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Palestina: arte y resistencia en Nayi Al Ali

Nayi al Ali, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 2020, 272 pág.

El libro Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali, publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo recoge las principales obras del dibujante palestino más celebre de todos los tiempos: Nayi Al-Ali.

Este libro es una reivindicación de la personalidad y el trabajo de este artista universal y pretende dar a conocer al público hispanohablante la importancia de su obra y el impacto de su pensamiento. Al-Ali tuvo claro desde muy joven que la mejor manera de contar el drama palestino, uno de los conflictos internacionales más complejos y lejos de resolverse, es a través de las artes gráficas. De esta forma, se superaban las fronteras lingüísticas y cualquier persona en el mundo a la que le llegasen sus dibujos, era capaz de comprender el mensaje de denuncia, enfado, tristeza y dolor que plasma el artista a través de sus manos. En el libro se presenta una gran parte de su obra y se incluyen también numerosas entrevistas comentadas que le realizaron a lo largo de su trayectoria.

Su brillante narración visual describe los grandes acontecimientos que vivió del conflicto y durante más de 20 años fue una verdadera revolución en el mundo árabe. Sus dibujos se difundieron a través de las páginas de importantes periódicos árabes como Al Talía (La Vanguardia), As Safir (El Embajador) o Al Watan (La Patria) y posteriormente en muchas otras publicaciones.

Con un vocabulario visual, cuya simplicidad y belleza lo sitúa en el terreno de la poesía, Al-Ali influyó en todos los estratos sociales de su época con sus dibujos denunció no solo la ocupación de su tierra por parte del Estado de Israel sino también a los jeques del petróleo aliados de Estados Unidos, los regímenes árabes autoritarios, el sistema económico global y el sectarismo religioso cada vez más presente en el Líbano que le tocó vivir. Tampoco dejó fuera de sus críticas a la burguesía palestina y a la corrupción de algunos dirigentes y funcionarios palestinos de la Organización para la Liberación de Palestina.

El lenguaje visual de Al-Ali está conformado por una serie de símbolos y convenciones, que podrían no ser bien entendidas por el público hispanohablante. Sin embargo, posiblemente no hay nadie en Oriente Medio que no conozca su creación más célebre: Handala, un niño de 10 años representado casi siempre de espaldas, observando lo que ocurre en la viñeta, invitando a los lectores a mirar y a no permanecer indiferentes.

Handala es hoy una figura tatuada en miles de pieles de jóvenes árabes, grafiti en decenas de muros y paredes y dibujo en cientos de libros y pósteres.

El nombre de Handala procede del árabe handal, una planta trepadora con propiedades purgantes que crece en el desierto, de profundas raíces, muy amarga y que soporta altas temperaturas, altos niveles de salinidad y sequías extremas. Es el dibujo de un niño feo que va descalzo como muchos niños en los campos de refugiados de aquel entonces.

En una entrevista realizada en el diario palestino Al Hurriya en 1979 a la pregunta: “¿por qué un niño?” Nayi respondía: “Handala nació con 10 años y siempre tendrá 10 años. Porque la infancia es el símbolo de la sinceridad, la inocencia y la verdad. Lo dibujé descalzo intencionadamente porque me recuerda a mi infancia en el campamento. El niño que dibujo es la conciencia que no está dispuesta a ceder”.

En las primeras viñetas, Handala mostraba su rostro, pero a partir de la guerra de 1973 aparecerá generalmente de espaldas, sujetando las manos tras de sí, como señal de rechazo a lo que pasaba en aquel momento y a las soluciones propuestas por los regímenes árabes y Estados Unidos.

Nayi al-Ali creció en el campamento de refugiados de Ain el-Helwe (dulce manantial en árabe), cerca de la ciudad de Sidón, en el sur del Líbano, así que supo bien lo que significa ser un refugiado de por vida. En ese contexto fue donde creció y donde hizo sus primeros dibujos.

Nació en la aldea palestina de AshShayara, en la región de Galilea, en 1936, año del inicio de la Gran Revuelta árabe contra los británicos. Su aldea fue atacada el 1 de mayo de 1948 por la Haganá, una de las milicias sionistas más importantes de aquel entonces y precursoras de lo que luego fue el ejército israelí. Nayi Al-Ali aún no había cumplido los 11 años cuando él, toda su familia y todos sus vecinos fueron expulsados, convirtiéndose en refugiados de un día para otro, las viviendas fueron destrozadas y el pueblo desapareció de los mapas, al igual que ocurrió con numerosos poblados de los que no ha sobrevivido ningún resto.

