La gran expectativa de las universidades palestinas

Jean-Pierre Filiu

Profesor asociado en el Instituto de Estudios Políticos de París

A pesar de la represión de Israel, que les impone períodos de paro forzoso, y de la irracionalidad de los donantes de fondos, que vinculan su compromiso en favor del futuro Estado palestino al apoyo a los diferentes ministerios, las universidades palestinas luchan por permanecer al lado de sus estudiantes, logrando incluso crear promociones altamente cualificadas y producir estudios de referencia internacional. En este contexto, marcado por los conflictos y las sanciones, la mayor reivindicación de los estudiantes palestinos, que han crecido sin perspectivas de futuro, sigue siendo poder vivir libremente en un Estado soberano.  

«¿Cómo es posible que la legitimidad electoral se vea denegada por la comunidad internacional?» «¿El clientelismo de la Autoridad Nacional Palestina es constitutivo de su funcionamiento o representa una desviación?» «¿Hay alguna esperanza de que, a la sombra de la ocupación, pueda construirse un Estado independiente?»

En mi clase de la universidad de Bir Zeit, donde imparto clases en árabe a los estudiantes de primer curso de Ciencias políticas, llueven las preguntas en la primavera de 2008. Muchas son planteadas por chicas jóvenes, con o sin velo, las cuales son claramente mayoritarias en el campus. Es verdad que el tema del curso, «El sistema político palestino», establecido por los responsables académicos, contribuye a alimentar el debate. Las decisiones de la Autoridad Palestina, presidida por Mahmud Abbas (también llamado Abu Mazen), las orientaciones de los diferentes partidos palestinos y las reivindicaciones de la sociedad civil constituyen la materia de unos ricos y respetuosos intercambios. Pero en muy pocas universidades árabes existiría la misma libertad de expresión a la hora de criticar el poder vigente.

Bir Zeit, fundada en 1975, ha simbolizado la primera de las aspiraciones nacionalistas. Esta universidad ha pagado un duro tributo a la represión israelí, que en el transcurso de los años ha matado a quince de sus estudiantes, y fue cerrada sin contemplaciones durante la mayor parte del tiempo que duró la primera intifada (1987-1993). A pesar de todo, se han formado en ella unas promociones muy brillantes, y hoy día acoge a unos 7.800 estudiantes, de los que un millar se encuentran en el ciclo superior. Se ha constituido un consorcio de universidades francesas para cooperar con la facultad de derecho, administración pública y ciencias políticas, creada en 2004. El Instituto Abu Lughod,[1] perteneciente a dicha universidad, imparte un máster en estudios internacionales, organiza regularmente encuentros de alto nivel y publica estudios que constituyen un punto de referencia en sus respectivas materias, tanto en inglés como en árabe. Bir Zeit cuenta con infraestructuras de una calidad notable, entre las que destaca la biblioteca de 140.000 volúmenes (de éstos, 90.000 están en inglés, pero también dispone de un gran número en francés y alemán).

Mientras que Bir Zeit se halla cerca de Ramallah, la Universidad de En-Najah se ha establecido en Naplusa, con una extensión en Tulkarem. Fundada dos años después de Bir Zeit, ha sido duramente golpeada por la arbitrariedad israelí, y uno de sus responsables durante la ocupación, Saeb Erakat, es actualmente diputado por Jericó y coordinador de las negociaciones de paz. Con cerca de 16.500 estudiantes, En-Najah dispone de cuatro campus con  una gran actividad. La dirección de la universidad, próxima al movimiento Al-Fatah del presidente Mahmud Abbas, participa de la voluntad gubernamental de presentar a Naplusa como modelo de la normalización palestina, después de los dramáticos momentos de la segunda intifada (2000-2007).

La universidad Al-Qods, constituida en 1994 por una amalgama de varias instituciones de Jerusalén Este, se desarrolló bajo la presidencia de Sari Nusseibeh, pionero del «campo de la paz» palestino y de la cooperación con la Universidad Hebraica de Jerusalén. Pero la estrategia anexionista de Israel en Jerusalén Este golpeó de lleno a esta universidad: el «muro» impuesto en Cisjordania separaba las diferentes instalaciones de la universidad e incluso amenazaba con cortar en dos su campus principal. La intervención de Estados Unidos permitió desviar el «muro», al pie del cual trabajan actualmente miles de personas, especialmente en un museo de ciencia y en un laboratorio de nanotecnología de rango internacional. En cuanto a la universidad de Belén, que inicialmente fue fundada por la congregación de los Hermanos de La Salle, siguiendo las instrucciones del Vaticano, acoge hoy día a 2.800 estudiantes, de los cuales más de un 80 por ciento son musulmanes. Por último, en Hebrón, la Universidad Histórica se ve obligada actualmente a hacer frente a la estimulante competencia de la Universidad Politécnica de Palestina.

