‘Crowdfunding’ e inversión en el mundo árabe

“Hay un déficit de financiación a las pequeñas y medianas empresas de 250.000 millones de dólares. El problema es el acceso al capital y la modelización de la información”.

Entrevista con Ahmed Moor por J.A.

Ahmed Moor, nacido en Palestina y nacionalizado estadounidense, obtuvo su titulación universitaria en Estados Unidos. Trabajó tres años como profesor de Derecho en Nueva York. Posteriormente se trasladó a Beirut, donde colaboró como periodista con Al Jazeera y The Guardian. A finales de 2010 se mudó a Egipto, también con Al Jazeera, donde cubrió la revolución egipcia en 2011. Ese año abandonó el país y se trasladó a la Kennedy School de la Universidad de Harvard, donde creó Liwwa junto con Samer Atiani. Liwwa es una plataforma de crowdfunding e inversión que cumple con la ley islámica (sharia) en sus proyectos.

AFKAR/IDEAS: ¿Cómo se le ocurrió la idea de Liwwa?

AHMED MOOR: Los que veníamos de la Primavera Árabe teníamos la sensación de que, si bien los principales desafíos de ese momento estaban relacionados con la justicia social, también tenían mucho que ver con la justicia económica, o con su ausencia. Queríamos centrarnos en el problema de la falta de oportunidades. Si pensamos en la oportunidad en abstracto, puede significar muchas cosas. Pero para la gente, en general, “oportunidad” quiere decir ir mejorando con el tiempo sus vidas. Eso supone tener empleo. En esta parte del mundo hay un déficit de financiación a las pequeñas y medianas empresas de 250.000 millones de dólares. El problema es enorme, ya que los pequeños negocios contribuyen a generar muchísimos puestos de trabajo en todo el mundo, especialmente en las economías emergentes. También aportan entre el 65% y el 80% del PIB, según el país. Así que nos pareció que era fundamental centrarse en las pequeñas y medianas empresas. En este sentido, me influyó la idea del crédito basado en el mercado [market-based lending] del emprendedor e inversor de Silicon Valley, Chris Larsen. Chris fundó prosper.com en Estados Unidos en 2005. Desde su creación, sus préstamos a particulares han ascendido a varios miles de millones de dólares. Nosotros no teníamos tanto interés en financiar a los consumidores, que es lo que hace Prosper. Queríamos adaptar la idea de los préstamos basados en el mercado a la realidad de los mercados de Oriente Medio y el Norte de África.

A/I: ¿Cómo describiría la situación del acceso a la financiación en la zona?

A.M.: Por lo que se refiere al problema en cuya solución estamos trabajando, no es tanto una cuestión de lograr que el sistema sea más eficaz. En realidad es una cuestión del fracaso del mercado. Hay muchas pequeñas empresas viables operando en un país como Jordania, que no tienen acceso al capital. Como ya he dicho, hay un déficit de 250.000 millones de dólares, no un mercado ineficaz en el que demasiados beneficios vayan a parar a los bancos. Lo que está pasando no es eso. El problema, creemos, consta de dos partes: el acceso al capital, que estamos solucionando a través del mercado, y la modelización de la información. En cuanto a la falta de acceso al capital, consiste fundamentalmente en la incapacidad para entender la información que generan esas pequeñas empresas. Cuando se conocen las instituciones financieras para el desarrollo y las disposiciones de algunos de sus documentos, se advierte que hay una incapacidad para traducir gran parte de ese capital institucional en una distribución real de financiación entre las pequeñas empresas. En este sentido, y para evitar esta situación, hemos dedicado mucho tiempo a desarrollar un modelo de regresión que ayude a evaluar la credibilidad de las empresas que reciben los préstamos mediante datos sobre su comportamiento en nuestra página web y su combinación con gráficos sociales.

A/I: Efectivamente, en algunos de los documentos de investigación que hemos elaborado, hemos visto que el problema no es el dinero. Es la brecha, o el desfase, entre quienes tienen dinero y los que verdaderamente lo necesitan, que son esas pequeñas y medianas empresas. ¿Podría hablarme de Liwwa, cuándo se fundó y con qué objetivos?

A.M.: Nuestra misión es aumentar los ingresos y generar empleo en los mercados en los que trabajamos. Actualmente estamos en Jordania, y a finales de año también estaremos en Emiratos Árabes Unidos. Samer y yo fundamos la empresa en 2013, cuando yo todavía estaba en Harvard y él trabajaba en una compañía llamada Etsy. No obstante, no empezamos a funcionar hasta marzo de 2015, cuando cerramos nuestros primeros 500.000 dólares de capital, y lo hicimos en Jordania. Hemos suscrito proyectos por unos 1,8 millones de dólares, distribuidos entre 81 pequeñas empresas del país. Hace unos meses hemos conseguido una financiación de 2,3 millones de dólares para nuestra expansión. En total hemos reunido 2,8 millones de dólares, y tenemos un equipo de 12 personas entre Nueva York y Jordania, donde está todo el equipo operativo. Nueva York es nuestra oficina de datos y de programas de análisis. Somos un canal de crédito a la pequeña empresa que existe en Internet y da los frutos de la eficacia operativa derivados de ser casi exclusivamente digitales.

A/I: Dado que existen otras empresas de financiación colectiva por Internet, como Zoomal, ¿por qué decidieron entrar en ese mercado? ¿Y por qué con un componente de observación de la ley islámica?