Los palestinos expulsados en 1948 se llevaron consigo al exilio las llaves de sus casas para regresar cuando la ocupación terminase. Con el tiempo, las llaves se convirtieron en el instrumento que protege la memoria, que reclama el derecho al retorno, ejerciendo como conectoras entre el trauma de la Nakba y el futuro regreso al hogar. Conservadas por muchas familias, las llaves son una metáfora de la propiedad legítima de sus hogares y sus tierras, tal y como simbolizan muchos de sus dibujos. 

Palestina en sus dibujos es siempre mujer. Mujer o niña, alegre o triste, mujer árbol que hunde sus raíces en la tierra, o mujer tierra regada con lágrimas, o mujer madre, sobre todo madre.

El 22 de julio de 1987 a las puertas del diario Al-Qabas International en Londres, donde trabajaba, un hombre se acercó por detrás a Al-Ali y le disparó en la cabeza. Tras cuatro semanas en coma, murió a finales de agosto de 1987. Nadie reivindicó el atentado y nunca se identificó a su asesino.

Al-Ali sigue vivo en la memoria de las sociedades árabes. El testigo de su visión crítica pasa de generación en generación, quizá porque el contenido de muchas de sus viñetas sigue siendo actual. Reivindicar la figura de Al-Ali significa promover el arte militante, el arte que huye de la neutralidad educada, el arte comprometido con las causas justas y el que denuncia graves violaciones de Derechos Humanos, como las que se han cometido y se siguen cometiendo contra el pueblo palestino.

Ibrahim Rifi-Fundación Al Fanar

L’Algérie dans un monde en mutation

Amine Kherbi. ANEP éditions, Árgel, 2018, 340 pág.

El ensayo de Amine Kherbi –diplomático de carrera, actualmente profesor en el Instituto de Diplomacia y Relaciones Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores en Argel y en la Escuela de Asuntos Internacionales de París, Sciences Po– se divide en cuatro capítulos: Argelia ante sus opciones estratégicas, Desafíos de la construcción de la seguridad, Seguridad internacional y desarrollo global, Diplomacia y marco de cooperación.

Las incertidumbres del inicio de este tercer milenio, acentuadas por la nueva situación en el mundo árabe y en África, los cambios en el sistema de alianzas en el mundo y la reclasificación de las prioridades de la agenda internacional, llevaron al autor a analizar el amplio abanico de retos a los que se enfrenta Argelia, así como las oportunidades de las que dispone para reforzar sus intereses y su posición en la escala internacional a corto, medio y largo plazo.

Como practicante de las relaciones internacionales, el autor, sensible al encuentro entre la historia y la diplomacia, vuelve en el preámbulo a la edad de oro de la diplomacia argelina, que promovió la aparición de un universo intelectual en consonancia con las preocupaciones del país después de la independencia. Todos los continentes mostraron interés por lo que hacía y se siguió con gran atención su política exterior en favor de la cuestión Norte-Sur, la prohibición de las armas químicas y el fomento de la paz mundial.

Hoy, el autor aboga por una refundación de la diplomacia argelina. Ante una perspectiva sahelo-sahariana y mediterránea incierta, un horizonte magrebí convulso y amenazas internas en los frentes económicos y sociales más fundamentales de la sociedad, el país debe reforzar su diplomacia para afrontar mejor las cuestiones y los retos específicos y globales que puede encontrar en el campo minado del entorno regional y la interdependencia mundial. Los retos de seguridad para Argelia se abordan también en el mismo contexto regional caracterizado por la agitación y la incertidumbre, mientras que la globalización sigue diversificando los registros y los recursos de dominación, desafiando la capacidad de adaptación de los Estados.

En el subcapítulo sobre la “globalización de la crisis y la seguridad nacional”, A. Kherbi subraya las precipitadas y caóticas transformaciones del sistema internacional, que ya no se rige por sus antiguos requisitos estructurales, lo que sitúa a cualquier política exterior y de seguridad en una fase incómoda respecto a las difíciles adaptaciones que implica la crisis global, en la que nada puede predecirse de forma estable, especialmente para los países en desarrollo. Por tanto, es comúnmente aceptado que los países con instituciones fuertes y mecanismos de regulación eficientes están mejor preparados para hacer frente a situaciones críticas y adaptarse a nuevos equilibrios con menos limitaciones que otros.

