‘Intifada de los cuchillos’

“La actual ola de violencia no está siendo dirigida ni por Hamás, ni por Al Fatah. Es fruto de la desesperación y de la frustración de la gente, que percibe que no hay ningún tipo de avance”.

ENTREVISTA con Aida Tuma-Suleiman por Julio de la Guardia

Aida Tuma-Suleiman, diputada árabe-israelí, es la primera representante de un partido árabe en haber sido nombrada presidenta de una de las comisiones permanentes de la Knesset, la Comisión de Igualdad de Género, el pasado mes de junio. Antes de ser elegida diputada por la Lista Árabe Unida en las últimas elecciones generales, Tuma-Suleiman cofundó Mujeres contra la Violencia, la principal ONG árabe para cuestiones de género, que pasó a dirigir a partir de 1994. También fue cofundadora de la Comisión Internacional de Mujeres por una Paz Justa entre Palestina e Israel, la primera mujer en formar parte de la Comisión Suprema para la Supervisión de los Asuntos Árabes en Israel, así como directora del único diario israelí en lengua árabe Al Ittihad. Nacida en Nazaret, actualmente reside en Acre, es viuda y tiene dos hijas. Tuma- Suleiman nos ayuda a interpretar el origen y evolución de la actual ola de violencia, vulgarmente conocida como “Intifada de los cuchillos”, y nos explica algunos de los problemas de violencia de género y desigualdad que sufren las mujeres en Israel.

AFKAR/IDEAS: ¿Cuáles son las causas de la actual ola de violencia?

AIDA TUMA-SULEIMAN: Desde mi punto de vista esa no sería la pregunta correcta. Yo la reformularía así: ¿por qué no comenzó antes? Es decir, la ocupación sigue estando ahí y sigue afectando diariamente a la vida de la gente, generando el sufrimiento continuo del pueblo palestino. Esto a su vez provoca ciclos de violencia que, por supuesto, no es espontánea y gratuita, sino que obedece a una serie de razones. El gobierno de Benjamin Netanyahu ha intentado transmitir la idea de que todo empezó con las visitas de algunos ministros provocadores a la Explanada de las Mezquitas, pero no es así. La verdadera causa radica en el colapso del último proceso de negociaciones auspiciado por la Administración Obama en junio de 2014. A partir de ahí quedó claro que este gobierno no busca la paz, que prefiere mantener y gestionar el actual statu quo, que no se atisba un margen de cambio, y que si se produce un cambio es siempre para peor.

A/I: ¿A qué se refiere con que todo cambio es para peor?

A.T.S.: Tome como ejemplo la guerra en la Franja de Gaza en el verano de 2014 [conocida como operación “Margen Protector”]. Durante la contienda se crearon expectativas de que ésta iba a servir para algo –apertura de los pasos fronterizos, reconstrucción del aeropuerto, construcción de un puerto marítimo, mejora de las condiciones de vida de los gazatíes– pero más de un año después de que terminara, vemos cómo la situación en la Franja de Gaza se deteriora progresivamente. Esto mismo ocurre en Cisjordania, donde la construcción de asentamientos continúa inexorablemente y donde los colonos siguen gozando de un régimen de impunidad. Los colonos siguen perpetrando crímenes, como el de la familia Dawabseh en el pueblo de Duma el pasado mes de agosto, y el gobierno les permite salir airosos. Después de este triple asesinato, viene el ministro de Defensa, Bogie Yaalon, y nos dice que el ejército sabe quiénes son los asesinos de Duma, pero que no lo puede revelar porque eso pondría en peligro a sus fuentes de información. ¿Pero qué clase de Estado de Derecho es ese?

A/I: ¿Qué pretende el gobierno pues?

