Marruecos, una economía a dos velocidades
La constatación, durante el discurso real de julio de 2025, de que el desarrollo de Marruecos va a dos velocidades nos empuja a preguntarnos cómo un tren así no está también liderado por una economía a dos velocidades. Marruecos es un país de desigualdades flagrantes, como muchos lugares del mundo actual, lamentablemente, pero el aumento de las disparidades adquiere un ritmo cada vez más aterrador.
En este análisis de la economía marroquí, primero daremos cuenta de la situación actual, que consiste en mantener a flote una economía de productividad limitada en un contexto global de gran rivalidad económica y geoestratégica. A continuación, hablaremos de la tendencia –más bien nueva– de la creciente cooperación económica del país con China, en paralelo a una dependencia todavía importante de la economía respecto a sus socios occidentales. Pero incluso con estos importantes avances de los últimos años, el país sigue teniendo dificultades económicas y sufre desigualdades crecientes. Así pues, es importante para la economía marroquí concentrarse en el desarrollo del capital humano e, incluso, de un capital “cívico”.
Situación actual
Se prevé que el crecimiento económico de este año sea del 5%, frente al del año pasado, del 4,6%. Este nivel de crecimiento converge con la tendencia de las economías emergentes del continente, como Egipto o Nigeria.
Cabe señalar, no obstante, que el crecimiento económico en Marruecos ha sido durante mucho tiempo (desde los años ochenta) muy volátil, debido en gran parte a la dependencia de la agricultura de secano (gráfico 1).
El proyecto de la marroquinización de los años noventa tenía como objetivo promover la industria local a través del emprendimiento, lo que ayudó a limitar la volatilidad de la economía y a asegurar algo más de productividad al país.
Sin embargo, en el marco de los proyectos de desarrollo económico, desde las grandes obras de modernización de principios de los años ochenta –orientados a la industrialización y a la restricción de la dependencia socioeconómica de la agricultura–, Marruecos ha vivido grandes convulsiones sociales. Por ejemplo, las repercusiones del éxodo rural, así como la modernización agraria y la dependencia de la importación de trigo blando subvencionado por el Estado, lo que hoy en día posiciona al país como uno de los mayores consumidores de pan y de trigo blando del mundo.
El lanzamiento del Plan Marruecos Verde (PMV) en 2008, con una mayor concreción durante la última década, ha contribuido a revalorizar la aportación de la agricultura a la economía nacional, sobre todo mediante la introducción de técnicas como el riego por goteo para gestionar mejor la escasez de agua, y concentrándose en cultivos comerciales (cash crops) como los frutos rojos y el aguacate, que se destinan en gran parte a la exportación. Esta modernización de la agricultura, en efecto, ha ayudado a limitar la imprevisibilidad del mercado nacional, pero también ha tenido repercusiones en la intensificación de la explotación agrícola mediante el uso de recursos freáticos limitados.

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El empleo ha sido siempre una fuente de preocupación en Marruecos, y el PMV ha ayudado, al menos un poco, a crear empleo, pero un empleo que puede ser estacional, precario y arduo. Además, hay una tendencia reciente a contratar trabajadores extranjeros subsaharianos en condiciones aún más precarias y con niveles salariales todavía más bajos.
Por otro lado, cabe señalar que el crecimiento del PIB de los 15 años posteriores a la década de los noventa es el doble que el de los últimos 15 años. Este primer período de mayor crecimiento coincide con el lanzamiento del proyecto de la marroquinización y el impulso de la industria en los años noventa, que dio un nuevo aliento a la ambición nacional de transformar la economía. El segundo período coincide con el predominio del PMV, que parece aportar menos ganancias a la economía nacional. Así, estos altibajos del crecimiento en Marruecos muestran una economía a dos velocidades.
En cuanto a la inflación, esta se ha estabilizado de forma admirable, incluso con una economía tan volátil, pero a costa de unos tipos de interés bastante elevados de promedio y una cierta tolerancia con respecto a la tasa de desempleo, sobre todo teniendo en cuenta que el crecimiento del empleo no sigue el ritmo del crecimiento demográfico.