A partir de ahora, “la configuración a escala planetaria se encuentra en un estado de conflicto/cooperación”, cuyas líneas de fuerza orientan las políticas de los países. Tanto más cuanto que, en un momento en que las incertidumbres han acentuado la heterogeneidad de un sistema internacional sujeto a distorsiones irreconciliables y atravesado por corrientes contradictorias, los principales retos son globales y esencialmente transnacionales. Desde principios de esta década, hemos sido testigos de una serie de acontecimientos que confirman esta evolución y los procesos de seguridad que la sustentan. Esto demuestra la inutilidad de considerar las relaciones interestatales y la organización de la sociedad internacional en términos de una transformación ineludible del sistema internacional hacia el equilibrio y la estabilidad, sin un cambio en el equilibrio de poder, sin una reducción de las tensiones, sin una reducción de las desigualdades económicas, sin salvar la brecha institucional y tecnológica, y sin superar la brecha digital.

Para Argelia, el autor aboga por una reconquista de las condiciones de seguridad económica que está directamente relacionada con nuestras preocupaciones inmediatas y con la necesidad de estabilidad del país y su verdadero lugar en los nuevos equilibrios regionales en gestación. El autor aboga por un cambio de prioridades, por adaptar determinadas misiones políticas, económicas y de seguridad, para hacer frente a los fenómenos desestabilizadores que surgen de los fenómenos transnacionales, de la diversificación y de la acumulación de innumerables factores que operan en un entorno inestable a través de puntos de fragilidad internos. Son de naturaleza sociopolítica, geoeconómica, ecológica y demográfica. Por tanto, cualquier estrategia eficaz de lucha contra el terrorismo transnacional y la delincuencia organizada debe tener en cuenta este hecho, que debe regir imperativamente todas las acciones de las autoridades públicas, civiles y militares.

El diplomático subraya la urgencia de “profundizar el diálogo interno y ampliar la concertación sobre todas las cuestiones relativas a la gestión institucional para lograr una seguridad pública y civil más eficaz”, abogando por una mejor organización de las actividades económicas y una renovación del territorio. Esta es la alternativa urgente por la que Argelia debe apostar para reforzar su capacidad de anticiparse a las amenazas y proteger la economía nacional para aprehender eficazmente las oportunidades y “los riesgos ligados a la globalización, cuya forma perversa es el terrorismo”.

Los principales riesgos de socavar el equilibrio de la cohesión territorial y social se han vuelto más difíciles de controlar debido a la regresión de la solidaridad intermediaria espontánea y a la disminución de la mediación social. Toda la responsabilidad recae ahora en el Estado, que debe asumir cargas económicas y sociales cada vez mayores, mientras que sus fronteras e instituciones le protegen peor contra los riesgos de un entorno acuciante y adverso. En la actualidad, el país se encuentra inmerso en un movimiento que hace acuciante la necesidad de seguridad a la altura de sus vulnerabilidades. Es un deber nacional, Argelia no puede escapar a la medida de su geografía y a la llamada de su demografía.

En cuanto a la “dialéctica de la territorialidad”, el autor insiste en la necesidad de repensar el papel del territorio como factor social y geoestratégico, para promover el desarrollo sostenible e impulsar la integración económica. Además del desarrollo de centros de competencia, la creación de zonas económicas especializadas en las Altas Mesetas y de triángulos de desarrollo en el Sur, así como la creación de redes de las empresas que trabajan en los mismos sectores, contribuirían a multiplicar las asociaciones y los proyectos de investigación y desarrollo, reforzando la competitividad y el atractivo del territorio. Solo esta política de ambición productiva podría dar lugar a una dinámica de cooperación, atraer inversiones extranjeras directas y fomentar una nueva distribución de las actividades productivas para influir en los cambios actuales y asegurar un desarrollo más armonioso basado en un uso óptimo de las competencias y vocaciones de cada región del país. Hoy en día, Argelia se enfrenta a diversos retos, todos ellos requieren políticas públicas eficaces y valientes para anticipar, innovar y estimular, con el fin de transformar los riesgos en oportunidades.

Argelia debe acelerar la transformación de su actual sistema productivo, caracterizado por la dependencia de los hidrocarburos, y el proceso de organización de su economía para asumir el reto de la competitividad para una mejor inserción en la economía mundial. La construcción de una identidad económica nacional fuerte debe lograrse mediante reformas estructurales, la consolidación del Estado de Derecho y la justicia social, y la lucha contra la burocracia y la corrupción.

