Khashabi Theatre, teatro palestino independiente
Khashabi Theatre es un teatro palestino independiente ubicado en Wadi Salib, un barrio de la ciudad de Haifa del que fue expulsada la mayoría de su población en la Nakba de 1948. Fundado por un grupo de artistas palestinos, ofrece un espacio cooperativo y de apoyo mutuo para investigar, crear, experimentar y actuar con libertad, desafiando tabúes. Entre sus fundadores se encuentran Bashar Murkus y Khulood Basel, quienes se conocieron en la universidad y desde entonces trabajan mano a mano en la creación de sus obras, él como director creativo y dramaturgo, y ella como directora ejecutiva. Entre sus creaciones se encuentran Milk (2022), The Museum (2019) y Hash (2017), que han sido presentadas en diversos festivales internacionales, como el Festival d’Avignon, el Shubbak Festival de Londres o el Noordezon Festival de Groningen.
Este año, en el marco del Ciclo de la Mediterránea, el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), con la colaboración, entre otros, del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), ha acogido a un grupo de artistas que, desde la diáspora o desde la propia Palestina, libran una batalla constante contra la ocupación israelí a través de su práctica artística. Bajo el título “Barcelona Calling Palestina”, con la asesoría y coordinación artística de Anne Goalard, el ciclo se plantea como “una ventana a la creación palestina a través de artistas que viven su arte como acto de resistencia”.
Con ocasión de su participación en “Barcelona Calling Palestina”, donde presentaron su obra más reciente, Yes, Daddy (2025), afkar/ideas ha tenido la oportunidad de dialogar con Bashar Murkus y Khulood Basel.

Palestina”. Barcelona, abril de 2025./tcn
¿Hay alguna obra de teatro o artista que haya influenciado especialmente vuestra carrera artística?
BASHAR MURKUS: Parece una pregunta fácil, pero en realidad no lo es. Yo creo que ambos supimos desde muy jóvenes que amábamos el teatro y que eso era lo que queríamos hacer. En mi caso, diversos artistas y obras han marcado mis distintos momentos vitales. Ahora mismo, no podría escoger.
KHULOOD BASEL: En mi caso, Samuel Beckett. No solo sus obras, sino el modo en que escribe teatro. Es como si hiciera una gran operación quirúrgica de un modo muy limpio. Me gusta mucho esa estética en el teatro.
Situándonos en el contexto actual, ¿qué rol creéis que tiene el arte?
K.B.: ¡Qué preguntas tan difíciles! Yo ya no estoy segura. Creo que el arte es necesario porque refleja la sociedad. También porque nos cambia a las personas artistas y produce cambios sociales más amplios. No obstante, necesitamos tiempo para que estas transformaciones se produzcan y podamos percibirlas y, por desgracia, la maquinaria puesta en marcha para eliminar la cultura es mucho más rápida. Así que ya no puedo estar segura de por qué hago arte, de si produce un impacto significativo. No sé cómo podemos revertirlo, cómo podemos contribuir a no perder tanto. Todo está siendo destruido. Comparándolo con otros artes, lo que pasa en el teatro es que tú haces la obra para, por ejemplo, 500 personas, así que solo hablas con esas 500 personas. La música, en cambio, puede llegar a públicos mucho más amplios.
Sin embargo, creemos que el efecto del teatro en el público puede ser muy profundo.
B.M.: Sinceramente, el último año, con el genocidio en Gaza ha sido un gran desafío. Ha supuesto replantearnos una y otra vez cuál es el significado de lo que hacemos como artistas. Khulood ha dicho que no está segura del rol del arte, pero a mí me sigue pareciendo importante hablar con la gente a través del teatro. También es cierto que, en este contexto, sientes que se tendrían que llevar a cabo acciones más extremas, con mayor impacto. Y por eso empiezas a pensar que lo que hacemos no tiene sentido.
“Ser independientes amplía nuestro espacio de libertad creativa. Ese es el sentido de nuestro proyecto: ubicarnos fuera de la maquinaria israelí que promueve la eliminación de la cultura palestina”
Volvamos atrás en el tiempo, ¿cuándo y cómo surgió la idea de crear Khashabi Theatre?
