La mujer: entre el pasado, el presente y el futuro

Narcis Memet

Centrul Pentru Resurse Civice, Rumanía

La poética, como forma de creación artística que participa de la representación que nos hacemos de nosotros, mismos debe disociarse de los determinantes masculino/femenino para ser apreciada por su  « singularidad », una noción que no llegan a hacer las marcas de género. Esto es importante si consideramos la capacidad de la poética de influenciar eLa condición de la mujer ha cambiado de una sociedad a otra. Desde la antigüedad, la mujer fue considerada un ser inferior al hombre, con un nivel bajo de inteligencia, carente de los derechos más básicos y que pasaba de estar sujeta a la autoridad del padre a la del marido. A lo largo de los siglos, ha luchado por defender sus derechos, ha participado en movimientos sociales de gran alcance y ha combatido todo tipo de discriminaciones.


Siempre han existido y existirán estereotipos, como el que afirma que el papel de la mujer es el ser «madre, hija y esposa». Además, su papel principal sería ocuparse exclusivamente de la familia y el hogar y satisfacer las necesidades de los que la rodean, olvidando e ignorando sus propias necesidades. A menudo, a las mujeres se les ha negado el derecho a estudiar, a tomar sus propias decisiones, a tener un empleo y un sueldo. La mayoría de las veces se vieron obligadas a trabajar a causa de la situación económica, siendo empleadas como esclavas, sirvientas o ayudantes de las señoras de la alta sociedad y en muchas ocasiones, aunque trabajaban bajo las mismas condiciones que los hombres, se les pagaba mucho menos solo por el hecho de ser mujeres.

Con la proclamación de la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos, el inicio del movimiento feminista a favor del derecho al voto, el acceso a la educación y a la salud y la igualdad de derechos en todos los ámbitos laborales, la situación de la mujer empezó a cambiar y muchos países adoptaron un nuevo enfoque en relación a la mujer.

Aunque actualmente los estereotipos culturales y la discriminación de género no sean tan extendidos, continúan existiendo y tienen efectos parecidos a los que tenían en el pasado por lo que se refiere a la discriminación contra la mujer, minimizando la importancia de promover el papel que esta ejerce en la familia, en la sociedad y en la vida personal y profesional. 

La mujer fue, es y será una promotora de tradiciones, cultura y diálogo en la comunidad a la que pertenece.

El empoderamiento de la mujer es de hecho un indicador del grado de civilización de la sociedad. El retroceso económico y cultural y la falta de derechos políticos afectan sobre todo a las mujeres que, aun hoy en día y en muchas partes del mundo, son consideradas como un anexo del hombre.

La necesidad de eliminar los estereotipos y la discriminación de género es mayor en una comunidad intercultural y en las comunidades minoritarias nacionales de cada país. Las mujeres que pertenecen a minorías étnicas sufren una doble discriminación, al serles denegados y violados ciertos derechos por razón de etnia, religión y filiación cultural.

La discriminación de género

Aunque siempre hayan sido consideradas débiles e indefensas, las mujeres no han dejado de demostrar su gran capacidad para hacer cambios y contribuir a la sociedad, difundiendo valores éticos y culturales en los ámbitos más variados y diversos como el arte, el periodismo, la cultura, la justicia o la historia, promoviendo la responsabilidad ciudadana y combatiendo toda forma de discriminación y desigualdad.

Son muchas las mujeres que han demostrado su valía y han permanecido en la conciencia colectiva a pesar de los avatares de la historia. Al igual que cada país tiene sus propias figuras destacadas, también Rumanía puede sentirse orgullosa de contar con ejemplos de mujeres que han hecho grandes cambios en diversos ámbitos a lo largo de su historia.

Alexandrina Cantacuzino

Alexandrina Cantacuzino nació el 20 de setiembre de 1876. Fue una figura destacada del movimiento de emancipación de la mujer en la vida social, cultural y política del periodo de entreguerras y su personalidad fue extremadamente polémica.

Se implicó de forma pública en ámbitos sociopolíticos nacionales y fundó la Agrupación Nacional Ortodoxa de Mujeres de Rumanía, que se ocupó de abrir escuelas para la educación de la mujer. Además, fundó el Consejo Nacional de Mujeres de Rumanía en 1921, cuyas actividades se desarrollaron en algunos ámbitos especializados como la asistencia social, la higiene, el derecho, el mundo laboral, el sufragio, la paz, la lucha contra el tráfico de mujeres y los medios de comunicación.

A nivel internacional, en 1925 una representación de delegadas del Consejo Nacional de Mujeres de Rumanía asistió, en calidad de miembros del Consejo Internacional de Mujeres, al congreso de Washington. En él, Alexandrina Cantacuzino fue elegida vicepresidenta del Consejo Internacional.

Alexandrina creó en Bucarest en 1923 la Pequeña Entente de Mujeres. Esta organización agrupó a las asociaciones feministas de Rumanía, Yugoslavia, Polonia, Checoslovaquia y Grecia con el objetivo de colaborar en cuestiones relativas a la condición de la mujer. Entre estas, cabe destacar la cuestión de las madres jóvenes, el estatus de los hijos legítimos e ilegítimos, el cambio de la legislación sobre la paternidad y la responsabilidad de los padres.

Adela Xenopol

Nacida en 1861 en Iasi, hermana del cronista Alexander D. Xenopol, fundó la revista Dochia, cuyo objetivo era proteger y apoyar la investigación en los derechos de la mujer, luchar por la emancipación intelectual y legal y el derecho a la filiación política. La revista Dochia se convirtió en una verdadera plataforma para luchar a favor de la formación y el progreso de la mujer en el ámbito social, laboral, político y cultural.

Adela Xenopol declaró en 1879 que «la mujer no es inferior al hombre, y las mujeres rumanas están a la misma altura moral que los hombres» así como que «las mujeres tienen la misma capacidad intelectual y son capaces de realizar las mismas actividades que el hombre».

Ecaterina Teodoroiu

Ecaterina Teodoroiu es una de las pocas mujeres rumanas a las que oficialmente se ha concedido el título de heroína.

Miembro de los scouts y enfermera durante la Primera Guerra Mundial, se distinguió por su actitud en situaciones trágicas. Tras la muerte de su hermano Nicholas, caído en el frente, se alistó en el ejército para honrar su memoria, participando con solo 22 años como soldado en numerosos episodios bélicos. Como reconocimiento a su valentía, fue condecorada por el rey Fernando y recibió grandes honores.

Alcanzó la graduación de teniente y estuvo al mando de un grupo de enfermeras que tomaron parte en la batalla de Marasesti. Es allí donde murió a consecuencia de un impacto de bala en el pecho, poniendo así fin de forma trágica y heroica a su corta vida de mujer soldado.

Nadia Comaneci

Nadia Elena Comaneci, nacida el 12 de noviembre de 1961 en Onesti, condado de Bacau, fue la primera gimnasta rumana que obtuvo un diez absoluto en unos Juegos Olímpicos. Ganó cinco medallas olímpicas y es considerada una de las mejores atletas del siglo XX y una de las mejores gimnastas del mundo de todos los tiempos.

Se la conoce como la Diosa de Montreal y es la primera deportista rumana que entró a formar parte del International Gymnastics Hall of Fame. En Rumanía, su éxito le supuso la concesión de la condecoración de Héroe del Trabajo Socialista, siendo la ciudadana rumana más joven en recibir este honor.