Hay que añadir que el endurecimiento y la seguridad de las fronteras con Europa y la crisis migratoria agravada por las turbulencias de la primavera árabe en el sur del Mediterráneo han limitado las oportunidades de trabajar en Europa a muchos jóvenes marroquíes, lo que también ha repercutido en las remesas de fondos. Asimismo, el endurecimiento monetario en el país, es decir, la política del banco central, Bank al Maghrib, destinada a reducir la liquidez y el crédito en la economía para frenar la inflación, contribuye a una situación monetaria tensa y a unas oportunidades financieras limitadas. La rigidez financiera del país se hace patente en las oportunidades muy limitadas que tienen los jóvenes emprendedores marroquíes, que ven cómo se lanzan campañas nacionales para promover proyectos locales como Mokawalati, pero sin transformaciones reales del tejido empresarial, que está dominado por grandes empresas. Asimismo, las start-ups que destacan, suelen estar lideradas por jóvenes emprendedores procedentes de círculos elitistas y conectados con importantes capitales.
La gestión de la moneda se realiza con un tipo de cambio fijo, pero con un margen de variabilidad, además de una vinculación a una cesta de divisas compuesta en un 60% por euros y en un 40% por dólares. Esta composición monetaria también ha ayudado a limitar la inflación en el país, contribuyendo al buen papel que Marruecos desempeña para sus socios y, sobre todo, para sus acreedores, en particular el Fondo Monetario Internacional (FMI). El anclaje del dirham marroquí también es ventajoso en la coyuntura actual, ya que la caída del valor del dólar favorece las importaciones de petróleo en dólares, y la revalorización del euro beneficia a las exportaciones marroquíes, en su mayoría hacia Europa, que se reciben en euros. Este valor añadido de la gestión monetaria contribuye de manera significativa al crecimiento económico, especialmente para las grandes empresas, pero no se traduce necesariamente en una redistribución de las ganancias a la mayor parte de la sociedad del país.
Nuevas tendencias
En cuanto a los principales avances de estos últimos años, cabe destacar aquí la relación del país con China y las repercusiones económicas de esta cooperación.
Marruecos firmó un memorando de entendimiento en 2017 para unirse al megaproyecto chino de la nueva Ruta de la Seda (BRI por sus siglas en inglés). En esa fecha, el reino ya había establecido un partenariado político y económico creciente con China, basado en el respeto mutuo de las reivindicaciones de soberanía y en inversiones en proyectos de infraestructura.
En mayo de 2016, el rey Mohamed VI viajó a Pekín y suprimió la obligación de visado para los ciudadanos chinos, como muestra de buena voluntad de apertura del país hacia China. El famoso puente Mohamed VI, en la región de Rabat –el puente atirantado más largo de África–, también fue confiado a la China Railway Construction Corp., cuya construcción se inició en 2010. Esta misma empresa ya había ganado licitaciones para la construcción de autopistas marroquíes en 2008.

La estrategia china de la BRI hacia Marruecos aborda las prioridades más recientes del reino: las energías renovables y la desalinización. De hecho, Marruecos se ha embarcado en una amplia campaña para diversificar su mix energético, reduciendo así su dependencia del petróleo, y se enfrenta a una presión hídrica creciente. Estos dos problemas son especialmente costosos para un país que depende de las exportaciones agrícolas y con unas necesidades energéticas en constante aumento.
Marruecos se presenta como un punto de enlace hacia otros mercados, y es con esta imagen como se ha posicionado ante Pekín. China, sin embargo, se mantiene por detrás de España y Francia, los principales socios comerciales de Marruecos, pero está recuperando terreno rápidamente (gráfico 2).