El autor considera que la puesta en marcha de un programa especial para el desarrollo de las zonas fronterizas debe ser una de las respuestas para hacer frente a cualquier amenaza al equilibrio económico y social de Argelia, hoy enfrentada a los flujos migratorios ilegales y a la degradación del medio ambiente. “La lucha contra el terrorismo transnacional y su relación con la delincuencia organizada y la proliferación de armas ligeras debe organizarse en el marco de la consolidación de un sistema de seguridad y un mejor uso de las estructuras de gobernanza locales” para dar un nuevo horizonte a nuestra seguridad global. Esta es también una de las formas de promover la integración económica, el desarrollo local y la cohesión social, para reforzar las sinergias de los distintos organismos y componentes de su sociedad, que ha sido puesta a prueba con dureza por 10 años de terrorismo y disfunción económica. Es necesario asegurar las perspectivas (control de los resortes de la política presupuestaria, elaboración del proyecto de ley de finanzas con un presupuesto económico en anexo, eficacia del sistema bancario, calidad de las telecomunicaciones…) con vistas a una participación activa en el comercio internacional, para que nuestro país pueda seguir el ritmo y las nuevas exigencias de la globalización.

Así, para el diplomático Kherbi, “el tiempo de la economía es el tiempo de la diplomacia”. Los temas de la economía política internacional dan testimonio de esta realidad, ya que se convirtieron en las principales marcas de referencia dominantes en las previsiones y desarrollo de la arquitectura internacional. A Argelia le interesa integrar las cuestiones geoeconómicas en un contexto geográfico amplio, haciendo de la dimensión económica un tema central de su política exterior y de seguridad.

En cuanto al “problema del terrorismo transnacional”, el autor nos invita a repensar el orden mundial. Esta lacra debe ser entendida en su universalidad, lejos de cualquier planteamiento diferenciado; «a no ser que apoyemos una concepción de geometría variable del terrorismo, condenando allí lo que aquí se tolera, con un tipo de comprensión que raya en la complacencia, la laxitud o el compromiso culpable”. Repensar el orden mundial requiere una voluntad de cooperación y una afirmación de las responsabilidades de todos los Estados, así como la movilización y el compromiso de todos los pueblos. El azar y la deconstrucción amenazan hoy a las naciones y a sus sociedades. El autor aboga por “tomar conciencia de esta realidad y de lo mucho que está en juego en este mundo, para frenar su carrera hacia el abismo y promover los medios para dominar juntos un futuro común”. La tarea es ardua, pero no imposible, para garantizar la protección efectiva de una sociedad internacional permeable y vulnerable.

Con convicción y esperanza, el autor cree que es esencial que la globalización se transforme en una realidad positiva para todos los pueblos y que se refuerce el papel de las Naciones Unidas para garantizar la viabilidad de un sistema de seguridad colectiva basado en la eficacia, la eficiencia y la equidad.

Sadjia Guiz-periodista-Argelia 

British Muslims: New directions in Islamic Thought, Creativity and Activism

Philip Lewis y Sadek Hamid, Edinburgh University Press, Edimburgo, 2018, 249 pág.

En un lenguaje claro y transparente, Philip Lewis y Sadek Hamid analizan las múltiples formas en que las diferentes generaciones de musulmanes británicos hacen malabarismos con un islam tradicional; un islam global y un islam británico que las generaciones más jóvenes están trabajando para consolidar. El primer islam es una prerrogativa de las primeras generaciones de inmigrantes musulmanes en Gran Bretaña; musulmanes que no dominaban la lengua del país de acogida. El segundo islam, digitalizado, es el que favorece la segunda generación, la que habla inglés y entiende los códigos de la sociedad y los cuestiona. Por último, el islam británico es obra de la tercera generación, una generación que se integra plenamente en el paisaje británico y asume su doble herencia.

Los primeros capítulos de este libro ofrecen un retrato cuantitativo y cualitativo del islam británico. El lector puede así apreciar la gran diversidad de poblaciones y corrientes de pensamiento que caracterizan a sus practicantes: es un islam intergeneracional, moldeado por las culturas asiática, africana y árabe, e influenciado por las corrientes deobandi, barelvi y, más recientemente, salafista. Está claro que el islam es heterogéneo y está en constante cambio a causa de las personas que lo practican.

