El ascenso de China. Una mirada a la otra gran potencia

El ascenso de China. Una mirada
a la otra gran potencia
Rafael Dezcallar, Deusto, Barcelona,
2025. 352 p.
El ascenso de China pertenece a esa afortunada estirpe de libros que revelan un país, en vez de explicarlo. En él, Rafael Dezcallar no se limita a ordenar datos, cronologías y conceptos, sino que deja entrever el pulso íntimo de una realidad compleja, esquiva y a menudo mal entendida desde Occidente. En un momento histórico en el que abundan los análisis apresurados –idealizadores o alarmistas, fascinados o temerosos–, el libro ofrece algo mucho más infrecuente: una mirada templada, informada y profundamente ecuánime.
Las múltiples experiencias profesionales del autor, desarrolladas en contextos culturales, políticos y humanos muy distintos a lo largo de cuatro décadas, le han concedido una mirada poliédrica que se percibe en cada página: una capacidad poco común para comparar sin simplificar, comprendiendo que los sistemas políticos y las culturas nacionales no se explican desde una sola variable. De este modo, El ascenso de China aparece así, no como una anomalía exótica, sino como el resultado coherente de una historia larga, traumática y extraordinariamente ambiciosa.
Dezcallar sabe que China no es un eslogan ni una amenaza abstracta, sino un país con una densidad histórica, cultural y política que exige tiempo, paciencia y mucha humildad intelectual. Esa actitud atraviesa todo un texto donde se deja notar, desde el primer párrafo, que este no es su primer libro. Hay en El ascenso de China un estilo trabajado, una prosa ágil de mirada panorámica, que combina la claridad del analista con la respiración del narrador. Dezcallar escribe con vocación explicativa, pero también con oído literario. Sabe cuándo detenerse en una escena, cuándo dejar hablar a un dato elocuente, cuándo introducir una reflexión personal sin invadir el terreno del lector. Esa mezcla –poco frecuente en los ensayos sobre geopolítica– convierte este libro en una lectura fluida, incluso absorbente, sin sacrificar por ello el rigor.
En mi opinión, uno de los grandes méritos del libro es mostrar cómo el llamado “modelo chino” no surge de la nada ni es un mero artificio ideológico. El tránsito desde la China empobrecida del maoísmo al actual capitalismo de Estado se presenta como un proceso lleno de contradicciones, pragmatismo y decisiones audaces. Dezcallar explica ese recorrido con una claridad que no infantiliza al lector, y con una honestidad que evita tanto la admiración acrítica como la condena automática.
Pero quizá donde el libro alcanza mayor densidad es en los capítulos que se nutren directamente de la experiencia vivida en Pekín entre 2018 y 2024. La pandemia, con su carga de incertidumbre, control extremo y decisiones drásticas, supuso una prueba de estrés para cualquier diplomático. Para el autor, fue además una oportunidad –difícil, exigente, incómoda, excepcional– de observar desde primera fila el ADN del sistema chino: su capacidad de movilización, su obsesión por el control, su desconfianza estructural hacia el exterior, pero también la disciplina social y el sentido colectivo que atraviesan a buena parte de la población. Esta vivencia extrema dota al análisis de una profundidad poco común. Gracias a ello, Dezcallar no teoriza sobre China en abstracto:
describe cómo funciona cuando todo se tambalea. Cómo decide, cómo comunica, cómo prioriza. Y, sobre todo, cómo se percibe a sí misma frente al mundo. En ese sentido, el libro es también una reflexión sobre el poder, la soberanía y el miedo; sobre un país que se siente de nuevo fuerte tras un largo “siglo de humillación” y que exige que ese nuevo equilibrio de fuerzas se traduzca en un orden internacional distinto.
China fue, para Dezcallar, el culmen de una trayectoria diplomática excepcional. No solo por el peso específico del destino, sino porque allí confluyen todas las preguntas que han marcado su carrera: el poder y sus límites, la cultura como factor político, la tensión entre principios y pragmatismo. Desde su posición como máximo representante de España en el gigante asiático, el autor no elude los aspectos más incómodos de la relación bilateral y multilateral: la asimetría y el desequilibrio, la falta de reciprocidad, la opacidad en determinados ámbitos aparecen sin estridencias, pero sin eufemismos. Hay en estas páginas una defensa serena, firme, de la necesidad de transparencia y reglas compartidas, consciente de que el diálogo con China es inevitable, pero también de que no puede basarse en la ingenuidad. El ascenso de China es, en ese sentido, algo más que un ensayo sobre una gran potencia emergente: es el libro de alguien que ha mirado el mundo desde muchos ángulos y que, al final del camino, ofrece al lector una visión amplia, compleja y profundamente honesta de uno de los grandes protagonistas de nuestro tiempo.
Tras dos décadas conviviendo con China y su realidad, recomiendo encarecidamente leer El ascenso de China. Su lectura, evidentemente, no garantiza entender China del todo –nadie puede prometer eso–, pero sí evita el error más común: creer que ya la entendemos. Y en los tiempos que corren, ese es un logro nada menor.
— Julio Ceballos, consultor de negocio en China y autor de los libros “Observar el arroz crecer” y “El calibrador de estrellas” (Ed. Ariel)