Co-edition with Fundación Análisis de Política Exterior
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 Souviens-toi des abeilles

Meritxell Joan
Profesora de Relaciones Internacionales en Blanquerna-Universidad Ramon Llull e Ibei. Barcelona
Souviens-toi des abeilles
Zineb Mekouar. Éditions Gallimard, París, 2024,
167 pág

«Acuérdate de las abejas«, te invita, nos insta Zineb Mekouar. Ya en el título de su novela, la autora nos interpela directamente para que activemos la memoria, para que no olvidemos la tierra que nos nutre y nos acoge. Souviens-toi des abeilles es una oda a los saberes que se transmiten de generación en generación, a las historias que circulan oralmente y que construyen creencias y tradiciones; y es una suerte de fábula ecológica que nos recuerda que nuestro futuro como humanidad está conectado con un planeta vulnerable, cuyo aliento se mide mediante el zumbido de las abejas.

La novela recorre la historia de la familia de Anir, un chiquillo de 10 años que vive en Inzerki, un pueblo amazigh del Alto Atlas marroquí situado a unos 80 kilómetros de Agadir, en un presente que podría ser el nuestro. La vida en Inzerki está puntuada por un colmenar colectivo, el más grande y antiguo del mundo, en el que generaciones de familias han cultivado su miel. A causa del éxodo rural, el apiario está cada vez más desatendido y, además, la producción de miel ha disminuido considerablemente porque la tierra de Inzerki se está secando; como consecuencia de ello, el abejeo del colmenar se apaga.

El texto está dividido en tres partes –que describen los colores de la tierra de Inzerki y cuya paleta está relacionada con el devenir de la familia protagonista–, introducidas por un epígrafe que nos sitúa en una noche 10 años antes de la trama principal. En un inquietante escenario nocturno, escuchamos los gritos de un bebé, una canción de cuna con la que la madre intenta sosegarlo, y oímos también a las abejas. Estos sonidos marcan el compás del texto y subrayan el carácter sensorial de la novela, en la que somos capaces de oler, palpar y observar el rico paisaje de Inzerki.

A través de las historias y leyendas que cuenta Jeddi, el abuelo de Anir, Mekouar nos hace partícipes del pasado del pueblo y nos hace saber la importancia de lo colectivo. Estos relatos –que rompen con la temporalidad lineal de la trama– son el legado que Jeddi regala a su nieto. Anir observa cómo su abuelo cuida de las abejas, e interioriza las palabras que Jeddi le enseña y la sabiduría centenaria que está contenida en dichas palabras, con las que aprende a interactuar con el apiario y con la tierra que lo contiene. El padre de Anir, Omar, también heredó las historias y los conocimientos de Jeddi, pero decidió migrar a Agadir para tratar de mejorar la situación económica de su familia.

El personaje de Omar nos permite zambullirnos en las complejidades de la migración. En Agadir, Omar encuentra unos códigos sociales que no domina, y advierte que los códigos lingüísticos que le son propios no le sirven en un entorno que se comunica en francés y en dariya marroquí, pero no en su bereber natal. La autora utiliza el francés para fijar por escrito la memoria oral de los habitantes de Inzerki. Sin embargo, su francés incorpora la huella de la diversidad lingüística del Alto Atlas y de Marruecos en general. Para recalcar la mezcla y yuxtaposición de lenguas que atraviesan Marruecos e Inzerki, la autora esparce a lo largo de la narración expresiones, fórmulas y nombres en árabe clásico, en dariya y en bereber; la primera vez que los leemos están escritos en cursiva, pero luego aparecen sin marca, porque ya forman parte de nuestro vocabulario y nos permiten nombrar el universo que nos transmite Zineb Mekouar.

Con un estilo poético y ágil, Souviens-toi des abeilles explora también los silencios que vertebran los lazos afectivos de la familia protagonista. La trama orbita alrededor de un secreto que tiene que ver con la madre de Anir. Incapaz de hablar –y de maternar–, Aïcha canta una melodía, que reproduce de modo casi obsesivo. Esta especie de afasia traduce su particular posición de alteridad en la comunidad de Inzerki, cuyas gentes se han acostumbrado a los gritos de una mujer a la que consideran extranjera pero que conoce mejor que nadie los senderos del pueblo. Aïcha canta y también grita, y sus alaridos «provienen de las entrañas de la tierra». Como la tierra, ella también está quebrada y sedienta.

En la novela, los cuerpos se mimetizan con la tierra –las arrugas de Jeddi son las grietas de los caminos que llevan al colmenar–, tienen memoria y se expresan con un lenguaje propio. A través de los gestos que los cuerpos de Anir, Jeddi, Omar y Aïcha despliegan, Zineb Mekouar nos enseña cómo se puede dialogar con el silencio y, sobre todo, cómo se puede vivir en equilibrio con las abejas, aprender de ellas. Su libro es una ventana a la ruralidad de Marruecos y una invitación a que interroguemos nuestra relación con el propio entorno. Que el zumbido de su ruego no se nos olvide.

Meritxell Joan, profesora de lengua y literatura francófonas en la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona

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