Dado que el cambio es sinónimo de crisis, los dos autores se propusieron descifrar los principales retos a los que se enfrentan los musulmanes británicos. En un país con más de 1.700 mezquitas, las cuestiones de formación y transmisión de conocimientos religiosos son tan delicadas como cruciales. Además, en el contexto occidental, marcado por la presencia de las disciplinas modernas, Philip Lewis y Sadek Hamid exponen los dilemas del islam británico: a saber, ¿cómo conciliar la adquisición y la transmisión del conocimiento religioso con la adquisición y la transmisión del conocimiento propio de las disciplinas modernas? La cuestión básica es el papel de la religión musulmana en la sociedad británica. Las respuestas van desde el simple rechazo del conocimiento moderno hasta los audaces intentos de combinar el conocimiento religioso con el moderno para desarrollar líderes con conciencia textual y contextual.

En términos más generales, los autores cuestionan y exponen los interrogantes que tienen los pensadores, actores y ciudadanos musulmanes sobre su papel en la sociedad. Para ello, analizan los principales planteamientos defendidos por salafistas e islamistas y muestran que el contexto democrático lleva a reflexionar sobre las modalidades de dicho compromiso: ¿se trata de comprometerse más allá de la comunidad musulmana? Si es así, ¿cómo y con quién? Tanto la libertad de expresión como los valores sociales permiten la aparición de nuevas voces dentro de las comunidades musulmanas, contribuyendo así a una mayor diversidad de actores y representantes de los musulmanes británicos.

En este sentido, uno de los méritos de este libro es que aborda la cuestión, a menudo ignorada, de la participación de las mujeres musulmanas en sus comunidades religiosas. Se ofrece una gran contextualización para ayudar a comprender los principales retos de dicha participación. Así, se aborda la labor de revalorización del papel histórico de la mujer en la producción y transmisión del conocimiento religioso; la relectura de ciertas fuentes escriturales que parecen validar (o parecían validar) el predominio del hombre sobre la mujer en el islam; y el cuestionamiento de las prácticas derivadas de tales interpretaciones (por ejemplo, la tutela masculina) para poner en duda las actitudes sexistas e incluso misóginas de algunos líderes musulmanes británicos. De forma indirecta, se pone de manifiesto la confrontación entre ciertos planteamientos de la religión y ciertos principios democráticos –como la igualdad y la paridad.

En cuanto a la participación en la vida política, el término que mejor caracteriza la dinámica observada en Gran Bretaña es “normalización”: hay cientos de alcaldes, concejales y diputados musulmanes. Es el resultado de un doble movimiento: por un lado, líderes musulmanes cada vez más convencidos de la necesidad de desempeñar un papel en la sociedad y, por otro, gobiernos dispuestos a tener en cuenta esta diversidad y a garantizar que se refleje en las estructuras políticas existentes. Es cierto que los atentados yihadistas, especialmente los de Londres (2005), han cambiado los términos del debate, pasando de una cuestión de “cohesión” a una de “seguridad” para el islam británico.

No obstante, los autores señalan que las autoridades han realizado enormes esfuerzos para apoyar a las comunidades musulmanas y promover su integración en el panorama político y social nacional. Aunque esta dinámica de participación social y política no ha podido frenar el fenómeno de la radicalización violenta, ha contribuido a la aparición de figuras musulmanas, incluso en el ámbito de la cultura y las artes. El libro pone de relieve los procesos de hibridación cultural en marcha, indicando que una multitud de poetas, músicos, actores, cómicos y otros artistas musulmanes están contribuyendo a la cultura y las artes británicas.

Así, si se acepta la idea –apoyada por los autores– de que el inglés es la nueva lengua de comunicación e intercambio entre los musulmanes, como lo fue el persa, el destino de los musulmanes británicos y el futuro del islam en el mundo parecen inextricablemente unidos. Aunque tal hipótesis pueda parecer exagerada, Philip Lewis y Sadek Hamid demuestran su relevancia para el islam en Gran Bretaña.

Moussa Bourekba-investigador-CIDOB

Los feminismos ante el islam. El velo y los cuerpos de las mujeres

Ángeles ramírez y Laura Mijares, Catarata, Madrid, 2021, 208 pág.