– Industria: a pesar de la desindustrialización de Marruecos, debido a la desaparición de su industria textil, el país parece haber reorientado su política económica de admisión temporal de materias primas para su transformación (también llamada admisión temporal), característica del sector textil, hacia industrias de mayor valor añadido, como la fabricación de baterías para vehículos eléctricos. China ya está construyendo su segunda fábrica de baterías para vehículos eléctricos para BTR New Material Group, que también se beneficia de materias primas locales como el cobalto y el fosfato, necesarios para la fabricación de baterías de iones de litio. Por otro lado, China prevé construir una central térmica de carbón en Yerada gracias a un préstamo comprador. También está en curso un proyecto de gigafactoría por valor de 6.500 millones de dólares, el primero de este tipo en el continente africano.
– Inversiones: Marruecos es el primer inversor en África Occidental y el segundo del continente, lo que contribuye a posicionar al país como un punto de conexión hacia otros espacios regionales y puerta de entrada a diferentes mercados. En cierta medida, China corrobora esta afirmación, ya que Marruecos ocupa el puesto 33 de su ranking de destinos de inversión y el tercero en el continente africano.
– Turismo: desde 2016, los turistas chinos pueden viajar a Marruecos sin visado. Esta medida ha seducido sin duda a los ciudadanos chinos, cuyo poder adquisitivo está al alza. Unos 200.000 chinos visitaron el país en 2018, un aumento significativo respecto al antiguo régimen de visados, y se espera que esta cifra continúe creciendo de forma significativa.
– Educación: China ha desarrollado centros confucianos en Marruecos. Estas instituciones desempeñan un papel esencial en la formación de una nueva generación de marroquíes que comprenden mejor la sociedad china y son susceptibles de establecer partenariados con China. Muchos jóvenes marroquíes eligen China para cursar sus estudios superiores, una elección que marca un punto de inflexión en su trayectoria profesional. Entre las figuras nacionales emblemáticas de las relaciones sino-marroquíes, cabe citar a Hind Lebdaoui, profesora de finanzas islámicas en Ifrane; Kenza Touhs, consultora en Casablanca, y Nasser Bouchiba, profesor de universidad y emprendedor social en Rabat.
– Altas tecnologías: el plan chino de la nueva Ruta de la Seda integra el desarrollo de las altas tecnologías, especialmente a través de la Ruta de la Seda digital. El gigante tecnológico chino Huawei ha establecido un centro logístico en el puerto de Tanger Med, que suministra tecnologías de comunicación a la SNCF marroquí.
– Infraestructuras: como se ha mencionado, China ya ha emprendido numerosos proyectos de infraestructura en Marruecos. El futuro de las infraestructuras chinas en el país parece prometedor, sobre todo si atendemos a los rumores sobre la reanudación del proyecto de una segunda línea de alta velocidad que conecte Agadir con el reso de Marruecos por parte de un socio chino.
– Medicamentos: China ha desempeñado un papel esencial, aunque poco conocido, en la promoción de las políticas de salud en el Magreb y ha sido uno de los primeros actores en implicarse en ello. El primer equipo médico chino fue enviado a Marruecos en 1975, instaurando desde entonces una forma de diplomacia sanitaria que resultó muy valiosa durante la pandemia de Covid-19. En este contexto, China se ha asociado con el gigante farmacéutico local Sothema para producir localmente la vacuna de Sinopharm, una iniciativa loable, ya que cuenta con una mayor presencia en el mercado.
La capacidad de Marruecos para hacer equilibrios con socios a menudo rivales, muestra el poder del país para la dualidad, o incluso la duplicidad, lo que, una vez más, demuestra que la economía marroquí toma diferentes direcciones
Finalmente, también cabe señalar que Marruecos se ha sumado recientemente a la carrera por los minerales críticos necesarios para las tecnologías de vanguardia. Marruecos se proyecta como una plataforma hacia África –que posee el 20% de estos minerales– para facilitar el acceso de sus socios europeos, pero también de Estados Unidos, que regresan con fuerza al continente a través de la DFC (Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE. UU). Esta última prevé la apertura de una oficina en Rabat próximamente. Marruecos también ha invertido recientemente en los ámbitos de la investigación y el desarrollo, especialmente con la Universidad Politécnica Mohamed VI, para ascender en la cadena de valor.
