlouf, el diputado de Qalb Tunis, en ser finalmente condenado. A pesar de la fuerte movilización tras la difusión de sus fotos en las redes sociales, solo fue juzgado tras el levantamiento de su inmunidad parlamentaria con la suspensión del Parlamento el 25 de julio de 2021. Por masturbarse delante de un instituto, Zuhair Makhlouf es finalmente condenado a un año de prisión con ejecución inmediata.

Los casos de #enazeda

Este caso marcó el nacimiento del movimiento #EnaZeda. “Cuando nos enteramos del caso de Zuhair Makhluf, todo el mundo empezó a hablar de él en Twitter. De forma muy natural, la conversación giró en torno a experiencias similares: ‘A mí me pasó lo mismo’. Pensé en el hashtag #MeToo e hicimos el hashtag #EnaZeda el 10 u 11 de octubre”, cuenta Amal Haouet en el podcast “#EnaZeda: Más allá de los testimonios, un acto político”.

Rápidamente le siguieron otros casos de acoso sexual. Apenas un mes después de la publicación de las fotos del diputado, un nuevo caso cobra fuerza. Aymen Hacen, profesor de la ENS (École Normale Superieure) de Túnez, fue acusado por varias alumnas de tener una actitud inapropiada: comentarios, proximidad incomodando a las alumnas, preguntas sobre su vida privada… Llevaban desde al menos 2017 denunciando esta situación ante la administración, que no había tomado ninguna medida radical contra el profesor.

Con la movilización en torno a este caso, resurgió el pasado de Aymen Hacen. En 2007, cuando era estudiante de doctorado en la ENS de Lyon, fue denunciado por violación. La denuncia fue desestimada, como la mayoría de las que se presentan por violación en Francia. En el marco del caso de la ENS de Túnez, finalmente se abrió una investigación. Aymen Hacen fue suspendido antes de ser trasladado a otra universidad algún tiempo después.

Más recientemente, en noviembre de 2021, un estudiante de la Facultad de Ciencias Jurídicas de Túnez fue acusado de acoso por algunas alumnas. Tras recibir varios testimonios, la administración inició un procedimiento disciplinario. Esta vez de nuevo, las protestas se hicieron eco en el movimiento #EnaZeda.

Los límites del funcionamiento institucional

Aunque la violencia contra las mujeres es cada vez más conocida y denunciada, las víctimas tienen dificultades para obtener justicia. Muchas activistas denuncian los fallos institucionales y la incapacidad de las autoridades para hacerse cargo.

En el caso de Zuhair Makhlouf, Sarra Ben Said, de la asociación Aswat Nissa (Voz de las Mujeres), denunció el modo en que se trató a la estudiante de secundaria afectada. “Seguimos de cerca a la estudiante víctima, la acompañamos legalmente. A las 6 de la tarde nos llamó y nos dijo: ‘La policía está en mi casa y no sé qué hacer'”,. La joven pasó varias horas en la comisaría y volvió al día siguiente. Fue citada de nuevo el lunes siguiente. “Sabiendo que este año va a hacer el bachillerato”, Sarra Ben Said se indigna. “Cuando se quedó sola un minuto, un policía quiso agregarla a Facebook. ¡Qué presión! De verdad”. “Ella tiene abogados voluntarios, gente que la apoya. (…) Imagina que estás sola, sin nadie que te apoye. Es normal no presentar una queja”.

Para animar a las mujeres víctimas de la violencia a que denuncien, el Estado tunecino ha elaborado una ley específica para este tipo de violencia. En 2017, la ley 58 “sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres” se presentó como un gran avance. En realidad, muchos denuncian su ineficacia.

En primer lugar, el procedimiento no es conocido y las víctimas no siempre tienen acceso a la información necesaria. A pesar de la creación de unidades especializadas para atenderlas, muchas acaban en comisarías locales que a menudo son inadecuadas.

Además, según la ley, todas estas unidades deben contar con al menos una mujer para que la víctima se sienta segura a la hora de denunciar. Nabiha Kaddachi, jefa de la unidad central de El Gorjani en Túnez, es la responsable de las 70 unidades especializadas situadas en las comisarías centrales. En 2020, declaró que alrededor del 20% de las unidades que supervisa son exclusivamente masculinas.

Hay 128 unidades especializadas en todo el país, pero están distribuidas de forma desigual entre las gobernaciones. La gobernación de Túnez tiene 16, mientras que la gobernación de Kebili, que es 20 veces mayor, solo tiene una. Y las víctimas a menudo tienen que ir a una comisaría de policía local para obtener esta información, ya que no hay una base de datos que muestre exactamente dónde están.

Negativa a aceptar la denuncia, comentarios inapropiados, juicios… Muchas mujeres denuncian la forma en que son recibidas por los policías en estas circunstancias. “Conozco el procedimiento, por eso he insistido, pero una mujer que no lo conoce se iría a su casa”, comentó una mujer que quería presentar una denuncia por violencia.

Según datos del Ministerio del Interior, entre enero y junio de 2021 se registraron 10.823 denuncias por violencia física, 6.079 por violencia verbal y 725 por violencia sexual.