Las universidades palestinas se sitúan en las zonas que se hallan bajo el control de la Autoridad Palestina; los meses —a veces, incluso años— de cierre decretados por la ocupación israelí antes de los acuerdos de Oslo pertenecen al pasado. Pero las barreras del ejército israelí continúan siendo un impedimento para el libre acceso al campus, y los comandos israelíes no tienen ningún reparo a la hora de hacer incursiones en Ramallah o Naplusa. Así pues, el desarrollo del curso universitario en Cisjordania se ve perturbado con frecuencia, aunque la integridad del campus se siga respetando de manera general. En cuanto a las tres universidades de Gaza (la Universidad Islámica, Al-Azhar y Al-Aqsa), todas sufren las consecuencias del bloqueo en este territorio y funcionan de un modo muy precario. Y lo que es peor aún, en la práctica, al verse privados de la posibilidad de circular, los estudiantes de la Franja de Gaza permanecen confinados en su territorio, y ni tan siquiera tienen derecho a albergar la esperanza de completar sus estudios universitarios en Cisjordania. Así pues, la división entre ambos territorios palestinos, que Israel contribuye a agravar, es especialmente cruel en materia de enseñanza superior.

Las diez universidades palestinas cuentan a día de hoy con unos 90.000 estudiantes, a los que se añaden las 60.000 matriculaciones en la Al-Qods Open University, especializada en enseñanza a distancia, para un total de población de 3,76 millones de habitantes (2,34 en Cisjordania y 1,42 en la Franja de Gaza). Una aplastante mayoría de dichos estudiantes se halla en el primer ciclo, con serios problemas para continuar en el ciclo superior desde la diplomatura, por no hablar del doctorado. Por regla general, los diplomados encuentran empleo de forma inmediata, en la administración o en las numerosas ONG locales o internacionales. Pero la imposibilidad de garantizar el desarrollo económico normal de unos territorios tan parcelados y colonizados impide que el potencial universitario participe plenamente en la construcción de una Palestina viable y estable.

Las universidades creadas sobre una base privada, antes de los acuerdos de Oslo, defienden incansablemente su independencia frente a la Autoridad Nacional Palestina y a su Ministerio de Enseñanza Superior, ambos con sede en Ramallah. La suma total de las subvenciones de la Autoridad es bastante limitada (del 5 al 10 %) en el presupuesto de dichas universidades,[2] cuya financiación se basa preferentemente en los derechos de matrícula (negociados punto por punto con las organizaciones estudiantiles) y en la generosidad de los donantes extranjeros. La prodigalidad de los mecenas del Golfo se halla inscrita en la fachada de los numerosos edificios que han financiado en los distintos campus, y conviene subrayar que la cooperación francesa, que se ha hecho cargo del futuro edificio de la facultad de derecho de Bir Zeit, constituye un hecho completamente aislado. En efecto, aunque pueda parecer paradójico, la independencia de las universidades respecto a la Autoridad Nacional Palestina las excluye del inmenso esfuerzo financiero autorizado por la comunidad internacional durante la prolongación de la Conferencia de paz de Annapolis, en noviembre de 2007. Ello se debe a que los donantes de fondos vinculan su compromiso en favor del futuro Estado palestino a su apoyo a los diferentes ministerios de Ramallah, y les cuesta mucho tomar en consideración la profundamente arraigada y prometedora realidad de las universidades palestinas. Este ángulo muerto de la solidaridad internacional contribuye a que la juventud palestina tenga una pobre opinión del papel de la Unión Europea y sus Estados miembros, los cuales, a pesar de todo, son los donantes extranjeros más generosos en Cisjordania.

Para acabar, me gustaría ceder la palabra a una de mis estudiantes de Bir Zeit, la cual, al finalizar una de mis clases, se acercó a mí para formularme la siguiente pregunta: «Somos la nueva generación de Palestina y hemos crecido sin perspectivas de futuro. Nunca abandonaremos nuestro país y nuestra tierra. Pero ¿cree usted que un día podremos vivir con la cabeza alta y en un Estado soberano, libres por fin de la ocupación?». La respuesta a esta pregunta tan fundamental nos corresponde a todos.

Notas

[1] Véase su página web home.birzeit.edu/giis.
 
[2] La única excepción la constituye la Universidad Al-Aqsa de Gaza, impulsada por la Autoridad Nacional Palestina con fondos públicos.