Los feminismos ante el islam. El velo y los cuerpos de las mujeres de Ángeles Ramírez y Laura Mijares explora el papel del feminismo ante la cuestión del velo y las mujeres musulmanas. En los últimos años, hemos sido testigos en Europa de cómo las prohibiciones de los signos religiosos han recaído sobre las mujeres y también de cómo, en muchas ocasiones, el movimiento feminista ha sido cómplice o se ha mantenido en silencio ante políticas que restringen la libertad de las mujeres musulmanas, en especial en materia de vestimenta. Por eso el análisis de Ramírez y Mijares es muy necesario para entender el papel del movimiento feminista sobre cómo son y deben ser las mujeres musulmanas.

El primer capítulo hace un recorrido histórico de la construcción política del velo, concretamente durante la etapa colonial, en países como Argelia, Marruecos, Túnez y Egipto. A lo largo de ese periodo, el control de las colonizadas se realiza mediante la vestimenta y sus cuerpos. El hiyab y todas las prendas características de las mujeres musulmanas constituían para el colonizador un elemento de subordinación y un atraso de las sociedades árabes. Por consiguiente, la utilización de dichas prendas fue el objetivo de las potencias colonizadoras para lograr la modernización social.

Este capítulo también hace un repaso de las normas legales respecto a la vestimenta en los países árabomusulmanes, las leyes de familia y la situación de subordinación jurídica de la mujer a los hombres en algunos países –concretamente Marruecos, Argelia, Túnez, Afganistán y Arabia Saudí–. Además, a partir de la interpretación de Fátima Mernissi y Asma Lamrabet, se analiza brevemente lo que dice el Corán sobre el pañuelo.

La segunda parte se centra en la legislación europea en materia de vestimenta musulmana –con especial énfasis en los casos de Francia y Países Bajos–, los diferentes contextos y debates, polémicas y normativas restrictivas que comprometen la libertad y el derecho de las mujeres musulmanas a vestir como quieran en Europa. La legislación sobre vestimenta se centra en la población musulmana, poniendo en cuestión la legitimidad de las prácticas corporales y públicas de los musulmanes, cómo vestirse de una determinada manera, rezar en grupo en espacios colectivos o relacionarse con otras personas musulmanas. También se analiza cómo el feminismo prohibicionista apoya dichas leyes que penalizan a las mujeres que llevan hiyab o niqab y cómo el argumento de la igualdad de género para reforzar la islamofobia no necesariamente proviene de la extrema derecha.

A través de un recorrido sobre los procesos de construcción de los asuntos del hiyab y del niqab en España, el tercer capítulo indaga sobre las posiciones políticas y teóricas de los feminismos prohibicionistas y de algunas posiciones políticas sobre la regulación de la vestimenta musulmana para concluir que el movimiento feminista ha adoptado una postura más a favor del prohibicionismo de dichas prendas. Es importante destacar que en España no hay ninguna normativa que ampare la prohibición o restricción del pañuelo en ningún ámbito público. No obstante, según afirma Mijares, cuando se trata del velo, sobre todo en la escuela, se movilizan una serie de estereotipos o lugares comunes que lo asocian con la pobreza, la inmigración o el bajo rendimiento escolar, añadiendo otros que tienen que ver con los derechos humanos o de las mujeres.

Por último, en el cuarto capítulo, se analizan las perspectivas de los feminismos inclusivos, contrarios a las regulaciones respecto a la vestimenta y que mantienen debates en el marco de las discusiones sobre la diversidad. Aquí se incluye el feminismo anticapitalista, el movimiento antirracista y el feminismo musulmán para ofrecer una visión de la lucha contra la islamofobia. En este capítulo se profundiza sobre la implicación de las mujeres musulmanas que usan el hiyab y sus contextos y consecuencias y, por último, se reflexiona sobre las mujeres musulmanas y el uso del velo, independientemente de si se es musulmana o no.

Los feminismos ante el islam es una obra totalmente necesaria para la reflexión sobre el velo y las mujeres musulmanas, para entender la historia de las mujeres en los países árabomusulmanes y en Europa. Los distintos análisis nos llevan a ver cómo las sociedades occidentales están atrapadas en la cuestión del velo y cómo los feminismos han fomentado o han callado respecto a la prohibición del hiyab.

Además de la parte teórica, el libro cuenta con gran parte de trabajo sobre el terreno, lo que nos permite entender la perspectiva de las mujeres musulmanas y los feminismos inclusivos respecto del velo. En definitiva, el libro plantea una realidad e intenta fundamentar cómo el pañuelo no se considera una forma de violencia sobre las mujeres.

Oumaya Amghar Ait Moussa-IEMed