Este gobierno no busca la paz, prefiere mantener el actual statu quo. No se atisba un margen de cambio

A.T.S.:Mire, en vísperas de las últimas elecciones generales, Netanyahu se quitó la máscara, mostrándose cómo realmente es, exponiendo su verdadera agenda. En ese momento, le dijo a los votantes que haría todo lo que esté en su mano para impedir la creación de un Estado palestino, y así ha sido. Por supuesto, una vez que volvió a ganar otro mandato se reafirmó en sus posiciones previas de que aboga por la solución de dos Estados, pero eso no es más que una cortina de humo. Igualmente lo es la amenaza nuclear iraní. Se ha pasado los último dos años diciendo que Irán constituye una amenaza existencial para Israel –lo cual es una tontería pues la única potencia nuclear en Oriente Medio es precisamente Israel– pero eso le ha permitido crear un clima de animosidad, de animadversión contra Irán y contra el mundo musulmán en general, que es lo que él pretendía. Además, al priorizar la cuestión nuclear iraní en sus relaciones bilaterales con Estados Unidos y, en general, con toda la comunidad internacional, ha conseguido hacer desaparecer la cuestión palestina de la agenda política internacional.

A/I: ¿Cree que esta ola de violencia se terminará pronto o se prolongará en el tiempo?

A.T.S.: El gran problema de las guerras en esta parte del mundo es que sabemos cuándo empiezan, pero no tenemos ni idea de cuándo terminan. Cuando en 1982 decidió invadir Líbano [Operación “Paz para la Galilea”] el gobierno de Menajem Beguin nos dijo que en cuestión de 48 horas habríamos llegado hasta Beirut, y luego resulta que nos vimos enfangados allí durante muchos años. También se pensaba que la última guerra de Gaza iba a ser una operación militar efímera y que, en pocos días, se podría doblegar su resistencia, pero sin embargo duró casi dos meses. Así que yo le diría que es imposible hacer una predicción, sobre todo porque se trata de una guerra de liberación nacional que no va a parar. Desde mi punto de vista, no se trata de discutir si estamos o no de acuerdo con los métodos que se utilizan, sino que se trata de una situación de opresión de un pueblo y, mientras la opresión continúe, el gobierno israelí no puede esperar que le reciban con flores, ¿no?

A/I: Uno de los detonantes de la ola de violencia fue el asesinato del matrimonio Henkin el 1 de octubre reivindicado por Hamás. ¿Cree usted que Hamás quiso precisamente provocar ese efecto al perpetrar ese atentado?

A.T.S: Una de las críticas que más se escucha entre la opinión pública palestina es ¿dónde está Hamás?, ¿por qué están tan parados?, ¿por qué no hacen algo desde Gaza?. Así que yo no le puedo decir si ese incidente tuvo esa intencionalidad o no. Lo que sí tengo claro es que la actual ola de violencia no está siendo dirigida por ningún partido u organización política. Ni por Hamás, ni por Al Fatah, ni por ninguna otra. Se trata de iniciativas individuales, de gente desesperada que decide hacer uso de la violencia. Y esto me parece muy peligroso, pues a fin de cuentas cuando la violencia está estructurada y controlada por alguna organización, siempre te puedes sentar a negociar, pero cuando es caótica y desorganizada es mucho más difícil de contener. Ya le digo que, en mi opinión, es fruto de la desesperación y de la frustración de la gente, que percibe que no hay ningún tipo de avance ni de progreso político.

La actual juventud palestina es una generación perdida, sin esperanza

A/I: Pero vemos que, a diferencia del verano pasado en que los que perpetraban ataques eran adultos conduciendo vehículos, ahora son jóvenes y niños. ¿Qué está pasando?

A.T.S.:Normalmente los que toman la iniciativa en este tipo de situaciones son los jóvenes que, por naturaleza, son los más inconformistas. El reto ahora está en ver cómo podemos canalizar de manera constructiva todo ese enfado y frustración que genera el día a día de la ocupación. De todas formas, me hace gracia que me pregunte por la juventud palestina y no por la radicalización progresiva de la juventud israelí. Hace poco llevamos a cabo una manifestación de protesta pacífica en Haifa y fuimos agredidos por una contramanifestación de la extrema derecha israelí en la que había muchos jóvenes. Hasta el punto de que al día siguiente mi hija me contó entre lágrimas cómo una compañera suya del colegio narraba con orgullo cómo había participado en esa contramanifestación violenta contra los árabes.