La capacidad de Marruecos para hacer equilibrios con socios que a menudo son rivales muestra el poder del país para la dualidad, o incluso la duplicidad, lo que, una vez más, nos demuestra que la economía marroquí toma diferentes direcciones.
Principales desafíos
Es importante subrayar que el principal reto del país sigue siendo la superación de las desigualdades sociales, algo que podría minimizarse con un mayor desarrollo humano. Tras los impactantes atentados terroristas yihadistas de 2003 en Casablanca, la capital económica del país, se lanzó la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano (INDH) con el objetivo principal de abordar el problema de la pobreza y la precariedad en Marruecos, factores que hacen que los jóvenes sean susceptibles a la radicalización. Sin embargo, la iniciativa ha tenido un impacto claramente limitado en los problemas de precariedad y, sobre todo, en el desempleo juvenil.
El terremoto que sacudió la región de Marrakech-Safí en 2023 también puso de manifiesto las desigualdades en el país y el nivel de pobreza en las zonas rurales. A principios de este año, las fuertes inundaciones en el norte fueron otro momento revelador.
La tendencia de Marruecos al greenwashing de sus planes de desarrollo se remonta al PMV, que pretendía presentar al país como ecológicamente responsable cuando, en realidad, provocó el empobrecimiento de los pequeños agricultores y el agotamiento de los recursos hídricos. Este plan permitió a las grandes empresas agroalimentarias acaparar vastas extensiones de tierra, explotar mano de obra barata e inundar los mercados europeos con productos marroquíes a precios competitivos. Otra práctica preocupante de greenwashing son los proyectos de energía solar de Marruecos, que se presentan como un medio para que el Reino lidere la transición mundial hacia las energías renovables, en particular en el marco del Acuerdo de París tras la COP21. En realidad, las centrales solares construidas, como Noor 1, han resultado extremadamente costosas para un país ya muy endeudado. Asimismo, parecen responder más a una estrategia para mantener vínculos estratégicos con socios del Golfo, como Arabia Saudí, que a una verdadera preocupación nacional por la protección del medio ambiente.
Perspectivas
El reciente estudio de los economistas Piketty y Nievas ha confirmado una constatación visible en el gran Sur desde hace más de medio siglo del periodo postcolonial: la explotación colonial está directamente vinculada a la brecha de riqueza entre el Norte y el Sur. En este mismo estudio se reveló que un pequeño aumento en los precios de las materias primas procedentes del Sur no solo habría eliminado las deudas de estos países, sino que también les habría permitido convertirse en acreedores y reinvertir el capital obtenido en sus recursos humanos.
Marruecos ha experimentado en los últimos años un empobrecimiento de los servicios sociales, especialmente en sanidad y educación, mientras la población seguía creciendo. Así, el interés por invertir en capital humano no es solo una política social, sino también un cálculo económico ganador, como hemos visto con los milagros asiáticos de la década de los setenta.
El reciente deterioro de los servicios sociales en Marruecos vivió un pequeño respiro durante el mandato del partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD), que llegó al poder tras las revueltas de 2011, gracias a la generalización del seguro de enfermedad obligatorio (AMO), un proyecto que se remonta a la época de Driss Jettu.
Las manifestaciones de jóvenes de la generación Z en octubre del año pasado volvieron a poner sobre la mesa las cuestiones de las desigualdades y la impunidad del sistema judicial, como los escándalos financieros del actual primer ministro, quien, por cierto, fue el impulsor del PMV. Marruecos es un país donde la tradición cívica y el compromiso de los ciudadanos no deben limitarse a los partidos de fútbol, sino que deberían ampliarse a la gestión y la gobernanza de los recursos./