A.M.: Sería más correcto compararnos con un banco local. Nosotros ofrecemos préstamos a las pequeñas empresas. El hecho de que operemos mediante un mecanismo de préstamos basados en el mercado con el tiempo potencia la eficacia del modelo. Yo diría que la principal generación de valor de nuestra manera de operar es la capacidad de modelizar el crédito mediante el desarrollo de nuestro algoritmo automático. El cumplimiento de la ley islámica no es más que un producto que demanda mucha gente. Creemos firmemente en servir a nuestros clientes. Nuestra forma de competir en el mercado implica la importancia de la atención al cliente, además de la eficiencia de los procesos y el desarrollo de la propiedad intelectual. Cuando sabes que tu mercado exige algo coherente respecto a su fe, lo razonable es ofrecer ese producto y hacerlo con eficacia y equidad.

A/I: ¿Se dirigen solo al mercado jordano, o también tienen proyectos en otros países de la zona?

A.M.: Acabamos de reunir 2,3 millones de dólares para nuestra ampliación a EAU, y con el tiempo nos gustaría llegar mucho más lejos. Hace poco estuve en Indonesia evaluando posibilidades en ese país. Asimismo, querríamos abarcar Túnez y Marruecos.

A/I: Es decir, que quieren ir más allá de la región MENA.

A.M.: Exacto. El problema al que intentamos dar solución no es exclusivo de Oriente Medio. En la medida en que podemos construir algo que tiene la posibilidad de expandirse y de ser viable en diferentes mercados, no veo por qué no deberíamos trabajar en otras zonas.

A/I:¿Qué clase de proyectos financian?

A.M.: En este punto quiero hacer una distinción. Nosotros no financiamos proyectos. Trabajamos con pequeñas empresas que llevan funcionando cinco años como término medio. La edad media de nuestros prestatarios es de entre 48 y 52 años. Muchas de las empresas,casi todas, son comerciales. Por ejemplo, importan productos de Turquía o de China y los venden en el mercado local, o importan materias primas y las trasforman en un producto con valor añadido. Son empresas operativas, reales.

A/I: ¿Cree que las autoridades colaboran activamente para intentar fomentar esta clase de financiación innovadora, o son reticentes porque es algo nuevo y, como usted decía, el que tiene experiencia de verdad es el sistema bancario?

A.M.: En Jordania hemos recibido mucho apoyo desde diferentes niveles de la Administración. Como ocurre en cualquier país, o gobierno, o Estado, es un entorno con muchos actores en diferentes niveles burocráticos así como en la toma de decisiones políticas. En general, en los niveles más altos, la reacción a lo que hacemos es muy positiva, pero también aquí el entorno es muy poco uniforme. Se trabaja con una diversidad de personas de distinto rango en el gobierno. En las instancias más altas y en los bancos centrales, desde luego, existe esa sofisticación de conocimiento y la conciencia sobre este modelo globalmente, y existe un mandato al máximo nivel para hacer que las pequeñas empresas funcionen y se desarrollen. Está claro que es algo que está a la orden del día, ya sea en España, Portugal o Jordania.

A/I: Innovación digital, emprendimiento, financiación innovadora… En la zona se observa que son fenómenos muy urbanos. Sin embargo, ciudades como Amán, Beirut y Dubái son mucho más activas que las del norte de África, como Casablanca, Túnez y Argel. En su opinión, ¿cuál es la causa?

A.M.: No he estado en la parte occidental del norte de África, pero no creo que sea un mercado monolítico en absoluto, ni Oriente Medio ni el norte de África. Estoy seguro de que como investigador de la zona conoce a la perfección esta realidad. En Jordania, hay un gobierno que fomenta activamente la economía digital y las tecnologías de la información. Este país tiene unos recursos nacionales muy limitados y, últimamente, el turismo ha sufrido un revés. Yo diría que, en las más altas esferas, hace ya años que ha arraigado el mensaje de que hay que promover la economía del conocimiento. Lo mismo ocurre en EAU. Líbano no es famoso por su consistencia, pero su Banco Central ha aprobado normas, como la circular 331, que ha sido muy útil e innovadora y que, desde nuestra perspectiva, facilita las cosas en este terreno.

A/I: ¿Qué futuro cree que le espera dentro de cinco o 10 años a Liwwa y a la financiación digital en general?

A.M.: Dentro de cinco años pretendemos ser una empresa sólida que opere en diversas líneas de negocio en la región y fuera de ella. En cuanto a las herramientas de financiación digitales, creo que son muy prometedoras para el sector aunque solo sea porque nunca ha habido tanta información disponible como ahora. Hace cinco, o incluso tres años, no disponíamos de ella. Cuando llegamos a la zona, hace casi tres años, no estábamos seguros de si el mercado al que nos dirigíamos sería capaz de presentar solicitudes por Internet en árabe. Resultó que no había por qué preocuparse, porque Whatsapp y Facebook Messenger han obligado a la gente a aprender a teclear en árabe en sus móviles. Igual que hemos visto cómo algunos países del Cuerno de África se saltaban la etapa de los PC en su trayectoria de la conectividad, me parece que veremos que el sector de los servicios financieros se desarrollará de manera similar. No hay razón para suponer que vaya a ser de otro modo. Nos saltaremos esa fase de desarrollo en el acceso al capital y seremos capaces de hacer negocios más fácilmente mediante medios digitales. Estamos profundizando y nos estamos expandiendo al mismo tiempo. Es un momento apasionante.