A/I: ¿Cree que dicha contramanifestación violenta fue orquestada por algún grupo extremista concreto como por ejemplo Lehava [movimiento de extrema derecha que aboga por la segregación entre judíos y árabes, actualmente bajo la lupa del ministerio de Seguridad Interior]?

A.T.S.: No, no creo que fuera obra de Lehava, lo que hace que sea todavía peor. Es decir, creo que se trataba de ciudadanos y jóvenes judíos corrientes que están intoxicados por toda la incitación anti-árabe y anti-musulmana que el gobierno lleva a cabo directamente o bien permite que lleven a cabo otros, lo que está conduciendo a una creciente polarización en los extremos. En cualquier caso, pienso que no se puede comparar entre aquellos que están siendo ocupados con los ocupantes. Un pueblo ocupado tiene moral y legalmente el derecho de resistir contra el ocupante. Yo preferiría que no lo hicieran con cuchillos sino con piedras, pero bueno. El problema está en que la actual juventud –que sufre la demolición de casas, la confiscación de tierras, las restricciones de movimientos, las humillaciones en check-points y controles– es una generación perdida, sin esperanza.

A/I: Vemos también que entre los que participan en los disturbios, e incluso entre quienes empuñan los cuchillos, hay chicas y mujeres. ¿Qué opina usted como experta en cuestiones de género?

A.T.S.:No creo que haya que abordar el problema desde una perspectiva de género, pues eso supondría una distorsión moral y social inducida precisamente por la ocupación. Por supuesto yo preferiría que esas chicas que deciden empuñar un cuchillo no lo hicieran, sino que siguieran adelante con sus vidas y no se vieran involucradas en la ola de violencia. Ahora bien, creo que la principal responsabilidad no recae tanto en ellas como en el régimen de ocupación israelí que sigue retroalimentando esa frustración y en el movimiento de liberación nacional palestino que se ha acomodado y languidece en el olvido. Es cierto que ha habido algunos casos de jóvenes y mujeres empuñando intencionadamente un cuchillo, pero en muchos otros como el de hoy [el mismo día en que se celebraba esta entrevista en la Knesset, dos jóvenes palestinas de 14 y 16 años intentaban apuñalar a un transeúnte en el centro de Jerusalén, resultando muerta por disparos una y herida grave la otra] la grabación de las cámaras de seguridad no nos muestra el comienzo del incidente y no podemos determinar con exactitud lo que ocurrió. Y en otras ocasiones las fuerzas de seguridad han disparado primero (como el caso de Hadil al Hashlamon en un checkpoint de Hebrón el 22 de septiembre) y encontrado el cuchillo después. Con lo cual no sabemos con certeza si era una prueba real o una evidencia falsa colocada para incriminar a la supuesta agresora.

Cuando termine la ocupación, el gran problema será interno: ¿qué tipo de Estado y de sociedad tenemos?

A/I :Da la impresión de que el gobierno ha dado orden de disparar a matar para “neutralizar” también a estas supuestas agresoras, que bien podrían ser reducidas mediante la fuerza física…

A.T.S.: Así es, sea disparando con armas automáticas o pistolas, atropellando con un vehículo civil o un jeep del ejército, lo cierto es que no importa el método elegido sino el denominador común resultante, que es la muerte. A pesar de que Israel se define a sí mismo como un Estado democrático y de Derecho estamos presenciando un proceso de fascistización, no solo por parte de las fuerzas de seguridad sino también en el seno de la sociedad. Se está fomentando la tenencia de armas de fuego, se está creando una atmósfera que legitima su uso incontrolado por parte del ciudadano de a pie, como si estuviéramos en el lejano oeste. Desde mi punto de vista, esta proliferación de armas de fuego no genera más seguridad sino que provoca el efecto contrario. Pero la cuestión de las armas no es el único indicador. También está el proyecto de ley que restringe los criterios para el funcionamiento de las organizaciones no gubernamentales, claramente orientado a restringir cada vez más el espacio democrático.

A/I: ¿Cree usted que este proceso de “fascistización” que denuncia es reversible?