K.B.: No lo pensamos mucho. Simplemente empezamos a hacerlo. Nos conocimos en la universidad y desde el principio empezamos a trabajar para ello. Todo lo que es Khashabi Theatre lo hemos analizado después de haber empezado a hacerlo. No es algo que planeáramos. Tuvimos mucha suerte de formar un grupo especial, con una muy buena comunicación, así que crear Khashabi fue vivirlo, que formara parte de nuestra vida cotidiana.
¿Por qué es importante que exista Khashabi Theatre en Haifa? Especialmente dentro del territorio israelí.
K.B.: Me gustaría aclarar una cuestión. La llamamos Palestina. Es la Palestina del 48.
B.M.: Es importante porque somos un pueblo colonizado. Y cuando pensamos en hacer arte y cultura, sabemos que no podemos esperar que el colono nos dé las herramientas para hacer arte a nuestro modo. Así que escogimos ser un teatro palestino independiente que rechaza cualquier vínculo con el circuito de arte israelí. Estamos fuera del sistema y de este modo podemos crear lo que queremos y encontrar socios que creen en nuestra misión, visión y arte y nos apoyen. Nos da, por lo menos, la posibilidad de no estar todo el tiempo pendientes de lo que la ocupación hace y tener la responsabilidad de reaccionar a ello.
K.B.: Para nosotros, Khashabi Theatre es una forma de reapropiarse de la ciudad de Haifa, de disfrutar de un espacio que se rige por nuestras normas, que responde a nuestras convicciones y aspiraciones, donde la comunidad puede existir. En un entorno, Haifa, en el que la mayoría de los espacios urbanos no son nuestros. En este sentido, tener un teatro palestino independiente en Haifa es verdaderamente importante.
En tanto que proyecto palestino, ¿a qué obstáculos os enfrentáis cuando producís vuestras obras?
B.M.: Decidir ser independientes implica estar fuera del circuito cultural israelí y, por tanto, no somos susceptibles a que nos recorten los fondos o se censuren nuestras obras, porque ya estamos fuera del sistema. Aunque siempre pueden encarcelarnos o matarnos en la calle como están haciendo en Jerusalén o en Cisjordania. Ser independientes se traduce en muchas complicaciones, porque no contamos con el respaldo de las instituciones públicas. Por eso, tenemos que buscar constantemente otras fuentes de apoyo a nuestros proyectos y esto dificulta nuestra creación artística. Sin embargo, la parte positiva es que, en una situación de ocupación, ser independientes amplía nuestro espacio de libertad creativa. Ese es el sentido de nuestro proyecto: ubicarnos fuera de la maquinaria israelí que promueve la eliminación de la cultura palestina.
K.B.: En la prensa de Haifa nos han acusado de apoyar al terrorismo y alrededor del teatro hay a menudo personas armadas. Me refiero a civiles armados, porque en Haifa, los civiles judíos pueden ir armados. Así que los obstáculos a los que nos enfrentamos no tienen que ver tanto con el hecho de hacer arte, sino con el mero hecho de ser palestinos en Haifa, en la Palestina del 48 o, más en general, en Palestina. Hablamos de Palestina porque somos palestinos y porque mientras hablamos se está perpetrando un genocidio en Gaza, pero debemos abrir la mirada para ver más allá de Palestina. Las perspectivas no son buenas. Estamos en un momento muy oscuro. Vivimos en un sistema capitalista salvaje y estamos enjaulados, sometidos a un control absoluto, aunque a veces pueda parecernos sutil. Así que cuando pienso en la sociedad de Haifa pienso en lo que representan esos civiles armados.
“Khashabi Theatre es una forma de reapropiarse de la ciudad de Haifa, de disfrutar de un espacio que se rige por nuestras normas, que responde a nuestras convicciones y aspiraciones, donde la comunidad puede existir”
¿Cuál es el rol del teatro en el tejido social palestino? ¿Hay muchos proyectos como el vuestro?