Pero incluso si se acepta una denuncia, los numerosos pasos para que se abra una investigación son desalentadores. Desde la unidad especializada hasta el enfrentamiento con el agresor, pasando por el hospital público, estos numerosos viajes de ida y vuelta suelen suponer mala experiencia por las mujeres que ya han sufrido la violencia.

No hay voluntad política ni inversión financiera para proteger a las víctimas de la violencia sexual, sean mujeres o cualquier otro grupo de población vulnerable



“Saben que hay instituciones y estructuras estatales o de la sociedad civil. Lo saben, así que ¿por qué recurren a un extraño?”, se preguntó Nawrez Ellefi, también miembro de Aswat Nissa, en el momento en que estallaron los testimonios y el hashtag #EnaZeda. Su pregunta subraya cómo el movimiento #EnaZeda ha permitido una liberación de la palabra para las mujeres que tienen poca o ninguna confianza en el sistema. “El problema en Túnez nunca ha sido la ausencia de leyes que protejan a las mujeres de la violencia sexual, sino su aplicación”, afirma Leila Mejdi, médico y cofundadora del movimiento #EnaZeda. “Las mujeres no denuncian y, si lo hacen, muy raramente llegan a juicio, porque el Estado, que se supone que debe aplicar las medidas necesarias para luchar contra la violencia contra las mujeres, no lo hace, según sus obligaciones constitucionales y convencionales”.

El poder del testimonio

#EnaZeda tiene más de 90.000 seguidores en Facebook, y el grupo cuenta ya con 41.000 miembros. Varios activistas y testigos explican que el aparente anonimato de Internet ha permitido a muchas mujeres hablar, a veces años después de haber sufrido una agresión. “El movimiento ha contribuido en gran medida a la liberación de la voz de las mujeres y ha levantado los tabúes relativos a la violencia sexual en Túnez”, afirma Leila Mejdi. Pero aunque este movimiento en línea permite una gran libertad de expresión, sigue dependiendo de las reglas de las redes sociales. En Facebook, #EnaZeda publica testimonios, fotos y capturas de pantalla que denuncian las agresiones. Pero en diciembre de 2021, la plataforma decidió limitar la actividad de la página, al juzgar que estas publicaciones incluyen desnudos o pornografía. Ante las amenazas de cierre, #EnaZeda decidió inicialmente suspender las publicaciones antes de reanudar la actividad en febrero, denunciando un intento de censura por parte de Facebook.

EnaZeda reivindica ser ‘el único espacio virtual’ para sensibilizar, recoger testimonios y orientar a las mujeres víctimas de la violencia



Además de recoger y responder a los testimonios, el movimiento ha desarrollado otras actividades, como la sensibilización –mediante el intercambio de contenidos– y la orientación. “En general, las mujeres de Túnez no saben qué hacer ni dónde acudir cuando sufren algún tipo de violencia sexual. En #EnaZeda les dirigimos a asociaciones y/o abogados para que les presten asistencia jurídica y/o psicológica”, dice Leila Mejdi. A pesar del desarrollo de estas actividades, Leila Mejdi cree que su “margen de maniobra es limitado”. “Cada vez está más claro que a día de hoy, no hay voluntad política ni inversión financiera para proteger a las víctimas de la violencia sexual, mujeres o cualquier otro grupo de población vulnerable como la comunidad LGBTQI+ en Túnez”.

La organización de un movimiento espontáneo

Tras la aparición del movimiento, que nació principalmente en las redes sociales, muchas mujeres se preguntaron por el futuro de esta iniciativa. “¿Cuál sería el futuro de un movimiento espontáneo que podría ir hacia la estructuración de una asociación?”, se preguntó la activista feminista Bochra Triki. “¿Es esto sabio? ¿O se corre el riesgo de que acabe en decepción? Según Triki, la gente puede sentirse agraviada por haber “participado en un movimiento espontáneo [y ver] que el movimiento ya no es tan espontáneo”.

Hayfa Dhouib, que participó en un debate organizado por inkyfadapodcast en 2019, explicó que se había “encontrado mucho más a gusto en este movimiento espontáneo con el que se identificaban todas estas mujeres que como coordinadora de un programa regional contra la violencia dentro de la asociación feminista más antigua de Túnez”.

Tres años después, el grupo sigue reivindicando su independencia y afirma en la foto de portada de su página de Facebook que es “un movimiento feminista independiente, que no pertenece a ninguna organización ni partido político”. Sin embargo, #EnaZeda se ha estructurado.

Aunque gracias a la aparición del movimiento #EnaZeda, el #MeToo tunecino, la violencia contra las mujeres es cada vez más conocida y denunciada, las víctimas siguen luchando por obtener justicia



“Somos un colectivo de mujeres feministas independientes con diferentes conocimientos”, dice Leila Mejdi. Las responsables son todas voluntarias y discuten juntas para definir la evolución estratégica del movimiento y del grupo. Añade que, en la actualidad, #EnaZeda llega a cinco millones de usuarios al mes y afirma ser “el único espacio virtual seguro e inclusivo de Túnez” para sensibilizar, recoger testimonios, orientar a las mujeres víctimas de la violencia y liberar sus voces.

“Si hay algo que sueño que haga un movimiento espontáneo, es empujar el miedo hacia el otro lado. Y la vergüenza. Miedo y vergüenza”, esperaba Nessryne Jelalia en el nacimiento del movimiento./

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