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Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas

Ana González Navarro
Profesora e investigadora en la Universidad Autónoma de Madrid

Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas
Edición y traducción de Luz Gómez. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025, 156 páginas

No es fácil reseñar una antología de poesía. Menos aún, una antología de poesía palestina. Más complejo todavía es reseñar una antología de poesía palestina escrita por mujeres.

Cuando se habla de Palestina y, especialmente, desde el genocidio en curso desde octubre de 2023, es habitual preguntarse sobre el papel o, incluso, el sentido, de la creación artística en un contexto de extrema violencia. ¿Qué pueden hacer las palabras, la poesía, frente a la destrucción y la deshumanización total? Como apunta la traductora y editora Luz Gómez en el prólogo de Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas (2025), la poesía en Palestina tiene un estatuto particular, ya que “los versos de sus poetas han sido, desde la Nakba inicial, una herramienta fundamental para luchar contra la desposesión del pueblo palestino a manos de Israel”. La poesía en Palestina no solo se escribe. Se canta, se vive, permanece. Se convierte en himno. Es un arma contra el culturicidio.

Esta pregunta, planteada con diversos matices, atraviesa las poéticas que las propias poetas redactaron con motivo de esta antología. Escriben para aferrarse a la belleza, a la verdad, a la vida… a la humanidad. “La poesía es mi única vía de escape […] para dirigirme a la vida que crece en mi interior”, afirma

Hala Shrouf. “La poesía ha sido y sigue siendo una especie de grito, como si estuviera pidiendo ayuda”, dice Maya Abu al Hayat. Asmaa Azaizeh, recuperando la genealogía poética de la resistencia, reconoce que la poesía es necesaria para “resistir a la injusticia con la verdad, a la fealdad con la belleza y al odio con el lenguaje”. O, en palabras de Mona Musaddar, “con mi poesía he querido decir que soy un ser humano más allá del genocidio, que me niego a que se me mitifique, se me convierta en un arquetipo y se normalice mi muerte gratuita”.

Esta antología reúne poemas escritos por 15 poetas nacidas entre 1977 y 2005, a las que Luz Gómez denomina “nuevas poetas palestinas”, por el giro hacia lo personal y cotidiano que se observa en su poesía respecto a la generación anterior. Cada selección de poemas va precedida de una breve biografía de la autora con su foto, así como una poética redactada por ellas mismas, menos en el caso de Ghada Shafii, en paradero desconocido, y Hiba Abu Nada, asesinada en 2023 durante un bombardeo israelí al campamento de Jan Yunis.

El tono de los poemas que reúne la antología se va recrudeciendo según nos acercamos a las autoras más jóvenes. Las poetas hablan, inevitablemente, de la muerte, como Samar Abd al Jaber, que sentencia que los muertos “en sus sepulturas / no ven vuestras caras, / no oyen lo que decís en vuestras visitas anuales, / no huelen los ramos de flores que les lleváis.” Reivindican también el derecho a morir dignamente, como Batool Abu Akleen: “Quiero una tumba. / No quiero que mi cuerpo se pudra en una cuneta”. Y está presente, además, la violencia, los continuos ataques armados que evoca Hiba Abu Nada: “La noche de la ciudad es oscura, salvo por el brillo de los misiles. / Silenciosa, salvo por el sonido de los bombardeos”.

Así mismo, los poemas hablan de lo desgarrador de la maternidad en Palestina: “Para ser una madre palestina/ tienes que aprender cuatro cosas muy simples: / cómo se abraza a un hijo herido / hasta que se desangra. […] Tienes que ser gata, / cocodrilo / y avión, / una coraza / y el techo de una jaima”, escribe Maya Abu al Hayat. En ellos, leemos también sobre la genealogía familiar que acaba en el exilio, como en este poema de Jumana Mustafa: “Los parimos, y siendo pequeños todavía, los enviamos lejos, antes de que la tierra los llamara. Por billetes de veinte dinares los cambiamos, a nuestros hijos; por fotos a color, a nuestros nietos. Eran tiempos difíciles. Así lo cuenta la historia.”

Pero, sobre todo, las poetas escriben sobre la vida. Sobre el derecho a la vida, como reivindica Neama Hassan: “No sé cuándo el trigo aprendió a hacerse fusil y cómo el mundo se ha convencido de que hemos aprendido a ser muertos. / Lo que yo sé es que a mis hijos y a mí se nos da bien la vida…”. O también, de la simple cotidianeidad de la vida, de la que habla con cierta fascinación Dalia Taha: “Esa es la gracia, / estar vivo, / sentir curiosidad por los que te rodean, / estar vivo y no entender muy bien qué significa”. Y como parte de la vida, está también presente la rabia, la rebeldía, la resistencia: “Cada vez que intento escribir, aparece Gaza con su jeta rebelde… Y alza los dedos en señal de victoria” concluye Neama Hassan.

La forma en la que está concebida la antología permite que, en la lectura, se establezca un vínculo directo con las poetas, olvidando prácticamente el rol mediador de la traducción. Cabe destacar la cuidada traducción de Luz Gómez que mantiene el tono poético con naturalidad y delicia a lo largo de toda la antología. Resulta preciso reconocer esta labor, en ocasiones denostada. En concreto, Luz Gómez es conocida y reconocida por su trabajo de difusión de la poesía palestina en lengua española, especialmente la obra literaria del ineludible Mahmud Darwish, poeta cuya influencia, por cierto, reconocen muchas de las autoras de la antología, citándolo en sus poéticas o en sus poemas.

No es de extrañar que resulte complejo reseñar Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas. Su lectura es a la vez un puñetazo en el estómago y un soplo de aire fresco.

Ana González Navarro

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