B.M.: Palestina es un país pequeño, así que, si bien hay artistas prometedores, la escena artística no es muy grande. Yo diría que es como cualquier escena artística de cualquier otro lugar del mundo y las dinámicas son las mismas. Hay una corriente más mainstream o comercial, otra más alternativa o underground. Pero es cierto que la situación política afecta a la cultura y, en este sentido, sí que encontramos desafíos particulares.
¿Colaboráis con otros proyectos artísticos en el Territorio Palestino Ocupado?
B.M.: Por supuesto, colaboramos con otros proyectos palestinos de todo el territorio. Hemos colaborado con artistas de Jerusalén, de Cisjordania.
No aceptamos la partición del pueblo y la tierra que impone el colonizador. Somos un solo país: Palestina. Y nuestro trabajo intenta precisamente romper con la lógica que nos impone el colonizador, esa división del territorio con checkpoints y muros que nos aíslan. El territorio de Palestina es pequeño, pero para llegar a Cisjordania desde Haifa necesitamos tres o cuatro veces el tiempo que necesitaríamos si no nos hubieran impuesto esta división territorial. Así que parece que Haifa y Cisjordania están lejos, pero no lo están. Los artistas palestinos intentamos luchar contra estas barreras.
K.B.: Totalmente cierto. Y no podemos entender nuestra cultura y nuestra sociedad sin mirar a Siria y Líbano, estamos conectados. Compartimos la comida que cocinamos, la música que escuchamos, el humor, el diseño urbanístico de nuestras ciudades. Dicen que Beirut es la hermana de Haifa – aunque yo nunca he podido ir a Beirut a verlo con mis propios ojos. Con esto quiero decir que no se trata de meras colaboraciones entre grupos de artistas, sino de algo mucho más profundo. Incluso si no pudiéramos trabajar conjuntamente, nos une un sentimiento de hermandad. Y esta unidad es crucial en este momento, en el que todo Oriente Próximo parece estar en una olla a presión por culpa de Israel, que está destruyendo nuestras sociedades y territorios.
“No podemos entender nuestra cultura y nuestra sociedad sin mirar a Siria y Líbano, estamos conectados”
Y ahora, poniendo el foco en la obra que habéis presentado en el festival “TNC Calling Palestina”, Yes, Daddy, ¿cuándo y cómo surgió la idea? ¿Qué preguntas planteáis a través de ellas?
B.M.: Empezamos con este proyecto a principios de 2023. Íbamos a estrenar la obra un año más tarde, a principios de 2024, pero el genocidio en Gaza lo impidió. Finalmente, la estrenamos en julio de 2024. No sabría decirte exactamente de qué va la historia y creo que es una de sus principales fortalezas. Es una obra que trata muchas cuestiones. Empezamos a partir de un concepto: “la ocupación del pasado”. Nos preguntamos: si puedes controlar la memoria y el pasado de alguien, ¿esto te permitiría también controlar su futuro? Y esta idea sigue en la creación final, pero la obra está compuesta por multitud de capas. Es una obra sobre la vejez y las relaciones intergeneracionales, pero no solo sobre eso. Sobre la verdad y la mentira, pero es algo más. Sobre la sexualidad, pero no se limita a ello. ¿Sobre las relaciones familiares? Sí, pero no exclusivamente. Así que podríamos decir que plantea un amplio abanico de preguntas fundamentales que vas descubriendo a medida que avanza la trama. Como público, crees que entiendes lo que está pasando y de repente ocurre algo que lo cambia todo: un giro que replantea la historia y abre el debate sobre una de esas cuestiones esenciales.
Supongo que el concepto “la ocupación del pasado”, mantiene un estrecho vínculo con la ocupación de Palestina.
K.B.. y B.M.: Por supuesto.
Sin embargo, si no estoy equivocada, en la obra no se menciona Palestina y sospecho que esta omisión no es algo accidental.