A.T.S.: Al final, la ocupación se terminará, aunque en el gobierno actual haya ministros que incluso cuestionen públicamente que exista una ocupación. Y cuando ésta termine, el gran problema que tendremos que enfrentar será interno, o sea, qué tipo de Estado y de sociedad tenemos en Israel. Mire, en su informe anual, el Instituto de la Democracia Israelí (IDI) muestra tres tendencias principales en la sociedad israelí, que son: la pérdida de confianza en las instituciones con la excepción del ejército, la pérdida de confianza en un poder judicial que está cada vez más controlado por el ejecutivo y la emergencia de posiciones cada vez más extremistas contra la minoría árabe. Si combinamos estas tres tendencias que aparecen reflejadas en el reciente informe de 2015, ¿qué tipo de sociedad cree usted que estamos creando?

A/I: Por último, dado que usted preside la Comisión parlamentaria para el Progreso de los Derechos de la Mujer y la Igualdad de Género, ¿qué nos puede contar al respecto?

A.T.S: Ante todo, tiene que saber que me enfrento a tres hándicaps. El primero, que soy la primera diputada árabe en la historia de la Knesset que preside una comisión permanente. El segundo, que soy mujer dentro de un Parlamento dominado por los hombres. Y tercero, que la mayoría de los miembros de la comisión que presido son hombres y además pertenecen a partidos de la oposición. Todo esto dificulta mucho mi labor para convencer al gobierno de que articule políticas para mejorar la situación de la mujer y promover la igualdad de género en este país. Pero quizás mi mayor activo político sea que antes de ser diputada [ésta es su primera legislatura a pesar de llevar más de 20 años de militancia en el partido comunista Hadash] fui cofundadora de la asociación Mujeres contra la Violencia y participé en movimientos sociales e iniciativas que promueven la igualdad de género. Por este motivo creo que tengo mucho que aportar en un ámbito en el que, sin duda, todavía tenemos mucho que avanzar. Como árabe me siento doblemente afectada, pues los medios y la diligencia que emplea la policía para combatir la violencia contra las mujeres son mayores si eres judía y mucho menores si eres árabe. Esta falta de eficacia policial en el sector árabe queda demostrada por las estadísticas de la propia policía.

A/I ¿De qué medios dispone Israel parabpromover la igualdad de género?

A.T.S.:La escasez de medios actual emanade la falta de voluntad política y de la falta de dotación presupuestaria. El gobierno no destina suficientes fondos dentro de su presupuesto anual y no parece que vaya a hacerlo. En mi opinión lo primero que tendría que hacer es detraer fondos de entre los cientos de millones de shequels que destina a la construcción de viviendas e infraestructuras en los asentamientos y dedicarlos a políticas sociales, entre ellas políticas de igualdad. Pero claro, Netanyahu está en manos del movimiento de colonos que, a fin de cuentas, son los que en estos momentos jerarquizan las prioridades del gobierno y su correspondiente dotación presupuestaria. Como presidenta de la Comisión parlamentaria para el Progreso de los Derechos de la Mujer y la Igualdad de Género trabajo enconadamente para que esto cambie.

A/I: Terminemos quizás con algo positivo… ¿Cuáles han sido sus principales
logros hasta la fecha en el ámbito de género?

A.T.S.: A pesar de que llevo en el cargo apenas cinco meses, creo que hemos conseguido varios logros importantes. El primero, que yo calificaría como histórico, cuando hace mes y medio logramos que el ministerio de Asuntos Religiosos [gestionado por los ultra-ortodoxos sefardíes del partido Shas] aceptara la creación de un departamento para proporcionar ayuda a mujeres víctimas de violencia de género. El segundo, el cierre administrativo por parte del Ayuntamiento de Tel Aviv, tras personarnos nosotras ante los tribunales de Justicia, del club nocturno Allenby 40, que era un nido de prostitución y consumo de drogas. Y el último, hoy mismo, cuando en víspera de la celebración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres [25 de noviembre] he tramitado la correspondiente iniciativa parlamentaria para la creación de una autoridad nacional que se dedique específicamente a luchar contra la violencia doméstica y contra la violencia de género. No obstante, soy consciente de que se trata de tres pequeños pasos y de que todavía tenemos un largo camino por recorrer.