B.M.: No se trata tanto de omitir que la historia tiene lugar en Palestina. Todos los artistas en el mundo partimos de nuestras realidades: de dónde venimos, dónde estamos, quiénes somos… En nuestro caso, somos de Palestina y desde Palestina vemos el mundo. Por otra parte, cuando hacemos teatro, intentamos desafiar al público. Y las preguntas de esta obra son universales. No queríamos anclarlas a Palestina, porque eso limitaría el alcance del debate. Son preguntas que nacen en Palestina, sí, pero que pueden interpelar a espectadores de cualquier lugar del mundo.
“Todos los artistas en el mundo partimos de nuestras realidades: de dónde venimos, dónde estamos, quiénes somos… En nuestro caso, somos de Palestina y desde Palestina vemos el mundo. Por otra parte, cuando hacemos teatro, intentamos desafiar al público”
Hablando de espectadores de cualquier lugar del mundo, ¿qué desafíos particulares enfrentáis como artistas palestinos en el ámbito internacional? ¿Cómo creéis que el teatro palestino puede alcanzar un público amplio, más allá de las personas comprometidas con la causa Palestina?
B.M.: Nos encanta hacer giras internacionales y que nos acojan en distintas ciudades por el valor artístico de nuestro trabajo. Esa es la razón por la que hacemos arte. Es cierto que algunos festivales están especialmente interesados en obras sobre la ocupación y colonización de Palestina. Sin embargo, nosotros tratamos de cuestionar esa lógica creando piezas que no cuentan al público –por ejemplo, en Barcelona– la terrible situación del pueblo palestino. En lugar de eso, buscamos plantear preguntas que interpelen directamente a los espectadores de Barcelona sobre sus propias vidas. No queremos representar la realidad palestina para hacer sentir bien al público porque su vida es mejor, sino plantear preguntas incómodas. Es nuestra forma de entender el teatro.
En otras ciudades árabes, al menos durante un tiempo, las actividades culturales se cancelaron para mostrar solidaridad con Gaza. ¿Qué pasó en Khashabi Theatre?
B.M.: Sentimos que no podíamos abrir. No pensamos. Lo sentimos.
K.B.: Sufrimos un shock. Necesitamos un tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo. No podíamos hacer como si no pasara nada. En un momento dado, pensamos que lo mínimo que podíamos hacer era informarnos sobre ello: ¿qué hay detrás de la máquina de matar llamada Israel? ¿Qué quieren conseguir con este genocidio? ¿Qué pasa en el mar de Gaza? Para eso, nos pusimos en contacto con distintas personas que pudieran ayudarnos a comprender y organizamos conferencias en el Khashabi Theatre, con el objetivo de reunir herramientas que nos permitieran pensar, como pueblo, cómo queremos seguir adelante. Israel ha impuesto la división entre el pueblo palestino, y debemos burlar esa fragmentación colonial aprendiendo sobre los distintos territorios que conforman Palestina. Por ejemplo, la organización Riwaq, como forma de resistencia y para preservar la memoria colectiva, está creando un libro sobre edificios históricos en Gaza que han sido completamente destruidos por Israel. Está claro que sentirse triste no basta. Tenemos que saber más para encontrar la manera de detener este exterminio.
Ahora mismo no podéis ser muy optimistas, pero ¿cómo veis el futuro del teatro palestino? ¿Qué cambios os gustaría ver en los próximos años?
B.M.: Es un muy mal momento para preguntarnos sobre el futuro. La situación en Palestina es tan extrema que no podemos siquiera pensar en el futuro. No podemos esperar nada, no podemos planear nada. No tenemos ninguna certeza. Sabemos que todo puede cambiar en un segundo. Y esto hace que sea muy difícil pensar en cultura y en teatro, porque ya no sabemos si tiene importancia.
K.B.: Creo que necesitaremos mucho tiempo para recuperarnos de esta situación. Ni siquiera sé si podremos hacerlo en algún momento. Sinceramente, creo que el sentimiento de que todo lo que he hecho en mi vida no ha bastado para proteger a mi pueblo, me acompañará hasta la tumba. Ahora me siento apática. Nada puede hacerme sentir viva. No sé cómo una nación puede pensar en su futuro desde ese lugar. Además, a estas alturas, nadie va a aceptar soluciones a medias. Ya sabemos que ese tipo de soluciones podrían llevarnos a otra guerra próximamente./